/ martes 14 de septiembre de 2021

A 200 años de la consumación de la Independencia

En este año 2021 se han conmemorado diversos acontecimientos de rango histórico: el 21 de agosto se cumplieron 500 años de la ocupación de México-Tenochtitlan por tropas indígenas bajo mando español; el 16 de septiembre se cumplirán 211 años del inicio de la Guerra de Independencia, y el 27 de septiembre el Bicentenario de la entrada del Ejército Trigarante en la Ciudad de México, mediante la cual se consumó la gesta que nos situó como país independiente.

La lucha del pueblo mexicano por lograr su verdadera libertad ha durado siglos. En las actuales condiciones, después de habernos liberado del régimen neoliberal, México está en condiciones de situarse a la vanguardia de la lucha de América Latina por su libertad. El 16 de septiembre tendremos la asistencia de decenas de países amigos de todo el mundo y de todos los bloques.

Asimismo, contaremos con la presencia de las naciones latinoamericanas agrupadas en la CELAC, que reúne a los países del subcontinente así como del Caribe, las cuales pertenecen a diversas culturas. A partir del sábado 18 de septiembre se realizará una reunión en el marco del foro de CELAC –de la cual México es presidente en funciones-- que será encargada de proponer ante foros internacionales la creación de una nueva organización verdaderamente autónoma conformada por países del continente, en sustitución del viejo, decrépito y desprestigiado organismo llamado Organización de Estados Americanos (OEA).

La CELAC agrupa a 33 países, de los cuales 18 son hispanohablantes; uno, Brasil tiene al portugués como idioma oficial; hay 12 países angloparlantes además de Haití, cuyo idioma es el francés y Surinam, donde hablan neerlandés. En total, los países de la CELAC tienen en conjunto una superficie de más de 20 millones de kilómetros cuadrados (10 veces más que México) y cuentan con una población de más de 622 millones de habitantes. La población conjunta de México y Brasil –los países más poblados-- se eleva a 336 millones, o sea más de la mitad de la población total de la región.

En el tema de la política exterior, el común denominador de estos países es la pobreza, el atraso, la falta de educación y de comunicaciones, derivados de la ancestral explotación que han sufrido por parte de las metrópolis coloniales (España, Portugal, Francia, Inglaterra) y en época más reciente de los Estados Unidos.

Por varias razones, el rechazo de estos países hacia la OEA (organismo que depende del Departamento de Estado de USA) consiste en que hasta el momento se ha comportado como órgano beligerante del imperio contra nuestros pueblos. No ha sido una organización de nuestros países, sino contra ellos. Al respecto, hay que recordar que Cuba fue expulsada del organismo en los años 60’s para aislarla del resto de los países latinoamericanos. Cuba llamó en ese entonces a la OEA el “Ministerio de colonias yanqui”.

En fecha más reciente, la OEA cumplió en 2018 un papel funesto en Bolivia, donde contribuyó activamente al derrocamiento del gobierno de Evo Morales, alegando un supuesto fraude electoral que posteriormente fue ampliamente desmentido por varios organismos internacionales.

Para encubrir sus designios, la OEA creó el llamado Grupo de Lima, cuya función esencial ha consistido en combatir y apoyar un posible derrocamiento del régimen bolivariano de Venezuela. Pero sucede que ese grupo diplomático ya no cuenta con base, porque en Perú triunfó este año Pedro Castillo y ganó la presidencia del país, procediendo de inmediato al reconocimiento del régimen de Caracas y al desconocimiento de Juan Guaidó, criatura de Donald Trump.

Por encima de las discrepancias internas que puedan existir entre los países, hay un interés común en crear un organismo internacional que permita el libre debate de las ideas e intereses, dotado de autonomía y que no aplique las consignas de Washington. Esa es precisamente lo que se tratará de hacer en México a partir del próximo 18 de septiembre, tarea que fuera planteada como urgente por Andrés Manuel López Obrador, en la anterior reunión de la CELAC realizada en el Castillo de Chapultepec con motivo del natalicio de Simón Bolívar, el Libertador de América.

Se ha armado un alboroto de la derecha contra la visita de Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba. No hay nada que esconder. Las relaciones México-Cuba siempre han sido muy cordiales, y han servido a ambos países, incluso para establecer interlocución con los poderosos vecinos del norte.

Bienvenidos todos los países hermanos. México siempre ha sido buen aliado, y hoy más que nunca, cuando tiene la vista centrada en los intereses fundamentales de América Latina.

En este año 2021 se han conmemorado diversos acontecimientos de rango histórico: el 21 de agosto se cumplieron 500 años de la ocupación de México-Tenochtitlan por tropas indígenas bajo mando español; el 16 de septiembre se cumplirán 211 años del inicio de la Guerra de Independencia, y el 27 de septiembre el Bicentenario de la entrada del Ejército Trigarante en la Ciudad de México, mediante la cual se consumó la gesta que nos situó como país independiente.

La lucha del pueblo mexicano por lograr su verdadera libertad ha durado siglos. En las actuales condiciones, después de habernos liberado del régimen neoliberal, México está en condiciones de situarse a la vanguardia de la lucha de América Latina por su libertad. El 16 de septiembre tendremos la asistencia de decenas de países amigos de todo el mundo y de todos los bloques.

Asimismo, contaremos con la presencia de las naciones latinoamericanas agrupadas en la CELAC, que reúne a los países del subcontinente así como del Caribe, las cuales pertenecen a diversas culturas. A partir del sábado 18 de septiembre se realizará una reunión en el marco del foro de CELAC –de la cual México es presidente en funciones-- que será encargada de proponer ante foros internacionales la creación de una nueva organización verdaderamente autónoma conformada por países del continente, en sustitución del viejo, decrépito y desprestigiado organismo llamado Organización de Estados Americanos (OEA).

La CELAC agrupa a 33 países, de los cuales 18 son hispanohablantes; uno, Brasil tiene al portugués como idioma oficial; hay 12 países angloparlantes además de Haití, cuyo idioma es el francés y Surinam, donde hablan neerlandés. En total, los países de la CELAC tienen en conjunto una superficie de más de 20 millones de kilómetros cuadrados (10 veces más que México) y cuentan con una población de más de 622 millones de habitantes. La población conjunta de México y Brasil –los países más poblados-- se eleva a 336 millones, o sea más de la mitad de la población total de la región.

En el tema de la política exterior, el común denominador de estos países es la pobreza, el atraso, la falta de educación y de comunicaciones, derivados de la ancestral explotación que han sufrido por parte de las metrópolis coloniales (España, Portugal, Francia, Inglaterra) y en época más reciente de los Estados Unidos.

Por varias razones, el rechazo de estos países hacia la OEA (organismo que depende del Departamento de Estado de USA) consiste en que hasta el momento se ha comportado como órgano beligerante del imperio contra nuestros pueblos. No ha sido una organización de nuestros países, sino contra ellos. Al respecto, hay que recordar que Cuba fue expulsada del organismo en los años 60’s para aislarla del resto de los países latinoamericanos. Cuba llamó en ese entonces a la OEA el “Ministerio de colonias yanqui”.

En fecha más reciente, la OEA cumplió en 2018 un papel funesto en Bolivia, donde contribuyó activamente al derrocamiento del gobierno de Evo Morales, alegando un supuesto fraude electoral que posteriormente fue ampliamente desmentido por varios organismos internacionales.

Para encubrir sus designios, la OEA creó el llamado Grupo de Lima, cuya función esencial ha consistido en combatir y apoyar un posible derrocamiento del régimen bolivariano de Venezuela. Pero sucede que ese grupo diplomático ya no cuenta con base, porque en Perú triunfó este año Pedro Castillo y ganó la presidencia del país, procediendo de inmediato al reconocimiento del régimen de Caracas y al desconocimiento de Juan Guaidó, criatura de Donald Trump.

Por encima de las discrepancias internas que puedan existir entre los países, hay un interés común en crear un organismo internacional que permita el libre debate de las ideas e intereses, dotado de autonomía y que no aplique las consignas de Washington. Esa es precisamente lo que se tratará de hacer en México a partir del próximo 18 de septiembre, tarea que fuera planteada como urgente por Andrés Manuel López Obrador, en la anterior reunión de la CELAC realizada en el Castillo de Chapultepec con motivo del natalicio de Simón Bolívar, el Libertador de América.

Se ha armado un alboroto de la derecha contra la visita de Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba. No hay nada que esconder. Las relaciones México-Cuba siempre han sido muy cordiales, y han servido a ambos países, incluso para establecer interlocución con los poderosos vecinos del norte.

Bienvenidos todos los países hermanos. México siempre ha sido buen aliado, y hoy más que nunca, cuando tiene la vista centrada en los intereses fundamentales de América Latina.

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