César Arenas

  / jueves 18 de abril de 2019

Honrar a Zapata en tiempos violentos

Cinco días después de aquel fatídico 10 abril de 1919, cincuenta y cuatro jefes militares de la revolución del sur firmaron y presentaron públicamente un manifiesto para refrendar sus juramentos, convicciones e ideales ante el pueblo de México.

Desde el cuartel general en Tlaltizapan, el ejército Libertador se propuso cumplir con una triple tarea: consumar la obra del zapatismo, vengar la sangre del mártir y seguir el ejemplo del héroe. En el manifiesto los firmantes renovaron su compromiso de luchar por la nación "hasta vencer o morir." Entre los firmantes aparece el general Gildardo Magaña Cerda, heredero inmediato del zapatismo y responsable de continuar luchando por la causa agrarista proclamada en el Plan de Ayala.

Los historiadores señalan que el manifiesto de los generales zapatistas tuvo una escasa circulación y que su impacto fue muy estrecho; sin embargo, es valioso por cuanto hace a los sentimientos y anhelos que ahí se expresaron (entre otras razones). Por ejemplo, al final del documento se puede leer: “Los surianos comprendemos nuestro deber: Sabremos ser dignos de nuestro glorioso jefe”.

Si miramos por un momento con esa óptica las recientes conmemoraciones y discursos pronunciados la semana pasada por el aniversario luctuoso del general Emiliano Zapata, podríamos evaluar si se comprende o no, el significado de la causa y lo que implicaba honrar su nombre. Para quienes lucharon junto con él debió ser relativamente más sencillo comprenderlo, pero dudo que lo sea para quienes la vida y obra de Zapata representan un día de asueto en nuestra cotidianidad o su imagen una marca registrada.

Usando el Plan de Ayala como instrumento de revisión de ambas realidades, sin duda la causa zapatista ha sido traicionada con cada campesino e indígena que durante estos cien años han perdido la tierra, la libertad, el trabajo y la justicia que había sido reconquistada. En todo este tiempo, Morelos no pudo transitar de una sociedad agrícola a sociedades preindustriales o incluso, industriales. Su desarrollo fue desigual y desordenado.

El campo, donde abundaba la mano de obra, fue abandonado; la gente migró o vendió sus tierras. Los recursos y proyectos nunca llegaron para todos; sólo algunos pudieron mejorar. La consecuencia es el resurgimiento de la concentración en pocas manos de los recursos, la explotación de la mano de obra y el acceso preferencial nuevamente de los apoyos gubernamentales. Para las nuevas generaciones, no hay mucho futuro en el campo.

Como todas las sociedades agrícolas, se arrancó con una desigual distribución de recursos y esta condición nunca se equilibró en Morelos. Salvo en casos muy específicos, nunca se logró elevar la productividad agrícola; tecnificarla; acceder al agua y la energía; contar con cadenas de transporte, comercio y servicios asociados. No se planeó ni se dieron las inversiones necesarias, por lo que fue imposible escalar a fases superiores que implicaran el mejoramiento de los ingresos rurales. Rubén Jaramillo nos lo recordó décadas después con su lucha, como autentico defensor de la causa zapatista.

Honrar a Zapata y seguir el ejemplo del héroe en estos tiempos, implica luchar por la Nación sin olvidar mirar al campo, ir al fondo del problema, analizarlo de forma integral y ofrecer alternativas. Para cumplir con nuestros deberes como “surianos” debemos partir del contexto de inseguridad y violencias que está presente, incluso más allá de nuestro estado.

La sierra de Guerrero ha sido históricamente el principal productor de amapola y exportador de opiáceos. Implica la fuente de trabajo de más de mil comunidades que siembran por necesidad y pelean por su sobrevivencia, porque no hay proyectos ni recursos que lleguen hasta ese lugar. Ante la caída de los precios de la droga y pérdida del mercado de los EEUU, se han afectado los ingresos de los grupos o bandas que controlan esa región.

Por otro lado, la CdMx lleva por lo menos 3 años en una escalada de violencia e inseguridad debido a las disputas por el control del narcomenudeo. La lucha contra el huachicoleo, es otro factor que implica reacomodos y pérdidas cuantiosas para el crimen. De ahí que los recientes anuncios de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de considerar como prioritarias la atención de Cuernavaca y Jiutepec no resolverán el fondo del problema.

Tal vez luchar por la nación hoy en día ya no sea "hasta vencer o morir", pero si exige un compromiso extraordinario de quienes nos representan y de la sociedad en su conjunto, porque la lucha sigue...

Cinco días después de aquel fatídico 10 abril de 1919, cincuenta y cuatro jefes militares de la revolución del sur firmaron y presentaron públicamente un manifiesto para refrendar sus juramentos, convicciones e ideales ante el pueblo de México.

Desde el cuartel general en Tlaltizapan, el ejército Libertador se propuso cumplir con una triple tarea: consumar la obra del zapatismo, vengar la sangre del mártir y seguir el ejemplo del héroe. En el manifiesto los firmantes renovaron su compromiso de luchar por la nación "hasta vencer o morir." Entre los firmantes aparece el general Gildardo Magaña Cerda, heredero inmediato del zapatismo y responsable de continuar luchando por la causa agrarista proclamada en el Plan de Ayala.

Los historiadores señalan que el manifiesto de los generales zapatistas tuvo una escasa circulación y que su impacto fue muy estrecho; sin embargo, es valioso por cuanto hace a los sentimientos y anhelos que ahí se expresaron (entre otras razones). Por ejemplo, al final del documento se puede leer: “Los surianos comprendemos nuestro deber: Sabremos ser dignos de nuestro glorioso jefe”.

Si miramos por un momento con esa óptica las recientes conmemoraciones y discursos pronunciados la semana pasada por el aniversario luctuoso del general Emiliano Zapata, podríamos evaluar si se comprende o no, el significado de la causa y lo que implicaba honrar su nombre. Para quienes lucharon junto con él debió ser relativamente más sencillo comprenderlo, pero dudo que lo sea para quienes la vida y obra de Zapata representan un día de asueto en nuestra cotidianidad o su imagen una marca registrada.

Usando el Plan de Ayala como instrumento de revisión de ambas realidades, sin duda la causa zapatista ha sido traicionada con cada campesino e indígena que durante estos cien años han perdido la tierra, la libertad, el trabajo y la justicia que había sido reconquistada. En todo este tiempo, Morelos no pudo transitar de una sociedad agrícola a sociedades preindustriales o incluso, industriales. Su desarrollo fue desigual y desordenado.

El campo, donde abundaba la mano de obra, fue abandonado; la gente migró o vendió sus tierras. Los recursos y proyectos nunca llegaron para todos; sólo algunos pudieron mejorar. La consecuencia es el resurgimiento de la concentración en pocas manos de los recursos, la explotación de la mano de obra y el acceso preferencial nuevamente de los apoyos gubernamentales. Para las nuevas generaciones, no hay mucho futuro en el campo.

Como todas las sociedades agrícolas, se arrancó con una desigual distribución de recursos y esta condición nunca se equilibró en Morelos. Salvo en casos muy específicos, nunca se logró elevar la productividad agrícola; tecnificarla; acceder al agua y la energía; contar con cadenas de transporte, comercio y servicios asociados. No se planeó ni se dieron las inversiones necesarias, por lo que fue imposible escalar a fases superiores que implicaran el mejoramiento de los ingresos rurales. Rubén Jaramillo nos lo recordó décadas después con su lucha, como autentico defensor de la causa zapatista.

Honrar a Zapata y seguir el ejemplo del héroe en estos tiempos, implica luchar por la Nación sin olvidar mirar al campo, ir al fondo del problema, analizarlo de forma integral y ofrecer alternativas. Para cumplir con nuestros deberes como “surianos” debemos partir del contexto de inseguridad y violencias que está presente, incluso más allá de nuestro estado.

La sierra de Guerrero ha sido históricamente el principal productor de amapola y exportador de opiáceos. Implica la fuente de trabajo de más de mil comunidades que siembran por necesidad y pelean por su sobrevivencia, porque no hay proyectos ni recursos que lleguen hasta ese lugar. Ante la caída de los precios de la droga y pérdida del mercado de los EEUU, se han afectado los ingresos de los grupos o bandas que controlan esa región.

Por otro lado, la CdMx lleva por lo menos 3 años en una escalada de violencia e inseguridad debido a las disputas por el control del narcomenudeo. La lucha contra el huachicoleo, es otro factor que implica reacomodos y pérdidas cuantiosas para el crimen. De ahí que los recientes anuncios de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de considerar como prioritarias la atención de Cuernavaca y Jiutepec no resolverán el fondo del problema.

Tal vez luchar por la nación hoy en día ya no sea "hasta vencer o morir", pero si exige un compromiso extraordinario de quienes nos representan y de la sociedad en su conjunto, porque la lucha sigue...

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