/ lunes 9 de octubre de 2023

Más del 10% de la niñez morelense trabaja para vivir

La cantidad reportada por la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil del Inegi equivaldría a más de 50 mil menores entre los cinco y los 17 años

Por lo menos 50 mil menores morelenses trabajan en el estado, y más de la mitad de ellos lo hacen en ocupaciones no permitidas o de alto riesgo, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2022, del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (Inegi), que reportan una reducción mínima en los últimos tres años de la labor realizada por menores en el estado del 10.9 al 10.4 por ciento de la población de entre cinco y 17 años, calculada en alrededor de 500 mil personas.

De acuerdo con los datos de la ENTI 2022, por lo menos uno de cada diez niños morelenses debe trabajar para ganar dinero. Y casi el seis por ciento de esta población, alrededor de 28 mil, lo hacen en ocupaciones no permitidas: “tareas, funciones o trabajos peligrosos, así como en tareas, funciones o trabajos no peligrosos, pero que los realizan a una edad por debajo de la mínima legal establecida por la legislación nacional, es decir, de los 15 años”, señala el documento del Inegi. Es decir, los niños no deben trabajar en apoyo de actividades agrícolas, minería, construcción e industria, comercio o empleos en ventas.

En el campo y no en la escuela

A los siete años, Johnny abandonó la escuela para irse a trabajar al cultivo de ejote en los campos de Ayala. Hoy tiene diez años y los días no han cambiado desde su primera jornada de trabajo: se levanta a las seis de la mañana y se va al corte, junto con sus hermanos, en las camionetas que esperan a los jornaleros todas las madrugadas en el pueblo de Tenextepango, en el municipio de Ayala.

"No me gusta trabajar, pero lo hago cortando ejote. Dejé la escuela porque ya no quería estudiar, estudié hasta segundo de primaria", dice Johnny, quien vive junto con sus hermanos en la localidad de Valle de Morelos.

En el campo, Johnny se ha insolado, ha trabajado enfermo y se ha recuperado sin quejarse. En el corte de ejote, las quejas no forman parte de la rutina: "Me canso, hago lo mismo que hacen los adultos: cortar el ejote y juntarlo. Nos pagan por kilo".

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Tal como los adultos, los niños jornaleros que se dedican al cultivo de ejote reciben su pago dependiendo de los kilos que corten. En promedio, cada niño recibe 200 pesos al día, cantidad que entregan a sus padres para hacer frente a los gastos de la casa. En Valle de Morelos, una comunidad edificada por las familias jornaleras que llegan a Morelos desde el sur del país, las necesidades son muchas.

"A mí sí me hubiera gustado no tener que trabajar. No es algo que hagamos por gusto, sino por necesidad. Y aunque les decimos a los niños que estudien, a veces no se puede, porque no hay dinero", dice Maribel, hermana de Johnny, quien también se fue a los cultivos a los siete años.

Infancias rotas por la necesidad

La encuesta también reporta que la mayor parte de la niñez en ocupaciones no permitidas, alrededor de 27 mil 500 menores, desarrollan trabajos peligrosos, es decir, en sectores de actividad peligrosa, ocupaciones de riesgo, actividades con exposición a riesgos, labores o ambientes que afectan la salud o el desarrollo, jornadas de trabajo no apropiado y horarios de trabajo prolongados.

Las razones por las que los niños en Morelos deben trabajar son similares a las de todo el país, donde el 13.1 por ciento de la niñez trabaja: el hogar necesita de su aportación económica o su trabajo, para pagar la escuela y sus propios gastos, para aprender un oficio, por gusto o por ayudar, para pagar deudas, o por no estudiar.

Para Maribel, la realidad fue clara desde el principio: "Yo no estudié, siempre me la pasé trabajando con mi familia, desde las seis de la mañana. A veces regresábamos a las 10 de la noche, porque todo el día nos la pasábamos cortando elote en diferentes partes".

Los hogares de niños trabajadores presentaron como principal problema que obliga al trabajo, el elevado precio de productos alimenticios; la enfermedad grave o accidente de un miembro del hogar, las pérdidas de ingresos por falta de empleo remunerado, y el fallecimiento de algún miembro del hogar, especialmente quien aportaba ingresos.

Un menor de edad trabajando en el mercado Adolfo López Matos de Cuernavaca. / Luis Flores | El Sol de Cuernavaca

No abandonan sus sueños

Miguel tiene 14 años y desde muy temprano acude al mercado Adolfo López Matos para apoyar a sus papás, sobre todo los fines de semana. A las 6:00 horas tiene que llegar a descargar la fruta y acomodarla. Asegura que su trabajo le gusta, aunque su pasión es el futbol y no descarta algún día en convertirse en un gran futbolista. Aunque si no es posible, podría estudiar Derecho y convertirse en abogado.

“No todo en la vida van a ser tus papás, tú te tienes que enseñar un oficio, yo por eso me vengo al mercado a trabajar”, concluyó mientras limpiaba la fruta del puesto.

Como Miguel, Pedro también acude al mercado de Cuernavaca. Él estudia la secundaria, aunque utiliza sus tiempos libres para vender plásticos y material textil, y el salario que recibe es utilizado para apoyar en los gastos de la casa.

Aún con lo impactante que puede resultar, las cifras muestran una disminución leve respecto de la edición 2019 de la ENTI, que ubicaba como trabajadores al 10.9 por ciento de los menores morelenses entre cinco y 17 años; y en 6.5 y 6.3 por ciento las tasas de menores en ocupaciones no permitidas y en ocupaciones peligrosas respectivamente.

Con información de Emireth Cossio


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Por lo menos 50 mil menores morelenses trabajan en el estado, y más de la mitad de ellos lo hacen en ocupaciones no permitidas o de alto riesgo, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2022, del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (Inegi), que reportan una reducción mínima en los últimos tres años de la labor realizada por menores en el estado del 10.9 al 10.4 por ciento de la población de entre cinco y 17 años, calculada en alrededor de 500 mil personas.

De acuerdo con los datos de la ENTI 2022, por lo menos uno de cada diez niños morelenses debe trabajar para ganar dinero. Y casi el seis por ciento de esta población, alrededor de 28 mil, lo hacen en ocupaciones no permitidas: “tareas, funciones o trabajos peligrosos, así como en tareas, funciones o trabajos no peligrosos, pero que los realizan a una edad por debajo de la mínima legal establecida por la legislación nacional, es decir, de los 15 años”, señala el documento del Inegi. Es decir, los niños no deben trabajar en apoyo de actividades agrícolas, minería, construcción e industria, comercio o empleos en ventas.

En el campo y no en la escuela

A los siete años, Johnny abandonó la escuela para irse a trabajar al cultivo de ejote en los campos de Ayala. Hoy tiene diez años y los días no han cambiado desde su primera jornada de trabajo: se levanta a las seis de la mañana y se va al corte, junto con sus hermanos, en las camionetas que esperan a los jornaleros todas las madrugadas en el pueblo de Tenextepango, en el municipio de Ayala.

"No me gusta trabajar, pero lo hago cortando ejote. Dejé la escuela porque ya no quería estudiar, estudié hasta segundo de primaria", dice Johnny, quien vive junto con sus hermanos en la localidad de Valle de Morelos.

En el campo, Johnny se ha insolado, ha trabajado enfermo y se ha recuperado sin quejarse. En el corte de ejote, las quejas no forman parte de la rutina: "Me canso, hago lo mismo que hacen los adultos: cortar el ejote y juntarlo. Nos pagan por kilo".

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Tal como los adultos, los niños jornaleros que se dedican al cultivo de ejote reciben su pago dependiendo de los kilos que corten. En promedio, cada niño recibe 200 pesos al día, cantidad que entregan a sus padres para hacer frente a los gastos de la casa. En Valle de Morelos, una comunidad edificada por las familias jornaleras que llegan a Morelos desde el sur del país, las necesidades son muchas.

"A mí sí me hubiera gustado no tener que trabajar. No es algo que hagamos por gusto, sino por necesidad. Y aunque les decimos a los niños que estudien, a veces no se puede, porque no hay dinero", dice Maribel, hermana de Johnny, quien también se fue a los cultivos a los siete años.

Infancias rotas por la necesidad

La encuesta también reporta que la mayor parte de la niñez en ocupaciones no permitidas, alrededor de 27 mil 500 menores, desarrollan trabajos peligrosos, es decir, en sectores de actividad peligrosa, ocupaciones de riesgo, actividades con exposición a riesgos, labores o ambientes que afectan la salud o el desarrollo, jornadas de trabajo no apropiado y horarios de trabajo prolongados.

Las razones por las que los niños en Morelos deben trabajar son similares a las de todo el país, donde el 13.1 por ciento de la niñez trabaja: el hogar necesita de su aportación económica o su trabajo, para pagar la escuela y sus propios gastos, para aprender un oficio, por gusto o por ayudar, para pagar deudas, o por no estudiar.

Para Maribel, la realidad fue clara desde el principio: "Yo no estudié, siempre me la pasé trabajando con mi familia, desde las seis de la mañana. A veces regresábamos a las 10 de la noche, porque todo el día nos la pasábamos cortando elote en diferentes partes".

Los hogares de niños trabajadores presentaron como principal problema que obliga al trabajo, el elevado precio de productos alimenticios; la enfermedad grave o accidente de un miembro del hogar, las pérdidas de ingresos por falta de empleo remunerado, y el fallecimiento de algún miembro del hogar, especialmente quien aportaba ingresos.

Un menor de edad trabajando en el mercado Adolfo López Matos de Cuernavaca. / Luis Flores | El Sol de Cuernavaca

No abandonan sus sueños

Miguel tiene 14 años y desde muy temprano acude al mercado Adolfo López Matos para apoyar a sus papás, sobre todo los fines de semana. A las 6:00 horas tiene que llegar a descargar la fruta y acomodarla. Asegura que su trabajo le gusta, aunque su pasión es el futbol y no descarta algún día en convertirse en un gran futbolista. Aunque si no es posible, podría estudiar Derecho y convertirse en abogado.

“No todo en la vida van a ser tus papás, tú te tienes que enseñar un oficio, yo por eso me vengo al mercado a trabajar”, concluyó mientras limpiaba la fruta del puesto.

Como Miguel, Pedro también acude al mercado de Cuernavaca. Él estudia la secundaria, aunque utiliza sus tiempos libres para vender plásticos y material textil, y el salario que recibe es utilizado para apoyar en los gastos de la casa.

Aún con lo impactante que puede resultar, las cifras muestran una disminución leve respecto de la edición 2019 de la ENTI, que ubicaba como trabajadores al 10.9 por ciento de los menores morelenses entre cinco y 17 años; y en 6.5 y 6.3 por ciento las tasas de menores en ocupaciones no permitidas y en ocupaciones peligrosas respectivamente.

Con información de Emireth Cossio


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