/ martes 19 de septiembre de 2017

Dios me puso en el momento adecuado

No es obra de la casualidad lo que pasó aquella mañana, era midestino.

ÓSCAR GARAGUI

A 32 años del sismo que sacudió la Ciudad de México en una delas más grandes tragedias que ha vivido el país, el rescatistaMarcos Efrén Zariñana Guadarrama, “La Pulga”, recuerda, comosi hubiera sido ayer el momento que vivió en ese trágico eventodonde logró rescatar a un total de 27 personas.

“Dios me puso ahí, no es casualidad que justo cuandoiba entrando el autobús a la Ciudad de México a recoger mi kit decorredor, empezó el temblor y lo demás, ya todos lo saben”,relató.

El rescatista recuerda a detalle lo sucedido la mañana deaquél 19 de septiembre de 1985 “llegaba a la capital en elautobús a recoger mi paquete del corredor porque me habíainscrito para participar en el maratón, cuando de repente elautobús empezó a hacer ciertos movimiento; pensé que el choferestaba dando enfrenones o algo así, pero al poco tiempo losmovimientos del autobús cambiaron y empezó a ladearse, parecíauna lancha.

“Fue cuando me di cuenta que estaba temblando.Desperté al amigo que iba dormido a mi lado para avisarle; a pesarde todo, el transporte siguió su marcha a vuelta de rueda rumbo aTaxqueña, porque empezó el caos en toda la ciudad, la gentesalía corriendo de sus casas, ya era una escena dantesca ante losojos de quienes íbamos en el autobús”, expresó.

Empezaba la pesadilla y su andar comorescatista

En ese momento Zariñana Guadarrama todavía no seimaginaba la magnitud de la tragedia. “Al bajar del autobúsempecé a caminar y a descubrir lo que había pasado. Ante mis ojosestaba lo más terrible que había presenciado en mi vida”,señaló.

“Y no lo pensé, me dirigí a los lugares donde habíaderrumbes para ver en qué podía ayudar”, declaró.

Para ese entonces La Pulga, conocido así en su natal Cuautlapor su baja estatura desde que cursaba la primaria, se avocó arescatar gente, olvidándose del motivo de su visita a la capitalde la nación.

“Lo primero que vi fue como un puente peatonalmetálico prácticamente detenía el hotel Finisterre que se habíasumido en su primer piso y había quedado al ras de la banqueta;ahí me di cuenta de la magnitud de todo”, narró.

Refirió que de ese lugar salieron los gritos desesperados deuna pareja que no había tenido tiempo ni de vestirse cuando fueronsorprendidos por el terremoto. “Los aplastaba una pesada trabe deun metro de alto por 40 de ancho; ahí estaban en una cama, y enotra un señor con su esposa abrazándola y sus tres niñas;desafortunadamente ellas estaban muertas".

“El señor estaba con el brazo prensado por la pesadatrabe, por lo que tuve que amputárselo y ponerle un torniquetepara sacarlo del lugar con la autorización del comandante queestaba al frente de la misión de rescate, pues, él fue quien mefacilitó una segueta para hacer el corte del brazo y sacarlo convida para llevarlo al hospital”.

No era un improvisado, tenía estudios deparamédico Esas mismas acciones se multiplicaron envarios edificios capitalinos que sucumbieron al movimientotelúrico de 8.1 grados de la escala Richter.

“Es difícil hablar y explicar todo, me gana todavíala emoción por ver tanta tragedia”, dice mientras se limpia laslágrimas y sacude la nariz. “En total rescatamos en ese sismo 27personas, todos sobrevivientes”, declaró.

Para hacer tal labor, Marcos Efrén no era ningún improvisadoen la materia, contaba con estudios de la licenciatura en Teologíaque realizó en la Universidad de Montemorelos, Nuevo León, de1970 a 1976, donde tuvo sus primeros aprendizajes comoparamédico... ahí desde el segundo año nosdaban principios de salud, fisioterapia y primeros auxilios; entercero salud pública y traumatología, afortunadamente tuveexcelentes calificaciones en esas materias, y lo avala micertificado”, indicó. De igual manera, estuvo dos mesesen la Cruz Roja capacitándose como paramédico, donde se recibiójusto cuatro días antes del temblor, el 15 de septiembre de1985.

No fue obra de la casualidad Con estudios depastor, el entrevistado aseguró que lo ocurrido ese año, supresencia en el lugar y a la hora del terremoto, no fue una obraazarosa.

“No fue casualidad, Dios me puso ahí porque teníapreparado eso en mi destino, estoy seguro que Él ya me tenía unplan, un programa de vida ¿Cuándo se iban a imaginar que alguiencomo yo, que vendía papas y gorras en Cuautla como ambulante, ibaa volar en aviones último modelo sin pagar un peso en pasajes,claro, para ir en apoyo de tanta gente en las tragedias naturales?¡nunca! eso lo tiene preparado Dios, todos tenemos un destino”,relató.

Conocido en todo el mundo Dijo que durante suvida de rescatista, visitó al menos nueve países entre los quemencionó El Salvador, 1986; Estados Unidos, 1987, donde fue endiferentes eventos tres veces a Los Ángeles, en 1989 en SanFrancisco; posteriormente, en Colombia, Managua en Nicaragua,Venezuela, e incluso, en Turquía, donde rescató a una niña.

“De todas esas visitas en apoyo, me han validoinfinidad de reconocimientos”, puntualizó La Pulga, quien estamañana en recuerdo de aquél trágico terremoto será reconocidoen el Cetis 12 de Jiutepec.

No es obra de la casualidad lo que pasó aquella mañana, era midestino.

ÓSCAR GARAGUI

A 32 años del sismo que sacudió la Ciudad de México en una delas más grandes tragedias que ha vivido el país, el rescatistaMarcos Efrén Zariñana Guadarrama, “La Pulga”, recuerda, comosi hubiera sido ayer el momento que vivió en ese trágico eventodonde logró rescatar a un total de 27 personas.

“Dios me puso ahí, no es casualidad que justo cuandoiba entrando el autobús a la Ciudad de México a recoger mi kit decorredor, empezó el temblor y lo demás, ya todos lo saben”,relató.

El rescatista recuerda a detalle lo sucedido la mañana deaquél 19 de septiembre de 1985 “llegaba a la capital en elautobús a recoger mi paquete del corredor porque me habíainscrito para participar en el maratón, cuando de repente elautobús empezó a hacer ciertos movimiento; pensé que el choferestaba dando enfrenones o algo así, pero al poco tiempo losmovimientos del autobús cambiaron y empezó a ladearse, parecíauna lancha.

“Fue cuando me di cuenta que estaba temblando.Desperté al amigo que iba dormido a mi lado para avisarle; a pesarde todo, el transporte siguió su marcha a vuelta de rueda rumbo aTaxqueña, porque empezó el caos en toda la ciudad, la gentesalía corriendo de sus casas, ya era una escena dantesca ante losojos de quienes íbamos en el autobús”, expresó.

Empezaba la pesadilla y su andar comorescatista

En ese momento Zariñana Guadarrama todavía no seimaginaba la magnitud de la tragedia. “Al bajar del autobúsempecé a caminar y a descubrir lo que había pasado. Ante mis ojosestaba lo más terrible que había presenciado en mi vida”,señaló.

“Y no lo pensé, me dirigí a los lugares donde habíaderrumbes para ver en qué podía ayudar”, declaró.

Para ese entonces La Pulga, conocido así en su natal Cuautlapor su baja estatura desde que cursaba la primaria, se avocó arescatar gente, olvidándose del motivo de su visita a la capitalde la nación.

“Lo primero que vi fue como un puente peatonalmetálico prácticamente detenía el hotel Finisterre que se habíasumido en su primer piso y había quedado al ras de la banqueta;ahí me di cuenta de la magnitud de todo”, narró.

Refirió que de ese lugar salieron los gritos desesperados deuna pareja que no había tenido tiempo ni de vestirse cuando fueronsorprendidos por el terremoto. “Los aplastaba una pesada trabe deun metro de alto por 40 de ancho; ahí estaban en una cama, y enotra un señor con su esposa abrazándola y sus tres niñas;desafortunadamente ellas estaban muertas".

“El señor estaba con el brazo prensado por la pesadatrabe, por lo que tuve que amputárselo y ponerle un torniquetepara sacarlo del lugar con la autorización del comandante queestaba al frente de la misión de rescate, pues, él fue quien mefacilitó una segueta para hacer el corte del brazo y sacarlo convida para llevarlo al hospital”.

No era un improvisado, tenía estudios deparamédico Esas mismas acciones se multiplicaron envarios edificios capitalinos que sucumbieron al movimientotelúrico de 8.1 grados de la escala Richter.

“Es difícil hablar y explicar todo, me gana todavíala emoción por ver tanta tragedia”, dice mientras se limpia laslágrimas y sacude la nariz. “En total rescatamos en ese sismo 27personas, todos sobrevivientes”, declaró.

Para hacer tal labor, Marcos Efrén no era ningún improvisadoen la materia, contaba con estudios de la licenciatura en Teologíaque realizó en la Universidad de Montemorelos, Nuevo León, de1970 a 1976, donde tuvo sus primeros aprendizajes comoparamédico... ahí desde el segundo año nosdaban principios de salud, fisioterapia y primeros auxilios; entercero salud pública y traumatología, afortunadamente tuveexcelentes calificaciones en esas materias, y lo avala micertificado”, indicó. De igual manera, estuvo dos mesesen la Cruz Roja capacitándose como paramédico, donde se recibiójusto cuatro días antes del temblor, el 15 de septiembre de1985.

No fue obra de la casualidad Con estudios depastor, el entrevistado aseguró que lo ocurrido ese año, supresencia en el lugar y a la hora del terremoto, no fue una obraazarosa.

“No fue casualidad, Dios me puso ahí porque teníapreparado eso en mi destino, estoy seguro que Él ya me tenía unplan, un programa de vida ¿Cuándo se iban a imaginar que alguiencomo yo, que vendía papas y gorras en Cuautla como ambulante, ibaa volar en aviones último modelo sin pagar un peso en pasajes,claro, para ir en apoyo de tanta gente en las tragedias naturales?¡nunca! eso lo tiene preparado Dios, todos tenemos un destino”,relató.

Conocido en todo el mundo Dijo que durante suvida de rescatista, visitó al menos nueve países entre los quemencionó El Salvador, 1986; Estados Unidos, 1987, donde fue endiferentes eventos tres veces a Los Ángeles, en 1989 en SanFrancisco; posteriormente, en Colombia, Managua en Nicaragua,Venezuela, e incluso, en Turquía, donde rescató a una niña.

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