/ jueves 3 de diciembre de 2020

Alejandro Rosas y Julio Patán documentan los disparates de la pandemia

El historiador y el periodista compilan las historias más inverosímiles que se vivieron durante el confinamiento en el libro Pandemia bizarra

Ser descubierto en calzones a media sesión de zoom, decir groserías con el micrófono encendido, llegar al supermercado sin cubrebocas, ligar en internet por desesperación, fracasar en las recetas de panqués de plátano... Hay de chile, de mole y de manteca en esta nueva normalidad en la que lo excéntrico se ha vuelto cotidiano.

Y es que en México, el país donde el surrealismo es costumbrismo, la pandemia sólo ha atenuado el bizarro comportamiento de muchos, desde quienes afirmaban que el coronavirus sólo era un pretexto para traficar líquido de las rodillas hasta el mandatario tabasqueño que exhortaba a los abrazos mientras la Organización Mundial de la Salud advertía sobre lo mortal que es tocar al prójimo.

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Todo eso fue el motivo por el cual el historiador Alejandro Rosas y el periodista Julio Patán se juntaron por zoom, se bebieron unos whiskeys y escribieron Pandemia bizarra (2020), un libro editado por Planeta que invita a reír en medio de la tragedia: la especialidad del pueblo mexicano.

“En este libro nos propusimos reír de lo aberrante, lo disfuncional, lo corrupto y lo estúpido que se ha hecho en estos últimos meses. No nos reímos de la tragedia, sino de lo que provoca la tragedia”, asegura Patán

En estas páginas, el lector se encontrará con cosas que ya vivió, se enteró o se imaginó, y que seguramente le han provocado risa, tristeza, enojo o indignación. O todas al mismo tiempo. Porque en esta pandemia todo es posible: ajos, cebollas y hasta cloro ingerido como los remedios más insospechados contra el virus; bautizos, bodas y graduaciones que luego se transforman en sepelios; fiestas covid con un espíritu nihilista que ni el mismo Nietzsche se hubiese atrevido a experimentar; bares disfrazados de taquerías para seguir operando; tables convertidos en restaurantes de comida rápida; hombres lobo y lloronas pululando en el campo; meteoritos sobrevolando Monterrey, y hasta partidos de futbol sin gente en un pueblo donde lo que sobra es futbol y gente.

“La pandemia ya nos tiene hasta el tope, pero también es una reflexión sobre el modo en cómo ha cambiado nuestra vida cotidiana. Es el modo en que nos mueve al ridículo en la vestimenta, es el modo en que cometemos disparates en zoom. La pandemia es nuestra compulsión alcohólica para conseguir alcohol en plena ley seca. Es Alejandro Rosas tratando de cocinar...”, comenta Patán, quien inmediatamente es interrumpido por Rosas después de una carcajada: “Lo peor es que ahora tratamos de cocinar panquecitos o gelatinas de frutos rojos dándole en la madre a la cocina. Por eso yo mejor me dediqué a preparar martinis y a servirme whiskeys”.

De cierto modo, Pandemia bizarra (2020) es un libro que retoma la tradición de la crónica de época, una tarea que los anglosajones han hecho muy bien con periodos como la Segunda Guerra Mundial o la Guerra Fría. El objetivo de este libro, dicen los autores, fue tejer una literatura muy testimonial que diera cuenta de los grandes cambios colectivos.

“Construimos una realidad totalmente disfuncional a comparación de lo que estábamos acostumbrados. Las redes sociales se han convertido en un termómetro para conocer el pulso emocional. Primero la gente estaba muy optimista; hoy ya está hasta la madre. Abejorros asesinos, gente queriendo vender trozos de meteorito en un millón de pesos... Todo parece acomodarse para que el fin del mundo sea algo muy divertido”, sostiene Rosas, quien se contagió de Covid, pero salió avante. Tanto, que hasta cuenta que una de sus mejores experiencias en esta pandemia fue hacer panquecitos de mariguana.

Julio Patán sale al quite: “Yo aunque no fumo mucha mota, pero me gusta hacerlo, confieso que, en un acto de desesperación, traté de reciclar una que tenía como dos años en el cajón, y la verdad fue como fumar pasta seca: fue una pesadilla. Es como cuando hay ley seca y te das cuenta que no compraste whiskey y te tomas el Midori que tienes desde los años ochenta”.

Ser descubierto en calzones a media sesión de zoom, decir groserías con el micrófono encendido, llegar al supermercado sin cubrebocas, ligar en internet por desesperación, fracasar en las recetas de panqués de plátano... Hay de chile, de mole y de manteca en esta nueva normalidad en la que lo excéntrico se ha vuelto cotidiano.

Y es que en México, el país donde el surrealismo es costumbrismo, la pandemia sólo ha atenuado el bizarro comportamiento de muchos, desde quienes afirmaban que el coronavirus sólo era un pretexto para traficar líquido de las rodillas hasta el mandatario tabasqueño que exhortaba a los abrazos mientras la Organización Mundial de la Salud advertía sobre lo mortal que es tocar al prójimo.

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Todo eso fue el motivo por el cual el historiador Alejandro Rosas y el periodista Julio Patán se juntaron por zoom, se bebieron unos whiskeys y escribieron Pandemia bizarra (2020), un libro editado por Planeta que invita a reír en medio de la tragedia: la especialidad del pueblo mexicano.

“En este libro nos propusimos reír de lo aberrante, lo disfuncional, lo corrupto y lo estúpido que se ha hecho en estos últimos meses. No nos reímos de la tragedia, sino de lo que provoca la tragedia”, asegura Patán

En estas páginas, el lector se encontrará con cosas que ya vivió, se enteró o se imaginó, y que seguramente le han provocado risa, tristeza, enojo o indignación. O todas al mismo tiempo. Porque en esta pandemia todo es posible: ajos, cebollas y hasta cloro ingerido como los remedios más insospechados contra el virus; bautizos, bodas y graduaciones que luego se transforman en sepelios; fiestas covid con un espíritu nihilista que ni el mismo Nietzsche se hubiese atrevido a experimentar; bares disfrazados de taquerías para seguir operando; tables convertidos en restaurantes de comida rápida; hombres lobo y lloronas pululando en el campo; meteoritos sobrevolando Monterrey, y hasta partidos de futbol sin gente en un pueblo donde lo que sobra es futbol y gente.

“La pandemia ya nos tiene hasta el tope, pero también es una reflexión sobre el modo en cómo ha cambiado nuestra vida cotidiana. Es el modo en que nos mueve al ridículo en la vestimenta, es el modo en que cometemos disparates en zoom. La pandemia es nuestra compulsión alcohólica para conseguir alcohol en plena ley seca. Es Alejandro Rosas tratando de cocinar...”, comenta Patán, quien inmediatamente es interrumpido por Rosas después de una carcajada: “Lo peor es que ahora tratamos de cocinar panquecitos o gelatinas de frutos rojos dándole en la madre a la cocina. Por eso yo mejor me dediqué a preparar martinis y a servirme whiskeys”.

De cierto modo, Pandemia bizarra (2020) es un libro que retoma la tradición de la crónica de época, una tarea que los anglosajones han hecho muy bien con periodos como la Segunda Guerra Mundial o la Guerra Fría. El objetivo de este libro, dicen los autores, fue tejer una literatura muy testimonial que diera cuenta de los grandes cambios colectivos.

“Construimos una realidad totalmente disfuncional a comparación de lo que estábamos acostumbrados. Las redes sociales se han convertido en un termómetro para conocer el pulso emocional. Primero la gente estaba muy optimista; hoy ya está hasta la madre. Abejorros asesinos, gente queriendo vender trozos de meteorito en un millón de pesos... Todo parece acomodarse para que el fin del mundo sea algo muy divertido”, sostiene Rosas, quien se contagió de Covid, pero salió avante. Tanto, que hasta cuenta que una de sus mejores experiencias en esta pandemia fue hacer panquecitos de mariguana.

Julio Patán sale al quite: “Yo aunque no fumo mucha mota, pero me gusta hacerlo, confieso que, en un acto de desesperación, traté de reciclar una que tenía como dos años en el cajón, y la verdad fue como fumar pasta seca: fue una pesadilla. Es como cuando hay ley seca y te das cuenta que no compraste whiskey y te tomas el Midori que tienes desde los años ochenta”.

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