/ miércoles 29 de mayo de 2024

Radiografía del desplazamiento forzado interno

Por Mauricio D. Aceves

Recordando algunas palabras de Rosario Castellanos, cuyo legado literario en México y el Medio Oriente sigue vigente en diversas causas, desde el feminismo hasta la promoción del diálogo diplomático, irnos es esta forma humana de convertirnos en el aire que se respira y en el agua que corre en los arroyos. La movilidad humana y las múltiples crisis humanitarias a nivel mundial han generado circunstancias sin precedentes, en las que las partidas se convierten en destinos vinculados a riesgos y son el resultado de problemáticas aparentemente ocultas, al menos dentro de reportes de presa. Las migraciones y el desplazamiento son, probablemente, unos de los espejos más expresivos de los problemas globales, desde el surgimiento y recrudecimiento de conflictos armados y las fallas de las políticas internacionales, hasta el impacto del cambio climático en el bienestar de las poblaciones.

Históricamente, los flujos migratorios han sido un factor determinante en la composición de las naciones y culturas. Las condiciones actuales y la aceleración de las dinámicas de movilidad humana, motivadas en gran medida por la degradación de oportunidades y la falta de seguridad en los lugares de origen, también representan un riesgo intergeneracional con implicaciones difíciles de estimar. Por ejemplo, el conflicto en Siria, cuyo inicio de la guerra civil cumplió en marzo pasado 13 años de su comienzo, ha generado una diáspora de refugiados internacionales que representa un tercio de la población del propio país, así como un grupo poblacional de más de 15 millones dentro de Siria, que cuenta con la necesidad de ser provisto de asistencia humanitaria y sin prospectivas claras de desarrollo.

Según el Informe Global sobre el Desplazamiento Interno, el número de desplazados internos monitoreados por el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno ha crecido un 50% en los últimos cinco años. El reporte señala que, a finales de 2023, había 75.9 millones de desplazados internos, de los cuales 68.3 millones fueron desplazados por conflictos y la violencia, mientras que, 7.7 millones por desastres. Casi la mitad del universo cuantificable del desplazamiento interno pertenece a África subsahariana, en un radio en el que, ciertamente, la violencia y las afectaciones climáticas convergen.

En los últimos cinco años, el número de personas desplazadas internamente debido a conflictos y violencia ha aumentado en 22.6 millones, o un 49%. A pesar del aumento significativo en las cifras de desplazamiento, cada región del mundo enfrenta estas situaciones de manera distinta, creando una crisis global interconectada con problemáticas multifactoriales derivadas de contextos locales. Los conflictos en Sudán, la República Democrática del Congo y Palestina representaron casi dos tercios de los nuevos desplazamientos en 2023, lo que también describe, un panorama en el que existen puntos geográficos en situación crítica. Por su parte, de los 148 países que reportaron desplazamientos internos como consecuencia de desastres naturales relacionados al cambio climático, se encuentran países de altos ingresos como Canadá y Nueva Zelandia.

En Sudán, más de 9.1 millones de personas desplazadas a finales de 2023 representan la cifra más alta registrada en un solo país desde 2008. Los 6 millones de desplazamientos internos en Sudán debido a conflictos en 2023 superaron los 14 años anteriores combinados y fueron la segunda cifra más alta registrada después de los 16.9 millones en Ucrania en 2022, cuya cifra de refugiados internacionales es igualmente alarmante. En Palestina, el Centro de Monitoreo calculó 3.4 millones de desplazamientos en los últimos tres meses de 2023, representando el 17% del total de desplazamientos por conflicto a nivel mundial durante ese año. Estos números nos serán distintos en 2024, mientras que las condiciones humanitarias han empeorado durante los últimos meses. En materia de migración internacional y refugio, este contexto paralelamente se convierte en un nuevo eje de presión migratoria a las puertas de Europa.

Tradicionalmente, el desplazamiento forzado interno, enfrenta obstáculos para contar con números precisos relacionados a las poblaciones afectadas, ya que, a diferencia del desplazamiento forzado internacional, los flujos irregulares y las personas en situación de refugi,o el cruce de información puede tener un mayor grado de verificación. Por su parte, el desplazamiento interno suele comportarse en una crisis a puerta cerrada, donde el tránsito intra-territorial es difícilmente detectable y la comprobación de información puede encontrar falta de fuentes. Por otro lado, la falta de censos, así como de la capacidad, en muchos casos, para llevarlos a cabo, es una de las lagunas más frecuentes, especialmente, cuando existen conflictos en curso.

La politización y securitizarían de la agenda migratoria es un fenómeno internacional que representan uno de los mayores riesgos. En este sentido, la migración es un tema central en los procesos electorales de México y Estados Unidos previstos para 2024, una de las elecciones de mayor peso a nivel global y que definirán la dirección de América del Norte, una región que ha impulsado una identidad compartida; mientras que las políticas migratorias en Europa adquieren cada vez mayor centralidad y protagonismo dentro de los discursos políticos. Por otro lado, la divergencia geopolítica internacional, así como la ausencia de acuerdos regionales, son parte inherente de la extensión de esta crisis internacional. Es escenario más adverso, se compone por una amplificación de los factores que conducen a las migraciones, así como la continuidad de políticas equivocadas o que no logran ser implementadas.

La creciente cantidad de desplazados internos y migrantes forzados refleja la persistencia de conflictos armados y desastres naturales y subraya la necesidad urgente de políticas internacionales con la capacidad de crear conciliación en materia de cooperación internacional, así como para atender problemáticas ligadas al desplazamiento forzando interno. Abordar estos desafíos requiere de colaboración hemisférica, reconociendo tanto las complejidades locales como las interconexiones fronterizas globales. En este sentido, la politización de la agenda migratoria permanecerá irremediablemente, por lo que los puntos de acuerdos y negociaciones en materia migratoria serán recurrentes y en las que se deberá priorizar la seguridad, el bienestar, y las causas profundas de la migración forzada.

MAURICIO D. ACEVES es especialista en asuntos migratorios y fronterizos, y autor de artículos sobre temas contemporáneos de Medio Oriente y el este de Europa.

Por Mauricio D. Aceves

Recordando algunas palabras de Rosario Castellanos, cuyo legado literario en México y el Medio Oriente sigue vigente en diversas causas, desde el feminismo hasta la promoción del diálogo diplomático, irnos es esta forma humana de convertirnos en el aire que se respira y en el agua que corre en los arroyos. La movilidad humana y las múltiples crisis humanitarias a nivel mundial han generado circunstancias sin precedentes, en las que las partidas se convierten en destinos vinculados a riesgos y son el resultado de problemáticas aparentemente ocultas, al menos dentro de reportes de presa. Las migraciones y el desplazamiento son, probablemente, unos de los espejos más expresivos de los problemas globales, desde el surgimiento y recrudecimiento de conflictos armados y las fallas de las políticas internacionales, hasta el impacto del cambio climático en el bienestar de las poblaciones.

Históricamente, los flujos migratorios han sido un factor determinante en la composición de las naciones y culturas. Las condiciones actuales y la aceleración de las dinámicas de movilidad humana, motivadas en gran medida por la degradación de oportunidades y la falta de seguridad en los lugares de origen, también representan un riesgo intergeneracional con implicaciones difíciles de estimar. Por ejemplo, el conflicto en Siria, cuyo inicio de la guerra civil cumplió en marzo pasado 13 años de su comienzo, ha generado una diáspora de refugiados internacionales que representa un tercio de la población del propio país, así como un grupo poblacional de más de 15 millones dentro de Siria, que cuenta con la necesidad de ser provisto de asistencia humanitaria y sin prospectivas claras de desarrollo.

Según el Informe Global sobre el Desplazamiento Interno, el número de desplazados internos monitoreados por el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno ha crecido un 50% en los últimos cinco años. El reporte señala que, a finales de 2023, había 75.9 millones de desplazados internos, de los cuales 68.3 millones fueron desplazados por conflictos y la violencia, mientras que, 7.7 millones por desastres. Casi la mitad del universo cuantificable del desplazamiento interno pertenece a África subsahariana, en un radio en el que, ciertamente, la violencia y las afectaciones climáticas convergen.

En los últimos cinco años, el número de personas desplazadas internamente debido a conflictos y violencia ha aumentado en 22.6 millones, o un 49%. A pesar del aumento significativo en las cifras de desplazamiento, cada región del mundo enfrenta estas situaciones de manera distinta, creando una crisis global interconectada con problemáticas multifactoriales derivadas de contextos locales. Los conflictos en Sudán, la República Democrática del Congo y Palestina representaron casi dos tercios de los nuevos desplazamientos en 2023, lo que también describe, un panorama en el que existen puntos geográficos en situación crítica. Por su parte, de los 148 países que reportaron desplazamientos internos como consecuencia de desastres naturales relacionados al cambio climático, se encuentran países de altos ingresos como Canadá y Nueva Zelandia.

En Sudán, más de 9.1 millones de personas desplazadas a finales de 2023 representan la cifra más alta registrada en un solo país desde 2008. Los 6 millones de desplazamientos internos en Sudán debido a conflictos en 2023 superaron los 14 años anteriores combinados y fueron la segunda cifra más alta registrada después de los 16.9 millones en Ucrania en 2022, cuya cifra de refugiados internacionales es igualmente alarmante. En Palestina, el Centro de Monitoreo calculó 3.4 millones de desplazamientos en los últimos tres meses de 2023, representando el 17% del total de desplazamientos por conflicto a nivel mundial durante ese año. Estos números nos serán distintos en 2024, mientras que las condiciones humanitarias han empeorado durante los últimos meses. En materia de migración internacional y refugio, este contexto paralelamente se convierte en un nuevo eje de presión migratoria a las puertas de Europa.

Tradicionalmente, el desplazamiento forzado interno, enfrenta obstáculos para contar con números precisos relacionados a las poblaciones afectadas, ya que, a diferencia del desplazamiento forzado internacional, los flujos irregulares y las personas en situación de refugi,o el cruce de información puede tener un mayor grado de verificación. Por su parte, el desplazamiento interno suele comportarse en una crisis a puerta cerrada, donde el tránsito intra-territorial es difícilmente detectable y la comprobación de información puede encontrar falta de fuentes. Por otro lado, la falta de censos, así como de la capacidad, en muchos casos, para llevarlos a cabo, es una de las lagunas más frecuentes, especialmente, cuando existen conflictos en curso.

La politización y securitizarían de la agenda migratoria es un fenómeno internacional que representan uno de los mayores riesgos. En este sentido, la migración es un tema central en los procesos electorales de México y Estados Unidos previstos para 2024, una de las elecciones de mayor peso a nivel global y que definirán la dirección de América del Norte, una región que ha impulsado una identidad compartida; mientras que las políticas migratorias en Europa adquieren cada vez mayor centralidad y protagonismo dentro de los discursos políticos. Por otro lado, la divergencia geopolítica internacional, así como la ausencia de acuerdos regionales, son parte inherente de la extensión de esta crisis internacional. Es escenario más adverso, se compone por una amplificación de los factores que conducen a las migraciones, así como la continuidad de políticas equivocadas o que no logran ser implementadas.

La creciente cantidad de desplazados internos y migrantes forzados refleja la persistencia de conflictos armados y desastres naturales y subraya la necesidad urgente de políticas internacionales con la capacidad de crear conciliación en materia de cooperación internacional, así como para atender problemáticas ligadas al desplazamiento forzando interno. Abordar estos desafíos requiere de colaboración hemisférica, reconociendo tanto las complejidades locales como las interconexiones fronterizas globales. En este sentido, la politización de la agenda migratoria permanecerá irremediablemente, por lo que los puntos de acuerdos y negociaciones en materia migratoria serán recurrentes y en las que se deberá priorizar la seguridad, el bienestar, y las causas profundas de la migración forzada.

MAURICIO D. ACEVES es especialista en asuntos migratorios y fronterizos, y autor de artículos sobre temas contemporáneos de Medio Oriente y el este de Europa.