Federico Osorio Altúzar2

  / martes 18 de septiembre de 2018

Días de reflexionar: las fiestas patrias

La noche del 15 de septiembre fue, hasta años recientes, motivo de júbilo popular. Los sucesos políticos degenerativos, junto con los hechos criminales, han convertido la histórica celebración en una página del calendario que cada vez se tiñe máscon dramas y calamidades que habrá de lamentar.

Días de guardar habían sido las fiestas de septiembre. A los juegos pirotécnicos se sumaba el derroche de ingenio para organizar la cena que hacía memorable estas reuniones familiares.

Hoy esta fecha se ha vuelto cada vez inolvidable por la cauda de crímenes, robos y extorsiones sin fin. La quema de personas, dice mucho de ello.

Tan sólo en la capital del país, la criminalidad se ha sobrepuesto a las celebraciones cívicas, cometiendo venganza y muerte entre grupos de malhechores, evitando con ello que la imputación ocupe el lugar que tiene asegurado la impunidad. O lo que es sinónimo: la justicia por mano propia y personal.

El castigo ha perdido completamente el sentido de ejemplaridad. Ya no se ejerce la facultad punitiva establecida en los códigos penales sino el otorgar el “perdón” a los delincuentes como si se tratara de un fuero muy peculiar: delinquir y borrón de cuentas pasadas.

Días para la reflexión y no para el júbilo, días propios para meditar y sacar conclusiones en vez de ocuparlos para la fiesta de los sentidos y con el propósito de borrar de la memoria las horas infaustas del inmediato pasado.

Reflexionar acerca de lo que anhelamos para los seres queridos que trabajarán, soñarán y gozarán como nosotros durante nuestras cortas o largas vidas.

Ni todo está resuelto como para empezar desde la nada; tampoco los asuntos sociales tendrán resultados fortuitos y como caídos de las alturas.

Las promesas adquieren cuerpo y visos de realidad en la medida que tomamos parte en su planteamiento y dilucidación.

Cambiar de apariencia para incurrir en los vicios anteriores, cambiar en las palabras para ocultar las mismas intenciones subyacentes no es sino doble y hasta múltiples maneras para que se infiltren sin temor al rigor de la legalidad los criminales con vestimenta de mansas ovejas.

A lo anterior se adjuntan los temblores septembrinos, las inundaciones y cambios sorpresivos en nuestra acostumbrada forma de vivir.

Ya no sabe a ciencia cierta si lo mejor es vivir conforme a la naturaleza, frente a ella. O proseguir la ruta histórica enseñada por los Galileo, los Newton o los Heisenberg.

El mundo natural y el social cambian y se renuevan con arreglo a la participación humanamente posible y con base en usos y costumbres, como se dice. En verdad, nada es ajeno al hombre.

En este sentido, nuestra responsabilidad se acrecienta según el grado de los compromisos y los deberes que nos incumben, pues nada ni nadie compartirá objetivamente nuestras acciones en cuanto a la titularidad de derechos y obligaciones vigentes.

Así, los días de guardar serán, ademása, días de repensar nuestro paso por la sociedad en la cual vivimos y actuamos.

Los días de júbilo pueden esperar, están en el calendario no realizado aún; en el de las ideaciones y conjeturas.


http:// federicoosorioaltuzar.blogspot.mx

La noche del 15 de septiembre fue, hasta años recientes, motivo de júbilo popular. Los sucesos políticos degenerativos, junto con los hechos criminales, han convertido la histórica celebración en una página del calendario que cada vez se tiñe máscon dramas y calamidades que habrá de lamentar.

Días de guardar habían sido las fiestas de septiembre. A los juegos pirotécnicos se sumaba el derroche de ingenio para organizar la cena que hacía memorable estas reuniones familiares.

Hoy esta fecha se ha vuelto cada vez inolvidable por la cauda de crímenes, robos y extorsiones sin fin. La quema de personas, dice mucho de ello.

Tan sólo en la capital del país, la criminalidad se ha sobrepuesto a las celebraciones cívicas, cometiendo venganza y muerte entre grupos de malhechores, evitando con ello que la imputación ocupe el lugar que tiene asegurado la impunidad. O lo que es sinónimo: la justicia por mano propia y personal.

El castigo ha perdido completamente el sentido de ejemplaridad. Ya no se ejerce la facultad punitiva establecida en los códigos penales sino el otorgar el “perdón” a los delincuentes como si se tratara de un fuero muy peculiar: delinquir y borrón de cuentas pasadas.

Días para la reflexión y no para el júbilo, días propios para meditar y sacar conclusiones en vez de ocuparlos para la fiesta de los sentidos y con el propósito de borrar de la memoria las horas infaustas del inmediato pasado.

Reflexionar acerca de lo que anhelamos para los seres queridos que trabajarán, soñarán y gozarán como nosotros durante nuestras cortas o largas vidas.

Ni todo está resuelto como para empezar desde la nada; tampoco los asuntos sociales tendrán resultados fortuitos y como caídos de las alturas.

Las promesas adquieren cuerpo y visos de realidad en la medida que tomamos parte en su planteamiento y dilucidación.

Cambiar de apariencia para incurrir en los vicios anteriores, cambiar en las palabras para ocultar las mismas intenciones subyacentes no es sino doble y hasta múltiples maneras para que se infiltren sin temor al rigor de la legalidad los criminales con vestimenta de mansas ovejas.

A lo anterior se adjuntan los temblores septembrinos, las inundaciones y cambios sorpresivos en nuestra acostumbrada forma de vivir.

Ya no sabe a ciencia cierta si lo mejor es vivir conforme a la naturaleza, frente a ella. O proseguir la ruta histórica enseñada por los Galileo, los Newton o los Heisenberg.

El mundo natural y el social cambian y se renuevan con arreglo a la participación humanamente posible y con base en usos y costumbres, como se dice. En verdad, nada es ajeno al hombre.

En este sentido, nuestra responsabilidad se acrecienta según el grado de los compromisos y los deberes que nos incumben, pues nada ni nadie compartirá objetivamente nuestras acciones en cuanto a la titularidad de derechos y obligaciones vigentes.

Así, los días de guardar serán, ademása, días de repensar nuestro paso por la sociedad en la cual vivimos y actuamos.

Los días de júbilo pueden esperar, están en el calendario no realizado aún; en el de las ideaciones y conjeturas.


http:// federicoosorioaltuzar.blogspot.mx