Michelle Onofre

  / martes 13 de agosto de 2019

La otra pandemia

Han pasado ya algunos días desde los terribles acontecimientos del 3 Agosto en el Paso Texas, todo parece olvidarse al menos en el vecino país sede de la masacre, el Presidente Trump “solidariamente” acudió a la ciudad fronteriza, un lugar donde lógicamente no podía ser bienvenido, no en una zona con mayoría hispana y específicamente mexicana.

Donald Trump no puede evadir el efecto que sus irracionales discursos de odio han permeado sobre vastos sectores de la población norteamericana, de esa responsabilidad histórica jamás se deslindará, aunque es posible repartir un poco hacia otros personajes, sobre todo de algunos “periodistas” quienes vierten todo el tiempo sentimientos racistas, si viene a sus mente la cadena Fox no están tan errados.

En Florida durante el mes de mayo, Trump tuvo uno de sus famosos discursos de homenaje a la intolerancia, hablaba del fenómeno migratorio calificándolo equivocada y tradicionalmente como una “invasión” y complementando que existían medidas de su gobierno para no venderles armas, pero que era difícil detener su paso a territorio norteamericano ¿Cómo podríamos lograr eso? Dijo el mandatario estadunidense, de repente entre sus simpatizantes se escuchó a alguien decir: “Dispárales”, acto seguido vino el esbozo de una sonrisa absurda en boca del hombre más poderoso del mundo.

Después de la masacre del Paso, juega con la inteligencia de sus gobernados culpando a los videojuegos violentos, pero no en todos los lugares dio resultado, es un hecho que no fue bienvenido en El Paso; Beto O’Rourke, candidato a las primarias del Partido Demócrata ha sabido catalizar el resentimiento contra Trump, reflejando con su discurso la postura de los habitantes al puntualizar rechazo a la presencia del mandatario.

La solidaridad hipócrita no dura mucho, el Presidente estadounidense arremetió contra México por el tema del narcotráfico, dando postura, plazos, juicios que ofenden a nuestra soberanía; el gobierno mexicano contesta y parece hacerlo con aplomo; hoy toca atender un problema que no conoce fronteras, el racismo.

A todos nos ha lastimado el atentado terrorista en contra de nuestros connacionales, pero no podemos tapar el sol con un dedo y juzgar algo de lo que somos participes cotidianamente, en México existen extremistas con ideas similares a las que llevaron a Patrick Wood Crusius a perpetrar su cobarde atentado, algunos se disfrazan de político, otros de ciudadanos comunes, mas practicamos cada día esas ideologías irracionales; los debates en redes sociales, reflejan por si solos el distanciamiento a la razón y la cercanía a la intolerancia y discriminación.

El pobre odia al rico, el rico odia al pobre y ambos odian a los centroamericanos a quienes consideran usurpadores de sus derechos, nuestra perorata de justificación es exactamente igual a la de Trump en sus mítines; a quien cruza por la frontera sur lo llaman invasor, delincuente, oportunista y quieren devolverlo de ser posible "a patadas" a su país de origen, si el gobierno anuncia la intención de un plan de desarrollo regional que incluye a nuestro hermanos guatemaltecos, hondureños o salvadoreños, nos sentimos ofendidos y despojados.

Ya he mencionado y sigo creyendo que una frontera no se tapa eficazmente con muros y policías, pensarlo es inhumano e ingenuo.

De no corregir el rumbo como naciones civilizadas, la pandemia que asolará a nuestro planeta en los próximos años será el racismo, y los crímenes de odio se volverán normales y cotidianos, aquí, allá y en todas partes.


Twitter: @michelleonofre

Han pasado ya algunos días desde los terribles acontecimientos del 3 Agosto en el Paso Texas, todo parece olvidarse al menos en el vecino país sede de la masacre, el Presidente Trump “solidariamente” acudió a la ciudad fronteriza, un lugar donde lógicamente no podía ser bienvenido, no en una zona con mayoría hispana y específicamente mexicana.

Donald Trump no puede evadir el efecto que sus irracionales discursos de odio han permeado sobre vastos sectores de la población norteamericana, de esa responsabilidad histórica jamás se deslindará, aunque es posible repartir un poco hacia otros personajes, sobre todo de algunos “periodistas” quienes vierten todo el tiempo sentimientos racistas, si viene a sus mente la cadena Fox no están tan errados.

En Florida durante el mes de mayo, Trump tuvo uno de sus famosos discursos de homenaje a la intolerancia, hablaba del fenómeno migratorio calificándolo equivocada y tradicionalmente como una “invasión” y complementando que existían medidas de su gobierno para no venderles armas, pero que era difícil detener su paso a territorio norteamericano ¿Cómo podríamos lograr eso? Dijo el mandatario estadunidense, de repente entre sus simpatizantes se escuchó a alguien decir: “Dispárales”, acto seguido vino el esbozo de una sonrisa absurda en boca del hombre más poderoso del mundo.

Después de la masacre del Paso, juega con la inteligencia de sus gobernados culpando a los videojuegos violentos, pero no en todos los lugares dio resultado, es un hecho que no fue bienvenido en El Paso; Beto O’Rourke, candidato a las primarias del Partido Demócrata ha sabido catalizar el resentimiento contra Trump, reflejando con su discurso la postura de los habitantes al puntualizar rechazo a la presencia del mandatario.

La solidaridad hipócrita no dura mucho, el Presidente estadounidense arremetió contra México por el tema del narcotráfico, dando postura, plazos, juicios que ofenden a nuestra soberanía; el gobierno mexicano contesta y parece hacerlo con aplomo; hoy toca atender un problema que no conoce fronteras, el racismo.

A todos nos ha lastimado el atentado terrorista en contra de nuestros connacionales, pero no podemos tapar el sol con un dedo y juzgar algo de lo que somos participes cotidianamente, en México existen extremistas con ideas similares a las que llevaron a Patrick Wood Crusius a perpetrar su cobarde atentado, algunos se disfrazan de político, otros de ciudadanos comunes, mas practicamos cada día esas ideologías irracionales; los debates en redes sociales, reflejan por si solos el distanciamiento a la razón y la cercanía a la intolerancia y discriminación.

El pobre odia al rico, el rico odia al pobre y ambos odian a los centroamericanos a quienes consideran usurpadores de sus derechos, nuestra perorata de justificación es exactamente igual a la de Trump en sus mítines; a quien cruza por la frontera sur lo llaman invasor, delincuente, oportunista y quieren devolverlo de ser posible "a patadas" a su país de origen, si el gobierno anuncia la intención de un plan de desarrollo regional que incluye a nuestro hermanos guatemaltecos, hondureños o salvadoreños, nos sentimos ofendidos y despojados.

Ya he mencionado y sigo creyendo que una frontera no se tapa eficazmente con muros y policías, pensarlo es inhumano e ingenuo.

De no corregir el rumbo como naciones civilizadas, la pandemia que asolará a nuestro planeta en los próximos años será el racismo, y los crímenes de odio se volverán normales y cotidianos, aquí, allá y en todas partes.


Twitter: @michelleonofre

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