/ lunes 15 de abril de 2024

¿Tamoanchan en la antigua Cuauhnáhuac? Puede que sí (I)

Fíjense, queridos lectores, que leyendo un magnífico texto de mi amiga, la antropóloga Laura Bensasson, llamado de Tamoanchan a Cuauhnáhuac: posible historia de un glifo, se me despertó la curiosidad por ahondar en ese tema.

Ya el Señorío indígena de Morelos hace un par de semanas lo había tratado en una interesante mesa de trabajo entre participantes del Señorío de Morelos con doctoras en Historia del Colegio de Morelos y observadores independientes de la UNESCO a los que el tema les interesa. Y es que, a pesar de estar Cuauhnáhuac tan cerca de la antigua México-Tenochtitlan, tiene su propia historia.

“En el ombligo del mundo” es una frase que se utiliza para referirse a un lugar o punto que es considerado el centro de todo; la usaron los aztecas-mexicas por primera vez cuando establecieron su capital en 1325 al fundar la ciudad de México-Tenochtitlan, punto de conexión entre la tierra, el agua y el cielo.

En el pasado histórico de nuestros ancestros, que transcurrió entre el mito, la leyenda y la historia, los aztecas-mexicas forjaron una gran nación, la que cuando por primera vez fue vista por los españoles que llegaron allende el mar, creían estar soñando y eso que nunca vislumbraron la narración de Tamoanchan, especie de paraíso terrenal del cual los ancestros de los aztecas y toltecas salieron a repoblar la tierra después del gran diluvio.

En otras narraciones, es un lugar que eligieron los dioses para legárselos a los seres humanos, aquí en lo que ahora es Morelos para solaz de propios y extraños. Pero ¿qué era Tamoanchan de acuerdo con varios arqueólogos e historiadores?

Francisco Plancarte y Navarrete, el obispo de Cuernavaca que fue más arqueólogo que religioso, en 1911 formuló la teoría de que Tamoanchan fue una vez un lugar real, cuyas ruinas se encontraban en la parte sur del estado de Morelos. Y escribió una obra titulada: Tamoanchan el Estado de Morelos y el principio de la civilización en México. Edición Summa Morelense, con presentación de don Valentín López González (1928-2006), de verdad formidable obra de don Vale.

Román Piña Chan, profesor emérito de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, relacionó Tamoanchán con Xochicalco. Según el gran nahuatlato, doctor Miguel León-Portilla, en la vasta geografía del cemanáhuac, la tierra en el anillo del agua, que más tarde se nombró Nueva España, hubo asentamiento de pueblos y ciudades de cuya existencia hablan relatos que son mitos o historia o ambas cosas a la vez. Entendiendo que mientras que la textura del mito la tejen palabras primordiales, la de la historia, cuenta con palabras resultado de la indagación.

Las culturas prehispánicas de Mesoamérica, ubican ese mítico lugar, “sobre los aires” y lo visualizaban como un lugar de destino, pero también como punto de origen.

De acuerdo con algunas versiones, allí se originó el hombre. Se decía también que era morada de la hermosa Xochiquetzal y que ese sitio representa la belleza, la cultura y las tradiciones que sobreviven en cada uno de los pueblos de origen nahuahablante.

En esa confusión entre el mito y la historia, los informantes de fray Bernardino de Sahagún refieren que los sabios que se establecieron en Teotihuacan procedían de Tamoanchan, lugar de vida y abundancia. Y según tradición recogida por fray Jerónimo de Mendieta, en una cueva, en tierra de Cuauhnáhuac, los dioses dieron forma al calendario, por lo que la relación de Tamoanchan con nuestra entidad está cada vez más cerca de acuerdo a estudiosos en la materia.

Fíjense todo lo que nos une a los mexicanos; por una parte está esa magnífica herencia de todos esos pueblos originarios que no pudo acabar la llamada Conquista, que otros llaman invasión. Todos sus saberes, sus costumbres y habilidades que como un tesoro de gran valor proceden de los pueblos originarios, para fortuna de todos, han sobrevivido y enriquecen a las sociedades actuales.

Desde sus conocimientos ancestrales hasta la conexión que poseen con la naturaleza, los saberes que aportan a todo México estas poblaciones, son únicos. ¿Por qué lo digo? Me explico: porque todos esos pueblos que ahora, en el caso de nuestra entidad, se están agrupando dentro de la primera gubernatura indígena superior y pluricultural del estado de Morelos, que encabeza Manuel Gómez Vázquez, son únicos, entre otras razones porque poseen una gran diversidad en su misma lengua, en sus culturas, tradiciones y conocimientos que han sido trasmitidos por generaciones, permitiéndoles y permitiéndonos forjar una profunda conexión con la naturaleza y su entorno.

Y seguimos en mi próxima columna.


Fíjense, queridos lectores, que leyendo un magnífico texto de mi amiga, la antropóloga Laura Bensasson, llamado de Tamoanchan a Cuauhnáhuac: posible historia de un glifo, se me despertó la curiosidad por ahondar en ese tema.

Ya el Señorío indígena de Morelos hace un par de semanas lo había tratado en una interesante mesa de trabajo entre participantes del Señorío de Morelos con doctoras en Historia del Colegio de Morelos y observadores independientes de la UNESCO a los que el tema les interesa. Y es que, a pesar de estar Cuauhnáhuac tan cerca de la antigua México-Tenochtitlan, tiene su propia historia.

“En el ombligo del mundo” es una frase que se utiliza para referirse a un lugar o punto que es considerado el centro de todo; la usaron los aztecas-mexicas por primera vez cuando establecieron su capital en 1325 al fundar la ciudad de México-Tenochtitlan, punto de conexión entre la tierra, el agua y el cielo.

En el pasado histórico de nuestros ancestros, que transcurrió entre el mito, la leyenda y la historia, los aztecas-mexicas forjaron una gran nación, la que cuando por primera vez fue vista por los españoles que llegaron allende el mar, creían estar soñando y eso que nunca vislumbraron la narración de Tamoanchan, especie de paraíso terrenal del cual los ancestros de los aztecas y toltecas salieron a repoblar la tierra después del gran diluvio.

En otras narraciones, es un lugar que eligieron los dioses para legárselos a los seres humanos, aquí en lo que ahora es Morelos para solaz de propios y extraños. Pero ¿qué era Tamoanchan de acuerdo con varios arqueólogos e historiadores?

Francisco Plancarte y Navarrete, el obispo de Cuernavaca que fue más arqueólogo que religioso, en 1911 formuló la teoría de que Tamoanchan fue una vez un lugar real, cuyas ruinas se encontraban en la parte sur del estado de Morelos. Y escribió una obra titulada: Tamoanchan el Estado de Morelos y el principio de la civilización en México. Edición Summa Morelense, con presentación de don Valentín López González (1928-2006), de verdad formidable obra de don Vale.

Román Piña Chan, profesor emérito de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, relacionó Tamoanchán con Xochicalco. Según el gran nahuatlato, doctor Miguel León-Portilla, en la vasta geografía del cemanáhuac, la tierra en el anillo del agua, que más tarde se nombró Nueva España, hubo asentamiento de pueblos y ciudades de cuya existencia hablan relatos que son mitos o historia o ambas cosas a la vez. Entendiendo que mientras que la textura del mito la tejen palabras primordiales, la de la historia, cuenta con palabras resultado de la indagación.

Las culturas prehispánicas de Mesoamérica, ubican ese mítico lugar, “sobre los aires” y lo visualizaban como un lugar de destino, pero también como punto de origen.

De acuerdo con algunas versiones, allí se originó el hombre. Se decía también que era morada de la hermosa Xochiquetzal y que ese sitio representa la belleza, la cultura y las tradiciones que sobreviven en cada uno de los pueblos de origen nahuahablante.

En esa confusión entre el mito y la historia, los informantes de fray Bernardino de Sahagún refieren que los sabios que se establecieron en Teotihuacan procedían de Tamoanchan, lugar de vida y abundancia. Y según tradición recogida por fray Jerónimo de Mendieta, en una cueva, en tierra de Cuauhnáhuac, los dioses dieron forma al calendario, por lo que la relación de Tamoanchan con nuestra entidad está cada vez más cerca de acuerdo a estudiosos en la materia.

Fíjense todo lo que nos une a los mexicanos; por una parte está esa magnífica herencia de todos esos pueblos originarios que no pudo acabar la llamada Conquista, que otros llaman invasión. Todos sus saberes, sus costumbres y habilidades que como un tesoro de gran valor proceden de los pueblos originarios, para fortuna de todos, han sobrevivido y enriquecen a las sociedades actuales.

Desde sus conocimientos ancestrales hasta la conexión que poseen con la naturaleza, los saberes que aportan a todo México estas poblaciones, son únicos. ¿Por qué lo digo? Me explico: porque todos esos pueblos que ahora, en el caso de nuestra entidad, se están agrupando dentro de la primera gubernatura indígena superior y pluricultural del estado de Morelos, que encabeza Manuel Gómez Vázquez, son únicos, entre otras razones porque poseen una gran diversidad en su misma lengua, en sus culturas, tradiciones y conocimientos que han sido trasmitidos por generaciones, permitiéndoles y permitiéndonos forjar una profunda conexión con la naturaleza y su entorno.

Y seguimos en mi próxima columna.