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Palancas para el desarrollo

  • Entre dos tierras

Luego de la segunda guerra mundial, Europa tenía una sola prioridad: la reconstrucción de sus ciudades y las industrias devastadas. Sin embargo, no todos los países europeos siguieron la misma vía. La conformación de grandes polos programáticos quedaron arropados y diferenciados con el bloque de los países apoyados por el Plan Marshall y los que fueron intervenidos por el Plan Molotov.

Dos visiones de desarrollo se impulsaron a partir de dichos planes y la historia nos puede dar cuenta de sus resultados. Estados Unidos financió la reconstrucción europea (y la japonesa), con el propósito de controlar el nuevo orden económico, los mercados y los procesos de especialización internacional. Y por el otro, la Unión Soviética apoyó a los países de Europa del Este para recuperar la infraestructura económica, acelerar su progreso y promover un bloque antioccidental.

Los resultados de esta intervención no son el principal propósito de nuestro análisis, sino el instrumento empleado.

Tanto el Plan Marshall como el Molotov fueron instrumentos que representaban, en principio, la voluntad política de promover un desarrollo estratégico. Fue fundamental, para este proceso, el acompañamiento de cuantiosos recursos para conseguirlo.

La voluntad política y los recursos financieros fueron necesarios, pero no suficientes. Cómo explicar el desarrollo que alcanzó Europa cuando las principales ciudades y las fábricas estaban sumidas entre los escombros; lo mismo se puede decir del resurgimiento y milagro económico japonés.

Desde mi punto de vista, un elemento central que conjugó estas sinergias fue el margen de control local y su visión prospectiva que tuvieron los países para aprovechar sus recursos humanos, naturales y económicos a fin de guiar su propio desarrollo. Es decir, no permitieron que todo se impusiera desde el exterior a pesar de no ser dueños de los recursos financieros (aunque sí lo eran de los humanos y naturales).

¿Qué lecciones se pueden desprender para el México actual? La primera, que estas experiencias refuerzan la idea de que el desarrollo debe ser responsabilidad de cada Nación, de la sociedad misma en su conjunto, de todos sus sectores articulados.

Nuestro país ha avanzado en el análisis y los diagnósticos, lo que permite conocer de mejor manera el problema y enfrentarlo con más elementos y bajo una visión más amplia. Ese es ya un primer paso.

Sin embargo, para generar una transformación es necesario incidir en el objeto de cambio. Ante la complejidad y multiplicidad de objetos a desarrollar, es viable que el mecanismo para lograrlo consista en fomentar amplias libertades y establecer equilibrios de arranque para que todas las fuerzas productivas sean responsables de promover sinergias de progreso de forma cooperativa.

Desde lo local, es posible identificar los recursos potenciales para el desarrollo futuro y sustentable, ya que no se pueden dejar de considerar los recursos que se encuentran amenazados o en peligro de agotamiento. Además, se logra la especialización y la conformación de nodos de producción interna.

Este tipo de ordenamiento permite a la gente ser parte del proceso de desarrollo, ya que los recursos y capacidades se desarrollaran desde su ámbito de acción. El subdesarrollo y la independencia se pueden vencer desde lo local, mediante el empoderamiento productivo de los mismos sectores organizados.

Evidentemente, esto implicaría nuevas palancas de desarrollo: división económica regional y un nuevo orden administrativo, basado en los recursos más que en las divisiones políticas, que ya no responden a los retos que exige el desarrollo del país.

Twitter: @CzarArenas