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El rector y su defensa…

  • Nuevas Reglas

La orden de aprehensión en contra del rector, Alejandro Vera Jiménez, tendría que ser el corolario de una serie de irregularidades administrativas que, incluidas en la crisis financiera de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, no deben considerarse como el mal menor, pero tampoco como el único padecimiento de las finanzas universitarias. Aunque se comprobara finalmente que el rector y su esposa son responsables de delitos en contra del patrimonio universitario que llevaron a un enriquecimiento ilícito, nadie podría decir que la crisis se acabaría con un cambio en el administrador de la UAEM. En pocas palabras, el mal de la UAEM no está solamente en la presunta corrupción de las autoridades, sino en la implementación que ellas mismas hicieron de un modelo financiero inviable y, groseramente oneroso.

Modelo, el de Vera Jiménez, que no obedeció criterio económico alguno y por el que la universidad tendrá que pagar muchos años. Si el rector es un criminal, le tocará determinarlo a los tribunales, pero lo insostenible de su administración puede ser verificado por cualquiera. El problema mayor de la administración actual en la UAEM es una enorme ineptitud económica, una absoluta falta de criterio, de mesura, de inteligencia financiera. No es que Vera haya gastado como si la universidad tuviera, es que aún si la universidad hubiera tenido, sus gastos resultaron absurdos y profundizaron una crisis heredada convirtiendo hoyos en abismos.

Con todo y eso, hay quienes pretenden defender a Vera Jiménez sólo por mostrar una línea crítica contra el gobierno de Graco Ramírez.

Cierto que el gobernador ha denunciado pública y reiteradamente a Vera Jiménez, lo que algunos puristas podrían considerar un exceso, pero no ha sido Graco el único que ha señalado los excesos del rector.

También los han documentado las entidades de control de gasto federales y estatales. Montarse en una ola de defensa indocumentada del rector, hacerlo pasar como un perseguido político y otras ochenteradas, es un exceso a todas luces.

La posición, esa sí, evidentemente político-electoral que han asumido Lucía Meza, Raindranath Salazar, Fidel Demédicis, Alejandro Encinas, y Alerto Martínez González, sólo puede explicarse desde la comodidad de la coyuntura política, del discurso sencillo e ignorante de los elementos simples de la administración, y de los hechos recientes en la universidad convertida en una cofradía de beneficiarios del verismo que enfrentan a universitarios por la vía del chantaje económico. A la legalidad tendría que llamarse, que obligarse a todos, también a los rectores porque esa posición no debiera perder la nobleza que de sí entraña. Si Alejandro Vera es inocente, las evidencias en su contra se diluirán en los tribunales, pero tiene que responder a los señalamientos, a las evidencias, a los argumentos jurídicos. Hasta que haga eso, no puede llamársele perseguido político, en todo caso, se trata de un prófugo de la justicia.

Aunque a la academia le duela.

Twitter: @martinellito