/ miércoles 7 de abril de 2021

¡Qué diría Zapata si viviera!

Entre todos los hombres que admiro, hay uno que desde niña siempre anhelé conocer en persona. Su nombre es Emiliano Zapata Salazar.

Recuerdo que en los libros de Historia, su rostro y su mirada evocaba en mí, la lucha insaciable de justicia. Él era un hombre de aspecto sencillo que se forjó entre machetes y rastrillos para trabajar la tierra.

Hoy escribiré de mi héroe. De Zapata. De su origen. De su familia. De su gente. De su entrega. De su sed por entregar a los campesinos su tierra. La que tanto aman y labran con el sudor de sus frentes. Y en especial de cómo lo engañaron para quitarse de encima a un invencible caudillo.

Emiliano murió el 10 de abril de 1919. A Zapata lo traicionaron. Una tarde soleada pereció frente a los ojos de diez de sus soldados.

La emboscada estaba lista. Entre el impulso secundado por la argucia del coronel Jesús Guajardo, y otro tanto por órdenes del entonces presidente de México, Venustiano Carranza, quien prometió a éste, la cantidad de 50 mil pesos y el nombramiento de General.

Zapata conoció a Guajardo un día antes de su deceso. Para ganar su confianza, el coronel le regaló un hermoso caballo llamada As de Oros, así como una silla de montar. Y no conforme, mandó a fusilar a 57 de sus propios hombres, soldados federales, para demostrar su lealtad a Emiliano.

Al día siguiente, el militar invitó al jefe del Ejército Libertador de Sur a comer en la hacienda de Chinameca. Al arribo de Emiliano, sonó el clarín para rendir honores, pero en realidad, era la señal para la celada.

Al sonido de las cornetas fue acribillado por traidores que estaban ocultados en las azoteas. Zapata cayó muerto al instante sobre la tierra que tanto amó.

Tras su asesinato, su ejército se disipó. Y el general Álvaro Obregón despojó del poder a Carranza en diciembre de 1920. La soñada reforma agraria de Zapata rindió frutos en 1934, cuando fue impulsada por Lázaro Cárdenas.

Sus orígenes

Nacido en el seno de una familia campesina, Emiliano fue el noveno de diez hijos del matrimonio concebido entre Gabriel Zapata y Cleofás Salazar.

Desde muy corta edad, Emiliano estuvo en contacto con la tierra pues trabajó como peón al lado de su hermano Eufemio, ya que ambos figuraron como albaceas de sus hermanas María de Jesús y María de la Luz al quedar huérfanos. Sus padres les dejaron como herencia un poco de tierra y unas cuantas cabezas de ganado.

Al poco tiempo, Eufemio vendió una parte de la extensión de tierra heredada para convertirse en comerciante informal. Mientras que el oriundo de Anenecuilco, Emiliano, continuó labrando la suya propia.

En esa época ya estaban consumadas las Leyes de Reforma, estatutos que fueron aprovechados por unos cuántos acaudalados para acrecentar sus tierras de manera ilegal al solicitar la propiedad de zonas comunales; o bien obligando a las corporaciones civiles a vender o expropiar las tierras improductivas.

Como consecuencia de estos abusos, en el año de 1906, Zapata fue invitado a una reunión en la ciudad de Cuautla para unirse a la defensa de las tierras de las que muchos campesinos habían sido despojados por los hacendados o la alta burguesía de aquel entonces, desde luego cobijados por el presidente en turno.

El joven idealista

Más tarde en septiembre de 1909 Emiliano fue elegido como jefe de la defensa de las tierras de su natal Anenecuilco, posición desde la cual, comenzó a analizar los documentos que se produjeron en el virreinato en donde se acreditaban los derechos de propiedad de los pueblos sobre sus tierras. Derechos que fueron pisoteados y negados por las leyes de Reforma creadas por el Benemérito de las Américas, Benito Juárez.

Ese mismo año, Emiliano Zapata destacó en el plano político como un ciudadano participativo durante las elecciones para gobernador de su entidad, al apoyar a Patricio Leyva, un aspirante de oposición que pretendía derrocar las prácticas de despojos e injusticias sociales, y quien deseaba terminar con los latifundios.

En mayo de 1910 se había iniciado un litigio en lo que hoy día conocemos como la ex Hacienda El Hospital, una extensión de tierra que momentáneamente quedó paralizada al no permitir a los campesinos sembrar hasta que la disputa fuera resuelta por los tribunales. A partir de ese instante, con determinación Emiliano Zapata recuperó por la fuerza las tierras que pertenecen al municipio de Villa de Ayala. Una vez recuperadas, los latifundios fueron repartidos entre los campesinos. Por ese motivo, el Caudillo del Sur tuvo que escapar varias veces de las autoridades pues había sido declarado bandolero.

Sin embargo, ese mismo año, Zapata Salazar se enlistó en al Noveno Regimiento de Caballería en la capital de Morelos, Cuernavaca. Ocupando desde esta posición la designación de caballerango de Pablo Escandón, jefe del Estado Mayor de Porfirio Díaz.

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, gran estratega militar que había ocupado la silla presidencial por más de 30 años, tenía bajo su trecho un gobierno en franca decadencia, por lo que en nuestro país ya se avecinaba una revolución que llevó a varios hombres a apostar hasta la propia vida. Entre ellos, Francisco I. Madero, el hombre que proclamó aquel 11 de marzo de 1911 el Plan de San Luis, y desde cuyo documento planteó destituir al gobierno de Don Porfirio Díaz, llamando al pueblo mexicano a levantarse en armas contra el dictador. Asimismo, contempló la restitución a los campesinos de las tierras de las cuales habían sido arrancados durante el porfiriato.

Y es que a pesar de que fue este último punto, el factor de coincidencia entre Madero y Zapata, habría que decir que para Emiliano, Francisco Ignacio Madero González no concibió la reforma agraria como lo hizo el Caudillo del Sur.

Madero creyó que primero se debería hacer una reforma política profunda, mientras que para Emiliano Zapata siempre fue más importante la devolución de las tierras robadas por los hacendados. De ahí que Zapata afirmó que Madero había traicionado los preceptos del movimiento que él mismo encumbró en el plan de San Luis.

Aún siendo presidente de México, las diferencias y discordancias entre ambos no disminuyeron. En una entrevista que sostuvieron en Palacio Nacional, Madero le ofreció a Emiliano una hacienda en el estado de Morelos como pago de sus servicios a la revolución. Desde luego, esta oferta fue poco halagadora para los oídos del jefe del Ejército Libertador del Sur, a cambio, el hombre de campo le respondió:

“No señor Madero. Yo no me levanté en armas para conquistar tierras y haciendas. Yo me levanté en armas para que el pueblo de Morelos le sea devuelto lo que le fue robado. Entonces pues, señor Madero o nos cumple usted, a mí y al estado de Morelos lo que nos prometió, o a usted y a mí nos lleva la chichicuilota”.

Zapata y sus mujeres

Otro pasaje interesante en la vida de Emiliano está vinculado al plano individual. Según algunos cronistas, Zapata se incorporó al ejército porque se había robado a una joven de nombre Inés Alfaro Aguilar, con quien tiempo después tuvo dos hijos: Nicolás y Elena.

Aunque el historiador, Jesús Sotelo Inclán, narra que Zapata también contrajo nupcias con una joven de clase acomodada de nombre Luisa Merino. Luego en agosto de 1911 se casó con Josefa Espejo Sánchez alias “La Generala”, con quien procreó dos hijos más. Felipe y Josefa.

Sin embargo, Emiliano tuvo más hijos. Pues más tarde tuvo amoríos con Petra P. Torres, mujer con la que concibió a Ana María Zapata.

Al ir paso a paso en el análisis profundo de cada uno de los matices de la personalidad de Emiliano Zapata Salazar, encontramos que muchos historiadores enaltecen su participación en la Revolución Mexicana, otros más, ligados a lo mundano, podrán enlistar una serie de defectos circunscriptos al hombre. Lo cierto es que Emiliano fue un individuo plenamente entregado a su lucha. Esa misma que proyectó de un modo incluyente. Anteponiendo los derechos de los más pobres e indígenas. Atendiendo al reclamo de justicia e igualdad por encima de los intereses de los demás.

Este es un fragmento del corrido del espectro del General Emiliano Zapata Salazar. (La autoría es anónima)

Su cuerpo al fin sepultaron

llenos de júbilo y gozo

y muchos, muchos lloraron

por sus culpas y reposo.

Pero su alma persevera

en su ideal libertador

y su horrible calavera

anda en penas, ¡oh terror!

Por las orillas de Cuautla

flota una horrible bandera,

que empuña la calavera

del aguerrido Zapata.

Tal constancia a todos pasma;

de la noche en las negruras,

se ve vagar su fantasma

por los montes y llanuras.

Se oyen sonar sus espuelas,

sus horribles maldiciones

y, rechinando las muelas,

cree llevar grandes legiones.

Extiende la yerta mano

y su vista se dilata...

¡Recorre el campo suriano

el espectro de Zapata!

** Referencias y bibliografía:

1. «El caudillo del sur». Archivado desde el original el 30 de noviembre de 2015. Consultado el 5 de julio de 2009.

2. «Se conmemoran 90 años de la muerte Emiliano Zapata». Las noticias México. Consultado el 5 de julio de 2009.

3. «Corrido del Espectro de Zapata». Bibliotecas virtuales de México. Consultado el 16 de junio de 2013.

4. López González, Valentín (1980). Los compañeros de Zapata (Ediciones del Gobierno del Estado Libre y Soberano de Morelos edición). México.

5. Womack Jr., John (1969). Zapata y la Revolución Mexicana (Siglo XXI Editores S.A. edición). México.

Entre todos los hombres que admiro, hay uno que desde niña siempre anhelé conocer en persona. Su nombre es Emiliano Zapata Salazar.

Recuerdo que en los libros de Historia, su rostro y su mirada evocaba en mí, la lucha insaciable de justicia. Él era un hombre de aspecto sencillo que se forjó entre machetes y rastrillos para trabajar la tierra.

Hoy escribiré de mi héroe. De Zapata. De su origen. De su familia. De su gente. De su entrega. De su sed por entregar a los campesinos su tierra. La que tanto aman y labran con el sudor de sus frentes. Y en especial de cómo lo engañaron para quitarse de encima a un invencible caudillo.

Emiliano murió el 10 de abril de 1919. A Zapata lo traicionaron. Una tarde soleada pereció frente a los ojos de diez de sus soldados.

La emboscada estaba lista. Entre el impulso secundado por la argucia del coronel Jesús Guajardo, y otro tanto por órdenes del entonces presidente de México, Venustiano Carranza, quien prometió a éste, la cantidad de 50 mil pesos y el nombramiento de General.

Zapata conoció a Guajardo un día antes de su deceso. Para ganar su confianza, el coronel le regaló un hermoso caballo llamada As de Oros, así como una silla de montar. Y no conforme, mandó a fusilar a 57 de sus propios hombres, soldados federales, para demostrar su lealtad a Emiliano.

Al día siguiente, el militar invitó al jefe del Ejército Libertador de Sur a comer en la hacienda de Chinameca. Al arribo de Emiliano, sonó el clarín para rendir honores, pero en realidad, era la señal para la celada.

Al sonido de las cornetas fue acribillado por traidores que estaban ocultados en las azoteas. Zapata cayó muerto al instante sobre la tierra que tanto amó.

Tras su asesinato, su ejército se disipó. Y el general Álvaro Obregón despojó del poder a Carranza en diciembre de 1920. La soñada reforma agraria de Zapata rindió frutos en 1934, cuando fue impulsada por Lázaro Cárdenas.

Sus orígenes

Nacido en el seno de una familia campesina, Emiliano fue el noveno de diez hijos del matrimonio concebido entre Gabriel Zapata y Cleofás Salazar.

Desde muy corta edad, Emiliano estuvo en contacto con la tierra pues trabajó como peón al lado de su hermano Eufemio, ya que ambos figuraron como albaceas de sus hermanas María de Jesús y María de la Luz al quedar huérfanos. Sus padres les dejaron como herencia un poco de tierra y unas cuantas cabezas de ganado.

Al poco tiempo, Eufemio vendió una parte de la extensión de tierra heredada para convertirse en comerciante informal. Mientras que el oriundo de Anenecuilco, Emiliano, continuó labrando la suya propia.

En esa época ya estaban consumadas las Leyes de Reforma, estatutos que fueron aprovechados por unos cuántos acaudalados para acrecentar sus tierras de manera ilegal al solicitar la propiedad de zonas comunales; o bien obligando a las corporaciones civiles a vender o expropiar las tierras improductivas.

Como consecuencia de estos abusos, en el año de 1906, Zapata fue invitado a una reunión en la ciudad de Cuautla para unirse a la defensa de las tierras de las que muchos campesinos habían sido despojados por los hacendados o la alta burguesía de aquel entonces, desde luego cobijados por el presidente en turno.

El joven idealista

Más tarde en septiembre de 1909 Emiliano fue elegido como jefe de la defensa de las tierras de su natal Anenecuilco, posición desde la cual, comenzó a analizar los documentos que se produjeron en el virreinato en donde se acreditaban los derechos de propiedad de los pueblos sobre sus tierras. Derechos que fueron pisoteados y negados por las leyes de Reforma creadas por el Benemérito de las Américas, Benito Juárez.

Ese mismo año, Emiliano Zapata destacó en el plano político como un ciudadano participativo durante las elecciones para gobernador de su entidad, al apoyar a Patricio Leyva, un aspirante de oposición que pretendía derrocar las prácticas de despojos e injusticias sociales, y quien deseaba terminar con los latifundios.

En mayo de 1910 se había iniciado un litigio en lo que hoy día conocemos como la ex Hacienda El Hospital, una extensión de tierra que momentáneamente quedó paralizada al no permitir a los campesinos sembrar hasta que la disputa fuera resuelta por los tribunales. A partir de ese instante, con determinación Emiliano Zapata recuperó por la fuerza las tierras que pertenecen al municipio de Villa de Ayala. Una vez recuperadas, los latifundios fueron repartidos entre los campesinos. Por ese motivo, el Caudillo del Sur tuvo que escapar varias veces de las autoridades pues había sido declarado bandolero.

Sin embargo, ese mismo año, Zapata Salazar se enlistó en al Noveno Regimiento de Caballería en la capital de Morelos, Cuernavaca. Ocupando desde esta posición la designación de caballerango de Pablo Escandón, jefe del Estado Mayor de Porfirio Díaz.

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, gran estratega militar que había ocupado la silla presidencial por más de 30 años, tenía bajo su trecho un gobierno en franca decadencia, por lo que en nuestro país ya se avecinaba una revolución que llevó a varios hombres a apostar hasta la propia vida. Entre ellos, Francisco I. Madero, el hombre que proclamó aquel 11 de marzo de 1911 el Plan de San Luis, y desde cuyo documento planteó destituir al gobierno de Don Porfirio Díaz, llamando al pueblo mexicano a levantarse en armas contra el dictador. Asimismo, contempló la restitución a los campesinos de las tierras de las cuales habían sido arrancados durante el porfiriato.

Y es que a pesar de que fue este último punto, el factor de coincidencia entre Madero y Zapata, habría que decir que para Emiliano, Francisco Ignacio Madero González no concibió la reforma agraria como lo hizo el Caudillo del Sur.

Madero creyó que primero se debería hacer una reforma política profunda, mientras que para Emiliano Zapata siempre fue más importante la devolución de las tierras robadas por los hacendados. De ahí que Zapata afirmó que Madero había traicionado los preceptos del movimiento que él mismo encumbró en el plan de San Luis.

Aún siendo presidente de México, las diferencias y discordancias entre ambos no disminuyeron. En una entrevista que sostuvieron en Palacio Nacional, Madero le ofreció a Emiliano una hacienda en el estado de Morelos como pago de sus servicios a la revolución. Desde luego, esta oferta fue poco halagadora para los oídos del jefe del Ejército Libertador del Sur, a cambio, el hombre de campo le respondió:

“No señor Madero. Yo no me levanté en armas para conquistar tierras y haciendas. Yo me levanté en armas para que el pueblo de Morelos le sea devuelto lo que le fue robado. Entonces pues, señor Madero o nos cumple usted, a mí y al estado de Morelos lo que nos prometió, o a usted y a mí nos lleva la chichicuilota”.

Zapata y sus mujeres

Otro pasaje interesante en la vida de Emiliano está vinculado al plano individual. Según algunos cronistas, Zapata se incorporó al ejército porque se había robado a una joven de nombre Inés Alfaro Aguilar, con quien tiempo después tuvo dos hijos: Nicolás y Elena.

Aunque el historiador, Jesús Sotelo Inclán, narra que Zapata también contrajo nupcias con una joven de clase acomodada de nombre Luisa Merino. Luego en agosto de 1911 se casó con Josefa Espejo Sánchez alias “La Generala”, con quien procreó dos hijos más. Felipe y Josefa.

Sin embargo, Emiliano tuvo más hijos. Pues más tarde tuvo amoríos con Petra P. Torres, mujer con la que concibió a Ana María Zapata.

Al ir paso a paso en el análisis profundo de cada uno de los matices de la personalidad de Emiliano Zapata Salazar, encontramos que muchos historiadores enaltecen su participación en la Revolución Mexicana, otros más, ligados a lo mundano, podrán enlistar una serie de defectos circunscriptos al hombre. Lo cierto es que Emiliano fue un individuo plenamente entregado a su lucha. Esa misma que proyectó de un modo incluyente. Anteponiendo los derechos de los más pobres e indígenas. Atendiendo al reclamo de justicia e igualdad por encima de los intereses de los demás.

Este es un fragmento del corrido del espectro del General Emiliano Zapata Salazar. (La autoría es anónima)

Su cuerpo al fin sepultaron

llenos de júbilo y gozo

y muchos, muchos lloraron

por sus culpas y reposo.

Pero su alma persevera

en su ideal libertador

y su horrible calavera

anda en penas, ¡oh terror!

Por las orillas de Cuautla

flota una horrible bandera,

que empuña la calavera

del aguerrido Zapata.

Tal constancia a todos pasma;

de la noche en las negruras,

se ve vagar su fantasma

por los montes y llanuras.

Se oyen sonar sus espuelas,

sus horribles maldiciones

y, rechinando las muelas,

cree llevar grandes legiones.

Extiende la yerta mano

y su vista se dilata...

¡Recorre el campo suriano

el espectro de Zapata!

** Referencias y bibliografía:

1. «El caudillo del sur». Archivado desde el original el 30 de noviembre de 2015. Consultado el 5 de julio de 2009.

2. «Se conmemoran 90 años de la muerte Emiliano Zapata». Las noticias México. Consultado el 5 de julio de 2009.

3. «Corrido del Espectro de Zapata». Bibliotecas virtuales de México. Consultado el 16 de junio de 2013.

4. López González, Valentín (1980). Los compañeros de Zapata (Ediciones del Gobierno del Estado Libre y Soberano de Morelos edición). México.

5. Womack Jr., John (1969). Zapata y la Revolución Mexicana (Siglo XXI Editores S.A. edición). México.

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