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2018: muchos antes, pocos después

  • Entre dos tierras

El camino partidista rumbo a la elección presidencial del 2018 comienza a mostrar su efervescencia propia del comienzo próximo de la etapa de definición de candidaturas.

Históricamente, cuando el sistema político mexicano estaba dominado por una sola fuerza partidista, el “tapadismo” era un mecanismo cuyo objetivo buscaba no otorgarle al recién candidato ungido la suficiente confianza o fuerza política como para comenzar a minar o restarle poder al presidente en turno, al jefe supremo del partido ni más ni menos. Por eso se jugaba al máximo con los tiempos.

Una vez destapado el candidato del partido hegemónico, los otros partidos comenzaban a definir con más claridad sus propias candidaturas e incluso las definían incorporando en sus filas a quienes no habían corrido con la suerte del ungido.

Esta regla sin duda se aplicará para este proceso electoral, pero considerará las nuevas necesidades y retos nacionales como: la desaprobación del desempeño gubernamental, la desconfianza ciudadana a los partidos y, en general, un pasado reciente de 18 años que vive en la conciencia política de los ciudadanos.

Todo parece indicar que habrá 4 candidatos o bloques rumbo a la presidencia. Sin embargo, antes de llegar al 2018, los partidos de oposición deberán demostrar que tienen capacidad para llegar unidos interna y externamente si quieren posicionarse y ser competitivos. Es evidente que el primer cálculo que hacen muchos de ellos es cómo alcanzar su propia sobrevivencia.

Entre 2015 y 2017, los resultados aliancistas han mostrado que existen condiciones para replicar la gran alianza presidencial. Sin embargo, nadie puede confiarse de sus actuales posiciones ya que las encuestas siguen siendo imprecisas al no recoger información sobre las herencias políticas o acuerdos cerrados de último momento.

Para los independientes también hay mucho trabajo previo, ya que los últimos resultados mostraron un avance bastante modesto, aunado a su lucha particular contra el endurecimiento de las reglas para poder competir en varios Estados. De ahí que deberán seleccionar al candidato que podrá alcanzar las 900 mil firmas que se requieren para postularse ó terminar decidiendo por algún partido que les permita apoyarse de su estructura electoral. Lo que en el fondo implicaría una derrota del discurso contra la partidocracia.

El partido en el poder tiene la sombra de las derrotas o lo apretado de las pasadas elecciones, las investigaciones de sus ex gobernadores y el avance de Morena.

La urgencia de candidato parece más bien que interesa a los partidos aliancistas y obedece a que ya se tiene claro que el candidato a vencer esta destapado desde el 2006 y ha logrado posicionarse como la tercera fuerza nacional.

Este breve panorama nos hace pensar que habrá muchas cosas a resolver en los próximos meses antes del 2018.
Sin embargo, no mucho se ha dicho sobre el después de la elección, en términos concretos.

La propuesta de los gobiernos de coalición, la segunda vuelta o incluso darle una consecuencia jurídica más trascendental al voto nulo, independientemente de quién gane las elecciones, debería comenzar a discutirse también con más fuerza.

Hasta ahora sólo se ha hablado de objetivos tan generales, como cuando se decía que el programa de gobierno ya estaba contenido en la constitución.

Hay muchas cosas antes y pocas para después. Por lo que deseamos ver y promover más acciones para de las que se están generando bajo la lógica partidista.

Twitter: @CzarArenas