César Arenas

  / jueves 4 de julio de 2019

Nuevo PND: por la fuerza de los votos

Con 305 votos a favor, los diputados avalaron el jueves pasado el Plan Nacional de Desarrollo (PND). Poco importaron las críticas, opiniones y propuestas de los especialistas. Tampoco los posicionamientos en tribuna, ni los 139 votos emitidos en contra detuvieron su aprobación.

La fuerza de los votos de Morena y sus aliados (PT, PES y PVEM) fue suficiente para lanzar un nuevo mensaje de legitimación frente a todos: el contenido del plan cumple cabalmente con los fines constitucionales; y a los detractores gracias por participar, pero no gracias. En este espacio comentamos que la aprobación estaba anunciada desde que las comisiones legislativas comenzaron a enviar sus opiniones favorables a la dictaminadora.

En el dictamen del PND se puede apreciar en el caso de la Comisión de Desarrollo Social que hubo una aprobación por mayoría, sin votos en contra y con las únicas abstenciones del PRI y de MC. Esto fue así, no obstante que durante el foro de análisis los especialistas señalaron las distintas fallas y omisiones que existían.

Para los diputados de Morena este proceso fue “histórico”, se hizo a través de “parlamento abierto”, la discusión fue amplia porque las comisiones “opinaron”. Además, este plan acabará con “la larga noche del neoliberalismo”, con el “modelo anterior de Estado corrupto”, permitirá crear un “Estado que genera valor”, ya que está respaldado por “30 millones para cambiar la ruta del país”; se dejará atrás “el desmantelamiento de las instituciones de bienestar” y acabará con complicidad entre “el poder y los dueños del dinero”.

Sin duda, es lamentable que los diputados hayan aprobado un plan sin establecer una metodología con objetivos, indicadores y metas claras. Pero más allá de lo técnico, resulta desafortunado que el debate a favor se haya centrado en argumentos retóricos sobre aspectos tan ambiguos y generales de los problemas públicos del país. Por ejemplo, a todos nos preocupa la corrupción de las instituciones, pero eso no implica una contradicción con la metodología y la planeación estratégica.

Generar confianza ciudadana, visión de Estado y valor público era, en el fondo, lo único que se exigía al Plan. Obviaron que durante ésta “larga marcha del neoliberalismo”, se han generado fuerzas y capacidades ciudadanas que buscaban aliarse con la izquierda para no ser olvidados ni ignorados. Era algo que no se esperaba de un gobierno/congreso de izquierda. No era lógico pensar que el proceso de construcción y discusión del plan, se llevaría desde las elites.

Morena y sus diputados aliados dejaron mal posicionada la imagen de lo que debería ser un congreso de izquierda, porque simuló una relación con la gente que nunca existió y actuó de forma tradicional, como lo hicieron en su momento los partidos de derecha y de centro-izquierda. Nuevamente queda de manifiesto que a Morena no le importa poner en marcha una transformación cultural con y desde la gente, una que permita su verdadero empoderamiento.

¿Qué pasará ahora? Previsiblemente lo que va a provocar este PND es que los programas que operativamente instrumentan el plan arrastren esta dosis de generalidades o ambigüedades, que se omitan criterios, además de las dificultades para alinear los distintos instrumentos de la planeación y en consecuencia, el sistema de planeación arrancará de manera errónea: de abajo hacia arriba, con cada “acierto y error”.

De acuerdo con la CEPAL, “la planificación surge y se acepta como el proceso mediante el cual puede racionalizarse la ejecución de un proyecto nacional de desarrollo, a partir del cual se identifica una imagen-objetivo y se elige racionalmente el itinerario para su consecución. Ello implica aceptar o perseguir un determinado estilo de desarrollo que, por lo tanto, define la forma, alcance y objetivos del proceso mismo de planificación.”

Planear es lo contrario a improvisar. Juzguen por ustedes mismos si nuestro PND cuenta con estas características y atributos, después de eso concluyan si tenemos o no un plan para los próximos años en México.

Con 305 votos a favor, los diputados avalaron el jueves pasado el Plan Nacional de Desarrollo (PND). Poco importaron las críticas, opiniones y propuestas de los especialistas. Tampoco los posicionamientos en tribuna, ni los 139 votos emitidos en contra detuvieron su aprobación.

La fuerza de los votos de Morena y sus aliados (PT, PES y PVEM) fue suficiente para lanzar un nuevo mensaje de legitimación frente a todos: el contenido del plan cumple cabalmente con los fines constitucionales; y a los detractores gracias por participar, pero no gracias. En este espacio comentamos que la aprobación estaba anunciada desde que las comisiones legislativas comenzaron a enviar sus opiniones favorables a la dictaminadora.

En el dictamen del PND se puede apreciar en el caso de la Comisión de Desarrollo Social que hubo una aprobación por mayoría, sin votos en contra y con las únicas abstenciones del PRI y de MC. Esto fue así, no obstante que durante el foro de análisis los especialistas señalaron las distintas fallas y omisiones que existían.

Para los diputados de Morena este proceso fue “histórico”, se hizo a través de “parlamento abierto”, la discusión fue amplia porque las comisiones “opinaron”. Además, este plan acabará con “la larga noche del neoliberalismo”, con el “modelo anterior de Estado corrupto”, permitirá crear un “Estado que genera valor”, ya que está respaldado por “30 millones para cambiar la ruta del país”; se dejará atrás “el desmantelamiento de las instituciones de bienestar” y acabará con complicidad entre “el poder y los dueños del dinero”.

Sin duda, es lamentable que los diputados hayan aprobado un plan sin establecer una metodología con objetivos, indicadores y metas claras. Pero más allá de lo técnico, resulta desafortunado que el debate a favor se haya centrado en argumentos retóricos sobre aspectos tan ambiguos y generales de los problemas públicos del país. Por ejemplo, a todos nos preocupa la corrupción de las instituciones, pero eso no implica una contradicción con la metodología y la planeación estratégica.

Generar confianza ciudadana, visión de Estado y valor público era, en el fondo, lo único que se exigía al Plan. Obviaron que durante ésta “larga marcha del neoliberalismo”, se han generado fuerzas y capacidades ciudadanas que buscaban aliarse con la izquierda para no ser olvidados ni ignorados. Era algo que no se esperaba de un gobierno/congreso de izquierda. No era lógico pensar que el proceso de construcción y discusión del plan, se llevaría desde las elites.

Morena y sus diputados aliados dejaron mal posicionada la imagen de lo que debería ser un congreso de izquierda, porque simuló una relación con la gente que nunca existió y actuó de forma tradicional, como lo hicieron en su momento los partidos de derecha y de centro-izquierda. Nuevamente queda de manifiesto que a Morena no le importa poner en marcha una transformación cultural con y desde la gente, una que permita su verdadero empoderamiento.

¿Qué pasará ahora? Previsiblemente lo que va a provocar este PND es que los programas que operativamente instrumentan el plan arrastren esta dosis de generalidades o ambigüedades, que se omitan criterios, además de las dificultades para alinear los distintos instrumentos de la planeación y en consecuencia, el sistema de planeación arrancará de manera errónea: de abajo hacia arriba, con cada “acierto y error”.

De acuerdo con la CEPAL, “la planificación surge y se acepta como el proceso mediante el cual puede racionalizarse la ejecución de un proyecto nacional de desarrollo, a partir del cual se identifica una imagen-objetivo y se elige racionalmente el itinerario para su consecución. Ello implica aceptar o perseguir un determinado estilo de desarrollo que, por lo tanto, define la forma, alcance y objetivos del proceso mismo de planificación.”

Planear es lo contrario a improvisar. Juzguen por ustedes mismos si nuestro PND cuenta con estas características y atributos, después de eso concluyan si tenemos o no un plan para los próximos años en México.