Brenda Valderrama

  / lunes 17 de junio de 2019

La receta del éxito

Esta semana tuve la oportunidad de participar en el taller “Políticas de Innovación. Entre la orientación a la oferta y la demanda” organizado por la Universidad Anáhuac y la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación aplicada y el Desarrollo Tecnológico, A.C. de la cual soy vocal.

En esta sesión se enunciaron las razones que a juicio de los participantes impiden que México, a pesar de su creatividad, se consolide como un país innovador, entre estas destacan: la desigualdad, la falta de un sistema articulado de atención a la salud, la falta de una educación de calidad, la mala alimentación, la desatención al medio ambiente, la falta de seguridad, la profunda brecha digital, esquemas regulatorios poco flexibles y basados en la desconfianza, la baja competitividad, el inequitativo acceso a servicios públicos, la escasa y en algunos casos obsoleta infraestructura pública así como la baja tasa de creación de empleos.

En conclusión, para que la innovación florezca se necesita de un país funcional. La innovación es una consecuencia y no un requisito para un país desarrollado. Esto es revelador por su sencillez y con profundas implicaciones. Durante al menos 18 años se ha incluido en los Planes Nacionales de Desarrollo la directiva de impulsar la innovación. Eso ocurre también a nivel estatal, o por lo menos ocurrió entre el 2000 y el 2018. Las razones son evidentes, la innovación es un generador intensivo de valor transformando el conocimiento en productos y servicios de alta tecnología, creando empleos y contribuyendo a la economía.

Un ejemplo. Lituania es un pequeño país en el báltico que se segrega de la Unión Soviética a finales de los años 80. Con solamente 3 millones de habitantes y un territorio del tamaño de Nuevo León, decidió que una de sus primeras acciones como país independiente sería tener un registro confiable de la población. Comenzando con pasaportes digitales en 1992 continuaron con una tarjeta de identificación única con chip sobre la cual se fueron montando los diferentes trámites de gobierno. A la fecha, los únicos trámites en Lituania a los que hay que acudir personalmente es cuando alguien registra una propiedad, se casa o se divorcia. En el camino hicieron más eficiente al gobierno reduciendo el costo de la administración central.

Gracias a ese entorno surgió toda una generación de programadores quienes colaboraron en 2003 para la creación de Skype, el primer algoritmo que permitía hacer llamadas telefónicas por internet. Skype tiene su sede en la capital de Lituania y fue comprada por Microsoft en 2011 en 8,500 millones de dólares. Actualmente el 35% del PIB de Lituania proviene de la venta de servicios tecnológico entre los que se encuentra la residencia digital, una innovadora estrategia que habilita a un ciudadano de cualquier país para la gestión de un negocio internacional. Este solo producto le aporta al país 14 millones de euros al año en impuestos, 8 mil millones de pesos más que todo el presupuesto de Morelos.

Skype no salvó a Lituania, ninguna empresa ha salvado nunca a un país. Fue gracias a que el gobierno de Lituania invirtió en proyectos inteligentes y de largo plazo que se sentaron las condiciones para que el día de hoy el PIB de Lituania sea 7 veces mayor que en 1995. Lituania es uno de los países más desarrollados del mundo: sin desigualdad, con buenos servicios de salud, con infraestructura pública moderna, con estabilidad económica, competitivo, con la menor brecha digital del mundo, con empleos de alto ingreso, con educación de calidad. En fin, Lituania es lo que debiera ser México.

Información adicional de éste y otros temas de interés http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

Esta semana tuve la oportunidad de participar en el taller “Políticas de Innovación. Entre la orientación a la oferta y la demanda” organizado por la Universidad Anáhuac y la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación aplicada y el Desarrollo Tecnológico, A.C. de la cual soy vocal.

En esta sesión se enunciaron las razones que a juicio de los participantes impiden que México, a pesar de su creatividad, se consolide como un país innovador, entre estas destacan: la desigualdad, la falta de un sistema articulado de atención a la salud, la falta de una educación de calidad, la mala alimentación, la desatención al medio ambiente, la falta de seguridad, la profunda brecha digital, esquemas regulatorios poco flexibles y basados en la desconfianza, la baja competitividad, el inequitativo acceso a servicios públicos, la escasa y en algunos casos obsoleta infraestructura pública así como la baja tasa de creación de empleos.

En conclusión, para que la innovación florezca se necesita de un país funcional. La innovación es una consecuencia y no un requisito para un país desarrollado. Esto es revelador por su sencillez y con profundas implicaciones. Durante al menos 18 años se ha incluido en los Planes Nacionales de Desarrollo la directiva de impulsar la innovación. Eso ocurre también a nivel estatal, o por lo menos ocurrió entre el 2000 y el 2018. Las razones son evidentes, la innovación es un generador intensivo de valor transformando el conocimiento en productos y servicios de alta tecnología, creando empleos y contribuyendo a la economía.

Un ejemplo. Lituania es un pequeño país en el báltico que se segrega de la Unión Soviética a finales de los años 80. Con solamente 3 millones de habitantes y un territorio del tamaño de Nuevo León, decidió que una de sus primeras acciones como país independiente sería tener un registro confiable de la población. Comenzando con pasaportes digitales en 1992 continuaron con una tarjeta de identificación única con chip sobre la cual se fueron montando los diferentes trámites de gobierno. A la fecha, los únicos trámites en Lituania a los que hay que acudir personalmente es cuando alguien registra una propiedad, se casa o se divorcia. En el camino hicieron más eficiente al gobierno reduciendo el costo de la administración central.

Gracias a ese entorno surgió toda una generación de programadores quienes colaboraron en 2003 para la creación de Skype, el primer algoritmo que permitía hacer llamadas telefónicas por internet. Skype tiene su sede en la capital de Lituania y fue comprada por Microsoft en 2011 en 8,500 millones de dólares. Actualmente el 35% del PIB de Lituania proviene de la venta de servicios tecnológico entre los que se encuentra la residencia digital, una innovadora estrategia que habilita a un ciudadano de cualquier país para la gestión de un negocio internacional. Este solo producto le aporta al país 14 millones de euros al año en impuestos, 8 mil millones de pesos más que todo el presupuesto de Morelos.

Skype no salvó a Lituania, ninguna empresa ha salvado nunca a un país. Fue gracias a que el gobierno de Lituania invirtió en proyectos inteligentes y de largo plazo que se sentaron las condiciones para que el día de hoy el PIB de Lituania sea 7 veces mayor que en 1995. Lituania es uno de los países más desarrollados del mundo: sin desigualdad, con buenos servicios de salud, con infraestructura pública moderna, con estabilidad económica, competitivo, con la menor brecha digital del mundo, con empleos de alto ingreso, con educación de calidad. En fin, Lituania es lo que debiera ser México.

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