César Arenas

  / jueves 6 de junio de 2019

Contaminación del aire y pobreza

En la mayoría de los casos, cuando trabajamos en el análisis social encontramos que un asunto de interés público tiene más de una variable explicatoria y una combinación distinta de sus causas multifactoriales. En este sentido, ¿Cómo podría contribuir la pobreza en la generación de la contaminación del aire?

De acuerdo con el análisis multidimensional de la pobreza del Coneval, uno de los indicadores utilizados para medir la pobreza es la carencia por acceso a los servicios básicos de la vivienda. A su vez, este indicador se encuentra integrado por el número de personas cuyas viviendas no cuentan con servicio de agua potable; y/o no cuentan con servicio de drenaje; y/o no cuentan con servicio de electricidad; y/o cuentan con cocinas de leña o carbón sin chimenea.

Durante el periodo de 2010 al 2015, el Coneval informó que en Morelos la población en viviendas sin chimenea cuando usan leña o carbón para cocinar había aumentado. En 2010 era 167 mil personas aproximadamente; y para 2015, alcanzó las 263 mil.

Para combatir este rezago el gobierno federal contaba principalmente con un par de programas que invertían en la instalación de estufas de gas, ecológicas o eléctricas desde la SEMARNAT y la SEDESOL. Sin embargo, actualmente los programas de empleo temporal y desarrollo de zonas prioritarias que fondeaban estos proyectos se encuentran extintos.

Aunque en su momento los recursos que se destinaban para impulsar la instalación de estufas eran insuficientes, por lo menos existían programas para remediar este problema. La situación actual es peor, ya que elimina los fondos e ignora deliberadamente la existencia del problema. A nivel local, tampoco hay mucho que esperar. No existe programa alguno que incluya este componente, lo que nos deja entonces al libre arbitrio de los funcionarios que se tome o no decisión de utilizar otros fondos para estos propósitos.

De acuerdo con la Encuesta Intercensal (INEGI: 2015), Morelos tenía 56 mil viviendas con cocinas de leña o carbón; lo que representaba cerca del 11 por ciento del total. Los 10 municipios con el mayor número de viviendas que utilizaban leña o carbón fueron: Puente de Ixtla (5129); Ayala (3789); Axochiapan (2852); Temixco (2675); Tetela del Volcán (2657); Miacatlán (2625); Cuernavaca (2406); Tepalcingo (2315); Cuautla (2289); y Ocuituco (2120). Todos ellos, municipios con altos índices de pobreza del estado.

En semanas pasadas hacíamos notar que una parte del problema de las emisiones contaminantes de área provenía de los hogares que utilizan leña o carbón para cocinar, si bien no es el mayor generador si es una fuente a considerar y sobre todo porque repercute en la salud de las personas, especialmente en mujeres y niños que por tradición y/o pobreza se encuentran expuestos por utilizar esta forma de cocinar los alimentos diariamente; de ahí que si no es por lo social ni por lo medioambiental, el gobierno del Estado debería considerar seriamente desde el enfoque preventivo de la salud que también se pueden ahorrar recursos públicos a futuro si considera sustituir las cocinas de leña o carbón.

Nuestros funcionarios deberían tener la responsabilidad de analizar las distintas causas de los problemas públicos y cómo se reproducen sus efectos, a fin de identificarlos y combatirlos. Sin embargo, tal parece que (como en otros casos) esta tarea tendrán que realizarla los ciudadanos.

Facebook / Twitter: @CzarArenas

En la mayoría de los casos, cuando trabajamos en el análisis social encontramos que un asunto de interés público tiene más de una variable explicatoria y una combinación distinta de sus causas multifactoriales. En este sentido, ¿Cómo podría contribuir la pobreza en la generación de la contaminación del aire?

De acuerdo con el análisis multidimensional de la pobreza del Coneval, uno de los indicadores utilizados para medir la pobreza es la carencia por acceso a los servicios básicos de la vivienda. A su vez, este indicador se encuentra integrado por el número de personas cuyas viviendas no cuentan con servicio de agua potable; y/o no cuentan con servicio de drenaje; y/o no cuentan con servicio de electricidad; y/o cuentan con cocinas de leña o carbón sin chimenea.

Durante el periodo de 2010 al 2015, el Coneval informó que en Morelos la población en viviendas sin chimenea cuando usan leña o carbón para cocinar había aumentado. En 2010 era 167 mil personas aproximadamente; y para 2015, alcanzó las 263 mil.

Para combatir este rezago el gobierno federal contaba principalmente con un par de programas que invertían en la instalación de estufas de gas, ecológicas o eléctricas desde la SEMARNAT y la SEDESOL. Sin embargo, actualmente los programas de empleo temporal y desarrollo de zonas prioritarias que fondeaban estos proyectos se encuentran extintos.

Aunque en su momento los recursos que se destinaban para impulsar la instalación de estufas eran insuficientes, por lo menos existían programas para remediar este problema. La situación actual es peor, ya que elimina los fondos e ignora deliberadamente la existencia del problema. A nivel local, tampoco hay mucho que esperar. No existe programa alguno que incluya este componente, lo que nos deja entonces al libre arbitrio de los funcionarios que se tome o no decisión de utilizar otros fondos para estos propósitos.

De acuerdo con la Encuesta Intercensal (INEGI: 2015), Morelos tenía 56 mil viviendas con cocinas de leña o carbón; lo que representaba cerca del 11 por ciento del total. Los 10 municipios con el mayor número de viviendas que utilizaban leña o carbón fueron: Puente de Ixtla (5129); Ayala (3789); Axochiapan (2852); Temixco (2675); Tetela del Volcán (2657); Miacatlán (2625); Cuernavaca (2406); Tepalcingo (2315); Cuautla (2289); y Ocuituco (2120). Todos ellos, municipios con altos índices de pobreza del estado.

En semanas pasadas hacíamos notar que una parte del problema de las emisiones contaminantes de área provenía de los hogares que utilizan leña o carbón para cocinar, si bien no es el mayor generador si es una fuente a considerar y sobre todo porque repercute en la salud de las personas, especialmente en mujeres y niños que por tradición y/o pobreza se encuentran expuestos por utilizar esta forma de cocinar los alimentos diariamente; de ahí que si no es por lo social ni por lo medioambiental, el gobierno del Estado debería considerar seriamente desde el enfoque preventivo de la salud que también se pueden ahorrar recursos públicos a futuro si considera sustituir las cocinas de leña o carbón.

Nuestros funcionarios deberían tener la responsabilidad de analizar las distintas causas de los problemas públicos y cómo se reproducen sus efectos, a fin de identificarlos y combatirlos. Sin embargo, tal parece que (como en otros casos) esta tarea tendrán que realizarla los ciudadanos.

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