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El desorden no favorece a las aves de tempestades

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Es normal el desorden en la política morelense a estas alturas del proceso electoral que se declaró iniciado en septiembre, pero que en el terruño éste lleva mucho más tiempo en marcha –casi desde que los alcaldes de Cuautla, Cuernavaca y Jiutepec, y hoy consolidados aspirantes, Tadeo Nava, Cuauhtémoc Blanco, Manuel Tovar Agüero asumieron sus cargos en el 2015. Los acomodos no terminan y así de enredado podría lucir todo hasta enero que se registren las coaliciones y alianzas para la contienda que, de acuerdo con el Instituto Nacional Electoral, será la más compleja y vigilada en la historia de la democracia mexicana.

Lo que queremos decir es que en este momento no convendría apostar más que por dos cosas, Cuauhtémoc Blanco estará en las boletas electorales, igual que Tadeo Nava; también Alejandro Vera podría ocupar un casillero. En este momento es seguro que el Partido Encuentro Social postulará a Blanco para la gubernatura; Tadeo Nava estará en la boleta para repetir como alcalde de Cuautla, o para relevar a Graco Ramírez si ocurren por lo menos 20 variables a su favor, lo que no parece tan probable; Manuel Agüero podría intentar repetir en la alcaldía o buscar una diputación federal, en tanto al momento no parece tener cancha para más.

También parece cierto que Jorge Meade Ocaranza irá en las boletas del tricolor, aunque no está claro si al Senado o a la gubernatura; en la fórmula priista se incluiría también a Guillermo del Valle ¿otra vez?; y muy probablemente a Rosalina Mazari Espín. Las posiciones no están definidas, pero esos tres nombres ya están bastante palomeados, igual que el de Francisco Moreno Merino. En efecto, el PRI es un animal de costumbres.

Entre los panistas el asunto está mucho más claro, irán en las papeletas Víctor Caballero Solano, Javier Bolaños Aguilar, Norma Alicia Popoca y Juan Pablo Adame; las posiciones para cada uno es parte del atorón blanquiazul.

En Morena, Rabindranath Salazar va seguro para la gubernatura aunque eso le dé en la torre a sus posibilidades de coalición local con el Partido del Trabajo, que pretende a Manuel Martínez Garrigós, o de Encuentro Social, que no bajará de la contienda a Blanco Bravo por menos de la gubernatura.

En este escenario desorden, la probable candidatura de Alejandro Vera Jiménez estaría marginada casi al Partido Humanista, o en caso de que Nueva Alianza decida ir por su cuenta, podría presentarse uno de esos rarísimos casos en que la ultra izquierda es abanderada por la ultraderecha, lo que no deja de ser aterrador. Vera tardó mucho en definirse, su desgaste fue enorme (y todo parece indicar que continuará), y el único que lo ha considerado seriamente para abanderado del PRI es el dirigente Alberto Martínez, el mismo que quería a Blanco Bravo como su primera opción, y al que se le empiezan a rebelar sus partidarios por andar postulando externos sin preguntar a los ilustrísimos priistas.


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