/ domingo 7 de marzo de 2021

Lo que nos une a Filipinas

Las Vueltas que da la Vida

Queridos lectores, recordar es vivir. Les cuento que en los años 2015, 16 y 17, aquí, en el Palacio de Cortés, hoy Museo Cuauhnáhuac, en la ciudad que Cortés eligió como sede de su Marquesado de Oaxaca, que abarcaba vastas tierras de los hoy estados de Morelos, Oaxaca, Veracruz Michoacán, Estado de México y la CDMX, hubo un ciclo muy interesantes de 20 conferencias que contaron cada una además de la puntual presencia del Exmo. Emb. de Filipinas en México Sr. Catalino Dilem Jr. denominadas “La ruta cultural del Galeón de Manila”, organizada por el arq. Y arqlogo. Juan Antonio Siller Camacho, por cierto, miembro de la Corresponsalía Cuernavaca del Seminario de Cultura Mexicana, en cada conferencia contó con invitados en los temas que se tratarían. A la par, se inauguraron tres exposiciones pictóricas, una en la CDMX, otra en el Fuerte San Diego, en Acapulco y una más en Taxco, tres sitios claves utilizados en el trayecto por tierra de lo enviado y recibido en la también llamada Nao de China, como se les llamaba a esos navíos españoles que una o dos veces al año hacían el azaroso recorrido entre ambos continentes, el más largo de las rutas comerciales hasta entonces conocidas. Manuel Baldemor, uno de los mejores pintores filipinos que asistió a una de las conferencias aquí en Cuernavaca, realizó una obra sobre México que presentó posteriormente en Manila, realizada en papel de amate relativa a paisajes y temas de Morelos. Además de recordar tan brillantes eventos, es importante destacar todo lo que une a México con Filipinas, --nombrada así en honor de Felipe II--, por la cantidad de aportes culturales que la Nueva España, hoy México, brindara al entonces remoto lugar asiático y por todo lo que recibimos de aquel país. Esa ruta, que fue inaugurada con salida desde Acapulco por el marinero y fraile español Andrés de Urdaneta en 1542, veintitrés años después de 1565, el conquistador Miguel López de Legazpi zarpó a Filipinas pero ahora inaugurando la salida desde la Barra de Navidad, Jalisco, para continuar la conquista de las islas Filipinas e integrarlas a la Corona Española. De las Filipinas que era la puerta a Asia, nos llegaron ¡maravillas de todo tipo! Detallo sólo una parte: marfiles, joyas, tallas de maderas preciosas, bordados y primorosas sedas, biombos labrados, finas porcelanas, formidables tallas de madera. De estas últimas, que se encuentran en varias iglesias de la CDMX, está la reja que rodea los órganos del Coro de la Catedral Metropolitana que fue fundida en China y transportada a México a través del Galeón de Manila y lo mejor, siéntense por favor para no caerse, además de que nos llegaron todos esos finísimos enseres de lujo, llegaron a México por primera vez las palmeras de coco, cilantro, perejil, cebolla, ajo, cebollín, rábano picante, el delicioso mango de manila. Y sigo detallando, ahora con las especies: clavo, canela, comino, nuez moscada, anís estrella, pimienta negra, mostaza, jengibre, laurel, eneldo, curry, estragón, menta, romero, azafrán, salvia, mejorana, tomillo e hinojo. Pero todo esto que ahora forma parte de nuestra gastronomía mexicana, no fue fácil, porque si de por sí era problema zarpar de Acapulco rumbo a Filipinas adentrándose en el inmenso Océano Pacífico, era aún más difícil el tornaviaje o ruta de regreso a la Nueva España a través del enorme mar y lo lograron 20 años después de la salida del primer navío a Filipinas, gracias a que descubrieron la corriente de Kuroshio de dirección este y a través de esta pudieron regresar. El sentido contrario de navegación, de América a Filipinas, ya era conocido desde 1521 en los tiempos de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. Cabe resaltar que el trayecto de Acapulco hasta Filipinas, incluía la escala en Guam y solía durar unos tres meses. En cambio el tornaviaje de regreso podía durar entre cuatro y cinc meses debido al rodeo que hacían los galeones hacia el norte con el fin de seguir la citada corriente marina. Pero verán lo qué pasaba con la mercancía que desembarcaba en Acapulco, las semillas recibían dos aclimatamientos antes de llegar a la CDMX, el primero en jardines de Acapulco y el segundo en el Jardín Borda que se encuentra a un costado de la Catedral de Cuernavaca. De esta manera podían los cultivos y granos resistir hasta su destino final. Por cierto les recomiendo dos películas: “El sabor de la vida” y “El festín de Babel”. Ojalá las encuentren. Pero seguimos, las ricas mercancías, no todas eran destinadas para nuestra capital, otras más seguían por tierra rumbo a Veracruz y de ahí a bordo de las Flotas de Indias, bien protegidas, salían a España, además cargadas la flota con oro y plata proveniente de México principalmente. Dentro del legado cultural que nos conecta con Filipinas están la guayabera, que es muy similar a la Barong Tagalog de aquella nación. Los tamales y el lechón también son platillos típicos de la cocina filipina. Ahí está el precioso traje de la China Poblana nombre inspirado en la Nao de China. Al estallar la Guerra de la Independencia en México, integrantes de diversos grupos de “rebeldes” mexicanos fueron enviados a Filipinas a cumplir condenas. La enorme distancia y las largas sentencias, propiciaron que muchos de ellos se establecieran y formaran familias en Filipinas propagando allá el sueño de independencia. Uno de los héroes mexicanos más celebres de finales del siglo XVIII y principios del XIX fue Epigmenio González cuyo nombre se encuentra en la Columna de la Independencia al lado del de Hidalgo, a quien fue desterrado a Filipinas y que pudo volver a México treinta años después cuando la Corona española reconoció oficialmente la Independencia de México. De hecho, en Manila hay una estatua dedicada a Miguel Hidalgo y Costilla y sobre el Paseo de la Reforma en la CDMX hay un monumento al Dr. José Rizal, héroe nacional Filipino, que con su muerte trazó el camino a la Independencia de Filipinas. Quien le diría a Cristóbal Colón, que unos 30 años después de que en 1492 iniciara su búsqueda de la ruta de las especies, al fin, esa ruta fue una realidad. Y en medio de tanta delicia gastronómica que de Filipinas nos llegó y forma ya parte de la mejos gastronomía mexicana, mezcladas todas esas maravillas con las nuestras y la papa peruana, originó que a nivel mundial China, Francia y México sean las mejores cocinas y la nuestra, la primera elevada por la Unesco a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y en esto el notable escritor José N. Iturriaga, compañero también de la Corresponsalía Cuernavaca del SCM, tuvo mucho que ver. Y bueno como les dijo el presidente Adolfo López Mateos al llegar a Filipinas, “el Galeón de Manila les trajo de Nueva España el oro y la plata de las minas de México”. Este recorrido funcionó durante dos siglos y medio. El último barco zarpó de Acapulco en 1815 cuando la guerra de Independencia de México interrumpió el servicio y hasta el próximo lunes.

Queridos lectores, recordar es vivir. Les cuento que en los años 2015, 16 y 17, aquí, en el Palacio de Cortés, hoy Museo Cuauhnáhuac, en la ciudad que Cortés eligió como sede de su Marquesado de Oaxaca, que abarcaba vastas tierras de los hoy estados de Morelos, Oaxaca, Veracruz Michoacán, Estado de México y la CDMX, hubo un ciclo muy interesantes de 20 conferencias que contaron cada una además de la puntual presencia del Exmo. Emb. de Filipinas en México Sr. Catalino Dilem Jr. denominadas “La ruta cultural del Galeón de Manila”, organizada por el arq. Y arqlogo. Juan Antonio Siller Camacho, por cierto, miembro de la Corresponsalía Cuernavaca del Seminario de Cultura Mexicana, en cada conferencia contó con invitados en los temas que se tratarían. A la par, se inauguraron tres exposiciones pictóricas, una en la CDMX, otra en el Fuerte San Diego, en Acapulco y una más en Taxco, tres sitios claves utilizados en el trayecto por tierra de lo enviado y recibido en la también llamada Nao de China, como se les llamaba a esos navíos españoles que una o dos veces al año hacían el azaroso recorrido entre ambos continentes, el más largo de las rutas comerciales hasta entonces conocidas. Manuel Baldemor, uno de los mejores pintores filipinos que asistió a una de las conferencias aquí en Cuernavaca, realizó una obra sobre México que presentó posteriormente en Manila, realizada en papel de amate relativa a paisajes y temas de Morelos. Además de recordar tan brillantes eventos, es importante destacar todo lo que une a México con Filipinas, --nombrada así en honor de Felipe II--, por la cantidad de aportes culturales que la Nueva España, hoy México, brindara al entonces remoto lugar asiático y por todo lo que recibimos de aquel país. Esa ruta, que fue inaugurada con salida desde Acapulco por el marinero y fraile español Andrés de Urdaneta en 1542, veintitrés años después de 1565, el conquistador Miguel López de Legazpi zarpó a Filipinas pero ahora inaugurando la salida desde la Barra de Navidad, Jalisco, para continuar la conquista de las islas Filipinas e integrarlas a la Corona Española. De las Filipinas que era la puerta a Asia, nos llegaron ¡maravillas de todo tipo! Detallo sólo una parte: marfiles, joyas, tallas de maderas preciosas, bordados y primorosas sedas, biombos labrados, finas porcelanas, formidables tallas de madera. De estas últimas, que se encuentran en varias iglesias de la CDMX, está la reja que rodea los órganos del Coro de la Catedral Metropolitana que fue fundida en China y transportada a México a través del Galeón de Manila y lo mejor, siéntense por favor para no caerse, además de que nos llegaron todos esos finísimos enseres de lujo, llegaron a México por primera vez las palmeras de coco, cilantro, perejil, cebolla, ajo, cebollín, rábano picante, el delicioso mango de manila. Y sigo detallando, ahora con las especies: clavo, canela, comino, nuez moscada, anís estrella, pimienta negra, mostaza, jengibre, laurel, eneldo, curry, estragón, menta, romero, azafrán, salvia, mejorana, tomillo e hinojo. Pero todo esto que ahora forma parte de nuestra gastronomía mexicana, no fue fácil, porque si de por sí era problema zarpar de Acapulco rumbo a Filipinas adentrándose en el inmenso Océano Pacífico, era aún más difícil el tornaviaje o ruta de regreso a la Nueva España a través del enorme mar y lo lograron 20 años después de la salida del primer navío a Filipinas, gracias a que descubrieron la corriente de Kuroshio de dirección este y a través de esta pudieron regresar. El sentido contrario de navegación, de América a Filipinas, ya era conocido desde 1521 en los tiempos de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. Cabe resaltar que el trayecto de Acapulco hasta Filipinas, incluía la escala en Guam y solía durar unos tres meses. En cambio el tornaviaje de regreso podía durar entre cuatro y cinc meses debido al rodeo que hacían los galeones hacia el norte con el fin de seguir la citada corriente marina. Pero verán lo qué pasaba con la mercancía que desembarcaba en Acapulco, las semillas recibían dos aclimatamientos antes de llegar a la CDMX, el primero en jardines de Acapulco y el segundo en el Jardín Borda que se encuentra a un costado de la Catedral de Cuernavaca. De esta manera podían los cultivos y granos resistir hasta su destino final. Por cierto les recomiendo dos películas: “El sabor de la vida” y “El festín de Babel”. Ojalá las encuentren. Pero seguimos, las ricas mercancías, no todas eran destinadas para nuestra capital, otras más seguían por tierra rumbo a Veracruz y de ahí a bordo de las Flotas de Indias, bien protegidas, salían a España, además cargadas la flota con oro y plata proveniente de México principalmente. Dentro del legado cultural que nos conecta con Filipinas están la guayabera, que es muy similar a la Barong Tagalog de aquella nación. Los tamales y el lechón también son platillos típicos de la cocina filipina. Ahí está el precioso traje de la China Poblana nombre inspirado en la Nao de China. Al estallar la Guerra de la Independencia en México, integrantes de diversos grupos de “rebeldes” mexicanos fueron enviados a Filipinas a cumplir condenas. La enorme distancia y las largas sentencias, propiciaron que muchos de ellos se establecieran y formaran familias en Filipinas propagando allá el sueño de independencia. Uno de los héroes mexicanos más celebres de finales del siglo XVIII y principios del XIX fue Epigmenio González cuyo nombre se encuentra en la Columna de la Independencia al lado del de Hidalgo, a quien fue desterrado a Filipinas y que pudo volver a México treinta años después cuando la Corona española reconoció oficialmente la Independencia de México. De hecho, en Manila hay una estatua dedicada a Miguel Hidalgo y Costilla y sobre el Paseo de la Reforma en la CDMX hay un monumento al Dr. José Rizal, héroe nacional Filipino, que con su muerte trazó el camino a la Independencia de Filipinas. Quien le diría a Cristóbal Colón, que unos 30 años después de que en 1492 iniciara su búsqueda de la ruta de las especies, al fin, esa ruta fue una realidad. Y en medio de tanta delicia gastronómica que de Filipinas nos llegó y forma ya parte de la mejos gastronomía mexicana, mezcladas todas esas maravillas con las nuestras y la papa peruana, originó que a nivel mundial China, Francia y México sean las mejores cocinas y la nuestra, la primera elevada por la Unesco a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y en esto el notable escritor José N. Iturriaga, compañero también de la Corresponsalía Cuernavaca del SCM, tuvo mucho que ver. Y bueno como les dijo el presidente Adolfo López Mateos al llegar a Filipinas, “el Galeón de Manila les trajo de Nueva España el oro y la plata de las minas de México”. Este recorrido funcionó durante dos siglos y medio. El último barco zarpó de Acapulco en 1815 cuando la guerra de Independencia de México interrumpió el servicio y hasta el próximo lunes.

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