/ miércoles 26 de febrero de 2020

Frida Varinia

Sororidad

Pues, una de las manera que encontré para conmemorar la víspera del "día del amor y la amistad" en este mundo nada gentil, grávido de feminicidios que rompen nuestra estampa como pompas de jabón y para no caer en las palabras de Jean Paul Sartre, - ni dejarme caer en mi asiento, sin saber ni siquiera dónde estaba y ver girar los colores a mi alrededor, ni tener ganas de vomitar para que la "Náusea" no se apoderara de mí -, mejor decidí ir al Borda a la presentación de Quadrivium Editores: "Lo que el amor entiende" de Fulgor Jacobson y su Amanuense José Carlos Ruiz. Y una se pregunta quién de los dos será el verdadero autor. Entonces, hay que averiguarlo.

La cálida tarde fue tan espléndida, adornada con los comentario de Gabriela Barabino, Rubén Pizarro y el mismo autor que de alguna manera se desvaneció el sentimiento rojo que invadía al aire en esos momentos cuando las emociones estaban paralizadas.

En la contraportada de este libro, que bien vale la pena leer, Frida Varinia, quien también fungió como moderadora de este evento narra: "Amor y muerte, como dos alegorías, como dos arquetipos que caminan de la mano sobre un sendero único llamado vida. Una obra que consta de 18 historias en donde se van mezclando emociones y dolores muy añejos, anquilosados en los usos y consumares de la propia vida…"

Esa misma Frida Varinia que utiliza sus dos nombres como reina: Frida que significa Paz y Varinia, quien fuera la primera esclava que se liberó, esposa y compañera de Espartaco en el antiguo Imperio romano. La Frida que escribe y vive como sinónimos de vida. La poeta que ha escrito más de 14 libros de poesía. La de la plática jugosa e incansable escritura que viaja por todos los planos posibles como la leemos en sus poemarios, en sus cuentos, en sus ensayos y en el universo de sus conjuros, hechizos y pócimas que convierte en poesía erótica a través de su Gremorio: No hables/ no mires/ no escuches/ sólo toca….

La niña que tuvo problemas de dislexia y que cambiaba la sintaxis de la redacción y descubrió que, alterando el orden, le daba otro sentido a la cosas. La mujer que ha recibido muchos premios y reconocimientos. La que ha sido traducida a otros idiomas. La que se pregunta en su poesía: "cuántos ojos tiene el hombre/ cuántos la mujer/ por dónde ven y nos vemos/ por dónde se asoma el alma…el sexo",

La Frida que escribe un poético álbum de familia desde casa Kokay. La de los padres ateos que escribe con gran admiración acerca de Ignacio Manuel Altamirano, uno de pensadores liberales más notables de México, justamente aquel que escribió en su juventud la frase célebre "Dios no existe" que Diego Rivera tuvo que quitar de su mural "Sueños de una tarde dominical en la Alameda central" por el revuelo que causó en aquellos años de fines de los 40s y al que Frida le voz desde el diván de sus quimeras a través de su libro "Atenea, La Atenea de Altamirano, el amor a la inteligente".

Pero es también la Frida que escribe para DEMAC (Documentación y Estudio de Mujeres) y gana el 2do. lugar en el Concurso Iberoamericano del 2014 con el ensayo: "No nací, me hice creyente. Historia de una conversión". (este artículo se puede leer en el internet).

La poeta que también pertenece al grupo de Mujeres Poetas en el País de las nubes de la región Mixteca de Oaxaca y que nació en la ciudad de México pero que tiene casi 50 años de vivir en Temixco en una casa que empezó a construir Diego Rivera muy parecida al Anahuacalli. De ahí se adivina el por qué de su nombre y la gran admiración que sus padres habrán tenido por la icónica pareja Kahlo-Rivera y que terminaron de construir esa casa que se convirtió, con el tiempo, en el hogar que siempre quiso desde niña.

Frida Varinia estudió Literatura Latinoamericana en la Ibero porque no existían muchos lugares de Letras Latinoamericanas al no darle la jetatura que tiene América Latina y que merece, como mínimo, una licenciatura. Fue en el tiempo cuando su padre, el escritor, intelectual, narrador, ensayista y poeta mexicano Raymundo Ramos Gómez (+) junto con el maestro Huberto Batiz (+) el también escritor, filósofo y periodista, al llegar a la Ibero, modificaron el programa de estudios. Por azares del destino Frida pide una beca sin estar muy convencida porque los de Letras y los de Filosofía eran los becados y, los otros, eran los ricos. Corrían los años 70s, principios de los 80s cuando estaba en apogeo la Teología de la Liberación y, aunque es una escuela jesuita, le tocó una gran apertura desde el punto de vista ideológico sin que se impusiera nunca la religión. Una escuela excelente académicamente, de la cual no se arrepiente por su formación. Ahí hizo su primera investigación y tesis sobre el cuento "La antología del cuento fantástico mexicano".

Lo suyo era y es la poesía pero ahí estaba el runrún del cuento y se convirtió en una gran investigadora en este tema, hasta que se percató que sabía tanto de teoría que le daba pánico publicarlo, aunque siempre recopilaba sus cuentos y los dejaba a un lado a pesar de que había publicado desde los 18 años algunos libros de poesía y ensayo. Su libro lo publicó finalmente en el 2017, superando sus propias barrera. El título: "Placer de los dioses, historias peregrinas" de Quadrivium Editores. Ahí la conocí, dando lectura a su libro en la UAEM: "No somos ya ciudadanos, residentes de la tierra, oriundos, autóctonos, migrantes, extranjeros. Solo somos trashumantes, desterrados de nuestras propio e indiscutible origen"…

Frida siempre tuvo el asunto de la enorme imagen de su padre y decidió hacer su propio camino para no convertirse en su sombra. Su padre fue muy amigo del escritor René Avilés Fabila (+), de Arturo Azuela (+) y de muchos otros escritores que ella conoció en su casa pero, aun así, decidió hacer una vida paralela, escribiendo y acudiendo a talleres diferentes. Por otro lado, también se apegó a la otra parte de su vida, es decir, su madre, con quien a través de las Artes Plásticas y del Patrimonio Cultural, llegó a ser directora en el parque Desierto de los Leones que muchos conocimos y disfrutamos en aquel entonces. Fue todo un reto para ella cuando era muy jovencita con esas 1,520 hectáreas de tierra y un convento para convertirlo en un centro cultural. Un reto que le pareció maravilloso al trabajar en el mundo de la ecología que no existía, ni lejanamente, en los años 80s. Ese lugar fue encuentro de periodistas, encuentros ecológicos, encuentros de literatura. Ahí acudía también el escritor Emmanuel Carballo (+) Ese lugar se convirtió en un centro cultural a pesar de que le llamaban la Siberia del antiguo Distrito Federal, porque estaba lejísimos, allá, por Cuajimalpa, mientras Frida también se convertía en una promotora cultural, otra de sus carreras, promoviendo el mundo de la cultura. También trabajó para el gobierno y en el Museo Estudio Diego Rivera donde le tocó montar la primera exposición de la grandiosa Nahui Ollin.

Con el tiempo, la vida de Frida dio un giro al casarse con Alfredo Castro, un hombre encantador que buscaba hacer su propia editorial y Frida, a su vez, buscaba a alguien que le publicara su libro de cuento fantástico. El ensamble perfecto. Juntos crean el sello Quadrivium Editores, siguiendo el ejemplo de la familia de Frida que también incursionó en la parte editorial, aunque ellos nunca tuvieron un sello propio, pero sí trabajaron para el Politécnico, para la SEP, para Bella Artes y varias editoriales e instituciones. Fue así como ella adquirió todo ese conocimiento de los libros porque en su casa, la palabra libro, es como la Biblia, todo en en torno a los libros.

Cuando nace su primer hijo, su esposo y ella decidieron quedarse definitivamente en la casa que amó desde niña. Un tanto por cuestiones de salud del niño, pero también escapando de esa vida que a Frida le parecía medio frívola y que de repente se propicia en los medios culturales cuando se promueven a los artistas. Así empezó su vida intelectual desde cero aquí en Morelos y se metió a estudiar al CIDHEM (Centro de Investigación de Docencia y Humanidades de Morelos) en donde encuentra a todos los amigos interlocutores: filósofos, literatos y hasta al mismo fundador Ricardo Guerra Tejeda (+) aquel hombre que fundo el Grupo Hyperión y la primera asociación filosófica de México en 1947 y quien fuera el destinatario de muchas de las cartas que le envió Rosario Castellanos. También estaba la esposa de Ricardo Guerra, la Dra. Adriana Yañez (+) doctora en Filosofía, poeta, catedrática de la UNAM, e investigadora del CRIM/UNAM. Así comenzó Frida a relacionarse con el mundo de la cultura en Cuernavaca, Morelos: "Cerca de la ventana/ la barraca se extendía/ con una luz ocre/ atardeciendo a toda Cuernavaca".

Por un accidente que tuvo su esposo, trabajó como emergente en el departamento de publicaciones del Instituto de Cultura antes de que fuera Secretaría, convirtiéndose en parte del movimiento cultural y participando en la escuela de escritores Ricardo Garibay con Andrés Pagés, ex profesor de la escuela de escritores SOGEM. Para Frida, fue una época muy bonita al lado de los hermanos Socorro y Ricardo Venegas, Gloria Cejka (+) y muchos escritores más. La gran efervescencia cultural que le tocó en su momento.

En el sexenio panista de Marco Adame, llegó Martha Ketchum (+) como directora general del extinto Instituto de Cultura de Morelos, hoy Secretaría de Cultura. Desde entonces, me dice Frida, hubo un cambio muy fuerte, lleno de enfrentamientos que no se entendía por qué, siendo ella mujer, perjudicaba a muchas mujeres, llegando al grado de destrozarles la carrera. Muchas de ellas murieron como si fuera una especie de coincidencia al quitarles su razón de ser. A Frida, en particular, le hizo la vida a cuadros de diferentes maneras, hasta que metió una demanda y la ganó. El caso se volvió muy famoso y polémico: "exceso en el ejercicio de poder", demostrando que la directora no estaba ahí por sus capacidades ni por su sensibilidad, ni por nada. Solo por una cuota de género.

Dicen que no hay mal que por bien no venga y, para gran fortuna de los amantes de las letras y la poesía, a partir de esta lamentable situación por la que atravesó Frida, empezó a ganar premios por su trayectoria literaria. En su poemario "Las fronteras del exilio" nos bosqueja con su poesía a algunas mujeres que han trascendido en el ámbito cultural.

Ahora mismo Frida Varinia está por terminar un ensayo sobre la Filosofía de María Zambrano a partir del Sueño de Sor Juana, mismo que esperamos leer tan pronto como salga a la luz.

Sus libros se pueden adquirír en Quadrivium editores vía fasebock o en el correo electrónico de Alfredo Castro alfkastro@gmail.com

Pues, una de las manera que encontré para conmemorar la víspera del "día del amor y la amistad" en este mundo nada gentil, grávido de feminicidios que rompen nuestra estampa como pompas de jabón y para no caer en las palabras de Jean Paul Sartre, - ni dejarme caer en mi asiento, sin saber ni siquiera dónde estaba y ver girar los colores a mi alrededor, ni tener ganas de vomitar para que la "Náusea" no se apoderara de mí -, mejor decidí ir al Borda a la presentación de Quadrivium Editores: "Lo que el amor entiende" de Fulgor Jacobson y su Amanuense José Carlos Ruiz. Y una se pregunta quién de los dos será el verdadero autor. Entonces, hay que averiguarlo.

La cálida tarde fue tan espléndida, adornada con los comentario de Gabriela Barabino, Rubén Pizarro y el mismo autor que de alguna manera se desvaneció el sentimiento rojo que invadía al aire en esos momentos cuando las emociones estaban paralizadas.

En la contraportada de este libro, que bien vale la pena leer, Frida Varinia, quien también fungió como moderadora de este evento narra: "Amor y muerte, como dos alegorías, como dos arquetipos que caminan de la mano sobre un sendero único llamado vida. Una obra que consta de 18 historias en donde se van mezclando emociones y dolores muy añejos, anquilosados en los usos y consumares de la propia vida…"

Esa misma Frida Varinia que utiliza sus dos nombres como reina: Frida que significa Paz y Varinia, quien fuera la primera esclava que se liberó, esposa y compañera de Espartaco en el antiguo Imperio romano. La Frida que escribe y vive como sinónimos de vida. La poeta que ha escrito más de 14 libros de poesía. La de la plática jugosa e incansable escritura que viaja por todos los planos posibles como la leemos en sus poemarios, en sus cuentos, en sus ensayos y en el universo de sus conjuros, hechizos y pócimas que convierte en poesía erótica a través de su Gremorio: No hables/ no mires/ no escuches/ sólo toca….

La niña que tuvo problemas de dislexia y que cambiaba la sintaxis de la redacción y descubrió que, alterando el orden, le daba otro sentido a la cosas. La mujer que ha recibido muchos premios y reconocimientos. La que ha sido traducida a otros idiomas. La que se pregunta en su poesía: "cuántos ojos tiene el hombre/ cuántos la mujer/ por dónde ven y nos vemos/ por dónde se asoma el alma…el sexo",

La Frida que escribe un poético álbum de familia desde casa Kokay. La de los padres ateos que escribe con gran admiración acerca de Ignacio Manuel Altamirano, uno de pensadores liberales más notables de México, justamente aquel que escribió en su juventud la frase célebre "Dios no existe" que Diego Rivera tuvo que quitar de su mural "Sueños de una tarde dominical en la Alameda central" por el revuelo que causó en aquellos años de fines de los 40s y al que Frida le voz desde el diván de sus quimeras a través de su libro "Atenea, La Atenea de Altamirano, el amor a la inteligente".

Pero es también la Frida que escribe para DEMAC (Documentación y Estudio de Mujeres) y gana el 2do. lugar en el Concurso Iberoamericano del 2014 con el ensayo: "No nací, me hice creyente. Historia de una conversión". (este artículo se puede leer en el internet).

La poeta que también pertenece al grupo de Mujeres Poetas en el País de las nubes de la región Mixteca de Oaxaca y que nació en la ciudad de México pero que tiene casi 50 años de vivir en Temixco en una casa que empezó a construir Diego Rivera muy parecida al Anahuacalli. De ahí se adivina el por qué de su nombre y la gran admiración que sus padres habrán tenido por la icónica pareja Kahlo-Rivera y que terminaron de construir esa casa que se convirtió, con el tiempo, en el hogar que siempre quiso desde niña.

Frida Varinia estudió Literatura Latinoamericana en la Ibero porque no existían muchos lugares de Letras Latinoamericanas al no darle la jetatura que tiene América Latina y que merece, como mínimo, una licenciatura. Fue en el tiempo cuando su padre, el escritor, intelectual, narrador, ensayista y poeta mexicano Raymundo Ramos Gómez (+) junto con el maestro Huberto Batiz (+) el también escritor, filósofo y periodista, al llegar a la Ibero, modificaron el programa de estudios. Por azares del destino Frida pide una beca sin estar muy convencida porque los de Letras y los de Filosofía eran los becados y, los otros, eran los ricos. Corrían los años 70s, principios de los 80s cuando estaba en apogeo la Teología de la Liberación y, aunque es una escuela jesuita, le tocó una gran apertura desde el punto de vista ideológico sin que se impusiera nunca la religión. Una escuela excelente académicamente, de la cual no se arrepiente por su formación. Ahí hizo su primera investigación y tesis sobre el cuento "La antología del cuento fantástico mexicano".

Lo suyo era y es la poesía pero ahí estaba el runrún del cuento y se convirtió en una gran investigadora en este tema, hasta que se percató que sabía tanto de teoría que le daba pánico publicarlo, aunque siempre recopilaba sus cuentos y los dejaba a un lado a pesar de que había publicado desde los 18 años algunos libros de poesía y ensayo. Su libro lo publicó finalmente en el 2017, superando sus propias barrera. El título: "Placer de los dioses, historias peregrinas" de Quadrivium Editores. Ahí la conocí, dando lectura a su libro en la UAEM: "No somos ya ciudadanos, residentes de la tierra, oriundos, autóctonos, migrantes, extranjeros. Solo somos trashumantes, desterrados de nuestras propio e indiscutible origen"…

Frida siempre tuvo el asunto de la enorme imagen de su padre y decidió hacer su propio camino para no convertirse en su sombra. Su padre fue muy amigo del escritor René Avilés Fabila (+), de Arturo Azuela (+) y de muchos otros escritores que ella conoció en su casa pero, aun así, decidió hacer una vida paralela, escribiendo y acudiendo a talleres diferentes. Por otro lado, también se apegó a la otra parte de su vida, es decir, su madre, con quien a través de las Artes Plásticas y del Patrimonio Cultural, llegó a ser directora en el parque Desierto de los Leones que muchos conocimos y disfrutamos en aquel entonces. Fue todo un reto para ella cuando era muy jovencita con esas 1,520 hectáreas de tierra y un convento para convertirlo en un centro cultural. Un reto que le pareció maravilloso al trabajar en el mundo de la ecología que no existía, ni lejanamente, en los años 80s. Ese lugar fue encuentro de periodistas, encuentros ecológicos, encuentros de literatura. Ahí acudía también el escritor Emmanuel Carballo (+) Ese lugar se convirtió en un centro cultural a pesar de que le llamaban la Siberia del antiguo Distrito Federal, porque estaba lejísimos, allá, por Cuajimalpa, mientras Frida también se convertía en una promotora cultural, otra de sus carreras, promoviendo el mundo de la cultura. También trabajó para el gobierno y en el Museo Estudio Diego Rivera donde le tocó montar la primera exposición de la grandiosa Nahui Ollin.

Con el tiempo, la vida de Frida dio un giro al casarse con Alfredo Castro, un hombre encantador que buscaba hacer su propia editorial y Frida, a su vez, buscaba a alguien que le publicara su libro de cuento fantástico. El ensamble perfecto. Juntos crean el sello Quadrivium Editores, siguiendo el ejemplo de la familia de Frida que también incursionó en la parte editorial, aunque ellos nunca tuvieron un sello propio, pero sí trabajaron para el Politécnico, para la SEP, para Bella Artes y varias editoriales e instituciones. Fue así como ella adquirió todo ese conocimiento de los libros porque en su casa, la palabra libro, es como la Biblia, todo en en torno a los libros.

Cuando nace su primer hijo, su esposo y ella decidieron quedarse definitivamente en la casa que amó desde niña. Un tanto por cuestiones de salud del niño, pero también escapando de esa vida que a Frida le parecía medio frívola y que de repente se propicia en los medios culturales cuando se promueven a los artistas. Así empezó su vida intelectual desde cero aquí en Morelos y se metió a estudiar al CIDHEM (Centro de Investigación de Docencia y Humanidades de Morelos) en donde encuentra a todos los amigos interlocutores: filósofos, literatos y hasta al mismo fundador Ricardo Guerra Tejeda (+) aquel hombre que fundo el Grupo Hyperión y la primera asociación filosófica de México en 1947 y quien fuera el destinatario de muchas de las cartas que le envió Rosario Castellanos. También estaba la esposa de Ricardo Guerra, la Dra. Adriana Yañez (+) doctora en Filosofía, poeta, catedrática de la UNAM, e investigadora del CRIM/UNAM. Así comenzó Frida a relacionarse con el mundo de la cultura en Cuernavaca, Morelos: "Cerca de la ventana/ la barraca se extendía/ con una luz ocre/ atardeciendo a toda Cuernavaca".

Por un accidente que tuvo su esposo, trabajó como emergente en el departamento de publicaciones del Instituto de Cultura antes de que fuera Secretaría, convirtiéndose en parte del movimiento cultural y participando en la escuela de escritores Ricardo Garibay con Andrés Pagés, ex profesor de la escuela de escritores SOGEM. Para Frida, fue una época muy bonita al lado de los hermanos Socorro y Ricardo Venegas, Gloria Cejka (+) y muchos escritores más. La gran efervescencia cultural que le tocó en su momento.

En el sexenio panista de Marco Adame, llegó Martha Ketchum (+) como directora general del extinto Instituto de Cultura de Morelos, hoy Secretaría de Cultura. Desde entonces, me dice Frida, hubo un cambio muy fuerte, lleno de enfrentamientos que no se entendía por qué, siendo ella mujer, perjudicaba a muchas mujeres, llegando al grado de destrozarles la carrera. Muchas de ellas murieron como si fuera una especie de coincidencia al quitarles su razón de ser. A Frida, en particular, le hizo la vida a cuadros de diferentes maneras, hasta que metió una demanda y la ganó. El caso se volvió muy famoso y polémico: "exceso en el ejercicio de poder", demostrando que la directora no estaba ahí por sus capacidades ni por su sensibilidad, ni por nada. Solo por una cuota de género.

Dicen que no hay mal que por bien no venga y, para gran fortuna de los amantes de las letras y la poesía, a partir de esta lamentable situación por la que atravesó Frida, empezó a ganar premios por su trayectoria literaria. En su poemario "Las fronteras del exilio" nos bosqueja con su poesía a algunas mujeres que han trascendido en el ámbito cultural.

Ahora mismo Frida Varinia está por terminar un ensayo sobre la Filosofía de María Zambrano a partir del Sueño de Sor Juana, mismo que esperamos leer tan pronto como salga a la luz.

Sus libros se pueden adquirír en Quadrivium editores vía fasebock o en el correo electrónico de Alfredo Castro alfkastro@gmail.com

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