Brenda Valderrama

  / martes 19 de noviembre de 2019

El enemigo público número uno

¿Qué diría usted si le preguntaran cuál es el mayor riesgo para nuestros hijos?

Algunos dirán que la falta de alimentos, el cambio climático, la contaminación, las drogas, la desigualdad, el crimen organizado y otros que se ventilan día con día en los medios convencionales o en redes sociales y posiblemente tengan razón, pero con todo y su impacto existe un enemigo más, silencioso y del que muchos hemos sido cómplices, que está poniendo en riesgo a nuestra familia y a la humanidad entera.

El riesgo es tan grande que si nuestros bisabuelos vivían 30 años, nuestros abuelos 40, nuestros padres 60 y nosotros viviremos hasta los 70 podría ser que nuestros hijos solo vivan, de nuevo, hasta los 30 años. El enemigo está claramente identificado, es la resistencia a los antibióticos. Los antibióticos son medicamentos utilizados para prevenir y tratar infecciones bacterianas. Es importante enfatizar que solamente sirven para tratar infecciones bacterianas y son absolutamente inútiles para tratar infecciones virales como la gripa, de hongos, levaduras o de otros microorganismos como las amibas.

La resistencia a los antibióticos se produce cuando las bacterias mutan por el contacto frecuente con estos medicamentos. Son las bacterias y no los seres humanos quienes se vuelven resistentes. El uso descontrolado de antibióticos ocasiona que cualquier bacteria, aún las que no producen infecciones, desarrolle novedosos mecanismos para sobrevivir. Los mejores mecanismos se transferirán entre bacterias del mismo grupo y después a las de otros grupos hasta llegar a las infecciosas, aquellas que producen tuberculosis, gangrena, gonorrea, neumonía, meningitis, úlceras y otras más.

Las bacterias resistentes siguen siendo agentes infecciosos, es decir, siguen infectando animales o personas simplemente ya no responden a la presencia del antibiótico. La resistencia a los antibióticos incrementa el costo de los tratamientos, su duración, lleva a los enfermos aún de enfermedades menores como un problema dental al hospital y pone en riesgo su vida. Actualmente muere al año un millón de personas por infecciones de bacterias resistentes a antibióticos en el mundo. Si no tomamos medidas drásticas, este número se incrementará hasta 10 millones en 30 años.

Ante esta emergencia debemos desarrollar estrategias muy claras y contundentes, entendiendo el papel que a cada uno de nosotros nos corresponde tomar. Al gobierno le corresponde desarrollar directivas como, por ejemplo, prohibir la venta de antibióticos sin receta. A los médicos les corresponde dejar de recetar antibióticos para infecciones no bacterianas aunque las farmacias donde trabajen dejen de vender esos productos. A los investigadores les corresponde acelerar el paso en el estudio de los mecanismos de resistencia para vulnerarlos y también desarrollar nuevos antibióticos. Al sector agrícola le corresponde dejar de administrar antibióticos a los animales de engorda sin prescripción de un veterinario.

Y a todos nosotros, como población en general, nos corresponde no tomar antibióticos si no son recetados por un médico, dejar de solicitar antibióticos a los médicos cuando nos dicen que no son necesarios, seguir siempre las instrucciones de los médicos, completar los tratamientos aunque nos sintamos mejor, no utilizar los antibióticos que le sobran a otras personas, prevenir infecciones con medidas generales de higiene como lavarnos las manos con frecuencia, preparar los alimentos en condiciones de limpieza, evitar el contacto innecesario con enfermos, protegernos durante las relaciones sexuales y mantener las vacunas al día.

Tenemos en Morelos uno de los grupos más capacitados de investigadores para atender este problema en todas sus dimensiones. Desafortunadamente ninguno de estos investigadores cuenta con presupuesto para su trabajo. Refrendamos la necesidad de que en el presupuesto para el año 2020 nuestros diputados asignen recursos para ciencia y tecnología, una preocupación real puesto que en 2019 no se asignó ni un solo peso y lo poco que se recibió de manera extraordinaria fue canalizado por el Gobierno del estado a proyectos sin impacto. Mientras, seguimos en espera de ser recibidos por la Comisión de Hacienda presidida por la diputada Rosalina Mazari.


Información adicional de éste y otros temas de interés: http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

¿Qué diría usted si le preguntaran cuál es el mayor riesgo para nuestros hijos?

Algunos dirán que la falta de alimentos, el cambio climático, la contaminación, las drogas, la desigualdad, el crimen organizado y otros que se ventilan día con día en los medios convencionales o en redes sociales y posiblemente tengan razón, pero con todo y su impacto existe un enemigo más, silencioso y del que muchos hemos sido cómplices, que está poniendo en riesgo a nuestra familia y a la humanidad entera.

El riesgo es tan grande que si nuestros bisabuelos vivían 30 años, nuestros abuelos 40, nuestros padres 60 y nosotros viviremos hasta los 70 podría ser que nuestros hijos solo vivan, de nuevo, hasta los 30 años. El enemigo está claramente identificado, es la resistencia a los antibióticos. Los antibióticos son medicamentos utilizados para prevenir y tratar infecciones bacterianas. Es importante enfatizar que solamente sirven para tratar infecciones bacterianas y son absolutamente inútiles para tratar infecciones virales como la gripa, de hongos, levaduras o de otros microorganismos como las amibas.

La resistencia a los antibióticos se produce cuando las bacterias mutan por el contacto frecuente con estos medicamentos. Son las bacterias y no los seres humanos quienes se vuelven resistentes. El uso descontrolado de antibióticos ocasiona que cualquier bacteria, aún las que no producen infecciones, desarrolle novedosos mecanismos para sobrevivir. Los mejores mecanismos se transferirán entre bacterias del mismo grupo y después a las de otros grupos hasta llegar a las infecciosas, aquellas que producen tuberculosis, gangrena, gonorrea, neumonía, meningitis, úlceras y otras más.

Las bacterias resistentes siguen siendo agentes infecciosos, es decir, siguen infectando animales o personas simplemente ya no responden a la presencia del antibiótico. La resistencia a los antibióticos incrementa el costo de los tratamientos, su duración, lleva a los enfermos aún de enfermedades menores como un problema dental al hospital y pone en riesgo su vida. Actualmente muere al año un millón de personas por infecciones de bacterias resistentes a antibióticos en el mundo. Si no tomamos medidas drásticas, este número se incrementará hasta 10 millones en 30 años.

Ante esta emergencia debemos desarrollar estrategias muy claras y contundentes, entendiendo el papel que a cada uno de nosotros nos corresponde tomar. Al gobierno le corresponde desarrollar directivas como, por ejemplo, prohibir la venta de antibióticos sin receta. A los médicos les corresponde dejar de recetar antibióticos para infecciones no bacterianas aunque las farmacias donde trabajen dejen de vender esos productos. A los investigadores les corresponde acelerar el paso en el estudio de los mecanismos de resistencia para vulnerarlos y también desarrollar nuevos antibióticos. Al sector agrícola le corresponde dejar de administrar antibióticos a los animales de engorda sin prescripción de un veterinario.

Y a todos nosotros, como población en general, nos corresponde no tomar antibióticos si no son recetados por un médico, dejar de solicitar antibióticos a los médicos cuando nos dicen que no son necesarios, seguir siempre las instrucciones de los médicos, completar los tratamientos aunque nos sintamos mejor, no utilizar los antibióticos que le sobran a otras personas, prevenir infecciones con medidas generales de higiene como lavarnos las manos con frecuencia, preparar los alimentos en condiciones de limpieza, evitar el contacto innecesario con enfermos, protegernos durante las relaciones sexuales y mantener las vacunas al día.

Tenemos en Morelos uno de los grupos más capacitados de investigadores para atender este problema en todas sus dimensiones. Desafortunadamente ninguno de estos investigadores cuenta con presupuesto para su trabajo. Refrendamos la necesidad de que en el presupuesto para el año 2020 nuestros diputados asignen recursos para ciencia y tecnología, una preocupación real puesto que en 2019 no se asignó ni un solo peso y lo poco que se recibió de manera extraordinaria fue canalizado por el Gobierno del estado a proyectos sin impacto. Mientras, seguimos en espera de ser recibidos por la Comisión de Hacienda presidida por la diputada Rosalina Mazari.


Información adicional de éste y otros temas de interés: http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

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