César Arenas

  / jueves 10 de enero de 2019

Despacio que voy de prisa

Esta famosa frase conocida por todos y que no merece mayor explicación, parece ser el signo distintivo de la política actual en México. Pero en Morelos todo indica que no se está leyendo el cambio de estrategias, la toma de posiciones ni los ritmos de la 4T.

Inusual y notorio fue el control de la agenda pública que tomó la 4T desde julio. Vimos las reuniones con la Conago, los empresarios y los concesionarios de los medios de comunicación a fin de reconstruir los canales de un nuevo dialogo, las llamadas con Trump para atemperar los ánimos externos, la reunión con el candidato Meade y con Peña, donde fue pactada la transición.

Las acciones desarrolladas muestran que el tiempo ha sido suficientemente valorado por la Presidencia. Comprenden que la única forma para que las propuestas se conviertan en cambios con efectos reales en la sociedad y a corto plazo, es empezando de inmediato. En sus primeras giras declaró que la bancarrota le obligaba a tomar medidas; y presentó los 50 lineamientos generales para el combate a la corrupción y la política de austeridad republicana, buscando colocar en el imaginario social su programa de acción.

Desde hace más de 6 meses comenzó la idea del recorte salarial buscando conseguir un ahorro estimado de más de 38 mmdp; los recortes a los seguros; y las propuestas de reasignación de presupuestos y cancelación de programas. Se llevaron a cabo los foros de pacificación, las 2 consultas nacionales y lanzaron un paquete de iniciativas que junto con el Congreso permitieron las reformas necesarias para acelerar el despegue legal y presupuestario de la 4T.

Hemos visto ya las primeras decisiones, errores y correcciones. Canceló el proyecto de NAICM; puso en marcha los proyectos de Tren Maya y ofreció estímulos en Mérida; avaló la continuidad de la L12 en la CdMx; en Oaxaca presentó el Programa para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec y el Programa Nacional para Pueblos Indígenas; en Mérida federalizaron el sistema de salud iniciando con Guerrero, Chiapas, Veracruz, Oaxaca, Quintana Roo y Yucatán; lanzó el Programa Nacional de Reconstrucción en Morelos y se instaló la Comisión Intersecretarial de Reconstrucción; en Chihuahua y Tijuana explicó el proyecto de Zona Libre de la Frontera Norte.

Se reconoció como hecho histórico el pacto para el aumento al salario mínimo con empresarios y el sector obrero. Reconocieron los errores en el presupuesto y buscaron un tratamiento más consensado sobre la guardia nacional. El presupuesto rural se aprobó buscando transitar a una visión de bienestar y seguridad alimentaria. Se tomó una decisión que personalmente celebro en el caso de Venezuela y en estos días, se hicieron públicos los casos de corrupción detectados en Pemex (huachicoleros) y el NAICM.

La 4T tiene muy claro rumbo y los objetivos; incluso la estrategia de seguridad que se puso en marcha para los municipios de Cuernavaca, Jiutepec y Yautepec. Sin embargo, en Morelos hay dos elementos que indican que el camino no es el correcto: las diferencias por Cuernavaca entre los poderes y aunque parezca increíble, la falta de paquete fiscal para el 2019.

Hay quienes piensan que no debe demostrarse tener prisa porque eso implica falta de control sobre el tiempo. No sé si esa sea la idea estratégica en Morelos, pero no está funcionando o por lo menos no en este caso.

Esta famosa frase conocida por todos y que no merece mayor explicación, parece ser el signo distintivo de la política actual en México. Pero en Morelos todo indica que no se está leyendo el cambio de estrategias, la toma de posiciones ni los ritmos de la 4T.

Inusual y notorio fue el control de la agenda pública que tomó la 4T desde julio. Vimos las reuniones con la Conago, los empresarios y los concesionarios de los medios de comunicación a fin de reconstruir los canales de un nuevo dialogo, las llamadas con Trump para atemperar los ánimos externos, la reunión con el candidato Meade y con Peña, donde fue pactada la transición.

Las acciones desarrolladas muestran que el tiempo ha sido suficientemente valorado por la Presidencia. Comprenden que la única forma para que las propuestas se conviertan en cambios con efectos reales en la sociedad y a corto plazo, es empezando de inmediato. En sus primeras giras declaró que la bancarrota le obligaba a tomar medidas; y presentó los 50 lineamientos generales para el combate a la corrupción y la política de austeridad republicana, buscando colocar en el imaginario social su programa de acción.

Desde hace más de 6 meses comenzó la idea del recorte salarial buscando conseguir un ahorro estimado de más de 38 mmdp; los recortes a los seguros; y las propuestas de reasignación de presupuestos y cancelación de programas. Se llevaron a cabo los foros de pacificación, las 2 consultas nacionales y lanzaron un paquete de iniciativas que junto con el Congreso permitieron las reformas necesarias para acelerar el despegue legal y presupuestario de la 4T.

Hemos visto ya las primeras decisiones, errores y correcciones. Canceló el proyecto de NAICM; puso en marcha los proyectos de Tren Maya y ofreció estímulos en Mérida; avaló la continuidad de la L12 en la CdMx; en Oaxaca presentó el Programa para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec y el Programa Nacional para Pueblos Indígenas; en Mérida federalizaron el sistema de salud iniciando con Guerrero, Chiapas, Veracruz, Oaxaca, Quintana Roo y Yucatán; lanzó el Programa Nacional de Reconstrucción en Morelos y se instaló la Comisión Intersecretarial de Reconstrucción; en Chihuahua y Tijuana explicó el proyecto de Zona Libre de la Frontera Norte.

Se reconoció como hecho histórico el pacto para el aumento al salario mínimo con empresarios y el sector obrero. Reconocieron los errores en el presupuesto y buscaron un tratamiento más consensado sobre la guardia nacional. El presupuesto rural se aprobó buscando transitar a una visión de bienestar y seguridad alimentaria. Se tomó una decisión que personalmente celebro en el caso de Venezuela y en estos días, se hicieron públicos los casos de corrupción detectados en Pemex (huachicoleros) y el NAICM.

La 4T tiene muy claro rumbo y los objetivos; incluso la estrategia de seguridad que se puso en marcha para los municipios de Cuernavaca, Jiutepec y Yautepec. Sin embargo, en Morelos hay dos elementos que indican que el camino no es el correcto: las diferencias por Cuernavaca entre los poderes y aunque parezca increíble, la falta de paquete fiscal para el 2019.

Hay quienes piensan que no debe demostrarse tener prisa porque eso implica falta de control sobre el tiempo. No sé si esa sea la idea estratégica en Morelos, pero no está funcionando o por lo menos no en este caso.