/ miércoles 29 de julio de 2020

[Nosotras] La adversidad la convirtió en una gran emprendedora

Abril Postres no sólo es el nombre de un proyecto de emprendimiento femenino, sino es la historia de una vida de lucha y esperanza por el porvenir

Es una noche de julio en medio de esta pandemia y, afuera de una tienda de autoservicio, la lluvia amenaza con caer de un momento a otro, pero eso no parece importarle a una joven mujer que pregunta: “¿No compra un cheescake?”.

Así inicia una conversación que se prolonga hasta que la llovizna se deja sentir en el municipio de Jiutepec; y luego, con otra interlocutora, se reanuda al día siguiente.

Cortesía | Pexeles

Dublín nació en el mes de abril, y su historia como emprendedora inicia luego de pasar durante diez años por 33 empleos. "Tenía suerte, siempre me contrataban. Me ha gustado aprender cosas nuevas".

Luego, entró a trabajar a una pollería. "Ahí conocí al que, más tarde, sería el papá de mi hija. Iniciamos una relación de dos meses de noviazgo y, al tercer mes, nos casamos porque ya llevábamos siete meses de amistad; luego me embaracé”.

La voz de Dublín se quiebra al recordar que, a los seis meses de embarazo, recibió una agresión física: “Son cosas del pasado que, cuando las platicas, es volver”. Con tristeza, recuerda que ese día su pareja la golpeó en la cara, los muslos e, incluso, la intentó ahorcar.

"¡Yo a él lo amaba; yo lo adoraba!. La verdad es que cuando vienes de una familia disfuncional, eso mismo se hereda. Llegas a creer que el aguantar golpes es amar. Yo no entendía eso: ¿cómo amar a alguien que me estaba tratando mal físicamente, emocionalmente, económicamente?"

Ahora, agradece que esa agresión no haya lastimado a su bebé. Fue con ella con quien regresó a casa de sus padres, aunque sólo por unos meses, ya que la relación de codependencia en la que se encontraba la hizo intentar recuperar su idea de familia..

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El trabajo soñado

Dublín sólo estudió hasta la secundaria, y sus opciones laborales eran limitadas; quería estudiar Auxiliar Administrativo, por lo que luego no dudó en aceptar.

"Esa empresa, sin yo tener el conocimiento, me abrió las puertas. Estaba encantada, porque era una oficina; las prestaciones, el jefe, el ambiente laboral, el compañerismo".

Como es lógico, compartió la buena noticia con su pareja, y le hizo notar que ésa implicaba una buena oportunidad de salir adelante como familia. Aparentemente, su pareja la apoyó, pero un día, sus celos y conductas machistas aparecieron de la peor forma.

Exigen frenar la violencia contra mujeres

Si sabes cómo soy, para qué le buscas”

“Olvidé mi celular en mi casa, él me llamó y no contesté, entonces me acusó de estar con alguien más. A pesar de que le expliqué, él estaba molesto; no me dejaba hablar. Le dije que habláramos en la casa, pero insistió y, entonces, le dejé de contestar las llamadas en la oficina. Una hora antes de mi salida, se presentó, borracho. Me dijo ‘¿No vas a salir?’, y yo le dije ‘No’. Entonces tomó mi computadora y la aventó. Yo no podía creer lo que estaba pasando. El jefe de piso le pidió que por favor saliera”.

Llena de miedo y vergüenza por lo ocurrido, Dublín atendió la instrucción de su superior de “arreglar las cosas con su pareja”. Salió de la oficina y se dirigió a casa de su mamá, donde se encontraba su hija. Llegó, disimuló, abrazó a su niña. Después, acudió al encuentro con su agresor.

"Yo sé que no debí haber ido, pero conociéndolo como una persona violenta y agresiva, tenía miedo por mi familia y mi hija. Llego, y escucho que le sube todo el volumen al estéreo, entonces le dije ‘¿Qué pasa’. En ese momento empiezo a recibir los golpes. Le dije ‘detente’, pero él no lo hizo y cuestionó ‘¿Te crees mejor que yo?’.

Mencionó que en ese tiempo ambos ganaban lo mismo, pero él se sentía inferior. Eso fue algo que ella comprendió con el tiempo y la distancia.

"Me pegó, me agredió. Intenté escapar, pero él agarró dos cuchillos que estaban sobre el anaquel y fue cuando me los enseña ‘¿A dónde vas?’. Veo el cuchillo y con mis manos lo intento detener. En ese momento, me encomendé a Dios, le pedí que cuidara a mi hija, a mi familia".

Quizá lo alto del volumen del estéreo provocó que el casero subiera a ver qué ocurría y reclamara; sin embargo, a pesar de que vio a Dublín lastimada, no hizo nada, sólo advertir que se bajara el volumen para luego dar la vuelta e irse. Dublín aprovechó la pausa para tratar de tranquilizar la situación. Luego, su pareja tomó el cuchillo, se lo entregó a ella y le pidió: “¡Mátame!”. No lo hizo.

Agredida, sin trabajo, sin dinero

En medio del caos, Dublín tomó un taxi, llegó a casa de sus papás, ocultó lo ocurrido y se fue a dormir. Fue hasta el otro día cuando su hermano la vio, la cuestionó y le pidió denunciar. Así lo hizo, pero la denuncia no prosperó, y sólo le pusieron seguridad por 30 días.

"Me quedé sin trabajo. Empecé a buscar, dejé solicitudes. Busqué de recepcionista, en los tacos, de aseo de casas, pero nadie".

Desesperada ante la necesidad, comenta que una amiga aceptó que hiciera la limpieza a cambio de 250 pesos. Su amiga vendía flanes, arroz con leche y carlota, por lo que Dublín le pidió que le enseñara para lograr tener otra fuente de ingresos.

Ante la adversidad: Cambio de estrategia

Durante dos meses, sobrevivió haciendo esos postres, pero luego decidió hacer su propio producto e intentó con los “cheesecake”. A fuerza de ensayo y error, quedó satisfecha con el resultado.

"Antes de esta situación de la pandemia, yo vendía de 40 a 50 al día, me iba súper bien, y me dije ‘primero Dios voy a abrir mi cafetería’, pero vino esta situación y me llené de negatividad. Vendía entre ocho y nueve. Súper poquito, luego de esos días, me dije ‘Tengo que cambiar de estrategia’ porque mi hija tiene que comer".

Así, se animó a trabajar por pedidos, y elaboró tarjetas, para entregar con cada uno a fin de hacer autopromoción. Otro obstáculo que tuvo que librar fue la restricción que existe en varios establecimientos para el ingreso de menores, ya que no puede acudir con su hija, y no tiene quién se la cuide.

"Lo que hacía es que me iba a los fraccionamientos, y edificios. Entregué mis tarjetas y es así como me han realizado pedidos, incluso para bodas. Me siento muy satisfecha, pasé por un momento muy negro; pensé ‘¿Cómo voy a sobrevivir si nadie me da trabajo?’".

Dublín prefiere el nombre de Abril. Con él, la gente no se confunde con “Dubai”, “Rubí” u otro similar, por eso, así bautizó a su proyecto que avanza contra toda adversidad y el cual espera sea cobijado por la empatía social.


Dublín Aragón / Contacto en Facebook: Abril Postres



Es una noche de julio en medio de esta pandemia y, afuera de una tienda de autoservicio, la lluvia amenaza con caer de un momento a otro, pero eso no parece importarle a una joven mujer que pregunta: “¿No compra un cheescake?”.

Así inicia una conversación que se prolonga hasta que la llovizna se deja sentir en el municipio de Jiutepec; y luego, con otra interlocutora, se reanuda al día siguiente.

Cortesía | Pexeles

Dublín nació en el mes de abril, y su historia como emprendedora inicia luego de pasar durante diez años por 33 empleos. "Tenía suerte, siempre me contrataban. Me ha gustado aprender cosas nuevas".

Luego, entró a trabajar a una pollería. "Ahí conocí al que, más tarde, sería el papá de mi hija. Iniciamos una relación de dos meses de noviazgo y, al tercer mes, nos casamos porque ya llevábamos siete meses de amistad; luego me embaracé”.

La voz de Dublín se quiebra al recordar que, a los seis meses de embarazo, recibió una agresión física: “Son cosas del pasado que, cuando las platicas, es volver”. Con tristeza, recuerda que ese día su pareja la golpeó en la cara, los muslos e, incluso, la intentó ahorcar.

"¡Yo a él lo amaba; yo lo adoraba!. La verdad es que cuando vienes de una familia disfuncional, eso mismo se hereda. Llegas a creer que el aguantar golpes es amar. Yo no entendía eso: ¿cómo amar a alguien que me estaba tratando mal físicamente, emocionalmente, económicamente?"

Ahora, agradece que esa agresión no haya lastimado a su bebé. Fue con ella con quien regresó a casa de sus padres, aunque sólo por unos meses, ya que la relación de codependencia en la que se encontraba la hizo intentar recuperar su idea de familia..

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El trabajo soñado

Dublín sólo estudió hasta la secundaria, y sus opciones laborales eran limitadas; quería estudiar Auxiliar Administrativo, por lo que luego no dudó en aceptar.

"Esa empresa, sin yo tener el conocimiento, me abrió las puertas. Estaba encantada, porque era una oficina; las prestaciones, el jefe, el ambiente laboral, el compañerismo".

Como es lógico, compartió la buena noticia con su pareja, y le hizo notar que ésa implicaba una buena oportunidad de salir adelante como familia. Aparentemente, su pareja la apoyó, pero un día, sus celos y conductas machistas aparecieron de la peor forma.

Exigen frenar la violencia contra mujeres

Si sabes cómo soy, para qué le buscas”

“Olvidé mi celular en mi casa, él me llamó y no contesté, entonces me acusó de estar con alguien más. A pesar de que le expliqué, él estaba molesto; no me dejaba hablar. Le dije que habláramos en la casa, pero insistió y, entonces, le dejé de contestar las llamadas en la oficina. Una hora antes de mi salida, se presentó, borracho. Me dijo ‘¿No vas a salir?’, y yo le dije ‘No’. Entonces tomó mi computadora y la aventó. Yo no podía creer lo que estaba pasando. El jefe de piso le pidió que por favor saliera”.

Llena de miedo y vergüenza por lo ocurrido, Dublín atendió la instrucción de su superior de “arreglar las cosas con su pareja”. Salió de la oficina y se dirigió a casa de su mamá, donde se encontraba su hija. Llegó, disimuló, abrazó a su niña. Después, acudió al encuentro con su agresor.

"Yo sé que no debí haber ido, pero conociéndolo como una persona violenta y agresiva, tenía miedo por mi familia y mi hija. Llego, y escucho que le sube todo el volumen al estéreo, entonces le dije ‘¿Qué pasa’. En ese momento empiezo a recibir los golpes. Le dije ‘detente’, pero él no lo hizo y cuestionó ‘¿Te crees mejor que yo?’.

Mencionó que en ese tiempo ambos ganaban lo mismo, pero él se sentía inferior. Eso fue algo que ella comprendió con el tiempo y la distancia.

"Me pegó, me agredió. Intenté escapar, pero él agarró dos cuchillos que estaban sobre el anaquel y fue cuando me los enseña ‘¿A dónde vas?’. Veo el cuchillo y con mis manos lo intento detener. En ese momento, me encomendé a Dios, le pedí que cuidara a mi hija, a mi familia".

Quizá lo alto del volumen del estéreo provocó que el casero subiera a ver qué ocurría y reclamara; sin embargo, a pesar de que vio a Dublín lastimada, no hizo nada, sólo advertir que se bajara el volumen para luego dar la vuelta e irse. Dublín aprovechó la pausa para tratar de tranquilizar la situación. Luego, su pareja tomó el cuchillo, se lo entregó a ella y le pidió: “¡Mátame!”. No lo hizo.

Agredida, sin trabajo, sin dinero

En medio del caos, Dublín tomó un taxi, llegó a casa de sus papás, ocultó lo ocurrido y se fue a dormir. Fue hasta el otro día cuando su hermano la vio, la cuestionó y le pidió denunciar. Así lo hizo, pero la denuncia no prosperó, y sólo le pusieron seguridad por 30 días.

"Me quedé sin trabajo. Empecé a buscar, dejé solicitudes. Busqué de recepcionista, en los tacos, de aseo de casas, pero nadie".

Desesperada ante la necesidad, comenta que una amiga aceptó que hiciera la limpieza a cambio de 250 pesos. Su amiga vendía flanes, arroz con leche y carlota, por lo que Dublín le pidió que le enseñara para lograr tener otra fuente de ingresos.

Ante la adversidad: Cambio de estrategia

Durante dos meses, sobrevivió haciendo esos postres, pero luego decidió hacer su propio producto e intentó con los “cheesecake”. A fuerza de ensayo y error, quedó satisfecha con el resultado.

"Antes de esta situación de la pandemia, yo vendía de 40 a 50 al día, me iba súper bien, y me dije ‘primero Dios voy a abrir mi cafetería’, pero vino esta situación y me llené de negatividad. Vendía entre ocho y nueve. Súper poquito, luego de esos días, me dije ‘Tengo que cambiar de estrategia’ porque mi hija tiene que comer".

Así, se animó a trabajar por pedidos, y elaboró tarjetas, para entregar con cada uno a fin de hacer autopromoción. Otro obstáculo que tuvo que librar fue la restricción que existe en varios establecimientos para el ingreso de menores, ya que no puede acudir con su hija, y no tiene quién se la cuide.

"Lo que hacía es que me iba a los fraccionamientos, y edificios. Entregué mis tarjetas y es así como me han realizado pedidos, incluso para bodas. Me siento muy satisfecha, pasé por un momento muy negro; pensé ‘¿Cómo voy a sobrevivir si nadie me da trabajo?’".

Dublín prefiere el nombre de Abril. Con él, la gente no se confunde con “Dubai”, “Rubí” u otro similar, por eso, así bautizó a su proyecto que avanza contra toda adversidad y el cual espera sea cobijado por la empatía social.


Dublín Aragón / Contacto en Facebook: Abril Postres



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