Michelle Onofre

  / martes 14 de mayo de 2019

La violencia crónica y las crónicas violentas

La avalancha en el país de trágicos acontecimientos, ha fijado en la ciudadanía una creciente incertidumbre sobre sus gobernantes; la principal preocupación de los mexicanos ha dejado de ser educación, economía o la simple realización de cualquier meta, hoy estamos más preocupados por nuestras vidas, seguridad propia y de nuestros seres queridos.

En México ya no existe región ajena a esta situación, quizá los acontecimientos más difundidos y mediáticos generen atención en entidades federativas específicas; pero hasta ahora nadie escapa a la agobiante inseguridad instalada a lo largo y ancho del territorio nacional.

Nadie está seguro, en ningún lugar, basta recordar hace poco más de 2 semanas a Aideé Mendoza estudiante de 18 años, quien recibió una bala mientras tomaba su clase de matemáticas en el aula P del Colegio de Ciencias y Humanidades Oriente perteneciente a la UNAM en la CDMX; el suceso desnudó la terrible violencia e inseguridad en planteles. A muchos kilómetros al sur en Tlacotepec de Juárez, Puebla, una madre recibió un macabro regalo de 10 de mayo, su hija María de Jesus de 16 años, fue hallada muerta con visibles huellas de tortura.

Morelos no ha sido ajeno a esa terrible condición nacional, el fin de semana Mariana, estudiante de la Universidad Autónoma del Estado fue hallada muerta en Xochitepec; sus sueños, alegría y todo el prometedor futuro quedaron tirados a un costado de la autopista Cuernavaca-Acapulco; su asesino le arrebató todo y camina tranquilamente en algún lugar de nuestro Estado.

En las últimas semanas, la atención nacional fue atraída por el multihomicidio de “los estanques” de Cuautla; luego los asesinatos cometidos por el joven Maximiliano “N” en pleno zócalo de la capital y ante decenas de testigos, el más el reciente ataque al autobús de traslado de personal del Centro Femenil de Reinserción Social de Michapa ocurrido en Puente de Ixtla, donde fallecieron cinco personas y resultaron lesionadas otras cinco.

De los dos primeros sucesos ya hay detenidos sin embargo, informes sobre la procedencia de las armas homicidas exigen una explicación y acción de la Fiscalía General, el arma utilizada en el ataque realizado en el centro de Cuernavaca, fue puesta a disposición del Ministerio Público desde 2017 como parte de un procedimiento al haber sido utilizada en servicio por un policía para frustrar un asalto, el hecho es inaudito y deberá ser ampliamente investigado y explicado.

La violencia en México es crónica y ha rebasado no solo a nuestros gobiernos, sino a todos como sociedad; es momento de recapitular, hacer una real autocrítica, los opositores políticos del gobierno federal parecen disfrutar la posibilidad del colapso, a pesar de ser directamente responsables de la situación actual, ignorando que hoy en día se trata de construir, entendiendo que el combate a la delincuencia requiere de un frente amplio.

Ya no se trata sólo de policías honestos y un sistema judicial efectivo, también se requiere combatir la enorme brecha de desigualdad y corrupción, con especial atención en la pérdida de valores de nuestra sociedad; no se entiende a ciudadanos que claman justicia y seguridad linchando a presuntos delincuentes; el camino equivocado solo provocará aproximarnos a un punto sin retorno. De no ver las raíces del problema, siempre habrá un Maximiliano dispuesto a mancharse las manos de sangre y siempre habrá un arma para que así sea.

La avalancha en el país de trágicos acontecimientos, ha fijado en la ciudadanía una creciente incertidumbre sobre sus gobernantes; la principal preocupación de los mexicanos ha dejado de ser educación, economía o la simple realización de cualquier meta, hoy estamos más preocupados por nuestras vidas, seguridad propia y de nuestros seres queridos.

En México ya no existe región ajena a esta situación, quizá los acontecimientos más difundidos y mediáticos generen atención en entidades federativas específicas; pero hasta ahora nadie escapa a la agobiante inseguridad instalada a lo largo y ancho del territorio nacional.

Nadie está seguro, en ningún lugar, basta recordar hace poco más de 2 semanas a Aideé Mendoza estudiante de 18 años, quien recibió una bala mientras tomaba su clase de matemáticas en el aula P del Colegio de Ciencias y Humanidades Oriente perteneciente a la UNAM en la CDMX; el suceso desnudó la terrible violencia e inseguridad en planteles. A muchos kilómetros al sur en Tlacotepec de Juárez, Puebla, una madre recibió un macabro regalo de 10 de mayo, su hija María de Jesus de 16 años, fue hallada muerta con visibles huellas de tortura.

Morelos no ha sido ajeno a esa terrible condición nacional, el fin de semana Mariana, estudiante de la Universidad Autónoma del Estado fue hallada muerta en Xochitepec; sus sueños, alegría y todo el prometedor futuro quedaron tirados a un costado de la autopista Cuernavaca-Acapulco; su asesino le arrebató todo y camina tranquilamente en algún lugar de nuestro Estado.

En las últimas semanas, la atención nacional fue atraída por el multihomicidio de “los estanques” de Cuautla; luego los asesinatos cometidos por el joven Maximiliano “N” en pleno zócalo de la capital y ante decenas de testigos, el más el reciente ataque al autobús de traslado de personal del Centro Femenil de Reinserción Social de Michapa ocurrido en Puente de Ixtla, donde fallecieron cinco personas y resultaron lesionadas otras cinco.

De los dos primeros sucesos ya hay detenidos sin embargo, informes sobre la procedencia de las armas homicidas exigen una explicación y acción de la Fiscalía General, el arma utilizada en el ataque realizado en el centro de Cuernavaca, fue puesta a disposición del Ministerio Público desde 2017 como parte de un procedimiento al haber sido utilizada en servicio por un policía para frustrar un asalto, el hecho es inaudito y deberá ser ampliamente investigado y explicado.

La violencia en México es crónica y ha rebasado no solo a nuestros gobiernos, sino a todos como sociedad; es momento de recapitular, hacer una real autocrítica, los opositores políticos del gobierno federal parecen disfrutar la posibilidad del colapso, a pesar de ser directamente responsables de la situación actual, ignorando que hoy en día se trata de construir, entendiendo que el combate a la delincuencia requiere de un frente amplio.

Ya no se trata sólo de policías honestos y un sistema judicial efectivo, también se requiere combatir la enorme brecha de desigualdad y corrupción, con especial atención en la pérdida de valores de nuestra sociedad; no se entiende a ciudadanos que claman justicia y seguridad linchando a presuntos delincuentes; el camino equivocado solo provocará aproximarnos a un punto sin retorno. De no ver las raíces del problema, siempre habrá un Maximiliano dispuesto a mancharse las manos de sangre y siempre habrá un arma para que así sea.

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