Brenda Valderrama

  / lunes 11 de febrero de 2019

Entre lo urgente y lo importante

Hoy, 11 de febrero, se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Orientar a las niñas para que se dediquen a la profesión de científicas es importante. Darle visibilidad a las dificultades que se encuentra en el camino una mujer científica es importante. Reconocer a aquellas mujeres que han destacado por su talento y dedicación dentro del mundo de la ciencia es importante. Pero atender el tema de las desapariciones de nuestras jóvenes en Cuernavaca, en Morelos y en México es urgente.

Los datos sobre desapariciones de niñas y jóvenes en Morelos son dispares y difíciles de conciliar. Por un lado grupos de familiares contabilizan más de 500 mujeres desaparecidas en los últimos diez años. Por otro lado, la Fiscalía General del Estado de Morelos en su portal de personas extraviadas da cuenta de 243 casos de mujeres todavía no localizadas cuya desaparición data de 2012 a la fecha siendo la mayoría de ellas de un intervalo de edad entre 16 y 30 años al momento de su desaparición. Sea cual fuere el número real, los esfuerzos de las autoridades, en particular de la Fiscalía Anti Secuestros, sirven de primera línea de respuesta ante un caso de desaparición pero no han logrado eliminar el origen del problema que subyace en un ambiente de violencia hacia la mujer.

La gran difusión de incidentes recientes en redes sociales ha llevado a una respuesta de diferentes negocios en Cuernavaca que ofrecen sus oficinas y espacios como sitio seguro para mujeres en riesgo. También la voluntad de muchos hombres, compañeros de estudios o de trabajo, que se manifiestan disponibles para acompañar a las muchachas en sus trayectos son reconfortantes y se agradecen pero no, esa no es la solución.

La verdadera solución es que reflexionemos sobre la imagen que tienen algunos hombres de las mujeres que los llevan a comportarse como depredadores, sobre el negocio de la trata de personas con fines sexuales, sobre la tolerancia en las escuelas y en los trabajos ante el acoso sexual, sobre la depreciación sistemática y culturalmente aceptada que coloca a la mujer como una parte poco valiosa de la familia y de la sociedad.

La violencia contra la mujer no tiene edad, tampoco nivel social o económico. Puede ocurrir en las mejores familias y también en los hogares más humildes. Las manifestaciones de la violencia hacia las mujeres van de la burla hasta el daño físico y la muerte. No las toleremos y no seamos cómplices cuándo las detectemos hacia otras mujeres.

La violencia es un comportamiento antisocial y la principal respuesta de la sociedad ha sido su penalización y ante la dificultad para controlarla se han endurecido las penas hasta llegar a cadena perpetua, la máxima pena corporal que se puede aplicar en nuestro país. Pero ¿y si la solución no estuviera en los juzgados sino en los institutos de investigación?

Esfuerzos recientes como el programa Curar la Violencia diseñado por el epidemiólogo Gary Slutkin en Chicago o Médicos contra la Violencia de la Cirujana Christine Goodall en Glasgow, Escocia, han dado excelentes resultados al tratar la violencia como un problema de salud pública. Desde una perspectiva científica la violencia es como la influenza o el SIDA, se transmite de persona a persona mediante el contacto y, por lo tanto, así como se reduce el contagio de la influenza lavándonos las manos con frecuencia y el SIDA con el uso del condón, la violencia se reduce si se atienden las conductas de origen.

Slutkin basa su modelo en tres componentes principales: Detectar e interrumpir la transmisión de la violencia, cambiar el comportamiento de los transmisores de mayor potencial y cambiar las normas de la comunidad. Este enfoque se ha aplicado en 50 comunidades de nueve países y ha sido evaluado de forma independiente en múltiples ocasiones con resultados favorables. Uno de los casos de éxito fue la intervención en San Pedro Sula en Honduras, donde se redujo el número de tiroteos en un 94% en menos de dos años.

Si queremos cambiar los resultados en el tema de la violencia contra las mujeres valdría la pena cambiar la forma cómo hacemos las cosas. Nuestras niñas y jóvenes lo merecen y es nuestra obligación intentarlo.

Información adicional de éste y otros temas de interés http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

Hoy, 11 de febrero, se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Orientar a las niñas para que se dediquen a la profesión de científicas es importante. Darle visibilidad a las dificultades que se encuentra en el camino una mujer científica es importante. Reconocer a aquellas mujeres que han destacado por su talento y dedicación dentro del mundo de la ciencia es importante. Pero atender el tema de las desapariciones de nuestras jóvenes en Cuernavaca, en Morelos y en México es urgente.

Los datos sobre desapariciones de niñas y jóvenes en Morelos son dispares y difíciles de conciliar. Por un lado grupos de familiares contabilizan más de 500 mujeres desaparecidas en los últimos diez años. Por otro lado, la Fiscalía General del Estado de Morelos en su portal de personas extraviadas da cuenta de 243 casos de mujeres todavía no localizadas cuya desaparición data de 2012 a la fecha siendo la mayoría de ellas de un intervalo de edad entre 16 y 30 años al momento de su desaparición. Sea cual fuere el número real, los esfuerzos de las autoridades, en particular de la Fiscalía Anti Secuestros, sirven de primera línea de respuesta ante un caso de desaparición pero no han logrado eliminar el origen del problema que subyace en un ambiente de violencia hacia la mujer.

La gran difusión de incidentes recientes en redes sociales ha llevado a una respuesta de diferentes negocios en Cuernavaca que ofrecen sus oficinas y espacios como sitio seguro para mujeres en riesgo. También la voluntad de muchos hombres, compañeros de estudios o de trabajo, que se manifiestan disponibles para acompañar a las muchachas en sus trayectos son reconfortantes y se agradecen pero no, esa no es la solución.

La verdadera solución es que reflexionemos sobre la imagen que tienen algunos hombres de las mujeres que los llevan a comportarse como depredadores, sobre el negocio de la trata de personas con fines sexuales, sobre la tolerancia en las escuelas y en los trabajos ante el acoso sexual, sobre la depreciación sistemática y culturalmente aceptada que coloca a la mujer como una parte poco valiosa de la familia y de la sociedad.

La violencia contra la mujer no tiene edad, tampoco nivel social o económico. Puede ocurrir en las mejores familias y también en los hogares más humildes. Las manifestaciones de la violencia hacia las mujeres van de la burla hasta el daño físico y la muerte. No las toleremos y no seamos cómplices cuándo las detectemos hacia otras mujeres.

La violencia es un comportamiento antisocial y la principal respuesta de la sociedad ha sido su penalización y ante la dificultad para controlarla se han endurecido las penas hasta llegar a cadena perpetua, la máxima pena corporal que se puede aplicar en nuestro país. Pero ¿y si la solución no estuviera en los juzgados sino en los institutos de investigación?

Esfuerzos recientes como el programa Curar la Violencia diseñado por el epidemiólogo Gary Slutkin en Chicago o Médicos contra la Violencia de la Cirujana Christine Goodall en Glasgow, Escocia, han dado excelentes resultados al tratar la violencia como un problema de salud pública. Desde una perspectiva científica la violencia es como la influenza o el SIDA, se transmite de persona a persona mediante el contacto y, por lo tanto, así como se reduce el contagio de la influenza lavándonos las manos con frecuencia y el SIDA con el uso del condón, la violencia se reduce si se atienden las conductas de origen.

Slutkin basa su modelo en tres componentes principales: Detectar e interrumpir la transmisión de la violencia, cambiar el comportamiento de los transmisores de mayor potencial y cambiar las normas de la comunidad. Este enfoque se ha aplicado en 50 comunidades de nueve países y ha sido evaluado de forma independiente en múltiples ocasiones con resultados favorables. Uno de los casos de éxito fue la intervención en San Pedro Sula en Honduras, donde se redujo el número de tiroteos en un 94% en menos de dos años.

Si queremos cambiar los resultados en el tema de la violencia contra las mujeres valdría la pena cambiar la forma cómo hacemos las cosas. Nuestras niñas y jóvenes lo merecen y es nuestra obligación intentarlo.

Información adicional de éste y otros temas de interés http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

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