/ viernes 10 de mayo de 2019

El impacto del sismo en la agricultura de Hueyapan

El sismo del 19 de septiembre del 2017 se ha registrado como el mayor evento telúrico en lo que va de este siglo para México

Uno de los municipios más afectados fue Hueyapan. Los daños todavía se viven. Este escrito es parte de un trabajo que tiene por objetivo entender cómo se vivió el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en el municipio nahua de Hueyapan, Morelos. Ha pasado poco más de un año y medio, sin embargo, los daños que dejó el sismo todavía se viven día con día. Las siguientes líneas recuperan algunas voces y testimonios de los actores comunitarios desde la perspectiva de su experiencia individual y colectiva en torno al sismo.

El sismo del 19 de septiembre del 2017 se ha registrado como el mayor evento telúrico en lo que va de este siglo para México. Ocurrió a las 13:14 horas y su epicentro se localizó en Axochiapan, Morelos, por lo que los mayores daños se registraron en la zona centro-sur del país, afectando severamente a la Ciudad de México, Morelos, Puebla, el Estado de México, Guerrero y Oaxaca, principalmente.

En Morelos, uno de los municipios que tuvo mayores daños fue Hueyapan. Ese día, en la comunidad todo transcurría como cualquier otro martes de mercado. En la plaza se escuchaba la algarabía; la gente volvía a su casa con las compras para la semana. Algunas mujeres iban apuradas, pues ya esperaban tener la comida lista a la hora en que llegaban sus hijos de la escuela.

A la 1:00 pm, en la iglesia del pueblo había comenzado una misa de cuerpo presente; sólo habían pasado 14 minutos y de pronto, la cotidianidad se rompió cuando el suelo comenzó a moverse. Se cuenta que “las calles se levantaban como si fueran culebras”. Aún se mantiene el asombro al recordar cómo los techos de las casas y las bardas se derrumbaban, cayendo inclusive sobre los autos que estaban estacionados en la calle. De pronto, todo se volvió un caos. Desde el centro del pueblo se pudo ver cuando una parte de la iglesia se colapsó. Muchos pensaron que había quedado atrapada la gente, así que la angustia aumentó: “¡quién sabe cuántos muertos habrá en la iglesia!”. Por suerte, todos los presentes pudieron salir sin sufrir daños graves; sin embargo, la cúpula de la iglesia cayó sobre el ataúd. Alguien comenta lo siguiente: “que triste fue, dos veces se murió. Primero por el humano y segunda es por Dios, porque Diosito es el que hace mover la tierra, qué se puede hacer”.

Reutilización de los espacios.

Cuando el movimiento cesó, los gritos continuaron, pero era necesario ir a buscar a los seres queridos. La gente corría hacia las escuelas, pues había que buscar a los hijos. Algunas mujeres fueron hacia el lugar donde sus esposos trabajaban, ya fuera en el campo o en alguna construcción. Hueyapan tuvo la suerte que no tuvieron otros lugares, pues afortunadamente nadie murió. Sin embargo, las pérdidas materiales fueron enormes: el 90% de las casas se dañaron y el 30% tuvieron pérdidas totales. El patrimonio que se había construido con el trabajo de toda una vida, en minutos, dejó de existir.

En esos días se vivió algo que aún se recuerda por propios y ajenos y que tal vez nunca se olvidará. La ayuda llegó de todas partes. La tragedia despertó la solidaridad en los lugares más lejanos y en donde más se necesitaba apoyo, lo que sobraban eran manos dispuestas a ayudar. En Hueyapan, la escuela primaria que se encuentra a un costado de la plaza principal se convirtió en centro de acopio y de operaciones para distribuir la ayuda que llegaba de todas partes. Se hizo uso de la gran organización con la que cuenta la comunidad para repartir las despensas a la gente de los cinco barrios que conforman el pueblo:

Como estamos en la lista del jefe de manzana, él nos venía a avisar qué días iban a dar las despensas y pues ya íbamos.

Los primeros días, mucha gente durmió a la intemperie, pues el techo de sus casas se derrumbó. Es imposible no estremecerse cuando alguien cuenta lo siguiente:

Pues así, nos acurrucábamos bien y nos tapábamos y ya, ¿a dónde íbamos a ir? A veces sí sentía mucho frío, bien harto frío, a veces amanecían las cobijas hasta húmedas. Los primeros días dormíamos todo este alrededor, todo esto abierto y ya después vinieron los señores y ya nos dieron cartoncitos.

Algunas de las casas que se derrumbaron fueron sustituidas por otras hechas de cartón y plástico. Alguien comenta que a su barrio llegaron personas del gobierno y les entregaron 12 láminas para que cambiaran los cartones del techo, sin embargo, pasados tres días, regresaron por las láminas para llevarlas con otras personas que las necesitaran más. Aun con el tiempo que ha pasado no todas las personas han recibido algún apoyo gubernamental o de alguna asociación civil para la reconstrucción de sus hogares, así que las casas de cartón continúan en pie. Los testimonios recabados en la comunidad señalan que cuando hace mucho calor, “el cartón desprende un olor muy fuerte a petróleo”. Sin embargo, se tiene la esperanza de poder reconstruir lo perdido poco a poco.

Mural destruido por el sismo.

A pesar de vivir a unos kilómetros del Popocatépetl, una buena parte de la población considera que un sismo es mucho más peligroso que una posible erupción del volcán, que “sólo hace su trabajo que es echar humo, por eso se llama Popocatépetl, que significa cerro que humea”. Las personas mayores suelen contar relatos sobre temblores que vivieron en el pasado, sin embargo, ninguno se asemeja a este último. Antes, durante los sismos, las madres pedían a los niños pequeños que se recostaran boca abajo y extendieran las manos “porque según agarran al mundo, porque los niños son angelitos todavía”. Algunas de las razones por las que se creía que temblaba, era por la maldad de la gente o porque algún hijo trataba mal a su madre o a su padre. Otras personas consideran que los sismos estaban relacionados directamente con la actividad del volcán. También se pensaba que se originaban porque los mares se movían. Un habitante señala que su abuelo le decía:

Van a venir los sismos y se van a pelear los cerros y va a venir el sismo y se van a caer las casas.

En general, existe poca información técnica sobre las causas de los sismos: “ahora dicen que es de unas placas, la verdad solamente Dios sabe, porque nosotros no sabemos. Yo sí me sigo preguntando por qué, yo no sé de qué placas hablan. A veces dicen que es del Popo, como está vivo a cada rato está haciendo sus gracias, como sus venas están muy grandes”.

Además de los daños materiales, el sismo dejó otra clase de huellas. Cuentan que algunas personas “cambiaron su manera de ser, se les fue hasta la memoria. Ya la mayoría de gente se ha ido recuperando, pero sí pasó tiempo, como un mes andábamos así”. Hubo incluso quien enfermó; así lo narra una respetada curandera de Hueyapan:

Sí, mucha gente tuvo susto, vinieron que le ponga yo la sombra. Le rezaba yo, le ponía como me enseñaron al centro espiritual.

Alguien más menciona que algunas personas no murieron durante el sismo, pero si lo hicieron después, debido a que habían enfermado del susto. Otros más por depresión, sobre todo quienes habían perdido su casa. Algunas personas consideran que el sismo afectó también a los animales: “aquí los becerritos así se nos murieron, quién sabe, no nos damos cuenta por qué, anteriormente no se nos morían. Ahora nomás quedaron tontitos, no pudieron agarrar la chichi y se murieron”.

El sismo también ha tenido afectaciones directas en las actividades económicas, sobre todo, en las relacionadas con la producción agrícola. En el municipio, la mayoría de las personas dependen en diferentes grados de la producción de frutales, y otros tantos, cuentan con pequeñas parcelas de maíz para el autoconsumo. Muchos terrenos de siembra se encuentran en pendientes, por lo que el movimiento causó que la tierra se deslizara, perdiéndose así los cultivos de maíz o árboles frutales. En otros lugares, los terrenos que se encontraban al borde de las barrancas y eran delimitados por árboles frutales o maderables, cayeron, perdiéndose además grandes extensiones de suelo. En algunas parcelas aún pueden observarse grietas profundas generadas por el sismo. Algunos huertos o patios que se usan para la reproducción de plantas ornamentales, sufrieron también severos daños, pues las bardas que los delimitaban cayeron sobre ellas, por lo que sólo se pudieron rescatar unas cuantas. Todo ello generó fuertes impactos negativos para la economía campesina. Además, muchos patios en donde crecían plantas utilizadas para el autoconsumo, la venta o el trueque, fueron cubiertos por bloques de cemento y arena, durante la reconstrucción de las casas, por lo que dicho espacio de gran importancia biocultural, en algunos casos ha visto reducida su superficie.

Ayudantía Municipal.

Desde la perspectiva de algunos habitantes de Hueyapan, el sismo también afectó “el ánimo” de las plantas. Algunos cuentan que se entristecieron, “dejaron de florear, unas se secaron; unas, aunque les echaras agua, se marchitaron, yo pienso que del temblor”. Otras personas coinciden en que luego del sismo, en algunos cultivos como el del aguacate, cayó alguna plaga: “les cayó como ceniza, como chahuistle, feo, los aguacates como rasposos. Por eso también bajó el aguacate, ya no es igual como antes que se cargaban los arbolitos. Antes no pasaba nada y estaban bonitos, frondosos”. Otra persona describe “el ánimo” de sus huertos de durazno después del sismo: “las plantas se estresaron. De ese momento en varios días, como que dejaron de funcionar. Se veía que tenían tristeza, por ejemplo, ahora está floreando el durazno, pero ahorita sería para que ya tuviera duraznos. Desde entonces no había floreado, se le murieron todas las raíces”. Son varios los testimonios que refieren a una alteración en los ciclos de reproductivos de sus cultivos a causa del sismo: “nomás el manzano que tengo aquí afuera, ya para este tiempo, marzo y abril ya debería de tener hartas; y ahorita tiene sólo unas manzanas bien pequeñas; sí repercute el movimiento, tanto en los animales como en las plantas”.

Como se ha podido observara lo largo de este artículo, el sismo del 19 de septiembre de 2017 afectó diferentes aspectos de la vida en Hueyapan. Para algunas personas, ha costado mucho trabajo reponerse a las pérdidas, que, si bien son sobre todo materiales, representan años de trabajo por venir. En el centro de la comunidad, el edificio de la Ayudantía Municipal quedó en terribles condiciones, por lo que no deja de recordarle a quien transite por allí que los impactos del sismo no han concluido. Para los habitantes del municipio, lo que prevalece y se debe fortalecer e incluso multiplicar es la solidaridad que se generó a partir del sismo, que incluso permitió construir una tregua a la inseguridad cotidiana que se vive en la región. Al respecto, una persona de Hueyapan comenta de manera lapidaria: “quieren otro temblor más fuerte para que la gente vuelva a reaccionar, para que deba uno quererse con el prójimo; a la gente le pasó el susto y ya”.

Grieta en terreno de cultivo.

Uno de los municipios más afectados fue Hueyapan. Los daños todavía se viven. Este escrito es parte de un trabajo que tiene por objetivo entender cómo se vivió el terremoto del 19 de septiembre de 2017 en el municipio nahua de Hueyapan, Morelos. Ha pasado poco más de un año y medio, sin embargo, los daños que dejó el sismo todavía se viven día con día. Las siguientes líneas recuperan algunas voces y testimonios de los actores comunitarios desde la perspectiva de su experiencia individual y colectiva en torno al sismo.

El sismo del 19 de septiembre del 2017 se ha registrado como el mayor evento telúrico en lo que va de este siglo para México. Ocurrió a las 13:14 horas y su epicentro se localizó en Axochiapan, Morelos, por lo que los mayores daños se registraron en la zona centro-sur del país, afectando severamente a la Ciudad de México, Morelos, Puebla, el Estado de México, Guerrero y Oaxaca, principalmente.

En Morelos, uno de los municipios que tuvo mayores daños fue Hueyapan. Ese día, en la comunidad todo transcurría como cualquier otro martes de mercado. En la plaza se escuchaba la algarabía; la gente volvía a su casa con las compras para la semana. Algunas mujeres iban apuradas, pues ya esperaban tener la comida lista a la hora en que llegaban sus hijos de la escuela.

A la 1:00 pm, en la iglesia del pueblo había comenzado una misa de cuerpo presente; sólo habían pasado 14 minutos y de pronto, la cotidianidad se rompió cuando el suelo comenzó a moverse. Se cuenta que “las calles se levantaban como si fueran culebras”. Aún se mantiene el asombro al recordar cómo los techos de las casas y las bardas se derrumbaban, cayendo inclusive sobre los autos que estaban estacionados en la calle. De pronto, todo se volvió un caos. Desde el centro del pueblo se pudo ver cuando una parte de la iglesia se colapsó. Muchos pensaron que había quedado atrapada la gente, así que la angustia aumentó: “¡quién sabe cuántos muertos habrá en la iglesia!”. Por suerte, todos los presentes pudieron salir sin sufrir daños graves; sin embargo, la cúpula de la iglesia cayó sobre el ataúd. Alguien comenta lo siguiente: “que triste fue, dos veces se murió. Primero por el humano y segunda es por Dios, porque Diosito es el que hace mover la tierra, qué se puede hacer”.

Reutilización de los espacios.

Cuando el movimiento cesó, los gritos continuaron, pero era necesario ir a buscar a los seres queridos. La gente corría hacia las escuelas, pues había que buscar a los hijos. Algunas mujeres fueron hacia el lugar donde sus esposos trabajaban, ya fuera en el campo o en alguna construcción. Hueyapan tuvo la suerte que no tuvieron otros lugares, pues afortunadamente nadie murió. Sin embargo, las pérdidas materiales fueron enormes: el 90% de las casas se dañaron y el 30% tuvieron pérdidas totales. El patrimonio que se había construido con el trabajo de toda una vida, en minutos, dejó de existir.

En esos días se vivió algo que aún se recuerda por propios y ajenos y que tal vez nunca se olvidará. La ayuda llegó de todas partes. La tragedia despertó la solidaridad en los lugares más lejanos y en donde más se necesitaba apoyo, lo que sobraban eran manos dispuestas a ayudar. En Hueyapan, la escuela primaria que se encuentra a un costado de la plaza principal se convirtió en centro de acopio y de operaciones para distribuir la ayuda que llegaba de todas partes. Se hizo uso de la gran organización con la que cuenta la comunidad para repartir las despensas a la gente de los cinco barrios que conforman el pueblo:

Como estamos en la lista del jefe de manzana, él nos venía a avisar qué días iban a dar las despensas y pues ya íbamos.

Los primeros días, mucha gente durmió a la intemperie, pues el techo de sus casas se derrumbó. Es imposible no estremecerse cuando alguien cuenta lo siguiente:

Pues así, nos acurrucábamos bien y nos tapábamos y ya, ¿a dónde íbamos a ir? A veces sí sentía mucho frío, bien harto frío, a veces amanecían las cobijas hasta húmedas. Los primeros días dormíamos todo este alrededor, todo esto abierto y ya después vinieron los señores y ya nos dieron cartoncitos.

Algunas de las casas que se derrumbaron fueron sustituidas por otras hechas de cartón y plástico. Alguien comenta que a su barrio llegaron personas del gobierno y les entregaron 12 láminas para que cambiaran los cartones del techo, sin embargo, pasados tres días, regresaron por las láminas para llevarlas con otras personas que las necesitaran más. Aun con el tiempo que ha pasado no todas las personas han recibido algún apoyo gubernamental o de alguna asociación civil para la reconstrucción de sus hogares, así que las casas de cartón continúan en pie. Los testimonios recabados en la comunidad señalan que cuando hace mucho calor, “el cartón desprende un olor muy fuerte a petróleo”. Sin embargo, se tiene la esperanza de poder reconstruir lo perdido poco a poco.

Mural destruido por el sismo.

A pesar de vivir a unos kilómetros del Popocatépetl, una buena parte de la población considera que un sismo es mucho más peligroso que una posible erupción del volcán, que “sólo hace su trabajo que es echar humo, por eso se llama Popocatépetl, que significa cerro que humea”. Las personas mayores suelen contar relatos sobre temblores que vivieron en el pasado, sin embargo, ninguno se asemeja a este último. Antes, durante los sismos, las madres pedían a los niños pequeños que se recostaran boca abajo y extendieran las manos “porque según agarran al mundo, porque los niños son angelitos todavía”. Algunas de las razones por las que se creía que temblaba, era por la maldad de la gente o porque algún hijo trataba mal a su madre o a su padre. Otras personas consideran que los sismos estaban relacionados directamente con la actividad del volcán. También se pensaba que se originaban porque los mares se movían. Un habitante señala que su abuelo le decía:

Van a venir los sismos y se van a pelear los cerros y va a venir el sismo y se van a caer las casas.

En general, existe poca información técnica sobre las causas de los sismos: “ahora dicen que es de unas placas, la verdad solamente Dios sabe, porque nosotros no sabemos. Yo sí me sigo preguntando por qué, yo no sé de qué placas hablan. A veces dicen que es del Popo, como está vivo a cada rato está haciendo sus gracias, como sus venas están muy grandes”.

Además de los daños materiales, el sismo dejó otra clase de huellas. Cuentan que algunas personas “cambiaron su manera de ser, se les fue hasta la memoria. Ya la mayoría de gente se ha ido recuperando, pero sí pasó tiempo, como un mes andábamos así”. Hubo incluso quien enfermó; así lo narra una respetada curandera de Hueyapan:

Sí, mucha gente tuvo susto, vinieron que le ponga yo la sombra. Le rezaba yo, le ponía como me enseñaron al centro espiritual.

Alguien más menciona que algunas personas no murieron durante el sismo, pero si lo hicieron después, debido a que habían enfermado del susto. Otros más por depresión, sobre todo quienes habían perdido su casa. Algunas personas consideran que el sismo afectó también a los animales: “aquí los becerritos así se nos murieron, quién sabe, no nos damos cuenta por qué, anteriormente no se nos morían. Ahora nomás quedaron tontitos, no pudieron agarrar la chichi y se murieron”.

El sismo también ha tenido afectaciones directas en las actividades económicas, sobre todo, en las relacionadas con la producción agrícola. En el municipio, la mayoría de las personas dependen en diferentes grados de la producción de frutales, y otros tantos, cuentan con pequeñas parcelas de maíz para el autoconsumo. Muchos terrenos de siembra se encuentran en pendientes, por lo que el movimiento causó que la tierra se deslizara, perdiéndose así los cultivos de maíz o árboles frutales. En otros lugares, los terrenos que se encontraban al borde de las barrancas y eran delimitados por árboles frutales o maderables, cayeron, perdiéndose además grandes extensiones de suelo. En algunas parcelas aún pueden observarse grietas profundas generadas por el sismo. Algunos huertos o patios que se usan para la reproducción de plantas ornamentales, sufrieron también severos daños, pues las bardas que los delimitaban cayeron sobre ellas, por lo que sólo se pudieron rescatar unas cuantas. Todo ello generó fuertes impactos negativos para la economía campesina. Además, muchos patios en donde crecían plantas utilizadas para el autoconsumo, la venta o el trueque, fueron cubiertos por bloques de cemento y arena, durante la reconstrucción de las casas, por lo que dicho espacio de gran importancia biocultural, en algunos casos ha visto reducida su superficie.

Ayudantía Municipal.

Desde la perspectiva de algunos habitantes de Hueyapan, el sismo también afectó “el ánimo” de las plantas. Algunos cuentan que se entristecieron, “dejaron de florear, unas se secaron; unas, aunque les echaras agua, se marchitaron, yo pienso que del temblor”. Otras personas coinciden en que luego del sismo, en algunos cultivos como el del aguacate, cayó alguna plaga: “les cayó como ceniza, como chahuistle, feo, los aguacates como rasposos. Por eso también bajó el aguacate, ya no es igual como antes que se cargaban los arbolitos. Antes no pasaba nada y estaban bonitos, frondosos”. Otra persona describe “el ánimo” de sus huertos de durazno después del sismo: “las plantas se estresaron. De ese momento en varios días, como que dejaron de funcionar. Se veía que tenían tristeza, por ejemplo, ahora está floreando el durazno, pero ahorita sería para que ya tuviera duraznos. Desde entonces no había floreado, se le murieron todas las raíces”. Son varios los testimonios que refieren a una alteración en los ciclos de reproductivos de sus cultivos a causa del sismo: “nomás el manzano que tengo aquí afuera, ya para este tiempo, marzo y abril ya debería de tener hartas; y ahorita tiene sólo unas manzanas bien pequeñas; sí repercute el movimiento, tanto en los animales como en las plantas”.

Como se ha podido observara lo largo de este artículo, el sismo del 19 de septiembre de 2017 afectó diferentes aspectos de la vida en Hueyapan. Para algunas personas, ha costado mucho trabajo reponerse a las pérdidas, que, si bien son sobre todo materiales, representan años de trabajo por venir. En el centro de la comunidad, el edificio de la Ayudantía Municipal quedó en terribles condiciones, por lo que no deja de recordarle a quien transite por allí que los impactos del sismo no han concluido. Para los habitantes del municipio, lo que prevalece y se debe fortalecer e incluso multiplicar es la solidaridad que se generó a partir del sismo, que incluso permitió construir una tregua a la inseguridad cotidiana que se vive en la región. Al respecto, una persona de Hueyapan comenta de manera lapidaria: “quieren otro temblor más fuerte para que la gente vuelva a reaccionar, para que deba uno quererse con el prójimo; a la gente le pasó el susto y ya”.

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