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Carta a mi antecesora

  • El Sol de Cuautla
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Por María Isabel Galicia Galeana

Del taller impartido por Paz Matilde Osorio Revilla en el Centro Cultural Talentos y Vida, A. C., de Yecapixtla, Morelos.

Madre mía: Te extraño, desde que te fuiste no tenía tranquilidad, siempre me inventaba algo para no pensar, pero mi subconsciente, tenía la esperanza de llegar a casa y encontrarte. Al llegar a casa no estabas y el encanto se esfumaba. Mi subconsciente fue más astuto, inventó algo para no llegar a casa. Pero el vacío allí estaba. Recuerdo cuando platicábamos, me decías que morirías. Yo contestaba- todos nos moriremos algún día, dime que vendrás por mí.

Recuerdo que titubeaste, contestaste que vendrías por mí. El dolor tan grande que yo tenía me hizo pedirle a Dios y a ti, madre, que me concedieras lo que habías dicho; yo no aguantaba ese dolor y ya no quería vivir.

Madre mía, en esos días tenía, yo un amigo que yo sentía que me quería pero cuando me tocaba yo buscaba tus caricias y él no satisfacía mis necesidades. Hoy madre, fue muy triste darme cuenta que en esa persona solo buscaba tu cariño y que no lo quería. Decidí hablar con él, le platiqué lo que me pasaba y no quería andar más con él. Trató de convencerme y dijo: -Respeto tu decisión y no quiero forzarte.- Quedamos como amigos.

Los días pasaron y yo trataba de estar bien, mi mirada era triste, sólo vivía por vivir, todo me dolía, siempre estaba cansada, me excusaba en la enfermedad, había días que llegaba yo del trabajo, lo que hacía al entrar a mi cuarto solo dormir.

Madre Mía, desde el cielo me has cuidado, me mandaste una psicóloga que me dio una cita muy lejana.

Un día, llegó una amiga animándome para que entrara a un curso; cuando dijo: “cuesta tres mil trescientos pesos” contesté: No ¿De dónde agarro tanto dinero?
Mi amiga comentó: “puedes vender mil cosas y pagarlo”, mi pensamiento dijo: No, tengo otras necesidades, no voy a pagar tanto por ese curso, ella insistió.

Ella y su amiga llegaron un día a mi casa y en la calle ya tenían a la vecina y a otra chica y me habló su amiga de mi amiga y me preguntó ¿Te gustaría ir al curso? le contesté: “Me encantaría”

Ella contestó: Te regalo el curso, este curso le ayudó mucho a mi hermano, y en nombre de mi hermano quiero ayudarte a ti, sólo no faltes, sé puntual.

El curso empezó el miércoles y terminó el domingo en la noche, era todo el día; estuve muy activa, ahí me di cuenta que nunca estoy sola. Gracias madre, gracias espíritu bendito.
Cuando salí de ese curso me sentía ligera, me habían quitado un peso de encima, pues cargaba muchas cosas y una de éstas es que no te dejaba descansar madre.

Hasta ese día entendí que no estás aquí y que la vida sigue. Gracias madre porque donde quiera que estés sigues mis pasos, me doy cuenta de eso todos los días. Ahora que soy libre y tú eres libre, nos liberamos de esa carga tan pesada. Tengo meses así y es una liberación, un placer ver todo tan bonito, todo se puede solucionar. Dar la cara a la vida con una sonrisa. Madre: soy muy feliz. Aquí todos estamos bien, hasta tus nietos.