/ jueves 21 de mayo de 2020

El Covid-19 y la cordura

¿Es que estábamos locos y el encierro por la pandemia lo evidenció? ¿O realmente el confinamiento domiciliario al que se ha sujeto alrededor de la mitad de la población acrecenta los demonios de que somos víctimas todos en algún momento de nuestra vida? El asunto es que además de los problemas evidentes de salud pública que genera la pandemia de Covid-19, en todo el mundo se ha empezado a notar un desgaste en el ánimo, en el espíritu de quienes han sido obedientes a las reglas de distanciamiento y, con no menos que frustración, observan cómo el avance en contagios del virus sigue siendo vertiginoso y cómo cientos de personas insisten en desacatar las medidas de aislamiento de la forma más irresponsable. No es que nos estemos volviendo locos, sencillamente estamos cansados y seguimos sujetos a hábitos que pueden resultar extraordinariamente lesivos para nuestra tranquilidad y estabilidad emocional.

Desde el 12 de marzo pasado, la Organización Mundial de la Salud emitió una serie de recomendaciones en un documento “Consideraciones psicosociales y de salud mental durante el brote de Covid-19”, en que advierte que “las personas que están afectadas por COVID-19 no han hecho nada malo, no tienen culpa y merecen nuestro apoyo, compasión y amabilidad”; la simplista asociación que algunos gobiernos hacen de los contagios como resultado de un comportamiento inadecuado es terriblemente lesiva de los derechos de los pacientes, pero también genera angustia, enojo y frustración entre grandes grupos sociales.

Además de estas consideraciones para evitar la discriminación, la OMS hace otra colección de recomendaciones, entre otras, minimizar el tiempo dedicado a informarse sobre el virus, hacerlo a través de canales de prestigio; protegerse a sí mismo y ayudar a que otros se protejan; reconocer las historias de quienes se han recuperado, de quienes les han cuidado y ayudado a recuperarse; mantener las relaciones sociales, las rutinas personales diarias; prestar atención a las necesidades propias y atenderlas; encontrar actividades saludables que resulten estimulantes; no prestar atención a rumores ni reproducirlos; hacer ejercicios físicos simples; ayudar a los niños a expresar lo que sienten de forma positiva; entre otros disponibles en https://www.paho.org/es/documentos/consideraciones-psicosociales-salud-mental-durante-brote-covid-19; otros especialistas añaden más recomendaciones, como concentrarse en pensamientos positivos, mantenerse ocupado, alejarse de las pantallas por lo menos 30 minutos antes de dormir, mantener los horarios de sueño de rutina.

La poca atención que suele prestarse a la salud mental, más el conjunto de estímulos negativos que resulta de la pandemia y el confinamiento, significa otro riesgo a la salud personal y social que empieza a ser atendido y reconocido por los gobiernos en todo el mundo. Curiosamente, las medidas que se recomiendan para mantener la cordura en tiempos de la pandemia son simples y caseras. El riesgo de incremento de la violencia doméstica y de la incidencia de conductas autodestructivas es real, pero también controlable.

@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca

¿Es que estábamos locos y el encierro por la pandemia lo evidenció? ¿O realmente el confinamiento domiciliario al que se ha sujeto alrededor de la mitad de la población acrecenta los demonios de que somos víctimas todos en algún momento de nuestra vida? El asunto es que además de los problemas evidentes de salud pública que genera la pandemia de Covid-19, en todo el mundo se ha empezado a notar un desgaste en el ánimo, en el espíritu de quienes han sido obedientes a las reglas de distanciamiento y, con no menos que frustración, observan cómo el avance en contagios del virus sigue siendo vertiginoso y cómo cientos de personas insisten en desacatar las medidas de aislamiento de la forma más irresponsable. No es que nos estemos volviendo locos, sencillamente estamos cansados y seguimos sujetos a hábitos que pueden resultar extraordinariamente lesivos para nuestra tranquilidad y estabilidad emocional.

Desde el 12 de marzo pasado, la Organización Mundial de la Salud emitió una serie de recomendaciones en un documento “Consideraciones psicosociales y de salud mental durante el brote de Covid-19”, en que advierte que “las personas que están afectadas por COVID-19 no han hecho nada malo, no tienen culpa y merecen nuestro apoyo, compasión y amabilidad”; la simplista asociación que algunos gobiernos hacen de los contagios como resultado de un comportamiento inadecuado es terriblemente lesiva de los derechos de los pacientes, pero también genera angustia, enojo y frustración entre grandes grupos sociales.

Además de estas consideraciones para evitar la discriminación, la OMS hace otra colección de recomendaciones, entre otras, minimizar el tiempo dedicado a informarse sobre el virus, hacerlo a través de canales de prestigio; protegerse a sí mismo y ayudar a que otros se protejan; reconocer las historias de quienes se han recuperado, de quienes les han cuidado y ayudado a recuperarse; mantener las relaciones sociales, las rutinas personales diarias; prestar atención a las necesidades propias y atenderlas; encontrar actividades saludables que resulten estimulantes; no prestar atención a rumores ni reproducirlos; hacer ejercicios físicos simples; ayudar a los niños a expresar lo que sienten de forma positiva; entre otros disponibles en https://www.paho.org/es/documentos/consideraciones-psicosociales-salud-mental-durante-brote-covid-19; otros especialistas añaden más recomendaciones, como concentrarse en pensamientos positivos, mantenerse ocupado, alejarse de las pantallas por lo menos 30 minutos antes de dormir, mantener los horarios de sueño de rutina.

La poca atención que suele prestarse a la salud mental, más el conjunto de estímulos negativos que resulta de la pandemia y el confinamiento, significa otro riesgo a la salud personal y social que empieza a ser atendido y reconocido por los gobiernos en todo el mundo. Curiosamente, las medidas que se recomiendan para mantener la cordura en tiempos de la pandemia son simples y caseras. El riesgo de incremento de la violencia doméstica y de la incidencia de conductas autodestructivas es real, pero también controlable.

@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca

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