/ martes 21 de septiembre de 2021

CELAC, nuevo camino para América Latina

La Organización de Estados Americanos (OEA) ha sido un instrumento regional de control político de USA sobre los países del continente. Ha sido coautora de golpes de estado, exclusiones, marginaciones e incluso ha participado activamente contra Bolivia en 2018 y contra Venezuela desde hace años, creando el Grupo de Lima para el efecto de reconocer el gobierno de opereta de Juan Guaidó.

A este organismo le llegó la hora del sepulcro diplomático. La política de las sanciones internacionales que aplica el gobierno de USA para doblegar a las naciones rebeldes ya es obsoleta, y por lo tanto el instrumento político que les daba espacio “legítimo” tiene contados sus días.

La Comunidad de Estados de Latinoamérica y del Caribe (CELAC) ha surgido en los últimos años con fuerza especial, porque se han aglutinado las naciones de la región de manera independiente, sin participación activa de las dos potencias anglosajonas (USA y Canadá) de manera que los intercambios de ideas han sido abiertos, y se han venido abriendo espacios de diálogo y debate fraterno y productivo. La CELAC tiene un modelo de organización por completo diferente de la OEA.

La última reunión de CELAC tuvo lugar en la Ciudad de México, el 18 de septiembre, por convocatoria de Andrés Manuel López Obrador, presidente protémpore del organismo, en la cual participaron 31 de los 33 países miembros, con asistencia de 15 jefes y jefas de estado así como de Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL –organismo que depende de la ONU y tiene como función analizar la situación económica de nuestros países y proponer soluciones.

La CELAC ya de por sí ha rebasado la capacidad de convocatoria de la OEA, y hoy más que nunca se ha puesto en evidencia que la agenda realmente interesante para la región no es la de justificar sanciones, sino abordar y debatir los temas regionales candentes, básicamente las cuestiones económicas, el cambio climático y la emergencia sanitaria que nos ha impuesto la pandemia.

El nuevo organismo ya cuenta con una secretaría ejecutiva con residencia en México, y ha planteado soluciones a los diversos asuntos: para prevenir y asistir a la población en casos de desastres se creó un fondo internacional que a la fecha ya cuenta con 15 millones de dólares.

El núcleo de los planteamientos es cómo conseguir el desarrollo en una región que tiene riquezas casi ilimitadas (ríos, selvas, bisques, metales, litio, petróleo) pero carece del capital y la tecnología necesarios para ponerlos al servicio de los pueblos de la región. Al respecto se hicieron planteamientos para conseguir el incremento del intercambio comercial, sobre todo de bienes de consumo para la población: alimentos, medicinas y personal médico, tan urgentes en esta época de pandemia.

Recordemos que México tiene un tratado comercial con USA y Canadá (T-MEC) que enlaza nuestra economía con los países anglosajones, y muchos tratados bilaterales de comercio con América Latina, pero no un tratado global que incluya a todos los países de la región.

El fondo de la reunión consiste en como reunir a los diversos países, con ideologías muy diferentes e incluso antagónicas, para resistir las presiones –y más aún, las sanciones—de la mayor potencia militar del continente. Algunos países van a caminar por esa ruta de manera decidida (Perú, Bolivia, Argentina, Venezuela, Cuba, Nicaragua, México) otros lo harán porque son pequeños y reciben beneficios de la unidad; algunos otros por conveniencia y los demás a regañadientes. Sería los casos de Uruguay y Paraguay, que sin venir al caso entraron en polémica con los representantes de Cuba y Venezuela.

El objetivo principal está a la vista: conseguir en la nueva etapa de las relaciones internacionales, que el esfuerzo conjunto de los países agrupados en CELAC exijan que no se apliquen más sanciones unilaterales a ningún país, por el simple hecho de tener un sistema económico o buscar soluciones diferentes a sus problemas. En principio, ningún país por poderoso que sea tiene derecho a intervenir en los asuntos internos de otro.

El mundo ha venido cambiando: USA ya no es el amo del mundo. Rusia posee una potencia militar equiparable, y China ha cobrado influencia económica cada día mayor en muchas regiones. Hoy existe un mundo tripolar, donde el equilibrio del poder solo se resuelve en la medida que las 3 grandes potencias se pongan de acuerdo en los temas a debate.

La potencia norteamericana ya no puede tratar a Latinoamérica como su patio trasero. Aquí no sería ya posible una guerra como la de Libia –que derrocó al régimen de Muammar Kadaffi en 2011—ni como la invasión de Irak en 2003 contra Sadam Husein. Si un nuevo intento ocurriera en América Latina, el mundo entero protestaría, pero sobre todo Rusia entraría en la confrontación si alguno de sus aliados recibe amenazas o se encuentra en peligro de una agresión. Por ejemplo: La cancillería rusa acaba de advertir al gobierno colombiano –satélite de USA-- que una agresión militar contra Venezuela sería considerada un atentado contra la paz mundial. Más claro ni el agua.

En su conjunto, las resoluciones de la CELAC tienen como objeto reafirmar el carácter soberano e independiente de nuestras naciones. La propuesta de construir un mercado común similar al europeo carece aún de detalles, pero sin duda es un avance en el camino hacia lograr la independencia en materia agrícola e industrial de la región.

Asimismo, México ha logrado consolidar su papel de liderazgo en la región. Por muchos años, los gobiernos neoliberales (1988-2018) mantuvieron como prioridad las relaciones con la gran potencia del norte. Hoy, el gobierno de AMLO realiza su esfuerzo principal hacia la unidad de los pueblos sojuzgados por el capital financiero internacional, con objeto de que la organización colectiva genere la fuerza necesaria para lograr un destino de paz, libertad y soberanía de todos los países de la región.

La Organización de Estados Americanos (OEA) ha sido un instrumento regional de control político de USA sobre los países del continente. Ha sido coautora de golpes de estado, exclusiones, marginaciones e incluso ha participado activamente contra Bolivia en 2018 y contra Venezuela desde hace años, creando el Grupo de Lima para el efecto de reconocer el gobierno de opereta de Juan Guaidó.

A este organismo le llegó la hora del sepulcro diplomático. La política de las sanciones internacionales que aplica el gobierno de USA para doblegar a las naciones rebeldes ya es obsoleta, y por lo tanto el instrumento político que les daba espacio “legítimo” tiene contados sus días.

La Comunidad de Estados de Latinoamérica y del Caribe (CELAC) ha surgido en los últimos años con fuerza especial, porque se han aglutinado las naciones de la región de manera independiente, sin participación activa de las dos potencias anglosajonas (USA y Canadá) de manera que los intercambios de ideas han sido abiertos, y se han venido abriendo espacios de diálogo y debate fraterno y productivo. La CELAC tiene un modelo de organización por completo diferente de la OEA.

La última reunión de CELAC tuvo lugar en la Ciudad de México, el 18 de septiembre, por convocatoria de Andrés Manuel López Obrador, presidente protémpore del organismo, en la cual participaron 31 de los 33 países miembros, con asistencia de 15 jefes y jefas de estado así como de Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL –organismo que depende de la ONU y tiene como función analizar la situación económica de nuestros países y proponer soluciones.

La CELAC ya de por sí ha rebasado la capacidad de convocatoria de la OEA, y hoy más que nunca se ha puesto en evidencia que la agenda realmente interesante para la región no es la de justificar sanciones, sino abordar y debatir los temas regionales candentes, básicamente las cuestiones económicas, el cambio climático y la emergencia sanitaria que nos ha impuesto la pandemia.

El nuevo organismo ya cuenta con una secretaría ejecutiva con residencia en México, y ha planteado soluciones a los diversos asuntos: para prevenir y asistir a la población en casos de desastres se creó un fondo internacional que a la fecha ya cuenta con 15 millones de dólares.

El núcleo de los planteamientos es cómo conseguir el desarrollo en una región que tiene riquezas casi ilimitadas (ríos, selvas, bisques, metales, litio, petróleo) pero carece del capital y la tecnología necesarios para ponerlos al servicio de los pueblos de la región. Al respecto se hicieron planteamientos para conseguir el incremento del intercambio comercial, sobre todo de bienes de consumo para la población: alimentos, medicinas y personal médico, tan urgentes en esta época de pandemia.

Recordemos que México tiene un tratado comercial con USA y Canadá (T-MEC) que enlaza nuestra economía con los países anglosajones, y muchos tratados bilaterales de comercio con América Latina, pero no un tratado global que incluya a todos los países de la región.

El fondo de la reunión consiste en como reunir a los diversos países, con ideologías muy diferentes e incluso antagónicas, para resistir las presiones –y más aún, las sanciones—de la mayor potencia militar del continente. Algunos países van a caminar por esa ruta de manera decidida (Perú, Bolivia, Argentina, Venezuela, Cuba, Nicaragua, México) otros lo harán porque son pequeños y reciben beneficios de la unidad; algunos otros por conveniencia y los demás a regañadientes. Sería los casos de Uruguay y Paraguay, que sin venir al caso entraron en polémica con los representantes de Cuba y Venezuela.

El objetivo principal está a la vista: conseguir en la nueva etapa de las relaciones internacionales, que el esfuerzo conjunto de los países agrupados en CELAC exijan que no se apliquen más sanciones unilaterales a ningún país, por el simple hecho de tener un sistema económico o buscar soluciones diferentes a sus problemas. En principio, ningún país por poderoso que sea tiene derecho a intervenir en los asuntos internos de otro.

El mundo ha venido cambiando: USA ya no es el amo del mundo. Rusia posee una potencia militar equiparable, y China ha cobrado influencia económica cada día mayor en muchas regiones. Hoy existe un mundo tripolar, donde el equilibrio del poder solo se resuelve en la medida que las 3 grandes potencias se pongan de acuerdo en los temas a debate.

La potencia norteamericana ya no puede tratar a Latinoamérica como su patio trasero. Aquí no sería ya posible una guerra como la de Libia –que derrocó al régimen de Muammar Kadaffi en 2011—ni como la invasión de Irak en 2003 contra Sadam Husein. Si un nuevo intento ocurriera en América Latina, el mundo entero protestaría, pero sobre todo Rusia entraría en la confrontación si alguno de sus aliados recibe amenazas o se encuentra en peligro de una agresión. Por ejemplo: La cancillería rusa acaba de advertir al gobierno colombiano –satélite de USA-- que una agresión militar contra Venezuela sería considerada un atentado contra la paz mundial. Más claro ni el agua.

En su conjunto, las resoluciones de la CELAC tienen como objeto reafirmar el carácter soberano e independiente de nuestras naciones. La propuesta de construir un mercado común similar al europeo carece aún de detalles, pero sin duda es un avance en el camino hacia lograr la independencia en materia agrícola e industrial de la región.

Asimismo, México ha logrado consolidar su papel de liderazgo en la región. Por muchos años, los gobiernos neoliberales (1988-2018) mantuvieron como prioridad las relaciones con la gran potencia del norte. Hoy, el gobierno de AMLO realiza su esfuerzo principal hacia la unidad de los pueblos sojuzgados por el capital financiero internacional, con objeto de que la organización colectiva genere la fuerza necesaria para lograr un destino de paz, libertad y soberanía de todos los países de la región.

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