¡No puedo respirar!

Sororidad

Reicelda Oxilia

  · jueves 4 de junio de 2020

El Gobierno del país del norte está literalmente en llamas por todas las protestas surgidas ante la muerte de George Floyd, uno de sus ciudadanos de origen africano. Aparentemente, su detención, sometimiento y brutal muerte en manos de un policía caucásico, fue por querer comprar unos cigarros con un billete falso. Eso me hizo recordar el poema "Una moneda falsa" de Charles Baudelaire, el poeta maldito. Para mi gusto, una de las mejores disertaciones acerca de Charles Baudelaire es la del gran filósofo argentino, Dario Sztajnszrajber, misma que se quede escuchar en Youtube. Es una poderosa reflexión de lo que sucedía en aquellos tiempos cuando la sociedad se enfocaba más en los objetivos del capitalismo que en 1884 ya empezaba a arrasar con las sociedades y sus necesidades. Aquí, una pequeña transcripción de esta magnífica conferencia:

"Nuestra mente ha sido formada desde los siglos pasados. En la época de Baudelaire, era la época de innovación pura, no había electricidad socializada. La Revolución Industrial fue tremenda y generó los cambios en todas las zonas de la existencia, incluso cambiaron las formas de trabajar que hicieron que poblaciones enteras emigraran del campo a la ciudad, cambiando su existencia cotidiana concreta. Este cambio modificó fuertemente de raíz la sensibilidad, la estética, la expresión. Todo eso dio origen a la poesía de Baudelaire. Ese "tedio" esa sensación de un "todo" abrumador, encontró su "drenaje" en el Arte. Si hacemos una línea de tiempo desde 1850s hacia la vanguardia dadaísta, principios de 1910, ese drenaje se fue profundizando, se fue volviendo más basura, cada vez más decadente hasta llegar el arte de la vanguardia como un vómito, una expresión de reacción muy fuerte ante la sociedad. El arte moderno es un arte de reacción. El arte salió, "políticamente" a pelearse con una sociedad que se estaba transformando de una manera muy impactante para lo que la sensibilidad pudo soportar y se empezaron a evidenciar los intereses ocultos.

A diferencia de Karl Marx que propuso una práctica política, Beaudelaire propuso una práctica poética y empezó a escribir lo que no se podía escribir, alabando a las prostitución, la pobreza, a la miseria, al asco, al hasish, la embriaguez, el vino, conformando una estética de la fealdad que es consecuencia directa de la modernización capitalista. De un capitalismo que genera belleza para los que están adentro y fealdad para los que están afuera y un poeta, dice Baudelaire, necesita tener una pata en cada lado. Esa dialéctica, Baudelaire la mantiene abierta. Ser moderno, es ser contradictorio. Era la época que ponía en jaque a la nueva burguesía frente a este nueva clase social obrera. El obrero, es un invento del siglo XIX, como clase emergente.

De esta manera, Beaudelaire escribió un librito llamado "El Spleen de Paris" conformado por 85 pequeños poemas en prosa que presentan situaciones problemáticas. Muchos filósofos se han nutrido de ese "librito". Hoy, el poema "La Moneda Falsa"

Estamos en París, siglo XIX, ubicamos el contraste social entre clases. Por un lado, los burgueses y, por otro lado, la irrupción masiva de los excluidos sociales. Baudelaire, sin eufemismos en sus narraciones los llama con una palabra clara: "pobres". Pero no el pobre que tiene trabajo, sino el el pobre que pide, el que está sin nada, buscando y en actitud de pedir porque no encuentra lugar en dónde enmarcarse. Hay algo muy propio de este tipo de mendicidad que tiene que ver con el pedido, el que se satisface con lo mínimo. Por otro lado, para el que da, aparece una figura tremenda: "la limosna" porque lo que se pide es algún tipo de solución, algo en principio irresoluble, que es el desclasamiento, el desposeimiento que de esta manera nutre efímeramente una situación y un momento. Ahora, lo interesante es lo que esto genera en el que da. La limosna es muy cuestionada por muchas cosas, primero porque no supone ningún tipo de transformación para la situación, es un paliativo para el momento, pero el desposeído seguirá desposeído. Lo segundo que provoca la limosna tiene que ver con una relación vincular con el que da la limosna porque se forma una especie de vínculo de superioridad, de poder con el otro. Lo tercero sería, en todo caso, en este dar, en esta entrega, se juega su propia ética que tiene que ver con el límite y sus configuraciones de ese dar. ¿Quién se merece mi limosna? Todas esas disquisiciones del dar y no dar, desnuda las ambigüedades del que posee frente al que no, peleándose contra toda lectura meritocrática que pretenda justificar que se está de un lado o del otro están porque se lo merecen en función de un desarrollo personal. En definitiva, nadie se merece el lugar que tiene por haber nacido en la miseria o en la riqueza. Aquí parte del cuento:

Conforme nos alejábamos del estanco, mi amigo iba haciendo una cuidadosa separación de sus monedas; en el bolsillo izquierdo del chaleco deslizó unas moneditas de oro; en el derecho, plata menuda; en el bolsillo izquierdo del pantalón, un puñado de cobre, y, por último, en el derecho, una moneda de plata de dos francos que había examinado de manera particular:

«¡Singular y minucioso reparto!» -dije para mí.

Nos encontramos con un pobre que nos tendió la gorra temblando. Nada conozco más inquietante que la elocuencia muda de esos ojos suplicantes que tienen a la vez, para el hombre sensible que sabe leer en ellos, tanta humildad y tantas reconvenciones. Encuentra algo próximo a esa profundidad de asentimiento complicado en los ojos lacrimosos de los perros cuando se les azota.

El don de mi amigo fue mucho más considerable que el mío, y lo dije: «Hace bien; después del placer de asombrarse, no lo hay mayor que el de causar una sorpresa.» «Era la moneda falsa», me contestó tranquilamente, como para justificar su prodigalidad... ¿No podía multiplicarse en piezas buenas? ¿No podía llevarle asimismo a la cárcel? Un tabernero, un panadero, por ejemplo, le mandarían acaso detener por monedero falso, o como a expendedor de moneda falsa. También podría ocurrir que la moneda falsa fuese, para un pobre especulador insignificante, germen de la riqueza de algunos días. Y así mi fantasía progresaba, prestando alas a la mente de mi amigo y sacando todas las deducciones posibles de todas las hipótesis posibles" (y sigue el cuento pero ahora vemos que una moneda falsa puede también provocar el levantamiento de todo un pueblo).

Ahora bien, en este genial poema escrito en el siglo XIX y desmenuzado por Dario Sztajnszrajber, nos damos cuenta que desde entonces se vive el mismo paradigma. Es por eso que las sociedades, que por cierto han aumentado considerablemente su población, se sublevan, otra vez, ante la injusticia, la inequidad de este mundo rapaz que ha sembrado su filosofía en el dinero y en el consumismo rampante, alejándose cada día más de las raíces de la tierra. La tremenda enfermedad del Covid-19 que vivimos en estos momentos, ha evidenciado la falta de inteligencia y falta de sensibilidad de muchos de los gobernantes del mundo. Ha evidenciado, nuevamente, la sobre población mundial, la pobreza, la desmesurada contaminación de todos nuestras reservas naturales, la violencia, sin olvidar el escalofriante tráfico de órganos, la trata de mujeres y niños, principalmente.

El Covid-19 ha evidenciado la urgente necesidad de que las mujeres decidan sobre sus cuerpos con el anhelo de construir sociedades que respondan a esta "Nueva realidad" . Es imperativo que los seres humanos dejen de ser manos maquiladoras y también dejen de ser carne de cañón para "los otros". Tenemos que construir nuevos paradigmas que nos permitan vivir en armonía con la Naturaleza pero que no caigamos en los vetustos partidos políticos. ¡Basta de discursos anacrónicos, obtusos y hasta perversos que siguen sosteniendo lo ya insostenible. Necesitamos más educación, pero una educación secular que atienda las necesidades humanas, aquí en la tierra!

Descanse en paz George Floyd.

Descansen en paz todas las mujeres y niños que han muerto en nuestro país y en el mundo entero por toda esta violencia irracional causada por la apatía, la impunidad y la indiferencia de sus gobiernos y de una sociedad mayormente crédula, sorda y ciega.


No podemos respirar, literalmente.

En estos tiempos difíciles

que llevamos tapabocas

una tarde fría y citarían

sobre el pavimento perplejo y tan desnudo

a un hombre acallaron brutalmente

sosteniendo su rodilla contra el cuello.


No puedo respirar, dijo once veces

la frase convertida hoy en un lema

en contra de aquellos que sostienen

caducos pensamientos preeminentes


Testigo de esta escena tan funesta

que abrió de tajo vieja herida

el cielo todavía azorado

contempla la antigua fosa de un calvario

y a los ríos de humillados que reclaman

incendiando las calles a su paso.


No puedo respirar, dijo once veces...