/ jueves 14 de octubre de 2021

[Juntos Crecemos] Bikers: entre el altruismo y la pista

Desde hace seis años, Motoclub Guerrero lucha contra los estigmas en Cuautla para apoyar a quienes más lo necesitan

Pertenecer al Motoclub Guerreros no es sencillo. Desde hace siete años, este motoclub cuautlense se ha esforzado por ser distinto a los demás y constituirse no sólo como un grupo de hombres y mujeres que se apasionan con las motocicletas, sino también con las labores sociales y el apoyo al prójimo, llevando comida a quienes lo necesitan y cumpliendo los sueños de niños y jóvenes enfermos que sueñan con ser motociclistas.

El Motoclub Guerros inició sus labores en 2014, cuando, movidos por el deseo de ayudar, Miker Montana y sus amigos empezaron a llevar comida a los familiares de pacientes internados en el Hospital General de Cuautla “Mauro Belaunzarán Tapia”, una actividad que se les haría costumbre y que hoy forma parte de los requisitos para ingresar al club.

“Los que hemos ido a cuidar a familiares, tú sabes, estás en tu dolor, no quieres dejar solo a tu familiar, se te complica comer o hay veces que por los gastos ya no tienes para comprar la comida, alimentarte y al mismo tiempo cuidar de tu ser querido. De ahí surge la idea de llevar comida, alimento a todas esas personas que están esperando que sus familiares se pongan mejor. Unos afuera, otros adentro”, recuerda Montana.

Miker Montana y sus compañeros nos reciben en la casa club, en la colonia Iztaccíhuatl, en medio de una jornada de limpieza que forma parte de los preparativos para la inauguración oficial de este espacio, que aspira a convertirse en el centro de sus actividades.

“Muchas personas creen que al ser de un motoclub somos vándalos, o que andamos buscando problemas, o que siempre, en cada evento, queremos llegar y tener discusiones con miembros de otros clubes, pero nosotros somos diferentes”, afirma.

La estructura de un motoclub

No todos los motoclubes funcionan con las mismas reglas, pero si algo han querido en “Guerreros” es contar con una base sólida a la que todos los miembros tengan que ajustarse, principalmente para garantizar su seguridad al salir a rodar y a la hora de ejercer sus labores de ayuda. Al frente de todos ellos está Montana, el presidente, quien se ve apoyado por José Luis, a quien llaman “El Niñote”, en la figura de vicepresidente. El club cuenta con un secretario, sargentos y alas de seguridad que ven por la integridad física de todos los miembros al moverse por las carreteras.

“Es bien importante respetar los cargos, porque llevamos un orden, nos organizamos y eso es lo que hace que todo salga bien”, dice José Luis.

José Luis y Miker son fundadores del motoclub y, a pesar de ocupar los cargos más altos, no son ellos quienes toman la decisión final, ya que la organización también contempla una mesa directiva que analiza las cuestiones más importantes para el destino del grupo, conformado actualmente por 70 miembros y 25 prospectos.

¿Qué es un prospecto?

Pertenecer al motoclub no es sencillo. No sólo se trata de llegar, decir que te gustan las motos y ser aceptado. Para unirse a las filas de “Guerreros”, los aspirantes deben pasar un periodo de prueba de tres meses, en el cual se empapan de las bases del club, hasta que finalmente son aceptados por el resto delos miembros. Al final, los aceptados son los menos, pero no porque el club rechace a la mayoría, sino que muchos, al profundizar en la naturaleza del club, que antepone las buenas prácticas en lugar del desenfreno de andar por la carretera, se dan la vuelta y se retiran.

“Hay muchos clubes o motogrupos que son los que dan una mala imagen, y lo malo aquí es que te descalifican parejo”, dice Miker.

El motoclub realiza labor social en algunos hospitales públicos / Cortesía | Motoclub Guerreros

El impacto de la pandemia en un motoclub

La pandemia de la covid-19 también tiene secuelas en un motoclub. Durante la contingencia sanitaria, Motoclub Guerreros tuvo que suspender indefinidamente las labores de entrega de alimentos en el hospital general, así como otras actividades con las que acostumbran fomentar el turismo: al rodar, los integrantes eligen los sitios de interés turístico e histórico más importante de Morelos, una acción con la que intentan promover esos espacios hacia los visitantes de otros estados, toda vez que han estrechado lazos con agrupaciones del Estado de México, Guerrero y Puebla. Con las restricciones sanitarias, estas actividades también se redujeron.

“Decidimos seguir las reglas y las indicaciones del gobierno, más que nada de la Secretaría de Salud, porque tenemos familia. Tuvimos que cancelar la labor social: no por querer ayudar íbamos a generar conglomeraciones”, dice el presidente del grupo.

Pero hoy los integrantes del club ven que el escenario epidémico en Morelos parece mostrar otra cara y espera que la reducción de casos no vuelva a sufrir un retroceso en los próximos meses. Así, Miker Montana confía en que las jornadas sociales del motoclub puedan continuar en 2022, una vez que la situación económica de cada miembro también mejore.

Mujeres bikers

Con el paso de los años, las mujeres bikers se han abierto paso en las filas de los motoclubes más allá de ser acompañantes de moticiclistas hombres. El Motoclub Guerreros no ha sido la excepción para este fenómeno, si bien ellas siguen siendo pocas. Al final, todos son llamados por la sensación de moverse por las carreteras y sentir el aire contra el cuerpo, la alegría de llegar a su destino, que puede ser un lugar en el que no han estado antes, y la seguridad de saberse acompañado.

“Para ser biker tienen que gustarte las motos, pero también el convivir con los demás, salir a rodar y conocer más lugares dentro y fuera del estado”, dice Giselle, integrante del motoclub.

Los agremiados al club deben acatar todas las medidas e instrucciones / Cortesía | Motoclub Guerreros

El reto de convencer a la sociedad

Muchas personas no ven con buenos ojos a los bikers, algo que ellos mismos no pueden negar. Ya sea por la forma en que se mueven por las carreteras, por los accidentes en los que se han visto involucrados o por el estigma construido históricamente al relacionarlos con actividades delictivas, quienes buscan renovar la imagen que se tiene de los motoclubes siguen enfrentándose a toda clase de V

“Lejos de ser motociclistas también somos padres de familia, trabajadores, personas normales. Entre nosotros hay abogados, doctores, maestros, diferentes profesiones. Muchas veces la gente dice ‘ahí van esos que no hacen nada, no tienen nada que hacer’, pero yo sí se los cuento: cada uno de nosotros tiene un trabajo, una familia, y esto lo tomamos porque es un estilo de vida”, cuenta Miker.

Miker Montaña hace un llamado a la comprensión. A veces, explica, cuando llegan a obstruir el tránsito de los vehículos en las vías de cruce, es porque se mueven con la filosofía de que: si todos salen juntos, todos vuelven juntos, así que no pueden avanzar sin estar seguros que están completos, un trabajo del que se encargan los “alas de seguridad”.

“No lo hacemos porque nos sintamos dueños de la ciudad o la calle, simplemente para que nuestro contingente pase. Una vez pasando, nos retiramos”.


Pertenecer al Motoclub Guerreros no es sencillo. Desde hace siete años, este motoclub cuautlense se ha esforzado por ser distinto a los demás y constituirse no sólo como un grupo de hombres y mujeres que se apasionan con las motocicletas, sino también con las labores sociales y el apoyo al prójimo, llevando comida a quienes lo necesitan y cumpliendo los sueños de niños y jóvenes enfermos que sueñan con ser motociclistas.

El Motoclub Guerros inició sus labores en 2014, cuando, movidos por el deseo de ayudar, Miker Montana y sus amigos empezaron a llevar comida a los familiares de pacientes internados en el Hospital General de Cuautla “Mauro Belaunzarán Tapia”, una actividad que se les haría costumbre y que hoy forma parte de los requisitos para ingresar al club.

“Los que hemos ido a cuidar a familiares, tú sabes, estás en tu dolor, no quieres dejar solo a tu familiar, se te complica comer o hay veces que por los gastos ya no tienes para comprar la comida, alimentarte y al mismo tiempo cuidar de tu ser querido. De ahí surge la idea de llevar comida, alimento a todas esas personas que están esperando que sus familiares se pongan mejor. Unos afuera, otros adentro”, recuerda Montana.

Miker Montana y sus compañeros nos reciben en la casa club, en la colonia Iztaccíhuatl, en medio de una jornada de limpieza que forma parte de los preparativos para la inauguración oficial de este espacio, que aspira a convertirse en el centro de sus actividades.

“Muchas personas creen que al ser de un motoclub somos vándalos, o que andamos buscando problemas, o que siempre, en cada evento, queremos llegar y tener discusiones con miembros de otros clubes, pero nosotros somos diferentes”, afirma.

La estructura de un motoclub

No todos los motoclubes funcionan con las mismas reglas, pero si algo han querido en “Guerreros” es contar con una base sólida a la que todos los miembros tengan que ajustarse, principalmente para garantizar su seguridad al salir a rodar y a la hora de ejercer sus labores de ayuda. Al frente de todos ellos está Montana, el presidente, quien se ve apoyado por José Luis, a quien llaman “El Niñote”, en la figura de vicepresidente. El club cuenta con un secretario, sargentos y alas de seguridad que ven por la integridad física de todos los miembros al moverse por las carreteras.

“Es bien importante respetar los cargos, porque llevamos un orden, nos organizamos y eso es lo que hace que todo salga bien”, dice José Luis.

José Luis y Miker son fundadores del motoclub y, a pesar de ocupar los cargos más altos, no son ellos quienes toman la decisión final, ya que la organización también contempla una mesa directiva que analiza las cuestiones más importantes para el destino del grupo, conformado actualmente por 70 miembros y 25 prospectos.

¿Qué es un prospecto?

Pertenecer al motoclub no es sencillo. No sólo se trata de llegar, decir que te gustan las motos y ser aceptado. Para unirse a las filas de “Guerreros”, los aspirantes deben pasar un periodo de prueba de tres meses, en el cual se empapan de las bases del club, hasta que finalmente son aceptados por el resto delos miembros. Al final, los aceptados son los menos, pero no porque el club rechace a la mayoría, sino que muchos, al profundizar en la naturaleza del club, que antepone las buenas prácticas en lugar del desenfreno de andar por la carretera, se dan la vuelta y se retiran.

“Hay muchos clubes o motogrupos que son los que dan una mala imagen, y lo malo aquí es que te descalifican parejo”, dice Miker.

El motoclub realiza labor social en algunos hospitales públicos / Cortesía | Motoclub Guerreros

El impacto de la pandemia en un motoclub

La pandemia de la covid-19 también tiene secuelas en un motoclub. Durante la contingencia sanitaria, Motoclub Guerreros tuvo que suspender indefinidamente las labores de entrega de alimentos en el hospital general, así como otras actividades con las que acostumbran fomentar el turismo: al rodar, los integrantes eligen los sitios de interés turístico e histórico más importante de Morelos, una acción con la que intentan promover esos espacios hacia los visitantes de otros estados, toda vez que han estrechado lazos con agrupaciones del Estado de México, Guerrero y Puebla. Con las restricciones sanitarias, estas actividades también se redujeron.

“Decidimos seguir las reglas y las indicaciones del gobierno, más que nada de la Secretaría de Salud, porque tenemos familia. Tuvimos que cancelar la labor social: no por querer ayudar íbamos a generar conglomeraciones”, dice el presidente del grupo.

Pero hoy los integrantes del club ven que el escenario epidémico en Morelos parece mostrar otra cara y espera que la reducción de casos no vuelva a sufrir un retroceso en los próximos meses. Así, Miker Montana confía en que las jornadas sociales del motoclub puedan continuar en 2022, una vez que la situación económica de cada miembro también mejore.

Mujeres bikers

Con el paso de los años, las mujeres bikers se han abierto paso en las filas de los motoclubes más allá de ser acompañantes de moticiclistas hombres. El Motoclub Guerreros no ha sido la excepción para este fenómeno, si bien ellas siguen siendo pocas. Al final, todos son llamados por la sensación de moverse por las carreteras y sentir el aire contra el cuerpo, la alegría de llegar a su destino, que puede ser un lugar en el que no han estado antes, y la seguridad de saberse acompañado.

“Para ser biker tienen que gustarte las motos, pero también el convivir con los demás, salir a rodar y conocer más lugares dentro y fuera del estado”, dice Giselle, integrante del motoclub.

Los agremiados al club deben acatar todas las medidas e instrucciones / Cortesía | Motoclub Guerreros

El reto de convencer a la sociedad

Muchas personas no ven con buenos ojos a los bikers, algo que ellos mismos no pueden negar. Ya sea por la forma en que se mueven por las carreteras, por los accidentes en los que se han visto involucrados o por el estigma construido históricamente al relacionarlos con actividades delictivas, quienes buscan renovar la imagen que se tiene de los motoclubes siguen enfrentándose a toda clase de V

“Lejos de ser motociclistas también somos padres de familia, trabajadores, personas normales. Entre nosotros hay abogados, doctores, maestros, diferentes profesiones. Muchas veces la gente dice ‘ahí van esos que no hacen nada, no tienen nada que hacer’, pero yo sí se los cuento: cada uno de nosotros tiene un trabajo, una familia, y esto lo tomamos porque es un estilo de vida”, cuenta Miker.

Miker Montaña hace un llamado a la comprensión. A veces, explica, cuando llegan a obstruir el tránsito de los vehículos en las vías de cruce, es porque se mueven con la filosofía de que: si todos salen juntos, todos vuelven juntos, así que no pueden avanzar sin estar seguros que están completos, un trabajo del que se encargan los “alas de seguridad”.

“No lo hacemos porque nos sintamos dueños de la ciudad o la calle, simplemente para que nuestro contingente pase. Una vez pasando, nos retiramos”.


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