Daniel Martínez

  / jueves 10 de enero de 2019

Diputados de a 24.9 millones

En el 2018 tuvimos un Congreso con 30 diputados que costó, poco más o menos 400 millones de pesos, es decir, 13 millones 333 mil 333 pesos por legislador. Esos diputados, integrantes de la LIII Legislatura, fueron tachados de todos los males del universo, muy probablemente con razón, y se dijo que pasarían a la historia como el peor colegiado que hubiera pasado por el Congreso local.

Además de los desaguisados jurídicos que cometieron en la LIII Legislatura, los diputados endeudaron al Poder Legislativo e inflaron colosalmente la nómina en la que recategorizaron y sindicalizaron a trabajadores tan de confianza que eran puros cuates de ellos, hechos todos públicos y denunciados en su momento por la legislatura que los sucedió, la LIV, que ayer autorizó su primer diseño presupuestal asignando al Congreso del Estado 498 millones de pesos.

El monto que se asigna el Legislativo significa un incremento poco mayor del 24 por ciento que el que tuvo en el 2018. Ahora que hay 10 diputados menos, la proporción es de 24 millones 900 mil pesos por legislador, lo que representa un aumento de 87.2 por ciento. Sin duda un incremento impresionante considerando que la inflación proyectada para el 2019 es de 4 por ciento, a lo que habría que sumar que en la reducción al número de diputados se contempló también recortar el personal de confianza que colaboraba con esos legisladores (en la anterior edición del Congreso había diputados que tenían hasta 40 personas asignadas); también tendría que considerarse la racionalidad en el gasto que demanda el propio Presupuesto de Egresos 2019 en su articulado; la intención de legisladores de hacer realidad la austeridad republicana y de no seguir gestionando obras y dedicarse a la labor legislativa (expresa en muchas entrevistas que fueron entendidas como cartas de intención al inicio de la legislatura); y frente a ello queda la duda ¿por qué el incremento que a simple vista parece totalmente desproporcionado? ¿Es tan alta la deuda del Legislativo y a tan corto plazo que debe incrementarse en tal medida su presupuesto? ¿Se está considerando un monto multimillonario para liquidar a muchos trabajadores con gran antigüedad que se planea separar de sus puestos como parte del “adelgazamiento” de la nómina? Es decir ¿Hay alguna consideración de gastar mucho ahora para ahorrar mucho más en el corto plazo?

Sería bueno que los legisladores lo explicaran porque, a final de cuentas, el costo en su imagen empieza a ser alto a pesar de que usaron buenos distractores como los no al reemplacamiento, a la concesión de la basura, a las transferencias discrecionales del Ejecutivo. En términos elementales, es muy difícil que cualquiera salga de una discusión presupuestal intacto; pero todos los participantes estarían obligados a explicar cada uno de sus argumentos, cada una de las razones por las que se orienta el gasto de tal o cual manera. Una leída al presupuesto de egresos para el 2019 no deja claro que se trate de un documento con espíritu social (aunque probablemente la definición de espíritu social de los diputados sea diferente a la de los ciudadanos); la claridad y la transparencia son obligaciones de todos los políticos.

Sin explicar clara y profundamente el uso de los recursos públicos, las modificaciones hechas por los diputados a la propuesta presupuestal del gobierno estatal adolecerán exactamente de lo mismo, serán muestras de un autoritarismo que se trasladó de un poder al otro, sin considerar nunca realmente a los ciudadanos; y así, no se pinches puede…


Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

En el 2018 tuvimos un Congreso con 30 diputados que costó, poco más o menos 400 millones de pesos, es decir, 13 millones 333 mil 333 pesos por legislador. Esos diputados, integrantes de la LIII Legislatura, fueron tachados de todos los males del universo, muy probablemente con razón, y se dijo que pasarían a la historia como el peor colegiado que hubiera pasado por el Congreso local.

Además de los desaguisados jurídicos que cometieron en la LIII Legislatura, los diputados endeudaron al Poder Legislativo e inflaron colosalmente la nómina en la que recategorizaron y sindicalizaron a trabajadores tan de confianza que eran puros cuates de ellos, hechos todos públicos y denunciados en su momento por la legislatura que los sucedió, la LIV, que ayer autorizó su primer diseño presupuestal asignando al Congreso del Estado 498 millones de pesos.

El monto que se asigna el Legislativo significa un incremento poco mayor del 24 por ciento que el que tuvo en el 2018. Ahora que hay 10 diputados menos, la proporción es de 24 millones 900 mil pesos por legislador, lo que representa un aumento de 87.2 por ciento. Sin duda un incremento impresionante considerando que la inflación proyectada para el 2019 es de 4 por ciento, a lo que habría que sumar que en la reducción al número de diputados se contempló también recortar el personal de confianza que colaboraba con esos legisladores (en la anterior edición del Congreso había diputados que tenían hasta 40 personas asignadas); también tendría que considerarse la racionalidad en el gasto que demanda el propio Presupuesto de Egresos 2019 en su articulado; la intención de legisladores de hacer realidad la austeridad republicana y de no seguir gestionando obras y dedicarse a la labor legislativa (expresa en muchas entrevistas que fueron entendidas como cartas de intención al inicio de la legislatura); y frente a ello queda la duda ¿por qué el incremento que a simple vista parece totalmente desproporcionado? ¿Es tan alta la deuda del Legislativo y a tan corto plazo que debe incrementarse en tal medida su presupuesto? ¿Se está considerando un monto multimillonario para liquidar a muchos trabajadores con gran antigüedad que se planea separar de sus puestos como parte del “adelgazamiento” de la nómina? Es decir ¿Hay alguna consideración de gastar mucho ahora para ahorrar mucho más en el corto plazo?

Sería bueno que los legisladores lo explicaran porque, a final de cuentas, el costo en su imagen empieza a ser alto a pesar de que usaron buenos distractores como los no al reemplacamiento, a la concesión de la basura, a las transferencias discrecionales del Ejecutivo. En términos elementales, es muy difícil que cualquiera salga de una discusión presupuestal intacto; pero todos los participantes estarían obligados a explicar cada uno de sus argumentos, cada una de las razones por las que se orienta el gasto de tal o cual manera. Una leída al presupuesto de egresos para el 2019 no deja claro que se trate de un documento con espíritu social (aunque probablemente la definición de espíritu social de los diputados sea diferente a la de los ciudadanos); la claridad y la transparencia son obligaciones de todos los políticos.

Sin explicar clara y profundamente el uso de los recursos públicos, las modificaciones hechas por los diputados a la propuesta presupuestal del gobierno estatal adolecerán exactamente de lo mismo, serán muestras de un autoritarismo que se trasladó de un poder al otro, sin considerar nunca realmente a los ciudadanos; y así, no se pinches puede…


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