/ viernes 11 de octubre de 2019

Figurilla olmeca: hombre gordo o baby face

Entre los años 1200 a 1000 a. C. los grupos mesoamericanos se transformaron de sociedades igualitarias a sociedades jerarquizadas

La colocación de una figurilla como ofrenda en un bulto mortuorio compuesto por varios individuos, es un signo claro de los enormes cambios que vivieron las sociedades mesoamericanas durante los años 1200 a 1000 a.C. Donde una nueva clase comenzaba a sobresalir, como dirigentes permanentes de sus comunidades. Para esto, se valieron de una novedosa forma para transmitir información, la cultura olmeca.

Entre los años 1200 a 1000 a. C., periodo que los arqueólogos consideramos ubicado a finales del Preclásico Temprano e inicio del Preclásico Medio, los grupos mesoamericanos se transformaron de sociedades igualitarias a sociedades jerarquizadas. Es durante el Preclásico Temprano (2500 – 1000) que surgieron las primeras aldeas, fue desarrollada la alfarería, se consolidaron las rutas de intercambio que se comenzaron desde el arcaico y, sobre todo, cristalizó el pensamiento mágico religioso que definirá a Mesoamérica a lo largo de su devenir. Y, si algo caracterizó a este periodo es la relativa homogeneidad cultural en toda Mesoamérica, pues existió una gran similitud en las formas y decoración de sus vasijas, así como en la factura de las figurillas cerámicas y los temas representados en ellas, por supuesto sin dejar de reconocer la presencia de una variabilidad regional.

Son estas figurillas cerámicas y, en general, los tres grandes temas que representan, las que nos permiten acercarnos a la religiosidad y forma de organización social de estos grupos. Sobresale el culto a la fertilidad, ya que en la mayoría de los casos se trata de la representación de mujeres en diferentes estadios, desde las núbiles hasta las mujeres adultas e inclusive ancianas, algunas con los atributos sexuales secundarios relativamente exagerados, como son las caderas anchas y senos erguidos; otras presentan un estado avanzado de embarazo o bien cargan niños de pecho (figura 1). Es muy probablemente que, por medio de magia por similitud, se tratara de favorecer el nacimiento de niños a través de la constante repetición de figurillas de madres. Así mismo, pudieron servir como marcadores de rito de paso para las mujeres, tanto al inicio de su etapa fértil como el final del mismo. No debemos de olvidar que la tierra misma fue considerada “femenina”, así que muchas de estas figurillas se relacionan con la fertilidad de la tierra.

Cerámica del Preclásico Temprano Inferior. 1500 —1200 a.C. / MUSEO REGIONAL CUAUHNÁHUAC

Un segundo grupo de figurillas corresponden a las representaciones de personajes que tenían una gran importancia en el desarrollo de la comunidad. Los chamanes, puesto era ocupado por personas de ambos sexos, eran quienes ponían en contacto a su grupo social con la sobrenaturaleza y las figurillas se distinguen por llevar un complejo conjunto de elementos, tales como sombreros, espejos, bolsas, tocados y báculos. Muchos de ellos están contorsionados, es decir, los muestran en estado de éxtasis en alguno de los rituales que les permitían contactar con los sobrenaturales. Podemos observar dentro de este grupo de figurillas a personajes obesos y asexuados, tema que será retomado por el código de representación olmeca posteriormente.

Otras figurillas muestran a adultos con bolas de hule en sus manos y portando un máxtlatl, los cuales son considerados jugadores de pelota (figura 2), lo que nos permite establecer que, si bien se trataba de sociedades igualitarias, dentro de la comunidad existían diferencias asociadas al estatus.

Figurillas del Preclásio Temprano Inferior. 1500 — 1200 a.C. / MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

Por último, se encuentran las representaciones de entidades sobrenaturales, tales como personas con dos cabezas o tres rostros, y que muy probablemente están relacionadas con un culto incipiente a ancestros que se remontan a tiempos míticos y que tenían características supra humanas (figura 3). Estas figurillas permiten plantear que debió de haber algún tipo de comunicación con estas entidades a través de sus reproducciones, un ejemplo más de magia por similitud.

Figurilla del Preclásico Temprano Inferior. 1500 — 1200 a.C. Representa a un Chamán. / COLECCIÓN LEOT — VINOT

Hacia finales del Preclásico Temprano, entre los años 1200 a 1000 a. C., observamos la aparición del llamado “estilo olmeca”, es decir, que además de las figurillas cerámicas antes descritas, se tienen otros tipos de figurillas tanto modeladas en cerámicas como esculpidas en piedra verde, además de una serie de motivos decorativos y formas en las vasijas cerámicas inexistentes antes de este momento. Estos personajes y motivos están relacionados a una nueva ideología.

La gran mayoría de las figurillas cerámicas de “estilo olmeca” representan a personajes masculinos, con un modelado anatómicamente más correcto, con cuerpos musculosos y tocados a manera de yelmos o cascos. Las cabezas son alargadas y en muchos casos adquieren forma de pera, lo que se ha considerado la representación de deformación craneal. Los ojos se representan con forma de V invertida, o en forma de avellana. La nariz suele ser corta y ancha. En la mayoría de los casos la boca tiene una forma trapezoidal y suele colocarse con los bordes doblados hacia abajo. Así mismo, comienza a aparecer pequeñas representaciones en piedra de personajes con las mismas características.

Para entender la importancia y la calidad de los cambios, se puede afirmar que se trata de una revolución. Como se dijo anteriormente, durante el Preclásico Temprano hay un discurso homogéneo, con una gran variabilidad regional. Por el contrario, el “estilo olmeca” va a multiplicar los discursos, esto es los mensajes transmitidos a través de las obras que son producto de este nuevo código de comunicación, con un estilo homogéneo, el cual no va a comenzar a mostrar variables regionales, sino hasta que se haya impuesto a la totalidad de la población.

Pese a su gran variabilidad regional, podemos considerar que las manifestaciones del Preclásico Temprano son representaciones “realistas”, aún los personajes “abstractos” tales como los seres duales, ya que son representaciones reales a las cuales se le suman elementos, se les coloca una segunda o tercera cabeza, o se construyen rostros dobles o triples. Así, para expresar que los personajes se encuentran en éxtasis o en un viaje chamánico, los artistas representaron los cuerpos contorsionándose, tal como debió de hacerlo en la vida real el chamán en estado de trance.

FIgurillas de seres fantásticos. Preclásico Temprano Inferior. 1500 — 1200 a.C. / MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA


Por el contrario, el fenómeno olmeca muestra un nivel de abstracción como nunca se había visto en Mesoamérica. Para formar un concepto, se toman elementos tanto de la naturaleza, como completamente abstractos a los cuales se les da un tratamiento estético homogéneo, dando como resultado imágenes completamente nuevas, tales como el “Dragón Olmeca” o el Hombre-jaguar y el Hombre – bebé (baby face), motivo que da pie al presente artículo. Ninguna de estas creaciones tiene un referente natural, ni es el simple añadido de otro miembro, cabeza o torso. Por el contrario, se trata de todo un proceso de formación de un nuevo concepto, el cual está conformado por conocimiento previo y que tiene características completamente diferentes con respecto a los conceptos originales.

Esta capacidad de abstraer diferentes conceptos con el propósito de establecer todo un discurso con una simple imagen, será sin lugar a dudas uno de los grandes legados de la cultura olmeca a Mesoamérica, ya que este proceso de abstracción será retomado por la mayoría de los pueblos que habitaron esta súper área cultural y cada uno formará así su propio medio de comunicación. No sería posible que existiera el Temálacatl de Axayácatl, mejor conocido como “Calendario Azteca” o las pinturas de Bonampak o la Tumba de Huijazoó, si no se hubiera dado este paso crucial en el código de representación olmeca.

Pero, ¿qué es el “estilo olmeca” ?, que también ha sido denominado “Cultura Olmeca”, “Tradición Olmeca” e inclusive “Fenómeno Olmeca”. Si bien hasta el momento se sigue debatiendo este tema, en un principio se pensó que correspondía a una de las culturas más antiguas de Mesoamérica, “la cultura Madre” y, debido a que la mayoría de los grandes monumentos se encuentran en la región de la Costa del Golfo, se propuso que nació entre los estados de Veracruz y Tabasco. Se trataba de un “Gran Imperio Olmeca”, el cual colonizó grandes partes del territorio mesoamericano, ya a través de las rutas de intercambio o la conquista, el cual transmitió o llevó el “estilo olmeca” a regiones tan apartadas como los valles centrales de Oaxaca, las montañas de Guerrero, la cuenca de México, la costa de Chiapas y Guatemala, y Honduras.

Sin embargo, conforme se ha ido avanzando en las investigaciones, especialmente en las áreas externas a la Costa del Golfo, se ha encontrado la presencia de elementos olmecas en lugares contemporáneos a los de la Costa del Golfo. Una explicación considera a la “cultura olmeca” como un producto pluricultural y plurilingüístico, el cual fue consecuencia del nacimiento de clases dirigentes a partir del final del Preclásico Temprano, entre los años 1200 a 1000 a.C. Estas nuevas clases dirigentes utilizaron las rutas de intercambio, que permitieron la comunicación entre los grupos igualitarios, para transmitir un nuevo discurso ideológico marcadamente diferente al anterior. Y quizás el mayor logro cultural de la nueva jerarquía fue que este nuevo discurso es un sistema de comunicación no lingüístico, por lo que no estaba limitado a una sola lengua y permitía transmitir una gran cantidad de información relacionada al culto naciente, los ancestros, los sobrenaturales, la naturaleza y forma del cosmos. Es decir, la transmisión de toda una nueva cosmogonía que, si bien debió tomar como base los conocimientos previos de los grupos sociales, los reinterpretaron con el propósito de justificar la nueva realidad social.

Parte de este discurso ideológico podemos observarlo en una figurilla cerámica recuperada recientemente en una investigación arqueológica en el valle de Chautla. En el valle se pudo encontrar evidencia de ocupación del periodo que nos ocupa, del 1200 — 1000 a.C. No es el propósito del presente artículo hacer una exposición en referencia al contexto arqueológico en el cual se encontró esta figurilla, basta con mencionar que fue parte de la ofrenda de un entierro secundario de varios individuos, que se encontró en un área de enterramiento con más de 80 individuos. El propósito principal es tratar de establecer su posible significado, para lo cual debemos extendernos en tres grandes temas. El primero se refiere a definir lo que se denomina el “Estilo Olmeca”, el segundo, es la definición de la tradición de figurillas que muestran personajes obesos sedentes y que se presentan en los sistemas de representación que son anteriores a lo olmeca. Por último, debemos establecer dentro de los conjuntos más evidentes del código de representación olmeca a qué conjunto pertenece la figurilla y su posible significado.

La figurilla de cerámica es completamente sólida y representa a un personaje sedente, con un cuerpo infantil mientras que el rostro es de un adulto. Lleva a manera de tocado lo que parece ser una piel que le tapa la cabeza y una parte de la misma cae sobre su hombro derecho. La cabeza presenta una forma similar a la de un número ocho, ya que la parte superior es bulbosa y se adelgaza a la altura de la sien y vuelve a ensanchar para mostrar una mandíbula muy prominente con el mentón saliente. No se observa representación de las cejas, a diferencia de la tradición local del Preclásico Temprano, cuyas cejas son un elemento diagnóstico para reconocerlas. Los ojos se realizaron por medio de un punzonado con forma de V invertida. La naríz es aguileña, fina y recta. Las mejillas relativamente grandes no llegan a ser rechonchas, y la boca es pequeña y trapezoidal, sin que las comisuras se doblen hacia abajo. El tronco es el de una persona con una gordura media, sin llegar a una obesidad mórbida, sin embargo, se observa claramente los senos y el abultado abdomen. Al igual que la mayoría de las figurillas con este tipo de representaciones, se muestra asexuado y desnudo.

Las diferencias en el modelado del pie izquierdo y la mano derecha, ocasiona una sensación de tensión y movimiento, lo que genera una fuerte dualidad entre la primera impresión estática de la posición de la figurilla, con la evidente tensión del puño cerrado derecho y la pierna flexionada izquierda Figuras (8, 9 y 10).

Figurilla Tradición C9 Prototipo Vista tres cuartos. Preclásico Temprano Superior. 1200 — 1000 a.C. / CENTRO INAH MORELOS

Figurilla Tradición C9 Prototipo Vista lateral. Preclásico Temprano Superior. 1200 — 1000 a.C. / CENTRO INAH MORELOS

Señor de Atlihuayán. Figurilla Tradición C9 hueca. Preclásico Temprano Superior. 1200 — 1000 a.C. / MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

De acuerdo con la clasificación de Rosa M. Reina Robles, este tipo de figurillas corresponden a la tradición C9 Baby Face Incipiente. Si bien no lo dice de manera explícita, es evidente que asocia esta tradición a lo denominado “Estilo olmeca” y podemos verlo en las similitudes que muestra el rostro con ejemplos tales como los gemelos de Azuzú, de los cuales nadie podría cuestionar su filiación olmeca ya que son parte de la escultura monumental de la región de la Costa del Golfo.

Ahora bien, sin ánimo de hacer una larga disertación en referencia al estilo, la gran mayoría de los autores utilizan la definición propuesta de Meyer Schapiro. “Por estilo se entiende la forma constante —y a veces los elementos cualidades y expresión constantes— del arte de un individuo o de un grupo” (Schapiro 1962: 7). Sin embargo, esta definición no tiene relación alguna entre el proceso de formación del discurso y su manifestación. Desde una perspectiva de la semiótica de Humberto Eco, debemos considerar que el “estilo” no es otra cosa que la manifestación del sistema sintáctico de un código de representación gráfico, es decir, la manera a través de la cual se van a manifestar las ideas de un mensaje, las cuales conforman el sistema semántico. Así, la conjunción del plano de las ideas, o el plano del contenido, con el plano de la expresión, esto es la forma de representar las ideas, forman los signos del código.

Por lo tanto, con base en esta propuesta semiótica, el “estilo olmeca” se define como la manifestación del sistema sintáctico del código de representación olmeca, el cual, por una parte, permite la comprensión del mensaje sólo a aquellos que tengan el conocimiento del código y, por otra, establece las pautas estéticas para establecer la pertenencia al código particular. Es decir, cualquier persona puede hacer la representación de un hombre, sin embargo, sólo una persona que conozca y esté familiarizada con el código de representación olmeca podrá representar a un hombre que, además, sea olmeca.

Pese a que el sistema sintáctico define la forma, volumen y manera de representar los conceptos, es lo suficientemente “elástico” como para permitir variables regionales. De tal manera, desde esta perspectiva semiótica, se está estableciendo no sólo la existencia de un “estilo olmeca” sino además se están distinguiendo las variantes regionales conforme al código de representación olmeca que pasó de ser de la exclusividad de una clase dirigente a convertirse en la manifestación del pensamiento religioso de toda la comunidad para el siguiente periodo, el Preclásico Medio Inferior (1000 — 800 a.C.).

Una vez que hemos establecido a que nos referimos con “estilo olmeca”, podemos darnos cuenta que tanto en las regiones culturales de la Costa del Golfo y el Altiplano Central, se presenta dentro de la tradición del Preclásico Temprano (el código de representación del Preclásico Temprano) la presencia escasa de personajes obesos, muchos de los cuales son anteriores a la tradición olmeca del Baby Face. Es muy probable, que estos seres, al igual que las mujeres con los rasgos sexuales secundarios exagerados, están relacionados a la abundancia y, por lo tanto, a la fertilidad por parte femenina y la fecundidad en su contraparte masculina.

Sin embargo, esta armónica dualidad entre lo femenino y lo masculino asociado a la fertilidad presente durante finales del Preclásico Temprano se rompe conforme aparece y se consolida el código de representación olmeca. La mayoría de las figurillas olmecas son personajes masculinos, siendo sumamente escasas las representaciones femeninas, generalmente en posición sedente y cargando infantes. El personaje obeso y sedente, poco a poco se va a convertir en uno de los tres temas principales del código de representación olmeca, los cuales son: El Dragón Olmeca, El hombre-jaguar y el bebé.

Es muy importante establecer que cuando se hace referencia a las sociedades igualitarias, no se trata de sociedades donde todos comparten un mismo nivel, por el contrario, hay marcadas diferencias de estatus. Sin embargo, la principal característica de las mismas, es que todas las personas del grupo social nacen con el mismo estatus y tienen la misma oportunidad de avanzar en la escala social de la sociedad igualitaria, dependiendo de sus capacidades e intereses. Por el contrario, en las sociedades clasistas, la principal característica es que una persona nace con un estatus diferente al del resto del grupo por el simple hecho de pertenecer a una clase diferente. De tal manera, hay un gran rompimiento entre el hombre obeso, asociado a la fertilidad, y el “Baby Face olmeca”, el cual en su discurso establece la existencia de niños con un estatus especial, adquirido o entregado por los sobrenaturales desde el momento mismo del nacimiento.

Este gran rompimiento en la forma de pensar de las sociedades igualitarias a las sociedades clasistas, debió tener una fuerte justificación en el plano ideológico. Si bien en el plano económico, la propuesta es que un linaje comenzó a controlar las rutas de intercambio a través de las cuales se movían los objetos que portaban el nuevo código, a nivel súper estructural, la adquisición de estatus se debió de concentrar en la posesión y comprensión del nuevo código, el cual va a establecer una gran diferencia entre el linaje que gobierna, con el resto de los linajes involucrados en el grupo social.

Así que, en este periodo de 1200 a 1000 a. C., los personajes masculinos están en transición entre dos códigos diferentes, en el del Preclásico Temprano el hombre es celeste, fertilizador, obeso y señor de la abundancia, pero en el código de representación olmeca ese hombre se va a convertir en el infante, obscuro, telúrico, legado por los ancestros y producto de un linaje que viene de tiempos míticos. De ahí que el “Baby Face olmeca” es un personaje que concentra varios discursos y temas representativos entre los cuales podemos mencionar, aunque no delimitar, tres: el del hombre gordo, el del bebé elegido y una serie de personajes transicionales entre estos dos mensajes, como es el caso de la figurilla C9 Transicional que nos ocupa.

De tal manera, podemos observar que el rostro del personaje de la C9 Transicional es el de un adulto, al igual que el del “Baby face” llamado “Señor de Atlihuayán” que fue encontrado en Morelos (figura 11), aunque éste no presenta ni las mejillas tan hinchadas ni los ojos en forma de L. Sin embargo, el cuerpo de la C9 Transicional por sus proporciones y la forma de brazos y pies son los de un infante, a diferencia del Señor de Atlihuayan cuyos brazos, piernas y torso son los de un hombre fornido. Pero en ambas piezas podemos observar la misma dicotomía, la unión de elementos infantiles con los de un personaje adulto.

Esta dualidad puede referirse a dos discursos. Por una parte, tenemos al “niño que nace adulto”, en la medida en el cual este niño está imbuido de la fuerza de los sobrenaturales, es decir, este niño lleva la “carga”, el “destino” de un adulto. Por otra parte, tenemos al “adulto que se conserva niño”, aquel personaje que fue entregado por los sobrenaturales en el momento de su nacimiento y que conserva esta esencia hasta el momento de su madurez. Esa esencia que comparte con sus antepasados es lo que le permite establecer comunicación con los ancestros.

En cuanto al lugar donde fue encontrada esta figurilla C9 Transicional, el área donde fueron depositados diferentes entierros, sin lugar a dudas debió de tener un estatus especial con referencia al resto del asentamiento. Se trataba de un lugar particularmente sagrado, donde se acumuló la fuerza de las personas enterradas. Así, los antiguos pobladores del asentamiento reunieron a varios individuos que habían sido previamente enterrados en un “bulto sagrado” y éste fue depositado en compañía de esta figurilla como ofrenda para acrecentar la fuerza del lugar, así como darles un último lugar de descanso que correspondía a su estatus y a su capacidad de mediadores con los sobrenaturales. La figurilla que les acompañaba, hace referencia tanto a su conocimiento y derecho a conservar los elementos del código de representación olmeca, como a su condición dual, la de hombres cuya fuerza mántica provenía por su derecho de nacimiento, esto es, los niños - hombres. De tal manera tanto el rostro, el cuerpo y el tocado son, sin lugar a dudas, producto del código de representación olmeca y su sintaxis, es decir, el “estilo” corresponde a este sistema pluricultural y plurilingüístico con el cual la nueva clase dirigente legitimó su gobierno sobre las sociedades que vivieron entre el 1200 — 1000 a.C. y que pudieron establecer esta comunicación a través de las rutas de intercambio que controlaban estos grupos dirigentes.

El código de representación olmeca fue el gran invento que permitió la transmisión de esta nueva ideología y que, posteriormente, dio pie a los sistemas de comunicación de los diferentes grupos sociales que conformaron Mesoamérica.

La colocación de una figurilla como ofrenda en un bulto mortuorio compuesto por varios individuos, es un signo claro de los enormes cambios que vivieron las sociedades mesoamericanas durante los años 1200 a 1000 a.C. Donde una nueva clase comenzaba a sobresalir, como dirigentes permanentes de sus comunidades. Para esto, se valieron de una novedosa forma para transmitir información, la cultura olmeca.

Entre los años 1200 a 1000 a. C., periodo que los arqueólogos consideramos ubicado a finales del Preclásico Temprano e inicio del Preclásico Medio, los grupos mesoamericanos se transformaron de sociedades igualitarias a sociedades jerarquizadas. Es durante el Preclásico Temprano (2500 – 1000) que surgieron las primeras aldeas, fue desarrollada la alfarería, se consolidaron las rutas de intercambio que se comenzaron desde el arcaico y, sobre todo, cristalizó el pensamiento mágico religioso que definirá a Mesoamérica a lo largo de su devenir. Y, si algo caracterizó a este periodo es la relativa homogeneidad cultural en toda Mesoamérica, pues existió una gran similitud en las formas y decoración de sus vasijas, así como en la factura de las figurillas cerámicas y los temas representados en ellas, por supuesto sin dejar de reconocer la presencia de una variabilidad regional.

Son estas figurillas cerámicas y, en general, los tres grandes temas que representan, las que nos permiten acercarnos a la religiosidad y forma de organización social de estos grupos. Sobresale el culto a la fertilidad, ya que en la mayoría de los casos se trata de la representación de mujeres en diferentes estadios, desde las núbiles hasta las mujeres adultas e inclusive ancianas, algunas con los atributos sexuales secundarios relativamente exagerados, como son las caderas anchas y senos erguidos; otras presentan un estado avanzado de embarazo o bien cargan niños de pecho (figura 1). Es muy probablemente que, por medio de magia por similitud, se tratara de favorecer el nacimiento de niños a través de la constante repetición de figurillas de madres. Así mismo, pudieron servir como marcadores de rito de paso para las mujeres, tanto al inicio de su etapa fértil como el final del mismo. No debemos de olvidar que la tierra misma fue considerada “femenina”, así que muchas de estas figurillas se relacionan con la fertilidad de la tierra.

Cerámica del Preclásico Temprano Inferior. 1500 —1200 a.C. / MUSEO REGIONAL CUAUHNÁHUAC

Un segundo grupo de figurillas corresponden a las representaciones de personajes que tenían una gran importancia en el desarrollo de la comunidad. Los chamanes, puesto era ocupado por personas de ambos sexos, eran quienes ponían en contacto a su grupo social con la sobrenaturaleza y las figurillas se distinguen por llevar un complejo conjunto de elementos, tales como sombreros, espejos, bolsas, tocados y báculos. Muchos de ellos están contorsionados, es decir, los muestran en estado de éxtasis en alguno de los rituales que les permitían contactar con los sobrenaturales. Podemos observar dentro de este grupo de figurillas a personajes obesos y asexuados, tema que será retomado por el código de representación olmeca posteriormente.

Otras figurillas muestran a adultos con bolas de hule en sus manos y portando un máxtlatl, los cuales son considerados jugadores de pelota (figura 2), lo que nos permite establecer que, si bien se trataba de sociedades igualitarias, dentro de la comunidad existían diferencias asociadas al estatus.

Figurillas del Preclásio Temprano Inferior. 1500 — 1200 a.C. / MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

Por último, se encuentran las representaciones de entidades sobrenaturales, tales como personas con dos cabezas o tres rostros, y que muy probablemente están relacionadas con un culto incipiente a ancestros que se remontan a tiempos míticos y que tenían características supra humanas (figura 3). Estas figurillas permiten plantear que debió de haber algún tipo de comunicación con estas entidades a través de sus reproducciones, un ejemplo más de magia por similitud.

Figurilla del Preclásico Temprano Inferior. 1500 — 1200 a.C. Representa a un Chamán. / COLECCIÓN LEOT — VINOT

Hacia finales del Preclásico Temprano, entre los años 1200 a 1000 a. C., observamos la aparición del llamado “estilo olmeca”, es decir, que además de las figurillas cerámicas antes descritas, se tienen otros tipos de figurillas tanto modeladas en cerámicas como esculpidas en piedra verde, además de una serie de motivos decorativos y formas en las vasijas cerámicas inexistentes antes de este momento. Estos personajes y motivos están relacionados a una nueva ideología.

La gran mayoría de las figurillas cerámicas de “estilo olmeca” representan a personajes masculinos, con un modelado anatómicamente más correcto, con cuerpos musculosos y tocados a manera de yelmos o cascos. Las cabezas son alargadas y en muchos casos adquieren forma de pera, lo que se ha considerado la representación de deformación craneal. Los ojos se representan con forma de V invertida, o en forma de avellana. La nariz suele ser corta y ancha. En la mayoría de los casos la boca tiene una forma trapezoidal y suele colocarse con los bordes doblados hacia abajo. Así mismo, comienza a aparecer pequeñas representaciones en piedra de personajes con las mismas características.

Para entender la importancia y la calidad de los cambios, se puede afirmar que se trata de una revolución. Como se dijo anteriormente, durante el Preclásico Temprano hay un discurso homogéneo, con una gran variabilidad regional. Por el contrario, el “estilo olmeca” va a multiplicar los discursos, esto es los mensajes transmitidos a través de las obras que son producto de este nuevo código de comunicación, con un estilo homogéneo, el cual no va a comenzar a mostrar variables regionales, sino hasta que se haya impuesto a la totalidad de la población.

Pese a su gran variabilidad regional, podemos considerar que las manifestaciones del Preclásico Temprano son representaciones “realistas”, aún los personajes “abstractos” tales como los seres duales, ya que son representaciones reales a las cuales se le suman elementos, se les coloca una segunda o tercera cabeza, o se construyen rostros dobles o triples. Así, para expresar que los personajes se encuentran en éxtasis o en un viaje chamánico, los artistas representaron los cuerpos contorsionándose, tal como debió de hacerlo en la vida real el chamán en estado de trance.

FIgurillas de seres fantásticos. Preclásico Temprano Inferior. 1500 — 1200 a.C. / MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA


Por el contrario, el fenómeno olmeca muestra un nivel de abstracción como nunca se había visto en Mesoamérica. Para formar un concepto, se toman elementos tanto de la naturaleza, como completamente abstractos a los cuales se les da un tratamiento estético homogéneo, dando como resultado imágenes completamente nuevas, tales como el “Dragón Olmeca” o el Hombre-jaguar y el Hombre – bebé (baby face), motivo que da pie al presente artículo. Ninguna de estas creaciones tiene un referente natural, ni es el simple añadido de otro miembro, cabeza o torso. Por el contrario, se trata de todo un proceso de formación de un nuevo concepto, el cual está conformado por conocimiento previo y que tiene características completamente diferentes con respecto a los conceptos originales.

Esta capacidad de abstraer diferentes conceptos con el propósito de establecer todo un discurso con una simple imagen, será sin lugar a dudas uno de los grandes legados de la cultura olmeca a Mesoamérica, ya que este proceso de abstracción será retomado por la mayoría de los pueblos que habitaron esta súper área cultural y cada uno formará así su propio medio de comunicación. No sería posible que existiera el Temálacatl de Axayácatl, mejor conocido como “Calendario Azteca” o las pinturas de Bonampak o la Tumba de Huijazoó, si no se hubiera dado este paso crucial en el código de representación olmeca.

Pero, ¿qué es el “estilo olmeca” ?, que también ha sido denominado “Cultura Olmeca”, “Tradición Olmeca” e inclusive “Fenómeno Olmeca”. Si bien hasta el momento se sigue debatiendo este tema, en un principio se pensó que correspondía a una de las culturas más antiguas de Mesoamérica, “la cultura Madre” y, debido a que la mayoría de los grandes monumentos se encuentran en la región de la Costa del Golfo, se propuso que nació entre los estados de Veracruz y Tabasco. Se trataba de un “Gran Imperio Olmeca”, el cual colonizó grandes partes del territorio mesoamericano, ya a través de las rutas de intercambio o la conquista, el cual transmitió o llevó el “estilo olmeca” a regiones tan apartadas como los valles centrales de Oaxaca, las montañas de Guerrero, la cuenca de México, la costa de Chiapas y Guatemala, y Honduras.

Sin embargo, conforme se ha ido avanzando en las investigaciones, especialmente en las áreas externas a la Costa del Golfo, se ha encontrado la presencia de elementos olmecas en lugares contemporáneos a los de la Costa del Golfo. Una explicación considera a la “cultura olmeca” como un producto pluricultural y plurilingüístico, el cual fue consecuencia del nacimiento de clases dirigentes a partir del final del Preclásico Temprano, entre los años 1200 a 1000 a.C. Estas nuevas clases dirigentes utilizaron las rutas de intercambio, que permitieron la comunicación entre los grupos igualitarios, para transmitir un nuevo discurso ideológico marcadamente diferente al anterior. Y quizás el mayor logro cultural de la nueva jerarquía fue que este nuevo discurso es un sistema de comunicación no lingüístico, por lo que no estaba limitado a una sola lengua y permitía transmitir una gran cantidad de información relacionada al culto naciente, los ancestros, los sobrenaturales, la naturaleza y forma del cosmos. Es decir, la transmisión de toda una nueva cosmogonía que, si bien debió tomar como base los conocimientos previos de los grupos sociales, los reinterpretaron con el propósito de justificar la nueva realidad social.

Parte de este discurso ideológico podemos observarlo en una figurilla cerámica recuperada recientemente en una investigación arqueológica en el valle de Chautla. En el valle se pudo encontrar evidencia de ocupación del periodo que nos ocupa, del 1200 — 1000 a.C. No es el propósito del presente artículo hacer una exposición en referencia al contexto arqueológico en el cual se encontró esta figurilla, basta con mencionar que fue parte de la ofrenda de un entierro secundario de varios individuos, que se encontró en un área de enterramiento con más de 80 individuos. El propósito principal es tratar de establecer su posible significado, para lo cual debemos extendernos en tres grandes temas. El primero se refiere a definir lo que se denomina el “Estilo Olmeca”, el segundo, es la definición de la tradición de figurillas que muestran personajes obesos sedentes y que se presentan en los sistemas de representación que son anteriores a lo olmeca. Por último, debemos establecer dentro de los conjuntos más evidentes del código de representación olmeca a qué conjunto pertenece la figurilla y su posible significado.

La figurilla de cerámica es completamente sólida y representa a un personaje sedente, con un cuerpo infantil mientras que el rostro es de un adulto. Lleva a manera de tocado lo que parece ser una piel que le tapa la cabeza y una parte de la misma cae sobre su hombro derecho. La cabeza presenta una forma similar a la de un número ocho, ya que la parte superior es bulbosa y se adelgaza a la altura de la sien y vuelve a ensanchar para mostrar una mandíbula muy prominente con el mentón saliente. No se observa representación de las cejas, a diferencia de la tradición local del Preclásico Temprano, cuyas cejas son un elemento diagnóstico para reconocerlas. Los ojos se realizaron por medio de un punzonado con forma de V invertida. La naríz es aguileña, fina y recta. Las mejillas relativamente grandes no llegan a ser rechonchas, y la boca es pequeña y trapezoidal, sin que las comisuras se doblen hacia abajo. El tronco es el de una persona con una gordura media, sin llegar a una obesidad mórbida, sin embargo, se observa claramente los senos y el abultado abdomen. Al igual que la mayoría de las figurillas con este tipo de representaciones, se muestra asexuado y desnudo.

Las diferencias en el modelado del pie izquierdo y la mano derecha, ocasiona una sensación de tensión y movimiento, lo que genera una fuerte dualidad entre la primera impresión estática de la posición de la figurilla, con la evidente tensión del puño cerrado derecho y la pierna flexionada izquierda Figuras (8, 9 y 10).

Figurilla Tradición C9 Prototipo Vista tres cuartos. Preclásico Temprano Superior. 1200 — 1000 a.C. / CENTRO INAH MORELOS

Figurilla Tradición C9 Prototipo Vista lateral. Preclásico Temprano Superior. 1200 — 1000 a.C. / CENTRO INAH MORELOS

Señor de Atlihuayán. Figurilla Tradición C9 hueca. Preclásico Temprano Superior. 1200 — 1000 a.C. / MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA

De acuerdo con la clasificación de Rosa M. Reina Robles, este tipo de figurillas corresponden a la tradición C9 Baby Face Incipiente. Si bien no lo dice de manera explícita, es evidente que asocia esta tradición a lo denominado “Estilo olmeca” y podemos verlo en las similitudes que muestra el rostro con ejemplos tales como los gemelos de Azuzú, de los cuales nadie podría cuestionar su filiación olmeca ya que son parte de la escultura monumental de la región de la Costa del Golfo.

Ahora bien, sin ánimo de hacer una larga disertación en referencia al estilo, la gran mayoría de los autores utilizan la definición propuesta de Meyer Schapiro. “Por estilo se entiende la forma constante —y a veces los elementos cualidades y expresión constantes— del arte de un individuo o de un grupo” (Schapiro 1962: 7). Sin embargo, esta definición no tiene relación alguna entre el proceso de formación del discurso y su manifestación. Desde una perspectiva de la semiótica de Humberto Eco, debemos considerar que el “estilo” no es otra cosa que la manifestación del sistema sintáctico de un código de representación gráfico, es decir, la manera a través de la cual se van a manifestar las ideas de un mensaje, las cuales conforman el sistema semántico. Así, la conjunción del plano de las ideas, o el plano del contenido, con el plano de la expresión, esto es la forma de representar las ideas, forman los signos del código.

Por lo tanto, con base en esta propuesta semiótica, el “estilo olmeca” se define como la manifestación del sistema sintáctico del código de representación olmeca, el cual, por una parte, permite la comprensión del mensaje sólo a aquellos que tengan el conocimiento del código y, por otra, establece las pautas estéticas para establecer la pertenencia al código particular. Es decir, cualquier persona puede hacer la representación de un hombre, sin embargo, sólo una persona que conozca y esté familiarizada con el código de representación olmeca podrá representar a un hombre que, además, sea olmeca.

Pese a que el sistema sintáctico define la forma, volumen y manera de representar los conceptos, es lo suficientemente “elástico” como para permitir variables regionales. De tal manera, desde esta perspectiva semiótica, se está estableciendo no sólo la existencia de un “estilo olmeca” sino además se están distinguiendo las variantes regionales conforme al código de representación olmeca que pasó de ser de la exclusividad de una clase dirigente a convertirse en la manifestación del pensamiento religioso de toda la comunidad para el siguiente periodo, el Preclásico Medio Inferior (1000 — 800 a.C.).

Una vez que hemos establecido a que nos referimos con “estilo olmeca”, podemos darnos cuenta que tanto en las regiones culturales de la Costa del Golfo y el Altiplano Central, se presenta dentro de la tradición del Preclásico Temprano (el código de representación del Preclásico Temprano) la presencia escasa de personajes obesos, muchos de los cuales son anteriores a la tradición olmeca del Baby Face. Es muy probable, que estos seres, al igual que las mujeres con los rasgos sexuales secundarios exagerados, están relacionados a la abundancia y, por lo tanto, a la fertilidad por parte femenina y la fecundidad en su contraparte masculina.

Sin embargo, esta armónica dualidad entre lo femenino y lo masculino asociado a la fertilidad presente durante finales del Preclásico Temprano se rompe conforme aparece y se consolida el código de representación olmeca. La mayoría de las figurillas olmecas son personajes masculinos, siendo sumamente escasas las representaciones femeninas, generalmente en posición sedente y cargando infantes. El personaje obeso y sedente, poco a poco se va a convertir en uno de los tres temas principales del código de representación olmeca, los cuales son: El Dragón Olmeca, El hombre-jaguar y el bebé.

Es muy importante establecer que cuando se hace referencia a las sociedades igualitarias, no se trata de sociedades donde todos comparten un mismo nivel, por el contrario, hay marcadas diferencias de estatus. Sin embargo, la principal característica de las mismas, es que todas las personas del grupo social nacen con el mismo estatus y tienen la misma oportunidad de avanzar en la escala social de la sociedad igualitaria, dependiendo de sus capacidades e intereses. Por el contrario, en las sociedades clasistas, la principal característica es que una persona nace con un estatus diferente al del resto del grupo por el simple hecho de pertenecer a una clase diferente. De tal manera, hay un gran rompimiento entre el hombre obeso, asociado a la fertilidad, y el “Baby Face olmeca”, el cual en su discurso establece la existencia de niños con un estatus especial, adquirido o entregado por los sobrenaturales desde el momento mismo del nacimiento.

Este gran rompimiento en la forma de pensar de las sociedades igualitarias a las sociedades clasistas, debió tener una fuerte justificación en el plano ideológico. Si bien en el plano económico, la propuesta es que un linaje comenzó a controlar las rutas de intercambio a través de las cuales se movían los objetos que portaban el nuevo código, a nivel súper estructural, la adquisición de estatus se debió de concentrar en la posesión y comprensión del nuevo código, el cual va a establecer una gran diferencia entre el linaje que gobierna, con el resto de los linajes involucrados en el grupo social.

Así que, en este periodo de 1200 a 1000 a. C., los personajes masculinos están en transición entre dos códigos diferentes, en el del Preclásico Temprano el hombre es celeste, fertilizador, obeso y señor de la abundancia, pero en el código de representación olmeca ese hombre se va a convertir en el infante, obscuro, telúrico, legado por los ancestros y producto de un linaje que viene de tiempos míticos. De ahí que el “Baby Face olmeca” es un personaje que concentra varios discursos y temas representativos entre los cuales podemos mencionar, aunque no delimitar, tres: el del hombre gordo, el del bebé elegido y una serie de personajes transicionales entre estos dos mensajes, como es el caso de la figurilla C9 Transicional que nos ocupa.

De tal manera, podemos observar que el rostro del personaje de la C9 Transicional es el de un adulto, al igual que el del “Baby face” llamado “Señor de Atlihuayán” que fue encontrado en Morelos (figura 11), aunque éste no presenta ni las mejillas tan hinchadas ni los ojos en forma de L. Sin embargo, el cuerpo de la C9 Transicional por sus proporciones y la forma de brazos y pies son los de un infante, a diferencia del Señor de Atlihuayan cuyos brazos, piernas y torso son los de un hombre fornido. Pero en ambas piezas podemos observar la misma dicotomía, la unión de elementos infantiles con los de un personaje adulto.

Esta dualidad puede referirse a dos discursos. Por una parte, tenemos al “niño que nace adulto”, en la medida en el cual este niño está imbuido de la fuerza de los sobrenaturales, es decir, este niño lleva la “carga”, el “destino” de un adulto. Por otra parte, tenemos al “adulto que se conserva niño”, aquel personaje que fue entregado por los sobrenaturales en el momento de su nacimiento y que conserva esta esencia hasta el momento de su madurez. Esa esencia que comparte con sus antepasados es lo que le permite establecer comunicación con los ancestros.

En cuanto al lugar donde fue encontrada esta figurilla C9 Transicional, el área donde fueron depositados diferentes entierros, sin lugar a dudas debió de tener un estatus especial con referencia al resto del asentamiento. Se trataba de un lugar particularmente sagrado, donde se acumuló la fuerza de las personas enterradas. Así, los antiguos pobladores del asentamiento reunieron a varios individuos que habían sido previamente enterrados en un “bulto sagrado” y éste fue depositado en compañía de esta figurilla como ofrenda para acrecentar la fuerza del lugar, así como darles un último lugar de descanso que correspondía a su estatus y a su capacidad de mediadores con los sobrenaturales. La figurilla que les acompañaba, hace referencia tanto a su conocimiento y derecho a conservar los elementos del código de representación olmeca, como a su condición dual, la de hombres cuya fuerza mántica provenía por su derecho de nacimiento, esto es, los niños - hombres. De tal manera tanto el rostro, el cuerpo y el tocado son, sin lugar a dudas, producto del código de representación olmeca y su sintaxis, es decir, el “estilo” corresponde a este sistema pluricultural y plurilingüístico con el cual la nueva clase dirigente legitimó su gobierno sobre las sociedades que vivieron entre el 1200 — 1000 a.C. y que pudieron establecer esta comunicación a través de las rutas de intercambio que controlaban estos grupos dirigentes.

El código de representación olmeca fue el gran invento que permitió la transmisión de esta nueva ideología y que, posteriormente, dio pie a los sistemas de comunicación de los diferentes grupos sociales que conformaron Mesoamérica.

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