Mi mamá me dijo

El Sol de Cuautla

  · jueves 11 de mayo de 2017

Por Flavia Lucila DomínguezVergara. Del taller impartido en Cuautla por pazMatilde Osorio Revilla.

Qué inesperado suceso de la muerte de su madre, uncinco de febrero del año de 1941. Fue como un rayo en seco, cuandoapenas las nubes comienzan a llegar al medio cielo.

Entonces, ella tenía once años y su hermana iba acumplir nueve. Después de desayunar habían ido a la escuelaprimaria ubicada en el centro de la comunidad de Huitchila, a laque llegaban en una carrera de un poco más de un kilómetro. Seiban y regresaban corriendo, porque si lo hacían caminando hacíanmás tiempo y creían que la escuela estaba más lejos.

Sobre el camino de tierra había hormigueros de esashormigas rojas que, enojadas se suben a los pies de quienes caminanlento, causándoles fuertes molestias; pues sus piquetes son muydolorosos.

A mediodía, en su carrera de regreso a casa, mimamá y su hermana, observaron desde antes de cruzar la secabarranquilla atravesada en el camino, que algo raro pasaba en sucasa; al llegar vieron tendido el cadáver de su madre, rodeado porparientas y vecinas que llorosas; muy comedidas les explicaron quesu mamá había muerto del corazón.

Fue un hecho sorpresivo para ellas, para sus cuatrohermanos mayores. No faltó el pariente o amigo que saliera agalope, a avisarle a mi abuelo el deceso de su mujer.

Mi abuelo, al fin hombre de su tiempo y hombre degusto, se encontraba celebrando la fiesta de toros enTlaquiltenango, Morelos, en la feria de la virgen de “LaCandelaria”, patrona de ese pueblo.

Mi mamá me dijo que aquel día no comió, nisiquiera supo si hubo comida. No quiso despegarse de su madre y alcaer la tarde, antes de que el sol se metiera, colocaron el cuerposin vida de su progenitora, sobre un armón asignado a la cuadrillade rieleros de la Estación de Ferrocarril en Huitchila.

Mi madre, su desconsolada hermana y otras mujeres, sesentaron en las orillas del armón alrededor del cuerpo. Hombresrieleros lo empujaron y avanzó sobre las vías, seguido porpersonas que caminaron sobre los durmientes y el balastro de lavía, con dirección a la Estación del tren en Pastor, donde losesperaban parientes y amistades con una camilla hecha de morillosde madera y cuilotes para trasladar el cadáver en andas y enprocesión a la casa de Tepalcingo, donde sería velado parasepultarlo al día siguiente.

Mi mamá me dijo más de una vez, que ella no quedóconvencida de que su madre hubiese muerto. Porque a pesar de queaseguraron que su cuerpo ya no tenía signos vitales, el rostro desu madre no tenía aspecto cadavérico; parecía estar viva,parecía estar durmiendo un sueño profundo, con la sonrisa amabley amorosa como cuando estaba tranquila, como cuando por última vezles peinara sus cabellos para que se fueran a la escuela.

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