/ sábado 26 de octubre de 2019

Las Tortas de Las Plazas

Castrando Ando

No voy a abrir un debate para tratar de decidir qué tipo de tortas son las más ricas. A últimas fechas, la moda y lo conveniente de su tamaño, han convertido a las mega tortas, en un producto muy cotizado.

Sin mencionar a algunas de ellas en particular, generalmente estas tortas gigantes ofrecen combinaciones muy variadas –incluso algunas rayan en la exageración- que conquistan los sentidos por su vistosidad y porque literalmente, llenan las expectativas de cualquier tragón, de poderse atascar hasta el tope.

También están las tortas “de taquería”, casi siempre de algún tipo de carne, incluso de combinaciones propias de un alambre y de las que ejemplos hay suficientes sobre su magnifico sabor y su tamaño bien equilibrado, pasadas por la plancha y acompañadas de múltiples salsas, más bien diseñadas para los tacos.

Este manjar de los dioses es también codiciado porque nos permite el capricho medio retorcido y por lo tanto atractivo, de comer una torta con sabor a taco –en la CDMX incluso las presentan con todo y tortillas-, a las que además resulta muy lógico, agregarles el tradicional limonazo, que nunca le agregarías a otro tipo de tortas.

Sin embargo, mi recomendación de hoy tiende hacia otra categoría de tortas, que son una tradición un tanto olvidada y que no requiere de combinaciones exóticas, volúmenes exorbitantes o ingredientes especiales para brillar con su propia luz: las tortas a la plancha.

Y –obviamente- hablar de ese manjar de los dioses sin recurrir como referencia a Las Tortas de Las Plazas, es un sacrilegio. Es que no hay guayabo que precie de serlo, que no haya crecido con ese rinconcito, que hizo historia al interior del Centro Comercial Las Plazas, frente al zócalo de nuestra hermosa Cuernavaca.

Por el giro de la zona comercial, lo alto de sus rentas y lo reducido del espacio en el que atendían, donde los clientes comían de pie y amontonados en el pasillo, Las Tortas de las Plazas emigraron y –afortunadamente- encontraron refugio en un localito de la calle de Leyva esquina con Salazar, muy cerca del Tribunal Superior de Justicia de Morelos, donde siguen haciendo historia.

Desde que tengo memoria, y con ello hablo de hace unos 30 años por lo menos, la mecánica es la misa, el sabor no ha variado y sus precios –bravo por eso- parecen también haberse congelado.

En Las Plazas no hay mucho qué pensar: las de cochinita tienen ese toque exacto entre la carne jugosa y los frijolitos que la aderezan, que casi casi es de ley comerse una por visita.

La siguiente alternativa es pedir una de milanesa. Estas tienen la cantidad exacta de carne, cortada en pequeños trozos que te permiten atacarlas sin complicación, con una carne dorada y perfectamente bien empanizada, a la que solo hace falta agregarle la salsa de chipotle, que por años se ofrece especita y bien sazonada.

También puedes rendirte ante una básica de jamón del chavo; o una de jamón con queso Oaxaca o su variante con queso amarillo, aunque entre estas más sencillas, la que merece mención honorífica es la campechana, que está bien equilibradita entre el embutido, el queso de puerco y el queso de tu preferencia.

Pero lo especial de todas, es que ri-gu-ro-sa-men-te, tienen que pasar al menos un par de minutos por la plancha eléctrica, antes de llegar a tu plato.

Y es que a pesar de la alta demanda que tienen, el ritual incluye el tiempo que debes esperar a recibir tu torta, ya que la plancha -desde hace 30 años es así y no va a cambiar- únicamente admite dos tortas a la vez.

Cuando la tienes frente a ti, es imposible no admirarla. Tiene el tamaño perfecto para que comas dos o tres; la combinación de sus ingredientes esta diseñada para que el sabor predominante destaque sin opacar los aderezos; siempre está calientita, nunca se desborda, desparrama o rompe y -por encima de todo-, invariablemente, te deja escuchar el “crunch” intenso en cada mordida.

Como son exquisitas, Las Tortas de las Plazas se cotizan y abren a las 10 de la mañana o unos minutos después y aunque no tienen un horario fijo de cierre, después de la 1 de la tarde, quizá ya no encuentres de la que buscas.

Mi reino por una tortita a la plancha de Las Plazas… sobre todo si incluye el trayecto tomado de la mano de tu padre, que camina sin dudarlo por las calles del Centro, allá por 1990.


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No voy a abrir un debate para tratar de decidir qué tipo de tortas son las más ricas. A últimas fechas, la moda y lo conveniente de su tamaño, han convertido a las mega tortas, en un producto muy cotizado.

Sin mencionar a algunas de ellas en particular, generalmente estas tortas gigantes ofrecen combinaciones muy variadas –incluso algunas rayan en la exageración- que conquistan los sentidos por su vistosidad y porque literalmente, llenan las expectativas de cualquier tragón, de poderse atascar hasta el tope.

También están las tortas “de taquería”, casi siempre de algún tipo de carne, incluso de combinaciones propias de un alambre y de las que ejemplos hay suficientes sobre su magnifico sabor y su tamaño bien equilibrado, pasadas por la plancha y acompañadas de múltiples salsas, más bien diseñadas para los tacos.

Este manjar de los dioses es también codiciado porque nos permite el capricho medio retorcido y por lo tanto atractivo, de comer una torta con sabor a taco –en la CDMX incluso las presentan con todo y tortillas-, a las que además resulta muy lógico, agregarles el tradicional limonazo, que nunca le agregarías a otro tipo de tortas.

Sin embargo, mi recomendación de hoy tiende hacia otra categoría de tortas, que son una tradición un tanto olvidada y que no requiere de combinaciones exóticas, volúmenes exorbitantes o ingredientes especiales para brillar con su propia luz: las tortas a la plancha.

Y –obviamente- hablar de ese manjar de los dioses sin recurrir como referencia a Las Tortas de Las Plazas, es un sacrilegio. Es que no hay guayabo que precie de serlo, que no haya crecido con ese rinconcito, que hizo historia al interior del Centro Comercial Las Plazas, frente al zócalo de nuestra hermosa Cuernavaca.

Por el giro de la zona comercial, lo alto de sus rentas y lo reducido del espacio en el que atendían, donde los clientes comían de pie y amontonados en el pasillo, Las Tortas de las Plazas emigraron y –afortunadamente- encontraron refugio en un localito de la calle de Leyva esquina con Salazar, muy cerca del Tribunal Superior de Justicia de Morelos, donde siguen haciendo historia.

Desde que tengo memoria, y con ello hablo de hace unos 30 años por lo menos, la mecánica es la misa, el sabor no ha variado y sus precios –bravo por eso- parecen también haberse congelado.

En Las Plazas no hay mucho qué pensar: las de cochinita tienen ese toque exacto entre la carne jugosa y los frijolitos que la aderezan, que casi casi es de ley comerse una por visita.

La siguiente alternativa es pedir una de milanesa. Estas tienen la cantidad exacta de carne, cortada en pequeños trozos que te permiten atacarlas sin complicación, con una carne dorada y perfectamente bien empanizada, a la que solo hace falta agregarle la salsa de chipotle, que por años se ofrece especita y bien sazonada.

También puedes rendirte ante una básica de jamón del chavo; o una de jamón con queso Oaxaca o su variante con queso amarillo, aunque entre estas más sencillas, la que merece mención honorífica es la campechana, que está bien equilibradita entre el embutido, el queso de puerco y el queso de tu preferencia.

Pero lo especial de todas, es que ri-gu-ro-sa-men-te, tienen que pasar al menos un par de minutos por la plancha eléctrica, antes de llegar a tu plato.

Y es que a pesar de la alta demanda que tienen, el ritual incluye el tiempo que debes esperar a recibir tu torta, ya que la plancha -desde hace 30 años es así y no va a cambiar- únicamente admite dos tortas a la vez.

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