/ lunes 25 de mayo de 2020

¿Y QUE NOS PASÓ?

Existen cosas en las que un gran número de mexicanos no cree, como en las buenas intenciones de Trump para México; la penuria alimentaria de Vicente Fox; o qué decir de la posibilidad ganar un mundial; la candidez de Felipe Calderón ante García Luna; la honestidad a toda prueba de Manuel Barttlet; pero increíblemente hay todavía quienes son escépticos de la enfermedad COVID-19.

Y destaca la incredulidad ante la pandemia, cuando especialmente en \u0009Morelos, muchos decidieron continuar su vida normal, sin ningún cuidado ni restricción.

Redondeamos 70 mil casos confirmados, más de 7 mil pérdidas humanas, eso es lo más grave; pero no perdamos de vista la pérdida de un millón de empleos por la crisis.

En nuestro Estado el panorama no es más halagüeño, el índice de letalidad es del 20% lo que casi duplica el índice nacional.

Respecto a la economía no ha sido menos golpeada en estas tierras, basta ejemplificar con el ramo de la ganadería y agricultura donde los sectores más vulnerables han visto afectada su estabilidad; el encarecimiento del alimento para los animales se elevó hasta en un 40% en una peligrosa combinación con la reducción del mercado para sus productos; el resultado podría ser la desaparición de pequeños ganaderos; muchas tierras quedaran sin sembrar por la falta de recursos económicos para comprar insumos necesarios en la preparación de los cultivos, las próximas lluvias podrían caer en tierras estériles; el sector turístico está en la misma situación: dramática.

Con todo lo anterior seguimos preguntándonos, ¿por qué hay quienes no siguen indicaciones de las autoridades? Si fuera desconocimiento debe ser doloso, porque hay ríos de información fluyendo en distintos medios; cada día hay una conferencia tanto a nivel estatal como nacional para informar sobre la pandemia, estrategias, estadísticas, resultados en fin, todo.

Eso sí, exceptuamos a las personas que por la ubicación de sus hogares, no puedan tener acceso a la información.

Pero quienes sí se enteran ¿por qué al escuchar las unidades de Protección Civil, Guardia Nacional, Seguridad Pública y Salud recorrer calles con altavoces, pidiendo permanecer en casa, adoptar las medidas para prevenir transmisión, seguimos viendo vecinos jugando en los parques, caminando despreocupados con toda la familia en actividades de ocio? Parecieran esperar que el virus los quite de las calles y meta a sus casas, al hospital o lo más drástico, al panteón.

En Cuautla se muestra un claro desdén por las recomendaciones oficiales, hay medidas como el uso de cubrebocas de forma obligada en el trasporte colectivo, cerrar negocios no esenciales, pero no existe el personal necesario para observar cumplir a cada ciudadano; estamos ante un reto de cultura cívica; por ejemplo cerraron la “Alameda” y la gente empezó a reunirse alrededor. En los dos mercados de la capital histórica la vida transcurre normalmente, sin restricción, preocupación o privación, pareciera tiempo detenido en el Verano de 2019 cuando ni siquiera sabíamos que existía el SARS-CoV-2.

Morelos muestra consecuencias por ser de los que menos redujeron movilidad, las acciones de seguridad, disuasivas y de proximidad social se han multiplicado, pero el incremento de casos sigue acelerado.

Como ya se ha dicho, la guerra a las pandemias no se gana en hospitales, no hay sistema sanitario en el mundo capaz de pelear lo que se gana en la comunidad, nuestra conducta es clave y lo ha sido desde la peste negra en Europa, nada cambió ¿y entonces qué nos pasó? o tal vez deberíamos preguntar ¿Qué nos puede pasar? La nueva normalidad o cualquier tipo de normalidad, se ve aún lejana para las tierras del Caudillo.

Existen cosas en las que un gran número de mexicanos no cree, como en las buenas intenciones de Trump para México; la penuria alimentaria de Vicente Fox; o qué decir de la posibilidad ganar un mundial; la candidez de Felipe Calderón ante García Luna; la honestidad a toda prueba de Manuel Barttlet; pero increíblemente hay todavía quienes son escépticos de la enfermedad COVID-19.

Y destaca la incredulidad ante la pandemia, cuando especialmente en \u0009Morelos, muchos decidieron continuar su vida normal, sin ningún cuidado ni restricción.

Redondeamos 70 mil casos confirmados, más de 7 mil pérdidas humanas, eso es lo más grave; pero no perdamos de vista la pérdida de un millón de empleos por la crisis.

En nuestro Estado el panorama no es más halagüeño, el índice de letalidad es del 20% lo que casi duplica el índice nacional.

Respecto a la economía no ha sido menos golpeada en estas tierras, basta ejemplificar con el ramo de la ganadería y agricultura donde los sectores más vulnerables han visto afectada su estabilidad; el encarecimiento del alimento para los animales se elevó hasta en un 40% en una peligrosa combinación con la reducción del mercado para sus productos; el resultado podría ser la desaparición de pequeños ganaderos; muchas tierras quedaran sin sembrar por la falta de recursos económicos para comprar insumos necesarios en la preparación de los cultivos, las próximas lluvias podrían caer en tierras estériles; el sector turístico está en la misma situación: dramática.

Con todo lo anterior seguimos preguntándonos, ¿por qué hay quienes no siguen indicaciones de las autoridades? Si fuera desconocimiento debe ser doloso, porque hay ríos de información fluyendo en distintos medios; cada día hay una conferencia tanto a nivel estatal como nacional para informar sobre la pandemia, estrategias, estadísticas, resultados en fin, todo.

Eso sí, exceptuamos a las personas que por la ubicación de sus hogares, no puedan tener acceso a la información.

Pero quienes sí se enteran ¿por qué al escuchar las unidades de Protección Civil, Guardia Nacional, Seguridad Pública y Salud recorrer calles con altavoces, pidiendo permanecer en casa, adoptar las medidas para prevenir transmisión, seguimos viendo vecinos jugando en los parques, caminando despreocupados con toda la familia en actividades de ocio? Parecieran esperar que el virus los quite de las calles y meta a sus casas, al hospital o lo más drástico, al panteón.

En Cuautla se muestra un claro desdén por las recomendaciones oficiales, hay medidas como el uso de cubrebocas de forma obligada en el trasporte colectivo, cerrar negocios no esenciales, pero no existe el personal necesario para observar cumplir a cada ciudadano; estamos ante un reto de cultura cívica; por ejemplo cerraron la “Alameda” y la gente empezó a reunirse alrededor. En los dos mercados de la capital histórica la vida transcurre normalmente, sin restricción, preocupación o privación, pareciera tiempo detenido en el Verano de 2019 cuando ni siquiera sabíamos que existía el SARS-CoV-2.

Morelos muestra consecuencias por ser de los que menos redujeron movilidad, las acciones de seguridad, disuasivas y de proximidad social se han multiplicado, pero el incremento de casos sigue acelerado.

Como ya se ha dicho, la guerra a las pandemias no se gana en hospitales, no hay sistema sanitario en el mundo capaz de pelear lo que se gana en la comunidad, nuestra conducta es clave y lo ha sido desde la peste negra en Europa, nada cambió ¿y entonces qué nos pasó? o tal vez deberíamos preguntar ¿Qué nos puede pasar? La nueva normalidad o cualquier tipo de normalidad, se ve aún lejana para las tierras del Caudillo.

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