/ miércoles 2 de septiembre de 2020

La crisis de Cuauh

Aunque la característica del discurso político y mediático es de aislar los hechos para tratarlos uno a uno, lo cierto es que los hechos violentos ocurridos la noche del lunes en la Colonia Antonio Barona, el motín en en Centro DIF de Temixco, y en términos generales la violencia que padece Morelos a costa de su población. Al inicio del tercer cuatrimestre del año, las víctimas de homicidios dolosos rondan 600, y el estado se encuentra en el triste primer lugar en los índices de feminicidios y secuestros.

El problema de la inseguridad no debe tomarse como un fenómeno aislado, es parte de una crisis generalizada que tiene que ver con la quiebra económica del estado, con los bajísimos niveles de desarrollo social, la escasa calidad de la ciudadanía y, por supuesto, la degradación de la política al grado más bajo del que tengamos noticia.

Una comparación sencilla, cuando en 1998 la presión social y política derivadas de hechos de inseguridad múltiples obligaron a la renuncia de Jorge Carrillo Olea, la clase política de entonces, con todas sus limitaciones, pudo alcanzar acuerdos y hasta formar un “gobierno de reconciliación”, se buscó reforzar los lazos con la sociedad y sin mayores éxitos, se pudo transitar a una elección ejemplar en el 2000.

Hoy las cosas son muy diferentes. Para empezar, tenemos muchos más homicidios y secuestros, hay también feminicidios (que antes no estaban tipificados), pero a diferencia de lo que ocurrió con Carrillo, con Adame, con Graco, la gente no ha salido a la calle con tal organización ni hay una fuerza social o política capaz de catalizar la inconformidad de la gente. Muchos de los activistas que encabezaron las movilizaciones sociales contra Carrillo, Marco Adame, Graco Ramírez, están hoy, o estuvieron el sexenio anterior, en el gobierno estatal. Probablemente ahí sepultaron la organización política de la inconformidad social.

En el trimestre inmediato posterior a la caída de Carrillo, la economía de Morelos creció 7.9%; el año siguiente acumuló un crecimiento de 5%; el primer año de gobierno de Cuauhtémoc Blanco, el gobernador con mayor índice de votación desde Sergio Estrada, la economía del estado decreció en casi 8%. La caída fue mayor que cualquiera registrada durante las administraciones de Graco y Adame; y aún no contamos la que se tendrá para este año.

Inseguridad rampante, política descompuesta, baja calidad de la ciudadanía y desastre económico, con estos ingredientes el crecimiento de la violencia es explicable, y por ello es mucho menos tolerable.

Los datos que tenemos no derivan de la contratación de gabinetes de expertos de esos que cobran en dólares; tampoco son producto de filias ni fobias políticas; se deben a un proceso simple de observación, de contraste.

Siempre ha habido rencillas políticas, delincuentes, quiebras aisladas de empresas, pero Morelos siempre había sabido reencontrarse para construir algo nuevo. Incluso en el sexenio anterior, cuando un muy deficiente e impopular gobierno convocaba al trabajo conjunto, la respuesta de la política y a veces de la sociedad era positiva. Urge reconciliarnos todos.


@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Aunque la característica del discurso político y mediático es de aislar los hechos para tratarlos uno a uno, lo cierto es que los hechos violentos ocurridos la noche del lunes en la Colonia Antonio Barona, el motín en en Centro DIF de Temixco, y en términos generales la violencia que padece Morelos a costa de su población. Al inicio del tercer cuatrimestre del año, las víctimas de homicidios dolosos rondan 600, y el estado se encuentra en el triste primer lugar en los índices de feminicidios y secuestros.

El problema de la inseguridad no debe tomarse como un fenómeno aislado, es parte de una crisis generalizada que tiene que ver con la quiebra económica del estado, con los bajísimos niveles de desarrollo social, la escasa calidad de la ciudadanía y, por supuesto, la degradación de la política al grado más bajo del que tengamos noticia.

Una comparación sencilla, cuando en 1998 la presión social y política derivadas de hechos de inseguridad múltiples obligaron a la renuncia de Jorge Carrillo Olea, la clase política de entonces, con todas sus limitaciones, pudo alcanzar acuerdos y hasta formar un “gobierno de reconciliación”, se buscó reforzar los lazos con la sociedad y sin mayores éxitos, se pudo transitar a una elección ejemplar en el 2000.

Hoy las cosas son muy diferentes. Para empezar, tenemos muchos más homicidios y secuestros, hay también feminicidios (que antes no estaban tipificados), pero a diferencia de lo que ocurrió con Carrillo, con Adame, con Graco, la gente no ha salido a la calle con tal organización ni hay una fuerza social o política capaz de catalizar la inconformidad de la gente. Muchos de los activistas que encabezaron las movilizaciones sociales contra Carrillo, Marco Adame, Graco Ramírez, están hoy, o estuvieron el sexenio anterior, en el gobierno estatal. Probablemente ahí sepultaron la organización política de la inconformidad social.

En el trimestre inmediato posterior a la caída de Carrillo, la economía de Morelos creció 7.9%; el año siguiente acumuló un crecimiento de 5%; el primer año de gobierno de Cuauhtémoc Blanco, el gobernador con mayor índice de votación desde Sergio Estrada, la economía del estado decreció en casi 8%. La caída fue mayor que cualquiera registrada durante las administraciones de Graco y Adame; y aún no contamos la que se tendrá para este año.

Inseguridad rampante, política descompuesta, baja calidad de la ciudadanía y desastre económico, con estos ingredientes el crecimiento de la violencia es explicable, y por ello es mucho menos tolerable.

Los datos que tenemos no derivan de la contratación de gabinetes de expertos de esos que cobran en dólares; tampoco son producto de filias ni fobias políticas; se deben a un proceso simple de observación, de contraste.

Siempre ha habido rencillas políticas, delincuentes, quiebras aisladas de empresas, pero Morelos siempre había sabido reencontrarse para construir algo nuevo. Incluso en el sexenio anterior, cuando un muy deficiente e impopular gobierno convocaba al trabajo conjunto, la respuesta de la política y a veces de la sociedad era positiva. Urge reconciliarnos todos.


@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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