César Arenas

  / jueves 31 de octubre de 2019

Ante una inminente recesión económica

La estabilidad macroeconómica ha sido una la prioridad en cada sexenio y para la 4T, ese dogma neoliberal, no ha dejado de ser la excepción. Se ha comentado en este espacio sobre los efectos de tener superávit fiscal y altas tasas de interés, precondiciones para crear un tipo de ambiente económico (no el único) y de ahí la importancia en la economía, porque de eso depende el tipo de crecimiento y empleo que se genera.

En este sentido, ¿qué ha pasado desde el primero de diciembre de 2018 para favorecer la inversión y el crecimiento económico? Comencemos recordando que los grandes inversionistas le dijeron a la 4T que estarían observando las decisiones de política económica (sobre todo en Pemex, T-MEC y gasto público), ya que necesitaban tener certidumbre para sus planes y proyectos de inversión. La respuesta inicial del gobierno fue prácticamente de confrontación y alejamiento.

De haber tomado otra postura hubieran creado desde el año pasado mejores canales de comunicación y estrategias para resolver con rapidez los pendientes en todos los rubros estratégicos, sobe todo en un entorno internacional desfavorable debido a la pugna abierta entre Estados Unidos y China. El problema fue que la 4T no hizo ni lo uno, ni lo otro. Siguió optando por una ruta de confrontación y tomando decisiones poco concertadas o tardías.

Fue hasta el mes de mayo que el gobierno logró crear el Consejo Nacional para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico, que más bien fue una transformación de un aparato pre-existente. Sin duda dicho órgano es relevante, pero lo serían más sus resultados. Canacintra y Coparmex, muy a pesar del Consejo, seguían pidiendo a la 4T señales reales e inmediatas para reducir la incertidumbre que detenía la inversión, criticando al gobierno por tomar decisiones poco planeadas y de corto plazo. Fue la contundencia de los indicadores económicos del INEGI lo que hicieron reaccionar al gobierno, cuando el fantasma de la recesión comenzó a rondar en las discusiones públicas.

En junio, a través de Alfonso Romo se promovió la firma de un acuerdo con el Consejo Coordinador Empresarial para Promover la Inversión y el Desarrollo Incluyente, pero este compromiso parece que tampoco está funcionando ya que los empresarios se han quejado por los nulos avances para elevar la inversión en las áreas prioritarias pactadas. Sin embargo, nuevamente los indicadores económicos metieron presión al gobierno en el mes de julio, cuando la encuesta de Banxico mostró la existencia de un clima desfavorable para los negocios debido a la inseguridad y las decisiones de gobierno en materia económica.

La SHCP tuvo que salir para generar certidumbre con una apuesta contundente a finales de julio cuando anunció la activación de 485 mil millones de pesos en infraestructura, financiamiento y crédito al consumo. Esta decisión se traduce como una clara y evidente medida para evitar la recesión, pero sobre todo que el gobierno finalmente reconoció que ya no hay más tiempo que perder. A partir de entonces, hemos visto recientemente un desesperado interés por reactivar la economía y crear un ambiente favorable a la inversión.

Primero, cuando Alfonso Romo pidió abiertamente a los empresarios que le “mientan” al Banxico en la encuesta de opinión para crear un ambiente optimista. Después, al ver a la Secretaria de Economía presentando en Querétaro, el “Decálogo para una Nueva Política Industrial”. Y finalmente, con la firma del Pacto por el Sur-Sureste o Pacto Oaxaca, para afianzar los proyectos de interés del gobierno: el Tren Maya y la construcción del corredor interoceánico.

Hemos hecho este breve recuento de lo ocurrido a lo largo del año, con el propósito de darnos cuenta que las acciones del gobierno no avanzaron con la velocidad y cuidado que la economía requería. Sin inversión no habrá crecimiento, no olvidemos que en agosto el INEGI confirmó que la economía estaba estancada, al borde de una inminente recesión.

Durante la firma del Pacto Oaxaca trascendió que los empresarios externaron su interés por invertir, pero también solicitaron acceso a gas natural, energía eléctrica, infraestructura. Esperamos que no se pierda tiempo y las experiencias pasadas permitan corregir los errores tácticos que el gobierno ha cometido en la promoción de la inversión.

Pd. Mientras la 4T reacciona a nivel federal, con acierto y error, en Morelos todo indica que los problemas de la economía, la inversión y el empleo no están en la agenda. Lo que se hace es inercial y de poco alcance para generar el crecimiento y empleos que se necesitan.


Twitter / Facebook: @CzarArenas

La estabilidad macroeconómica ha sido una la prioridad en cada sexenio y para la 4T, ese dogma neoliberal, no ha dejado de ser la excepción. Se ha comentado en este espacio sobre los efectos de tener superávit fiscal y altas tasas de interés, precondiciones para crear un tipo de ambiente económico (no el único) y de ahí la importancia en la economía, porque de eso depende el tipo de crecimiento y empleo que se genera.

En este sentido, ¿qué ha pasado desde el primero de diciembre de 2018 para favorecer la inversión y el crecimiento económico? Comencemos recordando que los grandes inversionistas le dijeron a la 4T que estarían observando las decisiones de política económica (sobre todo en Pemex, T-MEC y gasto público), ya que necesitaban tener certidumbre para sus planes y proyectos de inversión. La respuesta inicial del gobierno fue prácticamente de confrontación y alejamiento.

De haber tomado otra postura hubieran creado desde el año pasado mejores canales de comunicación y estrategias para resolver con rapidez los pendientes en todos los rubros estratégicos, sobe todo en un entorno internacional desfavorable debido a la pugna abierta entre Estados Unidos y China. El problema fue que la 4T no hizo ni lo uno, ni lo otro. Siguió optando por una ruta de confrontación y tomando decisiones poco concertadas o tardías.

Fue hasta el mes de mayo que el gobierno logró crear el Consejo Nacional para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico, que más bien fue una transformación de un aparato pre-existente. Sin duda dicho órgano es relevante, pero lo serían más sus resultados. Canacintra y Coparmex, muy a pesar del Consejo, seguían pidiendo a la 4T señales reales e inmediatas para reducir la incertidumbre que detenía la inversión, criticando al gobierno por tomar decisiones poco planeadas y de corto plazo. Fue la contundencia de los indicadores económicos del INEGI lo que hicieron reaccionar al gobierno, cuando el fantasma de la recesión comenzó a rondar en las discusiones públicas.

En junio, a través de Alfonso Romo se promovió la firma de un acuerdo con el Consejo Coordinador Empresarial para Promover la Inversión y el Desarrollo Incluyente, pero este compromiso parece que tampoco está funcionando ya que los empresarios se han quejado por los nulos avances para elevar la inversión en las áreas prioritarias pactadas. Sin embargo, nuevamente los indicadores económicos metieron presión al gobierno en el mes de julio, cuando la encuesta de Banxico mostró la existencia de un clima desfavorable para los negocios debido a la inseguridad y las decisiones de gobierno en materia económica.

La SHCP tuvo que salir para generar certidumbre con una apuesta contundente a finales de julio cuando anunció la activación de 485 mil millones de pesos en infraestructura, financiamiento y crédito al consumo. Esta decisión se traduce como una clara y evidente medida para evitar la recesión, pero sobre todo que el gobierno finalmente reconoció que ya no hay más tiempo que perder. A partir de entonces, hemos visto recientemente un desesperado interés por reactivar la economía y crear un ambiente favorable a la inversión.

Primero, cuando Alfonso Romo pidió abiertamente a los empresarios que le “mientan” al Banxico en la encuesta de opinión para crear un ambiente optimista. Después, al ver a la Secretaria de Economía presentando en Querétaro, el “Decálogo para una Nueva Política Industrial”. Y finalmente, con la firma del Pacto por el Sur-Sureste o Pacto Oaxaca, para afianzar los proyectos de interés del gobierno: el Tren Maya y la construcción del corredor interoceánico.

Hemos hecho este breve recuento de lo ocurrido a lo largo del año, con el propósito de darnos cuenta que las acciones del gobierno no avanzaron con la velocidad y cuidado que la economía requería. Sin inversión no habrá crecimiento, no olvidemos que en agosto el INEGI confirmó que la economía estaba estancada, al borde de una inminente recesión.

Durante la firma del Pacto Oaxaca trascendió que los empresarios externaron su interés por invertir, pero también solicitaron acceso a gas natural, energía eléctrica, infraestructura. Esperamos que no se pierda tiempo y las experiencias pasadas permitan corregir los errores tácticos que el gobierno ha cometido en la promoción de la inversión.

Pd. Mientras la 4T reacciona a nivel federal, con acierto y error, en Morelos todo indica que los problemas de la economía, la inversión y el empleo no están en la agenda. Lo que se hace es inercial y de poco alcance para generar el crecimiento y empleos que se necesitan.


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