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La clase de cucarachas que nos quiere gobernar…

  • Nuevas Reglas

Parece haber un consenso general en torno a lo aparentemente relativo de las normas éticas y jurídicas en torno a casi todo, aunque particularmente peor es en cuestiones electorales. Cuando un adversario comete un error, el señalamiento y la demanda por castigo adquiere proporciones de escándalo; en cambio, cuando lo hace un partidario las cosas están bien y son cuestiones que se permiten para ganar. El desvío habla muy mal de la conciencia ética de los candidatos, pero también de quienes les apoyan en la búsqueda del voto que han llevado ese motecito sangrón de “correligionarios”, al extremo del fanatismo.

Como la mayor parte de los mexicanos, de los morelenses, a la fecha no tengo idea de por quién habré de votar, al momento no he escuchado propuestas, proyectos, planes; eso sí, muchas promesas y muchísimas más diatribas. Eso abunda. El escándalo, la censura, el ataque, el discurso de aniquilación del otro en una penosísima guerra que ni siquiera se acerca al marketing político. Para que a estas alturas añoremos el marketing político quiere decir que las cosas van verdaderamente mal.

Algo tengo bien claro, si un candidato basará su plan de acción política en llevar a la cárcel a su antecesor –por muy malo quien le haya precedido- no votaré por él. Porque un gobierno lleva tres o seis años, y creo que la justicia no debiera tardar tanto; y una vez que lo atrape -suponiendo que lo hiciera- qué hará por nosotros, por los ciudadanos, por quienes no sudamos calenturas ajenas, por quienes en todo caso somos víctimas del pleito faccioso de los políticos.

No se trata de descalificar a nadie, pero decir que alguien sólo por ganar una elección deberá meter en la cárcel a quien le antecedió genera una enorme preocupación sobre la concepción que ese alguien pudiera tener del estado de derecho. Porque no se puede andar por la vida acusando a los previos (por mucho rechazo ciudadano que tengan) sin elementos de prueba; y mucho menos llevar a los ciudadanos por ese trecho del linchamiento para después salirles con la embajada de que no se tenían evidencias, o de que el candidato ganador se equivocó y no había delito alguno.

Porque andar por la vida prometiendo bulla y venganza puede parecer atractivo en un ambiente de enrarecimiento político como el que hoy se vive, pero tiene muchos problemas: primero, contribuye a enrarecer aún más las cosas; segundo, genera condiciones de violencia verbal, jurídica, política y hasta física; tercero, evidencia un profundo desprecio por los derechos de los otros, como un síntoma muy claro de autoritarismo.

Y claro, ese autoritarismo empieza a verse en muchos candidatos, desde quienes descalifican y atacan abiertamente a quienes no piensan como ellos, hasta quienes aseguran que gobiernan bien porque la gente no se queja (con ellos), y que son ellos quienes saben lo que la gente realmente quiere.

El problema de que se ausenten las propuestas de gobierno en esta etapa a lo mejor es útil para ayudarnos a analizar la clase de cucarachas que aspiran a gobernarnos, y generar anticuerpos suficientes para tolerarlos. Mientras tanto, uno siempre extraña el discurso de propuestas, la discusión de las ideas, esas cosas que se hacen en las verdaderas democracias, cuando no participan trogloditas.


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