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Mi diferencia con Antonio y la reconstrucción que urge…

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En algo coincido con Antonio Sandoval Tajonar cuando hablamos ayer de la reconstrucción de Morelos, tiene que ser de todo: casas, sitios históricos, lugares turísticos, negocios afectados por el sismo, y por supuesto, el tejido social. Pero también en algo difiero de él, Antonio asegura y ofrece sus argumentos, tiene que ser un proceso aparejado, todas las reedificaciones deben ir de la mano, casas, economía, cultura, turismo, y el tejido social, porque quien no tiene casa difícilmente va a aguantar los meses que lleve reconstruir la confianza, me dice y consiento a medias.

La reconstrucción de la confianza, del tejido social que debemos recuperar, es indispensable para emprender cualquiera de las otras tareas. Sin ella será muy difícil, si no imposible, poner un ladrillo en cualquier parte. Es de celebrarse la participación de organizaciones ciudadanas en la vigilancia de las acciones del gobierno en torno a la reedificación de todo el patrimonio de Morelos, porque se trata justamente de un paso para levantar esa confianza indispensable para concebir cualquier tejido social.

Creo que Antonio se equivoca pensando que deben ir al parejo, aunque visto desde otra perspectiva, bien pudiera tener razón si nos consideramos seguidores del apóstol Tomás, y “hasta no ver no creer”, pensamos que la gente no creerá en nada hasta que no vea los resultados. Una posición derivada de muchas décadas de esperar sin resultados, taimada más que sabia, suspicaz más que certera.

A través de la historia, los mexicanos no han sido especialmente un modelo de confianza interpersonal, y mucho menos en lo que respecta a las instituciones. Mueve a cierta ternura cuando las autoridades hablan de la pérdida de confianza sin fijarse en que, para ser brutalmente honestos, nunca se las tuvimos. Creyeron en ellos sus partidarios en quienes se formó aquella horrible frase de “hasta que me hizo justicia la Revolución”.

Quizá la única diferencia real es que en una época las interacciones entre el gobierno y la sociedad eran menores y de otra clase. El modelo de estado benefactor no inspiraba confianza, pero ofrecía ciertos beneficios. Las interacciones entre el gobierno y la sociedad, por múltiples factores sociales, económicos y políticos, han cambiado de tipo y se han vuelto mucho más cotidianas. La cercanía entre las autoridades y los ciudadanos es mucho más frecuente y por lo mismo genera mayores fricciones por la desconfianza que siempre han tenido los ciudadanos del gobierno.

A lo mejor, visto de una manera mucho más optimista, el desastre puede sacar lo mejor de nosotros y nos permite elaborar un sistema fundado en la confianza que ofrece la certeza de que no hay impunidad, y de que todos trabajamos por un objetivo común, permitirnos la búsqueda y el alcance de nuestra propia felicidad.

Twitter: @martinellito
Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx