/ lunes 8 de abril de 2019

Conmemora INAH centenario luctuoso de Emiliano Zapata. Aquí las actividades

El próximo de 10 abril, la institución pondrá a disposición del público y por primera vez, un centenar y medio de entrevistas hechas a miembros del movimiento zapatista


Con la apertura al público de entrevistas hechas a participantes del movimiento liderado por el Caudillo del Sur, la realización de una mesa redonda en la ciudad de Cuautla, Morelos, y la exposición fotográfica El reflejo de la tierra. Los pueblos de Morelos y la Revolución Mexicana, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) conmemorará el centenario luctuoso de Emiliano Zapata, el próximo 10 de abril.

El Archivo Voces Zapatistas, bajo resguardo de la Biblioteca Manuel Orozco y Berra, de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, por primera vez podrá ser consultado a partir del miércoles a través de la página electrónica de la dependencia. Se trata de poco más de centenar y medio de entrevistas de historia oral hechas a miembros del movimiento zapatista, luego de que las cintas magnetofónicas en las que se grabaron fueron sometidas a un proceso de digitalización.

Ese mismo día, en el Teatro Narciso Mendoza, de la ciudad de Cuautla, a las 17:00 horas se realizará la Mesa Redonda “Reforma, libertad, justicia y ley”, organizada por el Museo Histórico del Oriente de Morelos, Casa de Morelos. Participarán Édgar Castro Zapata, bisnieto del líder revolucionario y presidente de la Fundación Zapata; Salvador Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, y los especialistas en estudios del zapatismo Laura Espejel López, Francisco Pineda Gómez y Carlos Barreto Mark, bajo la moderación de María Isabel Campos Goenaga, directora del Centro INAH Morelos.

Atemporalidad del movimiento zapatista, en 40 fotografías

“¡Zapata vive, la lucha sigue!”, es una consigna que demuestra la persistencia en la mentalidad de los mexicanos, de ese movimiento popular y campesino liderado por el Caudillo del Sur. A un siglo de la infausta emboscada que arrebató la vida a Emiliano Zapata, una exposición conmemora la lucha zapatista a través de imágenes que son, en sí mismas, un relato de su surgimiento, desarrollo y desgaste.

El asesinato hace 100 años de quien fue nombrado de forma amenazadora “Atila del sur”, en la hacienda de Chinameca, debe ser un pretexto para conocer las circunstancias que agobiaban en esa época a las comunidades morelenses, comprender sus demandas y sus derroteros dentro de la gran Revolución Mexicana, motivo principal de la muestra fotográfica El reflejo de la tierra. Los pueblos de Morelos y la Revolución Mexicana.

El historiador Arturo Valencia Islas, curador de la exhibición, señala que el origen de la misma es el Fondo Casasola de la Fototeca Nacional, de la que fue jefe de catalogación. La muestra reúne 40 imágenes poco difundidas de este repositorio del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y puede visitarse hasta el domingo 28 de abril en la Galería de Arte Contemporáneo de la Plaza Moctezuma, antiguo Hotel Moctezuma, en el Centro Histórico de Cuernavaca.



El conjunto visual ofrece un panorama del acontecer de los pueblos de Morelos durante el Porfiriato y su participación activa en el movimiento revolucionario, de ahí que el verdadero protagonista de la exposición, es la colectividad y no tanto la figura emblemática de Emiliano Zapata, precisa el investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

El doctor en Historia explica que el estado de Morelos se había forjado una identidad propia a lo largo del siglo XIX, construyendo formas de organización que no existían en otras regiones agrícolas:


La llegada de Porfirio Díaz a la presidencia en 1876, y sobre todo la construcción de un ramal del ferrocarril que unía al estado con el puerto de Veracruz, había aumentado la presión por la tierra. Los grandes propietarios de haciendas azucareras comenzaron a usurpar las tierras que comunidades y pequeños propietarios agrícolas habían trabajado desde la Colonia generando un ambiente cada vez más violento. Para resistir estos nuevos agravios, los pueblos de Morelos comenzaron a reorganizarse siguiendo sus propias reglas. En muchas de estas comunidades, una nueva generación de dirigentes locales, jóvenes, y cada vez más inconformes llegaron a la jefatura de sus pueblos. Uno de esos nuevos líderes era Emiliano Zapata. La gota que derramó el vaso fue la imposición en 1909, del gobernador Pablo Escandón, político poco preparado y con escaso conocimiento del estado. Bajo esas circunstancias, el inicio de la Revolución Mexicana, un año después, representaría para los pueblos de Morelos, la oportunidad de retomar el control sobre las decisiones locales y la posibilidad de revertir los cambios que habían afectado su forma de vida.


Como narra Arturo Valencia, los zapatistas entraron a la Revolución apoyando al movimiento maderista, como lo muestra una fotografía de 1911, en la que se observa a zapatistas custodiando los carruajes que condujeron a Madero y su comitiva durante su gira por Morelos.


Sin embargo —continúa el especialista—, la urgencia de cambios por parte de los zapatistas, los llevó a separarse rápidamente del maderismo; “a partir de entonces combatirían prácticamente aislados, y aunque eventualmente se aliaron a otras fuerzas revolucionarias como las encabezadas por Francisco Villa, su zona de acción y sus demandas permanecieron ligadas a sus comunidades.


Después de la derrota de los convencionistas, los zapatistas regresarían a su tradicional aislamiento, emprendiendo un largo y doloroso proceso de desgaste que culminaría con el asesinato de Zapata, en 1919


Testimonios de este devenir son fotografías de la avanzada zapatista en los alrededores de Xochimilco; el desayuno de militantes en el restaurante Sanborns, en la Ciudad de México; y no podía faltar el icónico retrato del general Zapata en el cuartel de Cuernavaca.


A pesar de que el movimiento de los pueblos de Morelos no logró los objetivos militares y muchas de las reivindicaciones que se planteó en un comienzo, su lucha se convirtió en un símbolo de la injusticia y de la resistencia de los débiles frente a los poderosos, símbolo que aún persiste dentro de la mentalidad de los mexicanos”, concluye Arturo Valencia Islas.


“El reflejo de la tierra. Los pueblos de Morelos y la Revolución Mexicana” es una muestra que ha contado con el apoyo de la Secretaría de Turismo y Cultura de Morelos. Permanecerá hasta el 28 de abril en la Galería de Arte Contemporáneo de la Plaza Moctezuma (calle Matamoros 20, esquina Santos Degollado, en la capital morelense). De jueves a domingo, de 11:00 a 17:00 horas.


Con la apertura al público de entrevistas hechas a participantes del movimiento liderado por el Caudillo del Sur, la realización de una mesa redonda en la ciudad de Cuautla, Morelos, y la exposición fotográfica El reflejo de la tierra. Los pueblos de Morelos y la Revolución Mexicana, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) conmemorará el centenario luctuoso de Emiliano Zapata, el próximo 10 de abril.

El Archivo Voces Zapatistas, bajo resguardo de la Biblioteca Manuel Orozco y Berra, de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, por primera vez podrá ser consultado a partir del miércoles a través de la página electrónica de la dependencia. Se trata de poco más de centenar y medio de entrevistas de historia oral hechas a miembros del movimiento zapatista, luego de que las cintas magnetofónicas en las que se grabaron fueron sometidas a un proceso de digitalización.

Ese mismo día, en el Teatro Narciso Mendoza, de la ciudad de Cuautla, a las 17:00 horas se realizará la Mesa Redonda “Reforma, libertad, justicia y ley”, organizada por el Museo Histórico del Oriente de Morelos, Casa de Morelos. Participarán Édgar Castro Zapata, bisnieto del líder revolucionario y presidente de la Fundación Zapata; Salvador Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, y los especialistas en estudios del zapatismo Laura Espejel López, Francisco Pineda Gómez y Carlos Barreto Mark, bajo la moderación de María Isabel Campos Goenaga, directora del Centro INAH Morelos.

Atemporalidad del movimiento zapatista, en 40 fotografías

“¡Zapata vive, la lucha sigue!”, es una consigna que demuestra la persistencia en la mentalidad de los mexicanos, de ese movimiento popular y campesino liderado por el Caudillo del Sur. A un siglo de la infausta emboscada que arrebató la vida a Emiliano Zapata, una exposición conmemora la lucha zapatista a través de imágenes que son, en sí mismas, un relato de su surgimiento, desarrollo y desgaste.

El asesinato hace 100 años de quien fue nombrado de forma amenazadora “Atila del sur”, en la hacienda de Chinameca, debe ser un pretexto para conocer las circunstancias que agobiaban en esa época a las comunidades morelenses, comprender sus demandas y sus derroteros dentro de la gran Revolución Mexicana, motivo principal de la muestra fotográfica El reflejo de la tierra. Los pueblos de Morelos y la Revolución Mexicana.

El historiador Arturo Valencia Islas, curador de la exhibición, señala que el origen de la misma es el Fondo Casasola de la Fototeca Nacional, de la que fue jefe de catalogación. La muestra reúne 40 imágenes poco difundidas de este repositorio del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y puede visitarse hasta el domingo 28 de abril en la Galería de Arte Contemporáneo de la Plaza Moctezuma, antiguo Hotel Moctezuma, en el Centro Histórico de Cuernavaca.



El conjunto visual ofrece un panorama del acontecer de los pueblos de Morelos durante el Porfiriato y su participación activa en el movimiento revolucionario, de ahí que el verdadero protagonista de la exposición, es la colectividad y no tanto la figura emblemática de Emiliano Zapata, precisa el investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

El doctor en Historia explica que el estado de Morelos se había forjado una identidad propia a lo largo del siglo XIX, construyendo formas de organización que no existían en otras regiones agrícolas:


La llegada de Porfirio Díaz a la presidencia en 1876, y sobre todo la construcción de un ramal del ferrocarril que unía al estado con el puerto de Veracruz, había aumentado la presión por la tierra. Los grandes propietarios de haciendas azucareras comenzaron a usurpar las tierras que comunidades y pequeños propietarios agrícolas habían trabajado desde la Colonia generando un ambiente cada vez más violento. Para resistir estos nuevos agravios, los pueblos de Morelos comenzaron a reorganizarse siguiendo sus propias reglas. En muchas de estas comunidades, una nueva generación de dirigentes locales, jóvenes, y cada vez más inconformes llegaron a la jefatura de sus pueblos. Uno de esos nuevos líderes era Emiliano Zapata. La gota que derramó el vaso fue la imposición en 1909, del gobernador Pablo Escandón, político poco preparado y con escaso conocimiento del estado. Bajo esas circunstancias, el inicio de la Revolución Mexicana, un año después, representaría para los pueblos de Morelos, la oportunidad de retomar el control sobre las decisiones locales y la posibilidad de revertir los cambios que habían afectado su forma de vida.


Como narra Arturo Valencia, los zapatistas entraron a la Revolución apoyando al movimiento maderista, como lo muestra una fotografía de 1911, en la que se observa a zapatistas custodiando los carruajes que condujeron a Madero y su comitiva durante su gira por Morelos.


Sin embargo —continúa el especialista—, la urgencia de cambios por parte de los zapatistas, los llevó a separarse rápidamente del maderismo; “a partir de entonces combatirían prácticamente aislados, y aunque eventualmente se aliaron a otras fuerzas revolucionarias como las encabezadas por Francisco Villa, su zona de acción y sus demandas permanecieron ligadas a sus comunidades.


Después de la derrota de los convencionistas, los zapatistas regresarían a su tradicional aislamiento, emprendiendo un largo y doloroso proceso de desgaste que culminaría con el asesinato de Zapata, en 1919


Testimonios de este devenir son fotografías de la avanzada zapatista en los alrededores de Xochimilco; el desayuno de militantes en el restaurante Sanborns, en la Ciudad de México; y no podía faltar el icónico retrato del general Zapata en el cuartel de Cuernavaca.


A pesar de que el movimiento de los pueblos de Morelos no logró los objetivos militares y muchas de las reivindicaciones que se planteó en un comienzo, su lucha se convirtió en un símbolo de la injusticia y de la resistencia de los débiles frente a los poderosos, símbolo que aún persiste dentro de la mentalidad de los mexicanos”, concluye Arturo Valencia Islas.


“El reflejo de la tierra. Los pueblos de Morelos y la Revolución Mexicana” es una muestra que ha contado con el apoyo de la Secretaría de Turismo y Cultura de Morelos. Permanecerá hasta el 28 de abril en la Galería de Arte Contemporáneo de la Plaza Moctezuma (calle Matamoros 20, esquina Santos Degollado, en la capital morelense). De jueves a domingo, de 11:00 a 17:00 horas.

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