Brenda Valderrama

  / lunes 15 de abril de 2019

Gran ciencia mexicana

El Gran Telescopio Milimétrico GTM había sido un proyecto largamente acariciado por la comunidad de astrónomos mexicanos quienes, bajo el liderazgo de Alfonso Serrano, habían logrado unificar sus intereses hasta llegar a mediados de la década de los 80 del siglo pasado al entonces secretario de educación, Ernesto Zedillo Ponce de León.

Al asumir la presidencia el 1o de diciembre de 1994, el gobierno de Ernesto Zedillo delinea lo que será su política científica y tecnológica. Entre los compromisos se encontraba la construcción del primer proyecto de gran ciencia mexicano, el GTM. La voluntad política del presidente facilitó que se alinearan los múltiples intereses involucrados en una empresa de esta envergadura. Gobiernos municipales, estatales, secretarías de estado, organismos descentralizados, embajadas, empresas paraestatales, todos colaboraron para lograr este proyecto.

A pesar de esta alineación, indispensable pero no suficiente, la construcción del GTM sufrió varios contratiempos basados fundamentalmente en la falta de planeación que lo llevaron a superar el presupuesto original así como también el tiempo de entrega de la obra. De manera positiva y a pesar de todo, la construcción y equipamiento del GTM transitó entre administraciones siendo finalmente inaugurado el 15 de noviembre de 2006 y entrando en operación a finales de 2012.

La constancia y persistencia de los astrónomos mexicanos lograron garantizar que, a pesar de todos los tropiezos, las características técnicas de la construcción cumplieran con los estándares de calidad necesarios para que el GTM, una vez operando, pudiera insertarse dentro de la red mundial de radiotelescopios.

Gracias a sus sofisticadas características técnicas, el GTM fue invitado junto con otros 7 radiotelescopios en todo el mundo a colaborar en el proyecto “Event Horizon Telescope” EHT, el primer esfuerzo multinacional para captar imágenes de un agujero negro. El cuerpo seleccionado posee una masa 6.5 mil millones de veces mayor que la del sol y se localiza dentro de la galaxia Messier 87, cerca de la constelación de Virgo, a más de 55 millones de años luz de la tierra.

Los resultados del proyecto EHT fueron presentados esta semana y han sido ampliamente divulgados por la prensa. El éxito alcanzado en lo científico es descomunal, pues el experimento genera evidencia para demostrar la existencia de un fenómeno predicho hace más de 100 años por Albert Einstein en el marco de su teoría general de la relatividad. Elevar la vista al firmamento y descubrir los secretos del universo que nos rodea ha sido una de las ambiciones filosóficas más consistentes de la humanidad. Pero no es la única. La otra ambición filosófica humana es entender cómo está constituida la materia.

De la misma forma que un telescopio óptico evolucionó hasta un radiotelescopio, los microscopios convencionales se han transformado en aceleradores de partículas, de los cuales existen dos tipos, colisionadores de hadrones y sincrotrones. Mientras que por su talla los colisionadores de hadrones se constituyen como esfuerzos multinacionales, tomemos el ejemplo del CERN en Suiza, los sincrotrones son instalaciones más compactas que pueden ser construidas por un solo país.

Los sincrotrones permiten entender mejor la naturaleza de la materia pero también nos dotan de herramientas para manipularla a nivel molecular en beneficio de prácticamente todos los campos del conocimiento: salud, energía, alimentación, medio ambiente, etc. La construcción de un sincrotrón no solamente genera derrama científica en forma de conocimiento de frontera sino que también facilita la innovación al atender las necesidades del sector industrial.

Al igual que con el GTM, los científico mexicanos llevan muchos años intentando se construya el primer sincrotrón en nuestro país. Un proyecto que pudo haberse instalado en Morelos ahora se presenta la oportunidad de hacerlo en Hidalgo. La experiencia del GTM nos dice que es posible que México invierta en proyectos de gran ciencia, sin embargo, también nos dice que si queremos hacerlo bien debemos generar los mecanismos legislativos para que la inversión no se detenga entre administraciones. Solamente así podrá nuestro paìs ocupar el lugar que le corresponde en el mundo científico y tecnológico.

Información adicional de éste y otros temas de interés http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

El Gran Telescopio Milimétrico GTM había sido un proyecto largamente acariciado por la comunidad de astrónomos mexicanos quienes, bajo el liderazgo de Alfonso Serrano, habían logrado unificar sus intereses hasta llegar a mediados de la década de los 80 del siglo pasado al entonces secretario de educación, Ernesto Zedillo Ponce de León.

Al asumir la presidencia el 1o de diciembre de 1994, el gobierno de Ernesto Zedillo delinea lo que será su política científica y tecnológica. Entre los compromisos se encontraba la construcción del primer proyecto de gran ciencia mexicano, el GTM. La voluntad política del presidente facilitó que se alinearan los múltiples intereses involucrados en una empresa de esta envergadura. Gobiernos municipales, estatales, secretarías de estado, organismos descentralizados, embajadas, empresas paraestatales, todos colaboraron para lograr este proyecto.

A pesar de esta alineación, indispensable pero no suficiente, la construcción del GTM sufrió varios contratiempos basados fundamentalmente en la falta de planeación que lo llevaron a superar el presupuesto original así como también el tiempo de entrega de la obra. De manera positiva y a pesar de todo, la construcción y equipamiento del GTM transitó entre administraciones siendo finalmente inaugurado el 15 de noviembre de 2006 y entrando en operación a finales de 2012.

La constancia y persistencia de los astrónomos mexicanos lograron garantizar que, a pesar de todos los tropiezos, las características técnicas de la construcción cumplieran con los estándares de calidad necesarios para que el GTM, una vez operando, pudiera insertarse dentro de la red mundial de radiotelescopios.

Gracias a sus sofisticadas características técnicas, el GTM fue invitado junto con otros 7 radiotelescopios en todo el mundo a colaborar en el proyecto “Event Horizon Telescope” EHT, el primer esfuerzo multinacional para captar imágenes de un agujero negro. El cuerpo seleccionado posee una masa 6.5 mil millones de veces mayor que la del sol y se localiza dentro de la galaxia Messier 87, cerca de la constelación de Virgo, a más de 55 millones de años luz de la tierra.

Los resultados del proyecto EHT fueron presentados esta semana y han sido ampliamente divulgados por la prensa. El éxito alcanzado en lo científico es descomunal, pues el experimento genera evidencia para demostrar la existencia de un fenómeno predicho hace más de 100 años por Albert Einstein en el marco de su teoría general de la relatividad. Elevar la vista al firmamento y descubrir los secretos del universo que nos rodea ha sido una de las ambiciones filosóficas más consistentes de la humanidad. Pero no es la única. La otra ambición filosófica humana es entender cómo está constituida la materia.

De la misma forma que un telescopio óptico evolucionó hasta un radiotelescopio, los microscopios convencionales se han transformado en aceleradores de partículas, de los cuales existen dos tipos, colisionadores de hadrones y sincrotrones. Mientras que por su talla los colisionadores de hadrones se constituyen como esfuerzos multinacionales, tomemos el ejemplo del CERN en Suiza, los sincrotrones son instalaciones más compactas que pueden ser construidas por un solo país.

Los sincrotrones permiten entender mejor la naturaleza de la materia pero también nos dotan de herramientas para manipularla a nivel molecular en beneficio de prácticamente todos los campos del conocimiento: salud, energía, alimentación, medio ambiente, etc. La construcción de un sincrotrón no solamente genera derrama científica en forma de conocimiento de frontera sino que también facilita la innovación al atender las necesidades del sector industrial.

Al igual que con el GTM, los científico mexicanos llevan muchos años intentando se construya el primer sincrotrón en nuestro país. Un proyecto que pudo haberse instalado en Morelos ahora se presenta la oportunidad de hacerlo en Hidalgo. La experiencia del GTM nos dice que es posible que México invierta en proyectos de gran ciencia, sin embargo, también nos dice que si queremos hacerlo bien debemos generar los mecanismos legislativos para que la inversión no se detenga entre administraciones. Solamente así podrá nuestro paìs ocupar el lugar que le corresponde en el mundo científico y tecnológico.

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