Daniel Martínez

  / martes 3 de diciembre de 2019

Morelos, las invisibilizadas

El territorio de lo incidental es enemigo de los movimiento sociales y de las ideas. Si uno se corta al rasurarse por la mañana, o si discute con un payaso por la tarde pueden fácilmente volverse la marca del día y apagar las ideas o las misiones que uno emprenda durante su jornada. Así, el contenido fundamental, doloroso, reconstituyente, de la marcha feminista de este domingo puede ser opacado a los ojos de algunos por un incidente menor con un actor callejero; o el de otras marchas feministas en otros momentos en el resto del país sepultado por el vandalismo de algunas de quienes marcharon. La discusión no tendría que ser sobre los incidentes, mayormente absurdos en comparación con el fondo de las peticiones de mujeres que han sido agraviadas cotidianamente (usamos el adverbio adrede para ilustrar la gravedad del asunto) sino sobre las demandas justas (y también las que podrían no serlo) de cientos de miles de mujeres en todo el país y que, desde una óptica liberal en sentido estricto, debieran ser suscritos en su amplitud. Vidas libres de violencia, de acoso, de hostigamiento, de discriminación, y hacerse responsables de sus cuerpos son asuntos de derechos humanos fundamentales o de derechos que tendrían que ampliarse dentro de una lógica de libertad; esa es la demanda y resulta mucho más importante que cualquier incidente. Sobre ella tenemos que dialogar, con ellas hay que construir empatía, a ellas también hay que garantizar la paz.

El gobierno del estado se refirió a través del encargado de despacho de la subsecretaría de Gobierno, Mauricio Termignoni, a la marcha por la paz que también ocurrió el domingo, a la que descalificó por “la presencia de actores políticos del pasado”, pero para nada refirió –nadie en el gobierno estatal o en sus instituciones lo ha hecho- a la marcha de mujeres que igual ocurrió y se plantó bien y sin violencia a un costado de Palacio de Gobierno y luego frente a la entrada a Catedral. En efecto, los voceros institucionales no se refirieron a las mujeres ni siquiera para descalificarlas, como si el movimiento del domingo se hubiera presentado y disipado por generación espontánea, como si se tratara de algo mágico; pero no es magia es lucha por los derechos y lo mismo que cualquier exigencia, tendría que ser escuchada.

Es infame que a unos, por ser Guillermo del Valle, Rafael Cepeda, Jorge Meade, no se les escuche por ser militantes de lo que queda del PRI y aparentemente ellos no pueden quejarse de la inseguridad bajo la lógica del nuevo gobierno, pero mucho más grave es que a las mujeres sin nombre público que se manifestaron el mismo día no se tenga siquiera una palabra de descalificación. Arrebatar el discurso es la forma más terrible del terror y la actitud de no ver ni escuchar ni dar la mínima empatía a las mujeres se asemeja mucho a esa mordaza simbólica que se pone a los movimientos que no se entienden ni se sienten ni se atienden.

Lamentable que las mujeres no puedan hablar siquiera de ser discriminadas, como pueden hacerlo los priistas, porque el Estado ni siquiera las ha visto. Es urgente atenderlas.


Twitter: @martinellito

Correo: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

El territorio de lo incidental es enemigo de los movimiento sociales y de las ideas. Si uno se corta al rasurarse por la mañana, o si discute con un payaso por la tarde pueden fácilmente volverse la marca del día y apagar las ideas o las misiones que uno emprenda durante su jornada. Así, el contenido fundamental, doloroso, reconstituyente, de la marcha feminista de este domingo puede ser opacado a los ojos de algunos por un incidente menor con un actor callejero; o el de otras marchas feministas en otros momentos en el resto del país sepultado por el vandalismo de algunas de quienes marcharon. La discusión no tendría que ser sobre los incidentes, mayormente absurdos en comparación con el fondo de las peticiones de mujeres que han sido agraviadas cotidianamente (usamos el adverbio adrede para ilustrar la gravedad del asunto) sino sobre las demandas justas (y también las que podrían no serlo) de cientos de miles de mujeres en todo el país y que, desde una óptica liberal en sentido estricto, debieran ser suscritos en su amplitud. Vidas libres de violencia, de acoso, de hostigamiento, de discriminación, y hacerse responsables de sus cuerpos son asuntos de derechos humanos fundamentales o de derechos que tendrían que ampliarse dentro de una lógica de libertad; esa es la demanda y resulta mucho más importante que cualquier incidente. Sobre ella tenemos que dialogar, con ellas hay que construir empatía, a ellas también hay que garantizar la paz.

El gobierno del estado se refirió a través del encargado de despacho de la subsecretaría de Gobierno, Mauricio Termignoni, a la marcha por la paz que también ocurrió el domingo, a la que descalificó por “la presencia de actores políticos del pasado”, pero para nada refirió –nadie en el gobierno estatal o en sus instituciones lo ha hecho- a la marcha de mujeres que igual ocurrió y se plantó bien y sin violencia a un costado de Palacio de Gobierno y luego frente a la entrada a Catedral. En efecto, los voceros institucionales no se refirieron a las mujeres ni siquiera para descalificarlas, como si el movimiento del domingo se hubiera presentado y disipado por generación espontánea, como si se tratara de algo mágico; pero no es magia es lucha por los derechos y lo mismo que cualquier exigencia, tendría que ser escuchada.

Es infame que a unos, por ser Guillermo del Valle, Rafael Cepeda, Jorge Meade, no se les escuche por ser militantes de lo que queda del PRI y aparentemente ellos no pueden quejarse de la inseguridad bajo la lógica del nuevo gobierno, pero mucho más grave es que a las mujeres sin nombre público que se manifestaron el mismo día no se tenga siquiera una palabra de descalificación. Arrebatar el discurso es la forma más terrible del terror y la actitud de no ver ni escuchar ni dar la mínima empatía a las mujeres se asemeja mucho a esa mordaza simbólica que se pone a los movimientos que no se entienden ni se sienten ni se atienden.

Lamentable que las mujeres no puedan hablar siquiera de ser discriminadas, como pueden hacerlo los priistas, porque el Estado ni siquiera las ha visto. Es urgente atenderlas.


Twitter: @martinellito

Correo: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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