/ viernes 7 de agosto de 2020

Esta es la historia de la Virgen de los Milagros de Tlaltenango

Este 8 de septiembre estará de fiesta al celebrarse los 300 años

Una de las principales vías para llegar al corazón de Cuernavaca, alberga en su avenida la reconocida parroquia de Nuestra Señora de los Milagros, mejor conocida como Iglesia de Tlaltenango, la cual este 8 de septiembre estará de fiesta al celebrarse los 300 años de la Virgen de los Milagros.

La parroquia de estilo barroco es un santuario dedicado a la Virgen María, contando en su conjunto con la capilla dedicada a San José construida en 1523, siendo el primer centro católico en Latinoamérica.

Tlaltenango que hoy es una colonia de la ciudad de Cuernavaca, en la época de la colonia era un pequeño pueblo que no pertenecía a la ciudad. En el año de 1521 Hernán Cortés y sus soldados llegaron a un pueblo de la antigua Cuauhnáhuac, cuyo nombre era Zacanco Tultenanco, que luego los conquistadores nombraron Tlaltenango.

Según textos históricos, Hernán Cortés además de construir la primera hacienda azucarera en Tlaltenango, que hoy es la Escuela Primaria “18 de Marzo”, fundó el santuario de San José que pone a cargo de los franciscanos, introduce agua y edifica la primera hacienda azucarera.

Al principio, se dice, fue un sencillo adoratorio para la familia de los hacendados, para ser después la iglesia de los trabajadores de la fábrica de Tlaltenango y finalmente convertirse en el pequeño templo a un costado de la iglesia de Tlaltenango santuario dedicado a la Virgen María.

Las raíces de la celebración de septiembre a la Virgen de Tlaltenango se remontan al 30 de agosto de 1720. Según cuenta la leyenda por los últimos días del mes de mayo, llegaron a Tlaltenango dos apuestos caballeros de aspecto angelical, quienes venían cargando un misterioso arcón, asegurado con bisagras y cerrojos. Doña Agustina tenía una casa de huéspedes, donde ellos llegaron a descansar.

Cuando decidieron partir, rogaron a la señora cuidara de el arcón hasta su regreso. Después de varios días en que no regresaron, Doña Agustina escuchó una música celestial y vio destellos luminosos que salían de las aperturas del arcón con un olor a nardos, sándalos y linóleos; por lo que acudió a invitar a Fray Pedro de Aranda y al alcalde mayor a la ciudad, quienes estaban incrédulos y acudieron con gente de la comunidad.

El 30 de agosto la imagen fue llevada a la capilla de San José donde se celebró un novenario que terminaría el 8 de septiembre, día de su celebración anual. Durante el novenario las mismas familias del poblado se llevan la imagen de la virgen a sus casas, conmemorándola con una gran celebración que incluye hasta tamales; sin embargo, ante la emergencia sanitaria de Covid-19 el novenario se está llevando a cabo en la iglesia, de forma muy discreta.

Cuando decidieron partir, rogaron a la señora cuidara de el arcón hasta su regreso. Después de varios días en que no regresaron, Doña Agustina escuchó una música celestial y vio destellos luminosos que salían de las aperturas del arcón con un olor a nardos, sándalos y linóleos; por lo que acudió a invitar a Fray Pedro de Aranda (a la parroquia de la Asunción, hoy Catedral de Cuernavaca) y al alcalde mayor a la ciudad, quienes estaban incrédulos y acudieron con gente de la comunidad.

Fray Pedro de Aranda, ante todos los presentes, levanto la tapa del arcón y apareció la hermosa virgencita, recostada en una seda azul, portando una túnica del mismo color con flores anaranjadas, una capa blanca y una corona, sus manos estaban juntas en forma de consuelo. Al verla los presentes se arrodillaron y oraron.

El 30 de agosto la imagen fue llevada a la capilla de San José donde se celebró un novenario que terminaría el 8 de septiembre, día de su celebración anual. La parroquia de Tlaltenango tardo 10 años en construirse de 1720 a 1730, misma que reúne a miles de peregrinos de diversos estados del país.

Desde hace más de 220 años miles de peregrinos de Morelos, Ciudad de México y Estado de México llegan a los pies de la Virgen de los Milagros, desde los últimos días de agosto al 9 de septiembre para la celebración de la fiesta patronal y la feria en honor a la virgen, considerada una de las más grandes en Cuernavaca.

“Significa para nosotros vernos reflejarnos en la historia, vernos reflejarnos en el tiempo y saber de que de generación en generación existe la fe y devoción de todo el pueblo y también de otros estados. 300 años se dicen poco pero de historia es muchísimo tiempo que ha pasado de la virgen, hablando de la independencia y revolución, la iglesia sigue al pie del cañón”, acentúo José Alfredo Rodríguez Sanciprian.

El ayudante municipal de Tlaltenango reconoció que el templo es muy importante no sólo para el poblado sino también para los cuernavacenses, al ser la Virgen de los Milagros la patrona de la Diócesis de Cuernavaca y una virgen “muy milagrosa” que siempre ha cobijado al pueblo al norte de Cuernavaca, “es sentir la protección de cada día, nos conmueve a seguir trabajando para que las costumbres se sigan realizando”.

Como parte de preservar las tradiciones, en los Comités se incluyen a jóvenes para que vayan experimentando y conociendo el proceso de trabajar en la organización de las dos fiestas, en busca que la tradición nunca se acabe y al contrario, pueda irse desarrollando conforme al paso del tiempo pero sin olvidar sus usos y costumbres.

Tan grande es la fiesta patronal que durante el novenario las mismas familias del poblado se llevan la imagen de la virgen de Tlaltenango a sus casos, conmemorándola con una gran celebración que incluye hasta tamales; sin embargo, ante la emergencia sanitaria de Covid-19 el novenario se esta llevando a cabo en la iglesia, de forma muy discreta.

Para el pueblo de Tlaltenango, el no poder realizar la feria ha sido uno de los momentos más difíciles, confirmó Rodríguez Sanciprian, una decisión que tomó muchas horas de discusión, pero que al final lo vieron como la oportunidad de tener un encuentro más cercano y exclusivo con su patrona, toda vez que este año la celebración religiosa si se efectuará pero acatando las medidas preventivas y con el 25 por ciento de capacidad al interior de la parroquia.

Una de las principales vías para llegar al corazón de Cuernavaca, alberga en su avenida la reconocida parroquia de Nuestra Señora de los Milagros, mejor conocida como Iglesia de Tlaltenango, la cual este 8 de septiembre estará de fiesta al celebrarse los 300 años de la Virgen de los Milagros.

La parroquia de estilo barroco es un santuario dedicado a la Virgen María, contando en su conjunto con la capilla dedicada a San José construida en 1523, siendo el primer centro católico en Latinoamérica.

Tlaltenango que hoy es una colonia de la ciudad de Cuernavaca, en la época de la colonia era un pequeño pueblo que no pertenecía a la ciudad. En el año de 1521 Hernán Cortés y sus soldados llegaron a un pueblo de la antigua Cuauhnáhuac, cuyo nombre era Zacanco Tultenanco, que luego los conquistadores nombraron Tlaltenango.

Según textos históricos, Hernán Cortés además de construir la primera hacienda azucarera en Tlaltenango, que hoy es la Escuela Primaria “18 de Marzo”, fundó el santuario de San José que pone a cargo de los franciscanos, introduce agua y edifica la primera hacienda azucarera.

Al principio, se dice, fue un sencillo adoratorio para la familia de los hacendados, para ser después la iglesia de los trabajadores de la fábrica de Tlaltenango y finalmente convertirse en el pequeño templo a un costado de la iglesia de Tlaltenango santuario dedicado a la Virgen María.

Las raíces de la celebración de septiembre a la Virgen de Tlaltenango se remontan al 30 de agosto de 1720. Según cuenta la leyenda por los últimos días del mes de mayo, llegaron a Tlaltenango dos apuestos caballeros de aspecto angelical, quienes venían cargando un misterioso arcón, asegurado con bisagras y cerrojos. Doña Agustina tenía una casa de huéspedes, donde ellos llegaron a descansar.

Cuando decidieron partir, rogaron a la señora cuidara de el arcón hasta su regreso. Después de varios días en que no regresaron, Doña Agustina escuchó una música celestial y vio destellos luminosos que salían de las aperturas del arcón con un olor a nardos, sándalos y linóleos; por lo que acudió a invitar a Fray Pedro de Aranda y al alcalde mayor a la ciudad, quienes estaban incrédulos y acudieron con gente de la comunidad.

El 30 de agosto la imagen fue llevada a la capilla de San José donde se celebró un novenario que terminaría el 8 de septiembre, día de su celebración anual. Durante el novenario las mismas familias del poblado se llevan la imagen de la virgen a sus casas, conmemorándola con una gran celebración que incluye hasta tamales; sin embargo, ante la emergencia sanitaria de Covid-19 el novenario se está llevando a cabo en la iglesia, de forma muy discreta.

Cuando decidieron partir, rogaron a la señora cuidara de el arcón hasta su regreso. Después de varios días en que no regresaron, Doña Agustina escuchó una música celestial y vio destellos luminosos que salían de las aperturas del arcón con un olor a nardos, sándalos y linóleos; por lo que acudió a invitar a Fray Pedro de Aranda (a la parroquia de la Asunción, hoy Catedral de Cuernavaca) y al alcalde mayor a la ciudad, quienes estaban incrédulos y acudieron con gente de la comunidad.

Fray Pedro de Aranda, ante todos los presentes, levanto la tapa del arcón y apareció la hermosa virgencita, recostada en una seda azul, portando una túnica del mismo color con flores anaranjadas, una capa blanca y una corona, sus manos estaban juntas en forma de consuelo. Al verla los presentes se arrodillaron y oraron.

El 30 de agosto la imagen fue llevada a la capilla de San José donde se celebró un novenario que terminaría el 8 de septiembre, día de su celebración anual. La parroquia de Tlaltenango tardo 10 años en construirse de 1720 a 1730, misma que reúne a miles de peregrinos de diversos estados del país.

Desde hace más de 220 años miles de peregrinos de Morelos, Ciudad de México y Estado de México llegan a los pies de la Virgen de los Milagros, desde los últimos días de agosto al 9 de septiembre para la celebración de la fiesta patronal y la feria en honor a la virgen, considerada una de las más grandes en Cuernavaca.

“Significa para nosotros vernos reflejarnos en la historia, vernos reflejarnos en el tiempo y saber de que de generación en generación existe la fe y devoción de todo el pueblo y también de otros estados. 300 años se dicen poco pero de historia es muchísimo tiempo que ha pasado de la virgen, hablando de la independencia y revolución, la iglesia sigue al pie del cañón”, acentúo José Alfredo Rodríguez Sanciprian.

El ayudante municipal de Tlaltenango reconoció que el templo es muy importante no sólo para el poblado sino también para los cuernavacenses, al ser la Virgen de los Milagros la patrona de la Diócesis de Cuernavaca y una virgen “muy milagrosa” que siempre ha cobijado al pueblo al norte de Cuernavaca, “es sentir la protección de cada día, nos conmueve a seguir trabajando para que las costumbres se sigan realizando”.

Como parte de preservar las tradiciones, en los Comités se incluyen a jóvenes para que vayan experimentando y conociendo el proceso de trabajar en la organización de las dos fiestas, en busca que la tradición nunca se acabe y al contrario, pueda irse desarrollando conforme al paso del tiempo pero sin olvidar sus usos y costumbres.

Tan grande es la fiesta patronal que durante el novenario las mismas familias del poblado se llevan la imagen de la virgen de Tlaltenango a sus casos, conmemorándola con una gran celebración que incluye hasta tamales; sin embargo, ante la emergencia sanitaria de Covid-19 el novenario se esta llevando a cabo en la iglesia, de forma muy discreta.

Para el pueblo de Tlaltenango, el no poder realizar la feria ha sido uno de los momentos más difíciles, confirmó Rodríguez Sanciprian, una decisión que tomó muchas horas de discusión, pero que al final lo vieron como la oportunidad de tener un encuentro más cercano y exclusivo con su patrona, toda vez que este año la celebración religiosa si se efectuará pero acatando las medidas preventivas y con el 25 por ciento de capacidad al interior de la parroquia.

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