César Arenas

  / jueves 28 de noviembre de 2019

Cedamos el poder a las mujeres

El pasado 25 de noviembre conmemoramos el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Para quienes no estamos familiarizados con el tema, es una oportunidad para escuchar y conocer los distintos abordajes de este fenómeno.

Para erradicar la violencia contra las mujeres necesitamos cambiar nuestro sistema social y estructura cultural. Recomiendo un libro que me ayudó a acercarme a esta conclusión que se llama “El reino de las mujeres: el último matriarcado” del argentino Ricardo Coler.

En ese libro, R. Coler cuenta su travesía por China hasta llegar a la comunidad Musuo considerada como una minoría étnica, donde las mujeres son el centro decisorio sobre el cual gira toda la vida social del pueblo. Un lugar donde las mujeres controlan la administración, las festividades, la economía, el trabajo, el hogar y las relaciones sentimentales-sexuales.

Fue totalmente extraño para mí saber ningún hogar era nuclear y que los niños crecían y eran educados por los hermanos y hermanas de la madre, tías o abuelas del hogar. Mucho más extraño tal vez, el que las mujeres no están casadas y que pueden sostener sexuales con quienes ellas consideren, bajo ritos bien formalizados.

Además de otras actividades, a los hombres se les dejan las tareas productivas vinculadas con el uso de su fuerza y la vigilancia principalmente; por lo que esto no quiere decir que estuvieran excluidos de la comunidad. Sin embargo, desde nuestra óptica occidental no están en las “más relevantes”.

Totalmente ajeno a nuestra realidad, la unidad entre las personas y la no violencia son dos características de los musuo ya que consideran una “bajeza” enfrentarse con alguien, porque no se alcanza ningún tipo de “prestigio”. Esto resulta ajeno en nuestro sistema competitivo e individualista, y de nuestras instituciones basadas en el uso del poder y la violencia como castigo.

Sin embargo, aproximarnos a otras realidades ayudan a enfocarnos más en las soluciones estructurales porque son las que realmente necesitamos. Me parece que deberíamos comenzar con la construcción de ambientes sociales y culturales no violentos para las mujeres, porque sigue produciéndose y reproduciéndose sin detenerse.

En la comunidad Musuo las mujeres no son débiles ni vulnerables, sino todo lo contrario. Pero existe un control desde el hogar, en la comunidad y en la vida productiva que les permite desarrollarse con libertad, seguridad y paz. Por el contrario, en México el ámbito privado es el primer ambiente violento e inseguro y donde encontramos el mayor número de casos de violencia contra la mujer sin contar que muchos de ellos nunca salen de las paredes del hogar, además de los actos de violencia que siguen cometiéndose en el ámbito público por las autoridades.

La violencia tiene muchas formas de expresarse y afecta a las mujeres en todos sus ámbitos de actividad a lo largo de su ciclo de vida, es un tema complicado de diseccionar.

Por este motivo, defensores de derechos humanos recomiendan mirar la violencia de la mujer desde un enfoque interseccional, es decir, desde las categorías biológicas, sociales y culturales como edad, orientación sexual, religión, etcétera, de las personas; ya que cada elemento forma parte de un conjunto que es la identidad.

Mientras que los hombres tengamos a nuestro favor el poder físico, económico y hasta institucional para ejercer actos de violencia, seguiremos viendo crecer los casos de contra las mujeres sin repercusiones.

No pasa nada si les cedemos el poder y junto con ello, hacemos cambias en los patrones culturales dañinos para ellas y para la sociedad en conjunto.


Twitter / Facebook: @CzarArenas

El pasado 25 de noviembre conmemoramos el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Para quienes no estamos familiarizados con el tema, es una oportunidad para escuchar y conocer los distintos abordajes de este fenómeno.

Para erradicar la violencia contra las mujeres necesitamos cambiar nuestro sistema social y estructura cultural. Recomiendo un libro que me ayudó a acercarme a esta conclusión que se llama “El reino de las mujeres: el último matriarcado” del argentino Ricardo Coler.

En ese libro, R. Coler cuenta su travesía por China hasta llegar a la comunidad Musuo considerada como una minoría étnica, donde las mujeres son el centro decisorio sobre el cual gira toda la vida social del pueblo. Un lugar donde las mujeres controlan la administración, las festividades, la economía, el trabajo, el hogar y las relaciones sentimentales-sexuales.

Fue totalmente extraño para mí saber ningún hogar era nuclear y que los niños crecían y eran educados por los hermanos y hermanas de la madre, tías o abuelas del hogar. Mucho más extraño tal vez, el que las mujeres no están casadas y que pueden sostener sexuales con quienes ellas consideren, bajo ritos bien formalizados.

Además de otras actividades, a los hombres se les dejan las tareas productivas vinculadas con el uso de su fuerza y la vigilancia principalmente; por lo que esto no quiere decir que estuvieran excluidos de la comunidad. Sin embargo, desde nuestra óptica occidental no están en las “más relevantes”.

Totalmente ajeno a nuestra realidad, la unidad entre las personas y la no violencia son dos características de los musuo ya que consideran una “bajeza” enfrentarse con alguien, porque no se alcanza ningún tipo de “prestigio”. Esto resulta ajeno en nuestro sistema competitivo e individualista, y de nuestras instituciones basadas en el uso del poder y la violencia como castigo.

Sin embargo, aproximarnos a otras realidades ayudan a enfocarnos más en las soluciones estructurales porque son las que realmente necesitamos. Me parece que deberíamos comenzar con la construcción de ambientes sociales y culturales no violentos para las mujeres, porque sigue produciéndose y reproduciéndose sin detenerse.

En la comunidad Musuo las mujeres no son débiles ni vulnerables, sino todo lo contrario. Pero existe un control desde el hogar, en la comunidad y en la vida productiva que les permite desarrollarse con libertad, seguridad y paz. Por el contrario, en México el ámbito privado es el primer ambiente violento e inseguro y donde encontramos el mayor número de casos de violencia contra la mujer sin contar que muchos de ellos nunca salen de las paredes del hogar, además de los actos de violencia que siguen cometiéndose en el ámbito público por las autoridades.

La violencia tiene muchas formas de expresarse y afecta a las mujeres en todos sus ámbitos de actividad a lo largo de su ciclo de vida, es un tema complicado de diseccionar.

Por este motivo, defensores de derechos humanos recomiendan mirar la violencia de la mujer desde un enfoque interseccional, es decir, desde las categorías biológicas, sociales y culturales como edad, orientación sexual, religión, etcétera, de las personas; ya que cada elemento forma parte de un conjunto que es la identidad.

Mientras que los hombres tengamos a nuestro favor el poder físico, económico y hasta institucional para ejercer actos de violencia, seguiremos viendo crecer los casos de contra las mujeres sin repercusiones.

No pasa nada si les cedemos el poder y junto con ello, hacemos cambias en los patrones culturales dañinos para ellas y para la sociedad en conjunto.


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