/ martes 8 de octubre de 2019

Las maquinarias en democracia

Escenario Político

Cuando planteamos la hipótesis de si la representación política está en crisis o atraviesa por una evolución, Juan Pablo Luna nos refiere, con base en diversos autores, que estaría dada más por un problema de insatisfacción con la “oferta” que por una virtual incapacidad de la “demanda” de estructurar preferencias programáticas de forma consistente.

En las nuevas democracias, una característica son los bajos niveles de institucionalidad. En la crisis o evolución de la representatividad, hay que tener en cuenta que en América Latina predominan las maquinarias políticas y no las instituciones, lo que en muchas ocasiones lleva al surgimiento de liderazgos carismáticos desvinculados de toda institucionalidad.

Por eso también es indispensable considerar que las ideologías ayudan a diferenciar la competencia electoral y la vinculación del ciudadano con cada partido, porque suponen la existencia de estructuras programáticas y la organización de los partidos políticos que eventualmente desembocarían en la generación de un gobierno de partido responsable.

También debemos considerar que de 1982 a 1992, en las transiciones de diversos países se pasó de partidos de masa a partidos profesionalmente electorales, recurriendo al marketing político, lo que llevó al reemplazo de los partidos tradicionales por otros más funcionales. Esta crisis y/o evolución favoreció a partidos y gobiernos de centro-derecha, pero abrió la pauta para que los de centro izquierda pudieran crecer, dada la clara diferenciación tanto ideológica como de representación de los intereses sociales, los primeros con planes de austeridad, los segundos oponiéndose a ella. También puede generar liderazgos personales aprovechando el descontento, como escenario emergente anti gobierno y a los partidos políticos tradicionales.

Los estudios realizados tanto por Juan Pablo Luna y otros, refieren que una de las causas de la baja institucionalización de los partidos de América Latina se debe al frecuente cambio de sistema de partidos, lo que impide la vinculación programática con la sociedad. Así, tenemos una alta volatilidad electoral por la falta de identificación de los electores con los partidos.

Es posible concluir que esa debilidad permanente de las democracias en América Latina para vincular partidos y ciudadanos es un impedimento para generar gobiernos de partido responsable. Si bien se da el resurgimiento de la izquierda, las condiciones de debilidad estructural e institucional no permiten prever la consolidación de la representación política, entendida como el vínculo entre representantes y representados en un orden programático y constante.

Para una mayor comprensión de si la representación política está en crisis o sólo está evolucionando, recurrimos al politólogo, Manuel Alcántara Sáez, con su análisis de los partidos políticos en América Latina y considera que la institucionalización de las elecciones ha sido altamente positiva, a pesar de las crisis, la corrupción y otros factores, pero reconoce también que las redes de representación política han decaído y que el gran reto es permanecer en el tiempo. Si bien han aparecido nuevos vínculos entre sociedad y actores políticos, esto no ha sustituido a los partidos. Éstos, sin embargo, deben reconocer que el repudio ciudadano hacia ellos obedece a que los evalúa negativamente.

Al abordar el problema de la institucionalización de los partidos políticos, considera que a la par de que los ciudadanos los hacen depositarios de la búsqueda de soluciones a los problemas, también los hacen responsables de ellos, lo que deriva en una crisis de representación política, por su corrupción, por la asociación de otros intereses, su ineficacia y des legitimidad.

El problema es distinguir cuando se convierten en instituciones o en máquinas. La corrupción como elemento de contraste en la gobernanza electoral y en la administración pública, han cercado al presidente, López Obrador (entre otros) con el caso Bartlett y más aún: con una política (no) transparente en diversos rubros de su gestión que, ya reducen los márgenes (aún) favorables en el único rubro ofrecido al menos para concebir a su administración como un cambio político.


Director Editorial: www.escenariopolitico.mx

Facebook / Linkedin: Daniel Adame Osorio

Twitter: @Danieldao1

Instagram: @danieladameosorio

Cuando planteamos la hipótesis de si la representación política está en crisis o atraviesa por una evolución, Juan Pablo Luna nos refiere, con base en diversos autores, que estaría dada más por un problema de insatisfacción con la “oferta” que por una virtual incapacidad de la “demanda” de estructurar preferencias programáticas de forma consistente.

En las nuevas democracias, una característica son los bajos niveles de institucionalidad. En la crisis o evolución de la representatividad, hay que tener en cuenta que en América Latina predominan las maquinarias políticas y no las instituciones, lo que en muchas ocasiones lleva al surgimiento de liderazgos carismáticos desvinculados de toda institucionalidad.

Por eso también es indispensable considerar que las ideologías ayudan a diferenciar la competencia electoral y la vinculación del ciudadano con cada partido, porque suponen la existencia de estructuras programáticas y la organización de los partidos políticos que eventualmente desembocarían en la generación de un gobierno de partido responsable.

También debemos considerar que de 1982 a 1992, en las transiciones de diversos países se pasó de partidos de masa a partidos profesionalmente electorales, recurriendo al marketing político, lo que llevó al reemplazo de los partidos tradicionales por otros más funcionales. Esta crisis y/o evolución favoreció a partidos y gobiernos de centro-derecha, pero abrió la pauta para que los de centro izquierda pudieran crecer, dada la clara diferenciación tanto ideológica como de representación de los intereses sociales, los primeros con planes de austeridad, los segundos oponiéndose a ella. También puede generar liderazgos personales aprovechando el descontento, como escenario emergente anti gobierno y a los partidos políticos tradicionales.

Los estudios realizados tanto por Juan Pablo Luna y otros, refieren que una de las causas de la baja institucionalización de los partidos de América Latina se debe al frecuente cambio de sistema de partidos, lo que impide la vinculación programática con la sociedad. Así, tenemos una alta volatilidad electoral por la falta de identificación de los electores con los partidos.

Es posible concluir que esa debilidad permanente de las democracias en América Latina para vincular partidos y ciudadanos es un impedimento para generar gobiernos de partido responsable. Si bien se da el resurgimiento de la izquierda, las condiciones de debilidad estructural e institucional no permiten prever la consolidación de la representación política, entendida como el vínculo entre representantes y representados en un orden programático y constante.

Para una mayor comprensión de si la representación política está en crisis o sólo está evolucionando, recurrimos al politólogo, Manuel Alcántara Sáez, con su análisis de los partidos políticos en América Latina y considera que la institucionalización de las elecciones ha sido altamente positiva, a pesar de las crisis, la corrupción y otros factores, pero reconoce también que las redes de representación política han decaído y que el gran reto es permanecer en el tiempo. Si bien han aparecido nuevos vínculos entre sociedad y actores políticos, esto no ha sustituido a los partidos. Éstos, sin embargo, deben reconocer que el repudio ciudadano hacia ellos obedece a que los evalúa negativamente.

Al abordar el problema de la institucionalización de los partidos políticos, considera que a la par de que los ciudadanos los hacen depositarios de la búsqueda de soluciones a los problemas, también los hacen responsables de ellos, lo que deriva en una crisis de representación política, por su corrupción, por la asociación de otros intereses, su ineficacia y des legitimidad.

El problema es distinguir cuando se convierten en instituciones o en máquinas. La corrupción como elemento de contraste en la gobernanza electoral y en la administración pública, han cercado al presidente, López Obrador (entre otros) con el caso Bartlett y más aún: con una política (no) transparente en diversos rubros de su gestión que, ya reducen los márgenes (aún) favorables en el único rubro ofrecido al menos para concebir a su administración como un cambio político.


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