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Ley de seguridad interior, el retroceso

  • Punto Crítico

Durante las últimas horas del onceavo mes en el año más violento de la historia moderna, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó por una cómoda mayoría la Ley de Seguridad Interior.

Se trata de una Ley que da un marco normativo a lo irregular, utilizar al ejército en labores de las policías, por lo cual aceptan lo que todos los mexicanos tenemos ante nuestros ojos desde hace dos sexenios: todas las estrategias o intentos para profesionalizar a las policías y hacer tareas más eficientes de prevención e investigación, fracasaron rotundamente.

Todo sin olvidar que el ejército tiene ya 11 años en las calles, pero ¿cuáles han sido los resultados para justificar dicha ley? Ninguno.

Vivimos en un país ahogado en sangre, el status de la guerra que Felipe Calderón heredó a su sucesor Peña sólo ha empeorado o acaso supo usted de resultados en “Guerrero Seguro 2011” de no tener el dato ni se apure, en realidad no hubo ninguno positivo; en Estados del norte donde la presencia militar se ha incrementado tampoco hay logros, en cada caso se endosa la culpa del fracaso a “la violencia por rivalidad delincuencial”.

En vista de lo anterior ¿qué caso tiene una ley cuando pone en riesgo el respeto a los derechos humanos de los mexicanos?

¿Acaso esta ley podría provocar un estado de excepción en todo el país? Es claro, ha sido gestada durante el mandato de un presidente que arrastra el caso Atenco, oda a la violación de los Derechos Humanos y ha puesto al nuestro país en el ojo del huracán internacional al legar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, o cómo olvidar los mensajes de riesgo del caso Tlatlaya, Ayotzinapa u otros.

La discrecionalidad con la cual podrán desempeñarse las fuerzas militares no augura nada bueno, la percepción ciudadana fue descartada; de admiración del ciudadano al militar en patrióticos desfiles o por el apoyo a la población con el Plan DN-III, la imagen se desploma cuando hay un retén, ahí causan temor.

La familia Almanza Salazar puede dar cuenta de las violaciones, en 2010 al pasar un retén militar Tamaulipas, fueron atacados con armas de grueso calibre y granadas de fragmentación; el padre de familia sostiene que nunca notó un señalamiento para detenerse a la revisión; dos niños murieron.

Y así hay hechos similares, durante estos años que el ejército lleva en las calles haciendo un trabajo para el cual no fue preparado.

El gobierno parece no respetar la Constitución; los artículos 21 y 129 pueden convertirse en letra muerta. Incluso rehúye a estrategias más seguras y efectivas como fortalecer la educación, combatir la desigualdad o corrupción; por el contrario, apuesta a combatir la violencia con más violencia, pero en medio de esa estrategia fallida quedan los ciudadanos.

En ningún lugar del mundo en donde se presuma una democracia sana verá usted al ejército hacer labores policiales, eso recuerda a las épocas pinochetistas con un ejército en pie de guerra en un país que añora paz.

Ahora corremos el peligro inminente de que los derechos y la vida de todos los mexicanos, pasen a representar números de los “daños colaterales” en esta guerra sin rumbo y en un país encaminado al retroceso.


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