César Arenas

  / jueves 5 de diciembre de 2019

El primer año de gobierno de la 4T

Si midiéramos el desempeño del país durante el primer año de gobierno en la escala de AMLO, todos deberíamos estar completamente felices porque vamos “requetebién”.

Visto desde la perspectiva de la oposición, tendríamos el año más desastroso de los últimos cuatro Presidentes.

Para no caer en discusiones ideológicas, partamos de los datos económicos y sociales: la economía lleva meses estancada, la inseguridad creció y la pobreza sigue aumentando. Por más que el Presidente diga que tiene otros datos, debido al aumento del salario promedio de trabajadores afiliados al IMSS o la inversión extranjera, no es posible ocultar que estamos en problemas.

La 4T debería observar con mayor seriedad lo que pasa en América Latina, donde la sociedad ya no tolera que sus intereses queden relegados de la agenda del Estado. A nadie le conviene que persista en el discurso político la actual división, porque podrían acentuarse las distintas expresiones de desigualdad y tarde o temprano detonará un movimiento pendular que lleve al gobierno al extremo de la derecha, como ocurre actualmente en Bolivia o ha ocurrido en otros países.

AMLO ha querido crear sus propias coyunturas, bajo una realidad que en muchas ocasiones sólo está en su mente, aprovechándose del poder acumulado y del respaldo institucional de los otros poderes, para imponer su visión sobre los “adversarios” como él mismo los llama. Esta forma de hacer política evidentemente no está funcionando ni siquiera frente a la sociedad si observamos que la popularidad y las expectativas de que el Presidente cumplirá sus promesas ha venido disminuyendo cada mes debido a las fallas, las omisiones y las contradicciones del gobierno (El Universal: 15/11/19).

La inexperiencia de los funcionarios, aunado a las restricciones presupuestales y las malas decisiones de política pública han generado un desencanto social. Quienes defienden las acciones de gobierno y sus resultados, son principalmente sus beneficiarios o quienes celebran la cancelación de dispendios y gastos innecesarios que sí se realizaban pero que también existen en la 4T. Muchos de los compromisos cumplidos por AMLO sólo representan símbolos de la “corrupción y dispendio”, pero nada más.

No hay ningún grado de dificultad en lo hecho hasta ahora por el Presidente, respecto a los ajustes de su aparato administrativo o cancelación de decisiones de política pública o creación de nuevos programas. La soberbia ha sido tal que incluso se han enfrentado con los campesinos al tacharlos de corruptos porque todos tienen la practica de “desviar” los apoyos para el campo, un sector que siempre lo había apoyado políticamente.

El presupuesto de egresos ya tiene la semilla de lo que será el segundo año: más política social asistencialista y proyectos de infraestructura que no serán suficientes (por sí mismos) para hacer crecer al país al ritmo que necesitamos. De ahí entonces que considero que el gobierno debería enfocarse para el segundo año en tres aspectos.

El primero sería en replantear las ideas político-económicas, ya que existen muchos experimentos en otros países que terminaron mal por empecinarse en ideas anacrónicas o fallidas. El segundo aspecto está en la relación entre gobierno y sociedad-economía, ya que la idea de que el gobierno puede dirigir toda la agenda pública también es errónea y producirá más confrontaciones que soluciones. Y finalmente, pensar en las prácticas institucionales porque son una cadena de errores previsibles.

Sin duda la 4T tendrá resultados de los cuales AMLO se sentirá feliz informar; aunque no sean los que muchos pensamos que se deberían alcanzar. No los que debería ser responsable de construir por el bienestar de todos.


Twitter / Facebook: @CzarArenas

Si midiéramos el desempeño del país durante el primer año de gobierno en la escala de AMLO, todos deberíamos estar completamente felices porque vamos “requetebién”.

Visto desde la perspectiva de la oposición, tendríamos el año más desastroso de los últimos cuatro Presidentes.

Para no caer en discusiones ideológicas, partamos de los datos económicos y sociales: la economía lleva meses estancada, la inseguridad creció y la pobreza sigue aumentando. Por más que el Presidente diga que tiene otros datos, debido al aumento del salario promedio de trabajadores afiliados al IMSS o la inversión extranjera, no es posible ocultar que estamos en problemas.

La 4T debería observar con mayor seriedad lo que pasa en América Latina, donde la sociedad ya no tolera que sus intereses queden relegados de la agenda del Estado. A nadie le conviene que persista en el discurso político la actual división, porque podrían acentuarse las distintas expresiones de desigualdad y tarde o temprano detonará un movimiento pendular que lleve al gobierno al extremo de la derecha, como ocurre actualmente en Bolivia o ha ocurrido en otros países.

AMLO ha querido crear sus propias coyunturas, bajo una realidad que en muchas ocasiones sólo está en su mente, aprovechándose del poder acumulado y del respaldo institucional de los otros poderes, para imponer su visión sobre los “adversarios” como él mismo los llama. Esta forma de hacer política evidentemente no está funcionando ni siquiera frente a la sociedad si observamos que la popularidad y las expectativas de que el Presidente cumplirá sus promesas ha venido disminuyendo cada mes debido a las fallas, las omisiones y las contradicciones del gobierno (El Universal: 15/11/19).

La inexperiencia de los funcionarios, aunado a las restricciones presupuestales y las malas decisiones de política pública han generado un desencanto social. Quienes defienden las acciones de gobierno y sus resultados, son principalmente sus beneficiarios o quienes celebran la cancelación de dispendios y gastos innecesarios que sí se realizaban pero que también existen en la 4T. Muchos de los compromisos cumplidos por AMLO sólo representan símbolos de la “corrupción y dispendio”, pero nada más.

No hay ningún grado de dificultad en lo hecho hasta ahora por el Presidente, respecto a los ajustes de su aparato administrativo o cancelación de decisiones de política pública o creación de nuevos programas. La soberbia ha sido tal que incluso se han enfrentado con los campesinos al tacharlos de corruptos porque todos tienen la practica de “desviar” los apoyos para el campo, un sector que siempre lo había apoyado políticamente.

El presupuesto de egresos ya tiene la semilla de lo que será el segundo año: más política social asistencialista y proyectos de infraestructura que no serán suficientes (por sí mismos) para hacer crecer al país al ritmo que necesitamos. De ahí entonces que considero que el gobierno debería enfocarse para el segundo año en tres aspectos.

El primero sería en replantear las ideas político-económicas, ya que existen muchos experimentos en otros países que terminaron mal por empecinarse en ideas anacrónicas o fallidas. El segundo aspecto está en la relación entre gobierno y sociedad-economía, ya que la idea de que el gobierno puede dirigir toda la agenda pública también es errónea y producirá más confrontaciones que soluciones. Y finalmente, pensar en las prácticas institucionales porque son una cadena de errores previsibles.

Sin duda la 4T tendrá resultados de los cuales AMLO se sentirá feliz informar; aunque no sean los que muchos pensamos que se deberían alcanzar. No los que debería ser responsable de construir por el bienestar de todos.


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