Juan Carlos Valencia Vargas

  / sábado 20 de abril de 2019

La tradición del sábado de gloria

Hace cientos de años, en México y en algunos países del mundo, se instauró la tradición de “bañarse” con agua unos a otros el Sábado de Gloria.

A muchos de nosotros todavía nos tocaron las batallas campales entre familiares y amigos. Cubetas, mangueras, jícaras, globos o lo que fuera con tal de tener agua para mojar a los otros. Sin duda, como toda actividad familiar, era una gran convivencia.

Hay dos versiones (al menos) del origen de esta tradición, una es que en la antigüedad se consideraba pecado bañarse en Semana Santa y por eso la gente acostumbraba echar agua a los que caminaban por las calles.

La otra, que es la que en lo personal me convence más, es que hace siglos, cuando el cristianismo era considerado aún un peligro para el Imperio Romano, las personas acudían a bautizarse de manera masiva durante el sábado previo a la resurrección.

Debido a la enorme cantidad de gente que se bautizaba, los sacerdotes optaron por "mojar" a los fieles en lugar de llevarlos a un río, un lago, o un lugar donde pudieran sumergirse en agua.

Con el paso de los años, los creyentes siguieron realizando cada Sábado de Gloria la tradición de mojarse unos con otros, a modo de confirmación de su bautismo.

Esta costumbre perduró a través de los siglos y, aunque ya no se realizan los bautizos comunitarios, pasó a ser una tradición divertida que fue olvidando sus raíces.

Sin embargo, con el paso de los años, las autoridades comenzaron a prohibir esta actividad debido al gran desperdicio de agua que se hacía, especialmente en países como el nuestro en el que la Semana Santa ocurre en el periodo más severo del estiaje. No era (no es) justo que mientras muchos carecían de agua otros la desperdiciaran.

Por eso hoy día la mayor parte de los estados del país incluyen penas por el desperdicio de agua. Así que una tradición de origen religioso, se convirtió en una actividad cultural y finalmente recreativa, que hoy día está prohibida.

Las sanciones varían por estado pero varían entre 1,600 y 40,000 pesos. Además de penas entre 24 y 36 horas de arresto.

Mejor cuidemos el agua y evitemos estas penas. Recordemos el motivo original de esta tradición de otra manera.

En estos tiempos violentos, regresar a las enseñanzas de Jesús sería lo mejor que nos podría pasar. Amor, piedad, arrepentimiento, perdón, son solo algunas de esas enseñanzas que a nuestra sociedad de hoy día le hacen tanta falta.

Por el bien de México. Agua para todos.

Hace cientos de años, en México y en algunos países del mundo, se instauró la tradición de “bañarse” con agua unos a otros el Sábado de Gloria.

A muchos de nosotros todavía nos tocaron las batallas campales entre familiares y amigos. Cubetas, mangueras, jícaras, globos o lo que fuera con tal de tener agua para mojar a los otros. Sin duda, como toda actividad familiar, era una gran convivencia.

Hay dos versiones (al menos) del origen de esta tradición, una es que en la antigüedad se consideraba pecado bañarse en Semana Santa y por eso la gente acostumbraba echar agua a los que caminaban por las calles.

La otra, que es la que en lo personal me convence más, es que hace siglos, cuando el cristianismo era considerado aún un peligro para el Imperio Romano, las personas acudían a bautizarse de manera masiva durante el sábado previo a la resurrección.

Debido a la enorme cantidad de gente que se bautizaba, los sacerdotes optaron por "mojar" a los fieles en lugar de llevarlos a un río, un lago, o un lugar donde pudieran sumergirse en agua.

Con el paso de los años, los creyentes siguieron realizando cada Sábado de Gloria la tradición de mojarse unos con otros, a modo de confirmación de su bautismo.

Esta costumbre perduró a través de los siglos y, aunque ya no se realizan los bautizos comunitarios, pasó a ser una tradición divertida que fue olvidando sus raíces.

Sin embargo, con el paso de los años, las autoridades comenzaron a prohibir esta actividad debido al gran desperdicio de agua que se hacía, especialmente en países como el nuestro en el que la Semana Santa ocurre en el periodo más severo del estiaje. No era (no es) justo que mientras muchos carecían de agua otros la desperdiciaran.

Por eso hoy día la mayor parte de los estados del país incluyen penas por el desperdicio de agua. Así que una tradición de origen religioso, se convirtió en una actividad cultural y finalmente recreativa, que hoy día está prohibida.

Las sanciones varían por estado pero varían entre 1,600 y 40,000 pesos. Además de penas entre 24 y 36 horas de arresto.

Mejor cuidemos el agua y evitemos estas penas. Recordemos el motivo original de esta tradición de otra manera.

En estos tiempos violentos, regresar a las enseñanzas de Jesús sería lo mejor que nos podría pasar. Amor, piedad, arrepentimiento, perdón, son solo algunas de esas enseñanzas que a nuestra sociedad de hoy día le hacen tanta falta.

Por el bien de México. Agua para todos.

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