/ lunes 3 de mayo de 2021

Electores, la última palabra

Si evaluamos los resultados del presidencialismo, la literatura acierta cuando afirma que las democracias con más larga duración y estabilidad tienen sistemas parlamentarios. El parámetro de medición es de por lo menos 25 años de democracia ininterrumpida; solamente cuatro países con régimen presidencial han logrado permanecer este tiempo: Estados Unidos, Costa Rica, Colombia y Venezuela. En un trabajo alterno, Scott Mainwaring estudió 50 democracias que fracasaron desde 1945, de estas 27 fueron presidenciales. A partir de estos datos propuso una tasa de “éxito”, que define con la siguiente fórmula: el número de democracias estables dividida por la sumatoria de las democracias estables más el número de democracias fracasadas. Sin embargo, esto no esclarece hasta qué grado el presidencialismo per se es responsable por la tasa de éxito inferior. Se sugiere que se tome en cuenta que los intentos por establecer democracias presidenciales han tenido lugar en países subdesarrollados; debido a que el nivel de vida es un factor sustancial que contribuye a la viabilidad de la democracia, el grado de responsabilidad del presidencialismo por el fracaso de la democracia es incierto. En este sentido es preponderante el éxito de las democracias parlamentarias por ser instituidas en países industrializados, además que en realidad ninguno de los dos tipos principales de democracia, parlamentaria o presidencial, ha tenido estabilidad funcional en el Tercer Mundo, ambas han fracasado con la misma frecuencia. Se demuestra así que las condiciones sociales y económicas adversas, así como los compromisos limitados con la democracia por parte de las élites de poder, crean dificultades al margen del tipo de régimen.

Ahora mismo, la élite del poder intenta en México destrabar su programa que, permanece hoy en el ámbito del poder judicial, o bien por la vía de amparo, controversia constitucional o acción de inconstitucionalidad. La idea de la gestión del presidente, López Obrador es destrabar ese problema capturando al presidente de Suprema Corte de Justicia de la Nación extendiéndole inconstitucionalmente su período de gestión.

Veremos si se trata de una intentona o de fijar una forma de autoritarismo en nuestro país. Los electores tienen la última palabra para decidir si quieren más de este gobierno o menos de este gobierno en el congreso y en los espacios de representación locales y gubernaturas.


Facebook: Daniel Adame Osorio

Instagram: @danieladameosorio

Twitter: @Danieldao1

Si evaluamos los resultados del presidencialismo, la literatura acierta cuando afirma que las democracias con más larga duración y estabilidad tienen sistemas parlamentarios. El parámetro de medición es de por lo menos 25 años de democracia ininterrumpida; solamente cuatro países con régimen presidencial han logrado permanecer este tiempo: Estados Unidos, Costa Rica, Colombia y Venezuela. En un trabajo alterno, Scott Mainwaring estudió 50 democracias que fracasaron desde 1945, de estas 27 fueron presidenciales. A partir de estos datos propuso una tasa de “éxito”, que define con la siguiente fórmula: el número de democracias estables dividida por la sumatoria de las democracias estables más el número de democracias fracasadas. Sin embargo, esto no esclarece hasta qué grado el presidencialismo per se es responsable por la tasa de éxito inferior. Se sugiere que se tome en cuenta que los intentos por establecer democracias presidenciales han tenido lugar en países subdesarrollados; debido a que el nivel de vida es un factor sustancial que contribuye a la viabilidad de la democracia, el grado de responsabilidad del presidencialismo por el fracaso de la democracia es incierto. En este sentido es preponderante el éxito de las democracias parlamentarias por ser instituidas en países industrializados, además que en realidad ninguno de los dos tipos principales de democracia, parlamentaria o presidencial, ha tenido estabilidad funcional en el Tercer Mundo, ambas han fracasado con la misma frecuencia. Se demuestra así que las condiciones sociales y económicas adversas, así como los compromisos limitados con la democracia por parte de las élites de poder, crean dificultades al margen del tipo de régimen.

Ahora mismo, la élite del poder intenta en México destrabar su programa que, permanece hoy en el ámbito del poder judicial, o bien por la vía de amparo, controversia constitucional o acción de inconstitucionalidad. La idea de la gestión del presidente, López Obrador es destrabar ese problema capturando al presidente de Suprema Corte de Justicia de la Nación extendiéndole inconstitucionalmente su período de gestión.

Veremos si se trata de una intentona o de fijar una forma de autoritarismo en nuestro país. Los electores tienen la última palabra para decidir si quieren más de este gobierno o menos de este gobierno en el congreso y en los espacios de representación locales y gubernaturas.


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