Daniel Martínez

  / viernes 8 de noviembre de 2019

Recesión y Buen Fin

Un elemento más para advertir la urgencia de impulsar la economía lo ofrece la percepción de la Canirac en Morelos, que advierte el uso excesivo de tarjetas de crédito en el consumo de restaurantes.

Porque el uso de plásticos para aplazar el pago de alimentos es una de las fallas principales que, dicen los especialistas, cometen los usuarios de tarjetas de crédito, pero también es indicativo de la terrible falta de liquidez derivada de múltiples factores, entre los que destaca la falta de inversión de los gobiernos federal, estatal y municipales.

La parálisis en la inversión, los cambios de reglas de operación del uso de recursos federales, la profundamente infructuosa cacería de corruptos, junto a una política económica poco clara y menos efectiva de los gobiernos federal y estatal, limita el crecimiento y la generación de empleo, lo que es evidente ya no sólo en los gastos de inversión o bienes de consumo duradero, sino también en la baja de comensales y el uso de tarjetas de crédito para cubrir las cuentas.

Porque el término que los empresarios temían usar hace unos meses es una realidad en la economía nacional y particularmente en Morelos, uno de los estados con peores indicadores de desempeño económico en los últimos años. Estamos en recesión y para salir de ella, curiosamente, ayudan poco las políticas de austeridad, como demostraron las economías europeas durante la primera década del siglo. No se trata de gastar a lo bruto, como algunos políticos hicieron durante muchos años; sino de orientar el gasto a la inversión, permitirse los estímulos fiscales al empleo, la producción y el consumo, todos ellos indicadores negativos en todo el país, pero especialmente constreñidos en la entidad.

El índice de confianza del consumidor, que mide la percepción de la gente sobre la economía del país y la posibilidad personal de adquirir en el corto plazo bienes de consumo duradero, continúa cayendo, lo que se explica en parte por la falta de liquidez y la pérdida de empleos. La producción en la entidad muestra un decrecimiento leve pero que empieza a parecer tendencia; la productividad de los trabajadores sigue muy por debajo de la media nacional, Y la falta de empleos formales sigue siendo un problema muy grave en el estado que podría llevar al 65% de la fuerza productiva al mercado informal. Frente a estas realidades, decir que el estado marcha bien, pretender que vale la pena ocuparse de ponerle el pie al adversario político, festejar la cancelación de proyectos de inversión, aplaudir el cierre de algún negocio, resulta irresponsable.

El imperativo de reactivar la economía corresponde a todos, los empresarios deben buscar la forma de hacer más atractivos sus productos, de comprometerse en la generación de empleos formales, de pagar a tiempo sus impuestos. Los consumidores debemos ejercer el poder de compra de manera responsable, cuidar el crédito, fortalecer el consumo de productos regionales y nacionales. Y el gobierno debe incentivar la producción, el empleo y el consumo.

A una semana de la iniciativa El Buen Fin y en las condiciones actuales de la economía local, parece un absurdo la determinación del gobierno estatal de no anticipar una parte del aguinaldo a los trabajadores de la educación que venían cobrando así desde la primera edición de la iniciativa en el 2011. El detener los 22 días de bono anticipado a más de 24 mil trabajadores de la educación, significa retener cientos de millones de pesos que podrían ser utilizados y permitirían acercarse a la francamente modesta meta de 230 millones de pesos que los empresarios locales se trazaron. Muchos profes no querían recibir el anticipo “nos lo gastamos antes de la Navidad y luego ya no tenemos”, arguyen algunos con razón, pero también lo es que el consumo urge para levantar la economía en el último trimestre, y uno de sus principales motores parece empezar a apagarse.


Twitter: @martinellito

Correo: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Un elemento más para advertir la urgencia de impulsar la economía lo ofrece la percepción de la Canirac en Morelos, que advierte el uso excesivo de tarjetas de crédito en el consumo de restaurantes.

Porque el uso de plásticos para aplazar el pago de alimentos es una de las fallas principales que, dicen los especialistas, cometen los usuarios de tarjetas de crédito, pero también es indicativo de la terrible falta de liquidez derivada de múltiples factores, entre los que destaca la falta de inversión de los gobiernos federal, estatal y municipales.

La parálisis en la inversión, los cambios de reglas de operación del uso de recursos federales, la profundamente infructuosa cacería de corruptos, junto a una política económica poco clara y menos efectiva de los gobiernos federal y estatal, limita el crecimiento y la generación de empleo, lo que es evidente ya no sólo en los gastos de inversión o bienes de consumo duradero, sino también en la baja de comensales y el uso de tarjetas de crédito para cubrir las cuentas.

Porque el término que los empresarios temían usar hace unos meses es una realidad en la economía nacional y particularmente en Morelos, uno de los estados con peores indicadores de desempeño económico en los últimos años. Estamos en recesión y para salir de ella, curiosamente, ayudan poco las políticas de austeridad, como demostraron las economías europeas durante la primera década del siglo. No se trata de gastar a lo bruto, como algunos políticos hicieron durante muchos años; sino de orientar el gasto a la inversión, permitirse los estímulos fiscales al empleo, la producción y el consumo, todos ellos indicadores negativos en todo el país, pero especialmente constreñidos en la entidad.

El índice de confianza del consumidor, que mide la percepción de la gente sobre la economía del país y la posibilidad personal de adquirir en el corto plazo bienes de consumo duradero, continúa cayendo, lo que se explica en parte por la falta de liquidez y la pérdida de empleos. La producción en la entidad muestra un decrecimiento leve pero que empieza a parecer tendencia; la productividad de los trabajadores sigue muy por debajo de la media nacional, Y la falta de empleos formales sigue siendo un problema muy grave en el estado que podría llevar al 65% de la fuerza productiva al mercado informal. Frente a estas realidades, decir que el estado marcha bien, pretender que vale la pena ocuparse de ponerle el pie al adversario político, festejar la cancelación de proyectos de inversión, aplaudir el cierre de algún negocio, resulta irresponsable.

El imperativo de reactivar la economía corresponde a todos, los empresarios deben buscar la forma de hacer más atractivos sus productos, de comprometerse en la generación de empleos formales, de pagar a tiempo sus impuestos. Los consumidores debemos ejercer el poder de compra de manera responsable, cuidar el crédito, fortalecer el consumo de productos regionales y nacionales. Y el gobierno debe incentivar la producción, el empleo y el consumo.

A una semana de la iniciativa El Buen Fin y en las condiciones actuales de la economía local, parece un absurdo la determinación del gobierno estatal de no anticipar una parte del aguinaldo a los trabajadores de la educación que venían cobrando así desde la primera edición de la iniciativa en el 2011. El detener los 22 días de bono anticipado a más de 24 mil trabajadores de la educación, significa retener cientos de millones de pesos que podrían ser utilizados y permitirían acercarse a la francamente modesta meta de 230 millones de pesos que los empresarios locales se trazaron. Muchos profes no querían recibir el anticipo “nos lo gastamos antes de la Navidad y luego ya no tenemos”, arguyen algunos con razón, pero también lo es que el consumo urge para levantar la economía en el último trimestre, y uno de sus principales motores parece empezar a apagarse.


Twitter: @martinellito

Correo: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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